sábado, 15 de mayo de 2010

LO MEJOR DE... JULIO MEDEM

Aunque se licenció en una carrera tan difícil como Medicina, Julio Medem (21 de octubre de 1958) se dejó llevar por la gran pasión que había basado su infancia y adolescencia: el cine. Tras algunos cortometrajes de gran repercusión, la carrera del director vasco empezó a copar premios, capitanear las secciones oficiales de muchos festivales y erigirse como nombre clave de la ficción patria de los 90. Con Vacas ganó el Goya y viajó hasta Tokyo para recoger más galardones. Amoroso, romántico y único, el cine de Medem bebe de los elementos de la cosmogonía para conseguir atmósferas indescriptibles, bucólicas y tétricas según la escena. Cine poético, simbólico, que remite a un constante realismo mágico en la que lo despiadado y lo bello pasean de la mano. Su cine viaja a islas que flotan libres en el mar, a un País Vasco marcado por el conflicto con ETA, a Nueva York, en el corazón del Gran Cañón del Colorado, la España rural de preguerra, incluso al mismísimo Círculo Polar. Su mayor taquillazo tiene nombre de canción, e granjeó algunas enemistades con La pelota vasca (polémica incluída), la muerte de su hermana inspiró el estimulante desorden de Caótica Ana y sus musas son Paz Vega, Najwa Nimri, Elena Anaya y Emma Suárez. Lo psicológico y lo físico vuelven a encontrarse con Habitación en Roma, su último estreno, un remake de En la cama que apunta a hito gay. Repasamos lo mejor de uno de los mejores.


1. LUCÍA Y EL SEXO (2001)

-¿Eres farero?
- Pues sí, y quiero escribirte un cuento lleno de ventajas.
- Me encanta. Gracias.
- La primera ventaja es que cuando el cuento llega al final, no se acaba, sino que se cae por un agujero... gggggggggggggggggg... y el cuento reaparece en mitad del cuento. Esta es la segunda ventaja, y la más grande: que desde aquí se le puede cambiar el rumbo, si tú me dejas, si me das tiempo.
- Todo el tiempo que tú quieras. ¡Sigue, por favor!


2. LOS AMANTES DEL CÍRCULO POLAR (1998)

- Recuerdo la primera vez, en el Círculo Polar. Estar enamorada no es fácil, no basta con desearlo, hay que oírlo. Nadie tiene un corazón como el de Otto, yo tampoco.

- Esta es la línea del Círculo Polar Ártico. Aquí dentro, en las noches de verano, no se pone el sol. Es el sol de la medianoche. ¿Qué raro, verdad?


3. CAÓTICA ANA (2007)

Querido 'bestia parda':
Aquí en Madrid parezco una indígena fuera de la reserva. Pues sí: doy un poco el cante. Me estoy riendo, ya sabes cómo. No tengo miedo. De nada. Me voy soltando, y eso me gusta, pero también siento todavía tu mano cogiéndome fuerte y eso también me gusta. Gracias, monstruo.


4. VACAS (1992)

- ¿Que es negra?
- Es blanca.
- Es negra con manchas blancas.
- Con manchas negras, porque está preñada, con un poco de suerte. Es holandesa, de importación. Vale mucho dinero.
- ¿Cuánto?
- Mucho.


5. TIERRA (1996)

- Yo siento que tu abuela ya no está en este mundo. ¿Dónde me la habrán llevado?
- Déjalo papá. Esas cosas no las sabe nadie.
- Pues a mí que me expliquen. No puedo seguir así.
- A lo mejor está aquí, y te está cogiendo la mano sin que te des cuenta.
- Por cierto: este vino con sabor a tierra debe hacer historia. A mí me encanta.
- A mamá también, ¿verdad?
- Sí, mi vida.


6. LA ARDILLA ROJA (1993)

- Cuando termine de contar hasta 3, y diga 3, estarás completamente hipnotizada.
- ¿Te da miedo?
- No, me gusta.
- Y luego, cuando escuches 1 y 3 con una palmada, te despertarás y no te acordarás de nada.
- Vale, por eso no te preocupes.
- Mírame fijamente a los ojos. Uno... dos... ¡y tres!


