sábado, 17 de octubre de 2015

SITGES 2015 | DÍA 9 | PALMARÉS + Moonwalkers, Lovemilla, Journey to the Shore, Veteran


Nos despedimos de Sitges un año más. Antes de hacer las maletas, os dejamos con el palmarés completo del certamen (como siempre, muy criticado entre los acreditados) y las impresiones de las últimas películas visionadas. Into the Forest ha sido la encargada de clausurar hoy el evento más importante del cine fantástico en toda Europa, aunque la recepción de la crítica ha sido más bien tibia, por no decir negativa. Por su parte, Evolution de Lucile Hadzihalilovic ha despertado todo tipo de reacciones, tal y como sucedió en San Sebastián. Difícil lograr el consenso en un evento tan ecléctivo y concurrido como el Festival de Sitges. Como siempre, os ofrecemos una valoración subjetiva de la novena jornada sitgense.


¿Y si la llegada del hombre a la luna en el año 1969 fue una farsa y se rodó en un plató bajo la supervisión del cineasta Stanley Kubrick? La leyenda urbana persiste y ahora toma forma en una película producida por Michel Gondry que es puro cachondeo: Moonwalkers. Un veterano de guerra que trabaja como agente de la CIA y un manager musical sin éxito están detrás de un alunizaje falso que la NASA piensa difundir si la misión del Apollo 13 fracasa. Ruper Grint, el pelirrojo Ron de la saga Harry Potter, y Ron Perlman, rostro mítico del cine fantástico gracias a títulos como Cronos y Hellboy, protagonizan esta comedia hippie muy pasada de rosca, con guiños cinéfilos y unos títulos de crédito impresionantes. Es tan surrealista que difícilmente llegará a los cines comerciales, pero puede despertar un fenómeno fan en redes sociales e internet. En la sala se han registrado muchas risas: no tardará en tener un nutrido grupo de fans. 


Lovemilla, producción finlandesa, es con mucha diferencia la película más friki del festival. Un culturista, su novia, unos padres que cuando beben se transforman en zombis y una amiga que aspira a ser una superheroína forman el plantel de personajes de esta cinta con toques de la ciencia ficción kitch e inocentona de los años 80. Entre otros despropósitos, el film acumula un número musical de inspiración gay y carnavalera, una puerta en el tiempo al estilo de Regreso al futuro y unos giros de trama sin ningún tipo de lógica. Demasiadas ideas copiadas de demasiadas películas archiconocidas, con un humor nerd bastante insulso. Podría describirse como la versión sitcom y nórdica de Turbo Kid, aunque mucho menos interesante que el título canadiense. A estas alturas uno visiona lo que le echen... Lo peor de todo es que el jurado le ha concedido una mención especial. Para gustos, colores.


Los films asiáticos de este sábado tampoco han cumplido las expectativas. Kiyoshi Kurosawa volvía por tercer año consecutivo a Sitges tras presentar Seventh Code y Real. Journey to the shore, su nuevo trabajo, no guarda ninguna relación con sus obras anteriores: apuesta por el drama sobrenatural, sin apenas hacer concesiones al género fantástico. Una mujer se reencuentra con su esposo, fallecido en el pasado, y ello da pie a una historia de reconciliación: él visitará lugares y personas que fueron claves en su vida, mientras que ella contará con una anhelada segunda oportunidad. Una historia sensiblera y enervante, escandalosamente lenta, demasiado teatral (en el sentido más peyorativo del término) y con unos diálogos muy desganados. Por su parte, la coreana Veteran se anunciaba como el último golpe de efecto del cine de ojos rasgados en Sitges, en la senda de nombres de ediciones anteriores como The Target o Blind Detective. Veteran repite la fórmula 'thriller policíaco + comedia surrealista', pero funciona a medio gas. Con todo, sus escenas más espectaculares (persecuciones, trompazos, chistes visuales, etc.) demuestran una vez más la capacidad del cine asiático por entregar espectáculos muy personales que se sirven, aunque de forma muy medida, de los prototipos hollywoodienses. 

Fotograma de The Invitation, premio a la mejor película del festival.

Os dejamos con el PALMARÉS COMPLETO del Festival de Sitges 2015. En el próximo post, os presentaremos el top de Cinoscar & Rarities con nuestras mejores obras del certamen.

