Las películas más inspiradas son las que inspiran. Si sales del cine eufórico, con ganas de pintar o escribir, es que el material fílmico ha activo un dispositivo contagioso de belleza y creación. El arte crea arte. Quizás por eso el cine se ha interesado tanto en la vida de artistas anteriores, en este caso el escritor Allen Ginsberg. Howl, biografía de uno de los poetas más polémicos del pasado siglo, tiene la capacidad de subir nuestros niveles sensoriales y después de verla dan ganas de probar a inventar algunos versos con sentido y musicalidad. James Franco realiza un trabajo de mímesis impecable, y seguro que a estas alturas ya se debe preguntar por qué sólo le toca lidiar con personajes homosexuales o un tanto locos. El problema es que ese proceso de admiración e inspiración casi divina dura unos pocos minutos. La cinta es, finalmente, demasiado evidente, y no llega a dejar poso. Como si, presentada la triple estructura narrativa, puesta en marcha la combinación de escenas animadas con otras en blanco y negro, sin olvidar el juicio donde se discute los valores artísticos del libro de poemas de Ginsberg (porque, para más inri, la película pivota sobre el significado del concepto 'arte', aunque las frases del abogado defensor Jon Hamm sigan el manual de la 'politésse' más fácil; incluso tiene una doble lectura en un tiempo en el que la palabra 'censura' vuelve a planear tras las polémicas de la Ley Sinde o la película A serbian film), Howl se limitase a repetir hasta la saciedad una fórmula que sabe seguir pero nunca ampliar. Al final la sensación es que Howl, apreciable como curiosidad fuera de las corrientes comerciales actuales, es una pieza de videoarte que, en forma de corto o mediometraje, hubiera podido sobrevivir en museos o como complemento visual a la obra poética del fallecido Allen Ginsberg. Muchos han descrito Howl como una mezcla de Milk y El muro, otros la han definido citando a Buenas noches y buena suerte y Vals con Vashir. Este blog se acordó de Un hombre soltero y Capote, cintas que sin duda James Franco ha revisado para crear ese escritor tan ensimismado, convincente a la hora de recitar sus poemas en público, genial a la par que egocéntrico. Cine diferente, no por ello mejor que el resto, que, por fortuna, a veces se cuela en las carteleras españolas (¿será por el gancho televisivo de Donald Drapper Hamm o Nancy Meyers Parker?).
Nota: 6