domingo, 12 de septiembre de 2010

AGRIDULCE LECTURA DE LA VICTORIA DE BALADA TRISTE DE TROMPETA


BALADA TRISTE DE TROMPETA

España debería entristecerse al ver su reflejo en el espejo. Ayer en los telediarios de todos los canales generalistas se dió más importancia al recuerdo del 11-S, las sandeces que siempre se dicen en torno a la Diada de Catalunya o las inundaciones de una zona de Italia. Incluso noticias como el atraco de una mujer en un cajero, la vuelta al colegio, fiestas locales súmamente cutres o consejos para adelgazar se les dió más importancia que la victoria de Álex de la Iglesia en Venecia. Me parece penoso que los noticieros abran sus ediciones cada dos por tres con un éxito deportivo y no reciban el mismo trato los oros cinematográficos. ¿Cómo lograremos la empatía del pueblo español con sus ficciones, incluso cómo conseguiremos animar la cuota de pantalla de nuestro cine si los medios no publicitan la que, se mire por donde se mire, es una noche histórica en suelo veneciano? Alguien dijo que España no conseguía tanto éxito desde los noventa con Bigas Luna y Almodóvar; vaya, que de golpe y porrazo se olvidaron de los premios de Mar Adentro, la reciente Palma de oro para Bardem, varios Oscar en la maleta o el Oso de oro para La teta asustada, de producción española. No hace falta aburrir al personal con datos que sólo son del dominio de críticos y seguidores, pero... ¡menudo bochorno! Nadie recordó que De la Iglesia es el presidente de nuestra Academia. Y ojo porque este ninguneo informativo luego tiene su correlato en el ánimo popular: cuando gana Rafa Nadal 'ganamos todos', cuando gana Álex de la Iglesia 'gana Álex de la Iglesia'. ¿Existe mayor mentira? Ésta es la balada más triste de una sociedad que vive de espaldas a sus artistas, que, recuerden, son los que al final definen, representan y hacen mejor a una sociedad. De la misma forma, seguro que nadie se acuerda que hoy ha muerto el genial Claude Chabrol; tantos años de actividad y buenas películas para encontrar su esquela entre notas, noticias y comentarios de una bajez indescriptible. Lo mismo ocurrirá la próxima semana, cuando se decidan las precandidatas de España al Oscar. Temo que cuando Balada Triste de Trompeta llegue a las salas, allá por diciembre, los estrenos navideños ahoguen el film español a la hora de hacer números. Eso sólo ocurre en España, la misma que ha filmado el director vasco dividida en dos y representada por un pallaso amable y otro psicópata. Ahora dirán que  el cine de De la Iglesia nunca ha sido nada del otro mundo. Una pena, señores. 


BALADA ALEGRE DE TROMPETA

Pero es difícil que decaiga el ánimo del cinéfilo. Nosotros, que vemos los Oscar, los Emmy y demás por Internet, a oscuras, trasnochando, como proscritos, seguimos con la sonrisa circense mientras el deporte ve retransmitir sus competiciones mayores y menores. Hay que ser positivos porque se avecinan buenos tiempos para el cine español. A este reconocimiento se le suma el seguimiento que muchas de nuestras películas están disfrutando en el Festival de Toronto. Llegará San Sebastián, y aunque ningún medio cubra el acto como se merece daremos el do de pecho. Curiosamente, esa España de charanga y pandereta, de espíritu burlón y alma inquieta que citaba el poeta no desentona con el título de Balada Triste de Trompeta. Como si el militante cinematográfico en tierras españolas ya no pudiera derrumbarse después de tantos hachazos. Hay que tener muchos bemoles, o sencillamente una caradura increible, para no celebrar los premios de De la Iglesia. El de mejor guión tiene su especial simbología: es la primera vez que el director escribe un libreto sin la ayuda de otros, y parece que la jugada, que será suicida y seguramente polémica, le ha salido redonda. El León a mejor director sabe a confirmación: entre tantos films presentados, el jurado presidido por Quentin Tarantino ha preferido compartir su gloria con el español. ¿Existe éxito más bonito? Y nada de favoritismos: dudamos que Arnaud Depleschin, Danny Elfman o Guillermo Arriaga, componentes del jurado, se dejen llevar por subjetivismos, amiguismos y otras tonterías que muchos utilizarán para ensombrecer los premios. Il Corriere italiano ha criticado el palmarés porque, para ellos, De la Iglesia es un mero imitador del autor de Pulp Fiction. ¡Anda ya!: su enfado sólo se debe a que el cine italiano ha salido de la Mostra sin medallas. No se dejen engañar. Pero ojalá el colectivo español fuera tan chovinista como el francés o el italiano. Ayer, 11 de septiembre de 2010, ganó el cine español al completo. Y como no siempre tenemos ocasión de celebrar tales honores, es de justicia recordar, homenajear, felicitar a todo el equipo de la película con posts como éste. Ahora nos vemos en los cines