7. LA PELOTA VASCA (2003)

- Pensaba matarme en el despacho de mi facultad.
- Por el estallido de una bomba perdí mi pierna izquierda.
- Gente cercana a mí fue asesinada por la policía y eso te va radicalizando.
- A mi padre le mataron sólo por las ideas.
- Es muy jodido vivir con un escolta.

jueves, 13 de mayo de 2010

BRIGHT STAR 3'5 / 10

John Keats era un maestro de las palabras. Aún así, al ilustre poeta le sería difícil encontrar el término exacto para definir el tedio que inspira Bright Star, su biopic en forma de romance casto. La poesía precisa de técnica pero también de magia, un requisito que Jane Champion obvia: hay oficio pero no alma, hay una exquisita ambientación, pero no el ímpetu, la virulencia y la energía que requiere toda pareja de amantes enamorados. El amor en Bright Star no conoce escenas de cama, pero tampoco la credibilidad del tonteo, cortejo y amor fou final. No inspira, no contagia, no emociona: es demasiado pulcra, correcta, conservadora, lineal, austera. Poca o ninguna credibilidad merecen los amantes si Champion no trabaja para encender la chispa, la atracción. Como resultado, la primera hora resulta una historia simpática, la misma que ya hemos visto y leído hasta la saciedad, y el final es tan vacuo, previsible y alargado que la única alegría que tiene el espectador es la de abandonar la sala. Imperdonable: la estrella del título no brilla y, para colmo, la banda sonora colecciona las notas de una nana soñolienta. Los críticos de Cannes 2009 se mostraron fríos con la película y no les faltó razón: se mire por donde se mire, Bright Star es toda una decepción. Poca emoción tiene su inminente llegada a los cines españoles: solo la moda del amor utópico, bizarro y medieval de Crepúsculo puede salvar este telefilm de la quiebra total. Film primaveral pero en el fondo yermo que nos hace admirar títulos blandos como La duquesa o Orgullo y prejuicio.



Es difícil imaginar qué atractivos vio Champion para llevar tal ñoñería a la gran pantalla. La directora, femenista y adicta al ambiente (aquí ambientillo) de época, tiene el mérito de ser una de las pocas realizadoras nominada al Oscar, pero su carrera es desigual (incluso su El piano está más desafinado de lo que se dijo). Cornish, rostro nuevo y protagonista, no convence como protagonista de la función: luce mejor la arrogancia y desfachatez que presume durante los primeros minutos. Ben Wishaw, quintaesencia del bohemio sin éxito y tuberculoso, tampoco encandila al personal. Bright Star es pintura, aunque hay cuadros más profundos y breves; es literatura, pero la nómina de libros amorosos de calidad es infinita; es cine, pero del desfasado, del totalmente prescindible. Un bluf disfrazado de soneto sin rima.

miércoles, 12 de mayo de 2010

LO MEJOR DE... JULIETTE BINOCHE

Parisina de 46 años, Juliette Binoche lleva treinta años en una industria y arte de la que ya es musa honorífica. Jean-Luc Godard lanzó su nombre en un lejano 1985 con Je vous salue, Marie, un arranque impecable de la que sería una carrera deslumbrante. Ha sabido consolidarse en la escena francesa, europea y americana, sin abandonar títulos de calidad y potenciando el cine de autor: con ella han trabajado en los últimos años Assayas, Haneke, Gitai o Kiarostami. Parte del compendio Paris, je t'aime, Binoche representa París y Francia por todo el mundo. Cara dulce que, aunque bella, no sigue el cánon de belleza habitual, figura maternal, actriz camaleónica que domina el registro trágico y el cómico (incluso es la parte femenina de una de las parejas más extrañas de la década: el tándem Carrell-Binoche en Como la vida misma). En su vitrina figuran el Oso de Oro, la Copa Volpi, el Oscar de Hollywood y un premio César, aunque cuenta con ocho nominaciones (algo nos dice que, como sucede aquí con Maribel Verdú, uno no es profeta en su tierra, aunque ha dejado filmarse por Klapisch, Leconde, Rappeneau o Téchiné). Su último trabajo es Copie Conforme, con el que intentará pelear por esa Palma de oro que aún le falta. A la espera de nuevos reconocimientos, ella sola, en un fondo azul y con un pincel mágico, protagoniza el cartel de este Cannes 2010. Una delicatessen.

7. CHOCOLAT, de Lasse Hallström (2001)
Sobornó a la Academia a base de chocolate. Y es que a nadie le amarga un dulce... Depp, Dench y Molina se apuntaron al convite. Para chuparse los dedos.



