El DRAE da varias definiciones de la palabra 'crítica'. 'Crítica' es todo lo relativo a la crítica, y los que la ejercen parecen ser bastante críticos. El crítico hace un 'juicio público de una obra', pero la palabra 'juicio' que propone el diccionario es demasiado grave porque el crítico, por desgracia, carece de autoridad. Y 'crítica' también puede ser 'censura' o cosa relacionada con la 'crisis', toda una gracia. No hay un apartado para la 'crítica cinematográfica', seguramente porque el manual la debe considerar innecesaria. Parece que el resto del mundo también. Porque cuando se habla de crítica cinematográfica, todo el mundo cierra los ojos. Que alguien tenga el valor de hablar, incluso mal, de una película es algo que la gente más o menos cinéfila no llega a comprender. Se confunde el ser 'crítico' con el ser 'criticón', el 'criterio' con la 'jodienda'. El crítico de cine puede no tener estudios, o tener una formación muy diferente a la de otro crítico. El crítico parece salido de la nada y se cree con la autoridad de poder alabar, cuestionar e incluso aplastar con palabras y formas muy engoladas las películas que se le antoje. 'Es que el crítico de cine es un tocapelotas', dicen, y debe ser así porque la gente no toma sus precauciones y sigue consumiendo esas películas que nuestras queridas revistas de cine directamente ignoran. Me costaría decir alguna disciplina artística, algún ámbito de la ciencia o de las sufridas letras, que pueda permitirse el lujo de prescindir de sus intelectuales. Con el cine no ocurre lo mismo, quizás porque es el arte más popular y, al ir vinculado a las necesidades y exigencias del espectador, cualquier agente que actúe entre éste y el propio celuloide siempre será recibido como una traba. En un panorama cinematográfico en el que los cines no proyectan nada o casi nada de lo que se ve en los festivales, en una época en que ni los festivales se nutren de propuestas interesantes, en un tiempo donde un premio importante no es una garantía de taquilla, en un desigual sistema de proyección donde se dan cita mayorías minoritarias y minorías muy arraigadas, y en un momento en que los gustos de la audiencia parecen más imprevisibles que nunca, la crítica se ha ido devaluando, incluso hasta el punto que muchos críticos han atacado a sus compañeros de oficio. Al cine va gente joven, adolescentes tanto de edad como de cerebro, y no deben ser ellos los que decidan qué debe o no pasar a la prosperidad del séptimo arte. El historiador puede ser crítico con la historia, porque ese es su ámbito de estudio; al crítico de cine le ocurre lo mismo, pero no ha encontrado ninguna palabra para definir ni esa profesión, que no queda bien delimitada ni para los que aspiramos a ser críticos, ni ese ámbito de estudio, porque el crítico puede fácilmente acabar siendo cineasta, sociólogo u ocupar otro status. Ser crítico es todo y a la vez nada. Ser crítico de cine es ir a contracorriente, y querer serlo es ya directamente un acto de rebeldía. Y en el caso de los bloggeros, que carecen de un medio potente que les respalde y que escriben desde la absoluta libertad, la mala fama es aún mayor: somos altaneros por sistema. Por si acaso, este blog intentará hacer 'reseñas', no 'críticas' de cine. Que es lo mismo pero no suena igual. Hay que volver a la etimología para entender el por qué de tanto prejuicio: la 'crítica' no gusta a nadie. Siempre será mejor criticar que ser criticado, y aunque el colectivo 'critique por criticar' siempre quedará mejor no formar parte del juego. Por si acaso, nunca confiesen su condición de críticos: digan que son cinéfilos, incluso cinéfagos, y así evitarán muchas discusiones. La crítica cinematográfica, sea lo que sea eso, está en horas bajas. Qué le vamos a hacer...






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domingo, 26 de septiembre de 2010
LA MALA FAMA DE LA CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA
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Reflexiones
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