
Hoy se ha presentado en el Festival de San Sebastián la esperadísima obra de Jaime Rosales, consagrado por los tres flamantes goyas de
La Soledad. Internet y televisión son, a día de hoy y para un fanático del cine, un debate contínuo sobre la valía de un autor cuanto menos cuestionable y una película muy polémica que retrata la rutina de un etarra, responsable de la muerte de dos guardias civiles en Campbretón el pasado diciembre. La realidad supera a la ficción y los recientes atentados que han conmocionado a la sociedad española confieren a la película un especial valor.
Tiro en la cabeza ha dividido a crítica y público. Tanta polémica aguada la realza como uno de los títulos españoles del año y una película que muchos tienen apuntada en visionados pendientes (el estreno está previsto para el 3 de octubre). Independientemente de si Rosales humaniza o no a E.T.A. o si la película es una joya o un engaño, el debate nos permite divagar sobre la escueta filmografía de un autor extraño. Parece que la academia ha decidido utilizar el nombre de Rosales como simple representante de un cine minoritario y anti-taquilla, un cine que la academia no ha querido o no ha podido premiar desde
El Bola (2000).
La soledad, recientemente comentada por Jose Barriga en su blog, me parece una propuesta interesante que esconde muchos temas de interés y unas interpretaciones excelentes. Pero, y reitero, PERO,
la academia española naufraga en sus pretensiones baratas de premiar a "lo diferente". Uno de sus tres goyas (mejor actor revelación) es de los galardones más descaradamente injustos e inexplicables de la historia de los Goya. Puestos a dar medallas, el plantel de actrices de la película era una opción más realista. Está claro que nadie quería premiar a lo grande a
El Orfanato y esta evidencia me parece lamentable porque
La Soledad no deja de tener importantes carencias y defectos de guión, fondo y forma. Algunos dirán que avivo un debate tardío, otros seguirán defendiendo la maestría del director catalán... Rosales es un director frío y firme que evita la palabra y realza la imagen como auténtico motor de sus relatos. Era inexplicable la actitud violenta y acomplejada del asesino de
Las horas del día, era inexplicable también el silencio y la apatía de los personajes de
La Soledad... e igual de inexplicable será este
Tiro en la Cabeza, un tiro que duele a deshora sin haber apretado ningún gatillo. ¿Las películas de Rosales están llenas de lecturas o representan la nada arrogante de un autor perdido? Disparos de feria, disparos gratuitos, disparos excelentes. Múltiples lecturas y una evidencia: los disparos siempre duelen. La polémica está servida:
http://lacomunidad.elpais.com/alta-definicion/2008/9/23/rosales-pinchan. Eso sí: Rosales no es (aún) comparable a Von Trier, Haneke, Dardenne, Zoncka y compañía.