6. CÓDIGO DESCONOCIDO, de Michael Haneke (2000)
El extraño experimento de nuestro austríaco preferido tenía la cara de Binoche. Una experiencia y una interpretación extrema.



5. CACHÉ (ESCONDIDO), de Michael Haneke (2005)
¿Tenía una relación extramatrimonial con su amigo? ¿Era causa, consecuencia o simple víctima de los extraños envíos de cintas? Escondida, pero presente.



4. LE VOYAGE DU BALLON ROUGE, de Hou Hsiao-Hsien
Nuestra titiritera favorita sumida en un caos monumetal. Lírica y globo rojo en un París de ensueño.



3. LES AMANTS DU PONT-NEUF, de Leos Carax (1991)
El París nocturno y marginal desde el puente más emblemático de la capital. Perdió la vista y el mundo ganó la relación amorosa más extrema del país vecino. Obra maestra.

2. EL PACIENTE INGLÉS, de Anthony Minghella (1996)
Volvería a trabajar con el difunto Minghella en Breaking and entering y su enfermera en tiempos de guerra es inolvidable. ¡Qué cosas!: compartía escenas con el mismísimo Sayid.




1. TRES COLORES: AZUL, de Krzystof Kieslowski (1993)
El color de la libertad y el vivo rostro de la desolación. Una interpretación de película, una película que nunca olvidaremos.


Presumiendo de estatuilla.
Oscars 2001: el vestido más discutido de la velada (con el permiso del cisne de Björk)


La portada del pecado y la polémica. En Playboy, Binoche al desnudo

martes, 11 de mayo de 2010

THIRST 9 / 10

Las mejores películas nacen del riesgo. Los mejores títulos son aquellos capaces de aunar el oficio anterior de sus responsables con nuevos atractivos. Las mejores cintas pueden y deben rozar lo estúpido para alcanzar lo sublime. Las obras que devienen inmortales se caracterizan por romper los esquemas cinematográficos de su época al incluir un discurso y un estilo innovadores. Las piezas más célebres son capaces de influir en nuevos autores y respetar toda la tradición previa, de combinar tramas de calidad con un ritmo que no traicione la naturaleza plural y popular del séptimo arte, muchas veces por imposición de una indústria que necesita hacer taquilla. Y por último, las mejores historias deben ser polémicas, demostrar su fuerza tras varios visionados y lograr que sus espectadores, para bien o para mal, se sientan atrapados en un universo difícil de olvidar, para nada indiferente. Toda esta ristra de virtudes es aplicable a Thirst, la última genialidad del excesivo y puntilloso Park Chan-Wook: con ella surge la revitalización definitiva de la ficción vampira y la demostración de que la carrera de Wook no se reduce a su famosa Trilogía de la venganza. Olviden el endeble romanticismo de Crepúsculo, incluso el misticismo de Déjame entrar o el pulso televisivo de True Blood: Thirst, engendro sin par, tiene sangre de verdad, sexo de verdad, sorpresas auténticas y momentos de una belleza indescriptible. Ciencia ficción y terror se dan la mano para narrar una trama en tres actos: un inicio de delicioso frikismo, un triángulo amoroso oscuro y un delirio final insuperable a ritmo de amor fou. Es larga e intensa, asquerosa y bella, original y voluptuosa, radical y contradictoria. Nunca un mordisco tuvo tan buen sabor: Thirst es una obra maestra y visionaria. Kim Ok Bin realiza un trabajo sublime a la altura de la Gainsbourg de Antichrist (ella sí tuvo premio). Y Song Kang-ho, cada día más presente en nuestra cartelera, encarna un papel inmortal. Se mire por donde se mire, una carambola redonda.



Un cura decide viajar hasta África para ayudar a crear un antídoto que erradique una extraña enfermedad. La bondad del clérigo no tiene límites y cederá su cuerpo para experimentos truculentos. Tras una operación, los médicos lo dan por muerto, pero él vuelve a la vida... en forma de vampiro. Esta experiencia lo llevará a conocer por primera vez el amor, poner en duda el dogma que en su día rezó y, sobre todo, compaginar su condición de héroe con una imperiosa necesidad de beber sangre. Él y ella, símbolos del bien y del mal, son el engranaje de un romance que cambia a cada minuto, una caída libre que no conoce límites y que culmina en uno de los finales más bellos que se recuerden. Solo apta para estómagos fuertes, Thirst es un fresco modernista que quitará el aliento hasta el mismísimo Tarantino. La crítica de Cannes no tuvo reparos en destrozarla y aún no tiene fecha de estreno en España. Nunca una descarga estará tan justificada: no han visto ni verán nada igual.



lunes, 10 de mayo de 2010

PALMARÉS IDEAL DE CANNES 2010

PALMA DE ORO: BIUTIFUL, de Alejandro González-Iñárritu (México, España)
Ojalá Erice y del Toro, como parte del jurado, den el premio gordo a nuestra representante hispana.

PREMIO DEL JURADO: THE HOUSEMAID, de Im Sang-Soo (Corea del Sud)
¿Alguien duda que ésta es la película que más se adecua a los gustos de Burton? Con suerte, la nueva Thirst

MEJOR DIRECTOR: ABBAS KIAROSTAMI, por Copie Conforme (Irán, Francia)
Artista reconocidísimo que difícilmente saldrá de Cannes con las manos vacías.

MEJOR ACTOR: JAVIER BARDEM, por Biutiful (España)
Los papeles fuertes de la sección oficial son roles femeninos. Si tiene la Copa Volpi, ¿por qué no la Palma?

MEJOR ACTRIZ: NAOMI WATTS, por Fair Game (EE. UU.)
Éste es el año Watts. Sus rivales: Yoon Hee-Jeong por Poetry, Juliette Binoche por Copie Conforme y Jeon Do-Yeon por The housemaid

MEJOR GUIÓN: MIKE LEIGH, por ANOTHER YEAR (Gran Bretaña)
Leigh es un valor seguro y siempre triunfa con sus guiones. Opción más que plausible.


PREMIO DE LA CRÍTICA: UNCLE BOONME WHO CAN RECALL HIS PAST LIVES, de Apichatpong Weerasethakul (Tailandia)
El director tailandés del momento, de cuyo nombre nunca podré acordarme, apunta alto. Demasiada participación asiática como para que la crítica premie otras opciones.

domingo, 9 de mayo de 2010

LA PELÍCULA DE LA DÉCADA: ADIÓS A POZOS DE AMBICIÓN


La película de la década ha vivido su semana más emocionante. Amélie ha peligrado durante todo el tiempo, Volver estuvo en el banquillo y Pozos de ambición perdió fuelle. Mystic River fue eliminada con mucha diferencia, pero eso no ha ocurrido con la cinta de Paul Thomas Anderson. Pozos de Ambición se va con 51 votos, 21 menos que la más votada y sólo 2 menos de su directa competidora: Brokeback Mountain. Eliminado Daniel Plainview, la encuesta se ha carecterizado por varias constantes:

- Million Dollar Baby, Match Point y ¡Olvídate de mí! siguen siendo las más apoyadas, pero recortan distancias entre ellas y con el resto de sus competidoras.

- Las horas, la ganadora de la semana, sube del puesto 9 al 4, con lo que todas las demás películas bajan una posición.

- Camino y Volver están en empate técnico. Ya tenemos ganas de saber qué título proclamáis como la mejor cinta española de la década.

- Se han registrado 169 votos, 71 más que la semana pasada. Parece que los mensajes en Facebook han surgido efecto...



2ª ENCUESTA FINAL:

ELIMINADA: 9. POZOS DE AMBICIÓN, con 51 votos (+105=156)

8. BROKEBACK MOUNTAIN, con 53 votos (+118=171)
7. AMÉLIE, con 55 votos (+108=163)
6. CAMINO, con 56 votos (+110=166)
5. VOLVER, con 56 votos (+114=170)
4. MATCH POINT, con 64 votos (+127=191)
3. MILLION DOLLAR BABY, con 67 votos (+134=201)
2. ¡OLVÍDATE DE MÍ!, con 69 votos (+129=198)

GANADORA: 1. LAS HORAS, con 72 votos (+103=175)

¿Muy empatado, no? Tienen el ranking en el margen derecho de la página.


¿QUÉ OCURRIRÁ LA SEMANA QUE VIENE?

El lunes 17 tendremos las 5 FINALISTAS que pelearán en la última encuesta. ¿Cómo llegaremos a este número?

1. Tenemos una encuesta activada. La película que menos votos obtenga será eliminada y proclamada 8ª finalista. A día de hoy, Amélie estaría eliminada.
2. Los votos de la encuesta se sumarán a la cifra de votos que todas las participantes tienen acumuladas. Las 2 películas que tengan menos votos acumulados serán eliminadas en 7ª y 6ª plaza. A día de hoy, hablaríamos de Camino y Volver.

Por lo tanto, fíjense en un detalle: entre Las horas (175 votos) y Amélie (163 votos) sólo median 12 votos, por lo que no hay nada decidido. Eso sí: los títulos de Gondry, Allen e Eastwood tienen cierta ventaja al tener una cifra acumulada superior.

Reitero: no hay nada decidido. Un único voto puede ser crucial. ¡VOTA POR TUS 5 FAVORITAS!


HOMENAJE A POZOS DE AMBICIÓN (THERE WILL BE BLOOD)

En una década de remakes, secuelas y precuelas, Thomas Anderson se atrevió a filmar una película atemporal, a contracorriente y para nada comercial. Pozos de ambición entiende la épica cinematográfica como lo hacían Kubrick o Welles (véanse el portentoso primer cuarto de hora mudo), incluso John Ford porque estamos ante un western apocalíptico que analiza y describe los recovecos más oscuros del alma humana. Modernidad y antiguedad se cogen de la mano en una fotografía majestuosa, una banda sonora que juega a ser rock y ruido. Anderson es un director de paisajes: retrata el alma humana, totalmente desnuda y cruel, el cuento gótico de la ascensión social y la bajada a los infiernos de un minero ambicioso; también la geografía color crema de una Norteamérica de principios de siglo, aún medieval y rural, muy ligada a las tradiciones ancestrales que encarna un predicador con labia (el capitalismo, aquí en sus inicios, como sistema que posibilita el libre enriquecimiento, en contra del dogma religioso y su concepto de 'comunidad' y 'colectividad': algo aplicable hoy en día, la demostración de que Pozos de Ambición es rabiosamente crítica, simbólica, evocadora y moderna). Day-Lewis riza el rizo con un personaje antológico, sobrehumano. Pozos de Ambición merecía el Oscar a la mejor película por encima de No es país para viejos (igual de pesimista y actual, al final más accesible para los académicos). Pozos de ambición da miedo y asco, hechiza, demuestra que el cine de verdad sigue vivo. Conservaremos su dvd con sumo gusto: nada tiene que envidiarle a 2001: Odisea en el espacio, Ciudadano Kane o La diligencia. Cómo olvidar ese apoteósico final: ¡Yo... me bebo... tu batido! POZOS DE AMBICIÓN, 9ª POSICIÓN.


sábado, 8 de mayo de 2010

'LA PIEL QUE HABITO', LO NUEVO DE ALMODÓVAR

 
En una escena de Los abrazos rotos, Harry Caine idea con la ayuda del hijo de Judith (al final, su propio hijo) una película de vampiros titulada Dona Sangre. Esta referencia, que confirmó que la inventiva de Almodóvar no conoce límites, se hace realidad en La piel que habito, film de aspecto turbio y misterioso que supondrá el nuevo proyecto del manchego. El terror será el género protagonista, pero nunca con las formas del horror de susto y sangre vistosa que la poderosa Hollywood nos tiene acostumbrados. Almodóvar, que ha confesado tener cuatro guiones en preparación, culmina así un proyecto que tenía en mente desde hace diez años, antes con el título de Tarántula. La tarántula puede ser venenosa y Antonio Banderas, protagonista del film, promete regalarnos un papel igual de letal, visceral y sorprendente. Si Volver supuso el retorno de Carmen Maura en el mapa almodovariano, La piel que habito (tras un título como Los abrazos rotos, Almodóvar refuerza su filmografía de títulos poéticos) será conocida por el regreso de Banderas a la escena española, algo anhelado por muchos que tuvo en El camino de los ingleses una rara avis y segunda incursión como director. Banderas ha cambiado: reciente Honoris Causa por la Universidad de Málaga, el actor malagueño protagoniza un film tras varios años de papeles secundarios y, sobre todo, lo hace con el artista que lo vio nacer y crecer. Curiosamente, en ¡Átame! ya interpretaba a un violador con corazón; si en el cine de Almodóvar el concepto 'tiempo' es importante, parece que en la realidad vuelve a cumplirse. No estará Penélope Cruz en el reparto, pero no hay duda que podríamos estar ante una de las películas más fascinantes de nuestro director insignia, con el componente de que la fórmula Almodóvar-Banderas puede ser sinónimo de premios y la posibilidad perfecta de encajar ese taquillazo que Los abrazos rotos no pudo lograr. El rodaje es este verano, en Cannes tendremos más información y su estreno ya apunta a la Palma de oro del 2011. El cine español espera lo nuevo de Bollaín y León de Aranoa, esta semana vive el estreno de la Habitación en Roma de Medem... pero Almodóvar, con su sola presencia, ya acapara portadas, blog y demás medios.



Poco se sabe del argumento, que se inspirará de forma libre en el libro Tarántula de Thierry Jonquet (el dato es importante porque Almodóvar siempre ha trabajado sobre ideas y libretos propios). Un padre inicia su particular venganza contra un cirujano que ha realizado una operación de cambio de sexo a su hija. No hay duda que la premisa de Jonquet ya apunta a la truculencia almodovariana que viene desarrollándose desde La mala educación. La promesa de realizar un cine más complicado y oscuro, menos fresco que sus primeros títulos, vuelve a confirmarse. Almodóvar ya había jugado con el terror psicológico en cintas anteriores, por lo que no nos debe extrañar este cambio estilístico. Almodóvar, aunque coherente con su esencia, muta de piel y promete la película patria más importante de la próxima primavera. Cinoscar & Rarities está contento y expectante. Almodóvar vuelve al ruedo. La piel que habito ya existe. Sólo queda esperar...

viernes, 7 de mayo de 2010

OBRAS A REIVINDICAR: SOLO TE TENGO A TI (2002)

El cine francés es amigo de los contrastes y las mezclas. Uno de los experimentos más curiosos de los últimos años es este poético Solo te tengo a ti, traducción discutible del original y más adecuado À la folie... pas de tout. Estamos ante una película curiosa, de alma comercial y pocas pretensiones. Audrey Tatou, dama de la nueva comedia francesa, capitanea la propuesta: primero con su sonrisa naif, luego con una expresión tan frágil como malsana. De estas dos personalidades, una anclada en la comedia rosa y la otra en el psicothriller surrealista, la película resurge como un collage imposible, un truco narrativo que recuerda la mismísima Amélie o el Almodóvar más desenfadado de su primera etapa (la película acaba donde empieza ¡Átame!). Contiene las dosis de ñoñería y misterio suficientes para ser una película estimable para todo tipo de públicos. Es importante recordar que la película, pequeño fenómeno en su país de origen, llegó a las salas de cine y a los videoclubs tras el estreno de Amelie. Ahora, siendo Tatou una actriz conocida y respetada, la película adquiere una nueva dimensión y nos permite rescatar los inicios de un rostro angelical, foco de fobias y filias, ampliado y consagrado con las curiosas Venus, salón de belleza y Una casa de locos.



Solo te tengo a ti se inicia con Angélique, una estudiante de arte en eterna alegría. La joven se dispone a comprar una flor para su amante, un reputado cardiólogo que está casado. La actitud esquiva del médico desespera a la joven. Angélique, respaldada por su compañera de trabajo y su mejor amigo de la universidad, empieza a enloquecer. Pero nada es lo que parece: la película vuelve a empezar y todo lo visto cobra un sentido especial, más oscuro, aún más descabellado. Solo te tengo a ti contiene dos películas en una, detalle que define y eleva la calidad del film. Una curiosidad digna de nuevas revisiones. No es una gran película, pero tiene encanto, y más tratándose de una ópera prima. Como dice el romancero, hay amores (y películas) que matan.

jueves, 6 de mayo de 2010

HAY COSAS QUE MERECEN UN POST


AVISO: SPOILER de la serie PERDIDOS (LOST) Si no has visto el capítulo 6x14, no sigas leyendo (que conste que la indicación de 'spoiler' ya figuraba en el enlace Facebook)

Oración por el alma de SUN y JIN, los amantes de Perdidos en un final digno del mejor Titanic. Murieron en un épico antepenúltimo capítulo. Este bloggero saldrá a la calle vestido de luto. Quedan cuatro capítulos, la guerra ha empezado pero aún no sabemos cuáles son las partes de la contienda y cuáles son sus motivaciones. Estar perdido con Perdidos es un placer. ¡Esto ya se acaba, señores! Jack, yo también lloro.

miércoles, 5 de mayo de 2010

OBRAS A REIVINDICAR: MI HIJO (MON FILS À MOI) (2006)

La familia es una institución y, como tal, viene dominada por unas reglas. Su principal característica es el innatismo: todo el mundo tiene una familia más o menos grande, unos parentescos que en ningún caso podemos escoger. Mon fils à moi explica qué ocurre cuando la naturaleza lógica de la familia se destruye y qué lleva a sus miembros a romper los límites no establecidos pero conocidos entre madre y padre, abuelos e hijos. La familia basa nuestra formación y cultura, nos describe y nos determina, nos une y a la vez nos puede separar. No existe peor situación que el miedo que nace y crece dentro de la propia casa familiar, un hecho del que no queda exempta ninguna clase social. Como en el caso de Mon fils à moi, es la clase media alta, con cultura y recursos, la que aparece corrompida: lo mismo ocurre con los films de Claude Chabrol y otros tantos films franceses que se han estrenado últimamente (una nómina fantástica que abarca Un cuento de navidad o Las horas del verano). Nadie nos enseña a ser padres y tampoco existe el manual del hijo perfecto. ¿Dónde está el límite, y más cuando los niños empiezan a ser mayores? ¿La madre debe educar o controlar, o las dos cosas, o estamos ante términos sinónimos? Todos estos son los temas que propone la película, un discurso amplio y valiosísimo que nos afecta a todos. Cine social, en definitiva, pero también cine negro, una historia de escasos diálogos y muchos momentos de tensión.


La pantalla se abre y ante la casa de nuestros protagonistas aparece una ambulancia y un dispositivo de policías. Algo ocurre, piensa el espectador, y la película arranca con esta incertidumbre interna. El motivo del revuelo es un hecho cotidiano que nace de la dinámica entre los cuatro miembros de la familia (nunca sabemos el nombre de la madre y del pare: son figuras que funcionan como esquemas perfectamente aplicables a otras tantas familias). La semilla del mal aparece en forma de lentos movimientos de cámara y un recital de miradas diabólicas: todo en Mon fils à moi respira e inspira tensión, incluso cuando madre e hijo se funden en un simbólico baile inicial. Si en El vídeo de Benny los padres sufrían en primera persona los errores cometidos (Benny, desatendido y descarriado, es el reflejo de las carencias de los primogénitos, también de toda la sociedad que lo rodea), en Mon fils à moi sufre el hijo, víctima de los desaires y cambios de humor de una madre dictatorial (la frustración parece congénita y los mayores ceden y descargan su amargura sobre los pequeños, los indefensos). En el personaje de Nathalie Bay hay el dibujo de una enferma mental, una persona que no acepta que su hijo crezca y que entiende que su retoño le pertenece a modo de objeto. Esta represión es sólo la grieta de un edificio en ruinas: la figura paterna brilla por su ausencia, siempre enfrascado en su trabajo y carente de autoridad; mientras que la hija mayor, testigo de la represión, no puede compartir pensamientos o problemas con su entorno. En una escena inicial, los pequeños celebran con una lucha de cojines la marcha de los menores: hay una barrera entre padres e hijos, una distancia infranqueable que, al final, sólo puede crear monstruos (el propio Benny en el caso de Haneke). Algo ocurre, sin duda, y el terror es considerable: todo respira verdad, todo parece posible, todo se asemeja demasiado a casos que conocemos o vivencias propias.



La madre es el alma de la película. Nadie espera que una madre actúe en contra de su hijo, algo que tampoco le ocurre a nuestra protagonista: con su sistema de horarios fijos, actividades extraescolares y controles de todo tipo, cree estar haciendo lo correcto por el niño de sus ojos, y más cuando considera su hija mayor como un caso perdido, indomable. El amor se alía con el dolor, una contradicción: la madre observa el cuerpo desnudo del pequeño y él se tapa sus partes íntimas, algo que la mayor no entiende (la desnudez, la indefensión del hijo ante la fuerza del que impone). Los roles familiares de la actualidad se basan en un control semejante: de alguna forma, el niño busca novia y asiste a fiestas porque quiere escapar de aquello que lo hace infeliz. La película también trata a madre e hijo como novios que se quieren, se pelean y luego se reconcilian: el hijo esconde una de sus jugarretas y le regala bombones a su madre, aunque sabe que ella no los aceptará; y ella, asfixiada entre las cuatro paredes de cuarto, responde altiva con otros bombones, esta vez para hacer las paces. Hay un toma y daca, una lucha, una erosión, con el añadido de que los bandos en combate deberían luchar bajo una misma consigna: la de una unión familiar falsa. Mon fils à moi deja muchas preguntas en el aire (¿qué ocurrió entre madre e hija o por qué Nathalie Baye actúa como actúa?): proponer, insinuar, es más efectivo que solucionar, algo que también hace Haneke en todos sus trabajos. El narrador final nos recuerda que, pese a todo, la vida continuó, algo coherente porque en la vida real los problemas serían mucho más grandes (aquí los conflictos nacen de escapadas nocturnas y prendas de ropa escondidas, pero fuera de la pantalla existen cuestiones como las drogas). Una película, en definitiva, que entronca con el aquí y con el ahora, todo en un conjunto de impecable cine negro.



Mon fils à moi ganó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián 2006, mérito que compartió ex-aequo con la iraní Half Moon. Nathalie Bay, la mano que mece la cuna, también logró el premio a la mejor actriz, reconocimiento merecido por su madre fría, odiosa. Película austera, poco conocida, ópera prima de Martial Fougeron e injustamente olvidada entre la crítica (incluso la francesa: no tuvo ninguna nominación en los César de ese año). Mon fils à moi trata uno de los temas favoritos del blog (las luces y sombras de la familia y sus miembros) y es desde ya una de las favoritas para llevarse el Cinoscar Award al mejor descubrimiento cinematográfico del año. Apúntenla en la lista de visionados urgentes.

martes, 4 de mayo de 2010

LES BEAUX GOSSES (FRENCH KISSES) 7'5 / 10

Les beaux gosses, parida en Francia (para muchos, el país con la mejor cinematografía del mundo), viene a desmitificar toda una constante en el cine norteamericano: la rutina, insulsa y al final falsa, de retratar a los más jóvenes en títulos cuyos atributos van de lo macabro a lo almibarado. Los españoles hemos copiado el modelo yanki y Fuga de cerebros o Mentiras y gordas, las dos de nuestra cosecha del 2009, vienen a confirmar la influencia de American Pie, título generacional, y otros nombres siguientes, la mayoría carentes de inventiva. Les beaux gosses, entre tanto lío, engrandece la temática juvenil y nos enseña cuál es el modelo de buena comedia. No puede entenderse Les beaux gosses sin la Nouvelle vague y posteriores, pero tampoco sin la impronta del cine norteamericano; además, la narrativa del film conecta directamente con la tira cómica, el gag visual, el juego de palabras, la colección sublime de chistes con clase, las características de un Persépolis juvenil o un Ghost World en erección. Y las referencias no se acaban: Les beaux gosses, que siempre navega entre el realismo y la exageración, la seriedad y el desmelene, viene a echar por tierra parte del discurso de La clase, una película excesivamente intelectual cuyos planteamientos éticos y estéticos restaban vigor a su discurso. Les beaux gosses, como resultado, es la mezcla definitiva entre cine social y cómic alocado, un retrato de la adolescencia sin rodeos ni escenas burdas, un estudio del mundo adolescente que dejará huella.


Uno de los aciertos de Les beaux gosses es indagar sobre la adolescencia con unos personajes y escenarios totalmente coherentes con la realidad. Pero, y he aquí su rasgo definitivo, la película desmonta ese realismo aparente y trata a sus personajes como seres de una viñeta, piezas imprescindibles que el espectador conoce de inmediato y con las que no es difícil sentir cierta empatía. Sumidos en esta estructura mágica, la platea acepta el objetivo de Hervé, adolescente espigado y lleno de granos, como la gesta de un héroe invencible y deja llevarse por una colección de besos, morreos, chupeteos, anhelos y otras ensoñaciones. La atmósfera de Les beaux gosses consigue otro milagro: abrir su trama a todo tipo de público y lograr confirmarse como la película joven, de jóvenes y para jóvenes que más y mejor trata el tema sexual (el ritual de la paja como acto íntimo que inquieta a la madre del crío; la necesidad de buscar el primer rollo, un objetivo que queda claro desde el inicio; y la postura del que, tras algunos líos y amores, se sabe experto en la materia, como corrobora esa escena final totalmente rompedora). Lo que sigue es una auténtica delicia: una Emmanuelle Devos ligera de cascos, una Irène Jacob en un baile para el recuerdo, un profesor suicida, otro gay, un alumno árabe que resulta ser la guinda del pastel, una madre pegada a un cigarrillo y víctima de las heces de unos aviones, las babas de un perro, el símbolo del plátano... Es corta, entretenida y elegante, capaz de transmitir un buen rollo increíble. Apunta a film de culto y taquillazo europeo.