Mejor película: THE INVITATION, de Karyn Kusama
Premio especial del jurado: THE FINAL GIRLS, de Todd Strauss-Schulson
Premio del público: I AM A HERO, de Shinsuke Sato
Mejor dirección: S. Craig Zahler, por BONE TOMAHAWK
Mejor dirección novel: Stephen Fingleton, por THE SURVIVALIST
Mejor guión: Todd Strauss-Schulson, por THE FINAL GIRLS
Mejor actor: JOEL EDGERTON, por The Gift
Mejor actriz: PILI GROYNE, por El nuevo nuevo testamento
Mejores efectos especiales: Shinsuke Sato, por I AM A HERO
Mejor fotografía: Marcin Wrona, por DEMON
Mejor música: A. Whissell, Y. Whissell y F. Simard, por TURBO KID
Mejor película (Secció oficial Òrbita):  
SPL2: A TIME FOR CONSEQUENCES, de Soi Cheang
Mejor película (Panorama Documenta):  
LOST SOUL: THE DOOMED JOURNEY..., de David Gregory
Mejor película (Noves visions): ANOMALISA, de Charlie Kaufman y Duke Johnson
Mejor película (Focus Asia): VETERAN, de Ryoo Seung-wan
Mejor película (Anima't): MISS HOKUSAI, de Keiichi Hara
Mejor película (Midnight X-Treme): BOUND OF VENGEANCE, de José Manuel Cravioto
Mejor película europea (Méliès d'Argent):  
EL NUEVO NUEVO TESTAMENTO, de Jaco Van Dormael

CRÍTICA | HIGH RISE, de Ben Wheatley


La ciudad vertical
HIGH RISE, de Ben Wheatley
Festival de San Sebastián: Sección oficial a concurso. Festival de Sitges: Secció oficial fantàstic sessions especials
EE. UU., 2015. Dirección: Ben Wheatley Guión: Ben Wheatley y Amy Jump, a partir de la novela homónima de J. G. Ballard Música: Clint Mansell Fotografía: Laurie Rose Reparto: Tom Hiddleston, Sienna Miller, Jeremy Irons, Luke Evans, Elisabeth Moss, James Purefoy, Keeley Hawes, Reece Shearsmith, Peter Ferdinando, Sienna Guillory, Stacy Martin, Enzo Cilenti, Augustus Prew, Tony Way, Dan Renton Skinner Género: Fantasía. Thriller Duración: 115 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: Pendiente
¿De qué va?: El doctor Laing se instala en un edificio de tecnología punta. En la torre se da una cita una microsociedad repartida estratégicamente en distintas plantas. Su creador, uno de los vecinos privilegiados del rascacielos, trabaja para poner orden a su arquitectura, pero pronto se dará cuenta que sus intenciones son utópicas y que el caos es imparable.


En Snowpiercer, la humanidad se encontraba amotinada en un tren. En High-Rise sucede lo mismo, pero en un gran rrascacielos. En ambos casos, los vagones-pisos marcan las distintas clases sociales, y los personajes se encuentran, desencuentran y pelean en esas majestuosas construcciones, que funcionan como metáforas del mundo exterior. El cineasta Ben Wheatley concentra en esa mole de modernidades y rincones retro la histeria colectiva, la insatisfacción y la locura de sus personajes. La pena de este edificio que mira al cielo cinematográfico sin apenas tocarlo es que su director acaba centrándose demasiado en esa vorágine suicida, de caos y destrucción, que ataca a los distintos vecinos. Pasada la primera hora, High-Rise prefiere ser una colección de fotogramas tarados, de una brillantez formal fuera de toda duda, pero sin historia alguna, carente de emoción y sentido. Al visionar High-Rise siento y presiento lo que me quiere contar Wheatley, pero no me conmueve. El film, a la postre, no dista demasiado de un videoclip con tics pseudomodernos, frío y apoteósico. High-Rise, más que ningún otra producción, dependerá muchísimo de la sensibilidad del espectador. A este respetable le llegó muy hondo el viaje de Snowpiercer, pero con High-Rise veo la furia y la destrucción desde la lejanía. Eso sí: la versión que realiza Portishead del tema de ABBA S.O.S. es de una belleza casi fúnebre. Un futuro título de culto.


Para amantes de las distopías caóticas.
Lo mejor: Un desatadísimo Luke Evans. Su envoltorio técnico tiene personalidad.
Lo peor: Su tendencia al exceso.

viernes, 16 de octubre de 2015

SITGES 2015 | DÍA 8 | The Survivalist, Zoom, Parasyte Parte 1 & 2, Enragés


Octavo día en Sitges. Con un sol radiante: daban ganas de ir a la playa en lugar de a la sala de cine. Acabaremos esta aventura sitgense con 50 visionados, una cifra redonda que no está nada mal. Dentro de nada aumentaremos ese número con los estrenos en salas y los visionados caseros (por no decir descargas). Hoy hemos descansado (el cuerpo lo pedía) y no hemos podido ver Life de Anton Corbijn, Yakuza Apocalypse de Takashi Miike (confiamos que a estas alturas el jurado dejará fuera del cuadro de ganadores al responsable de Ichi The Killer) y Cosmos de Andrzej Zulawski (aunque hay que reconocer que esta última nos la hemos saltado muy a conciencia; Zulawski, por cierto, ha cancelado a última hora su presencia en Sitges). Este fin de semana publicaremos el palmarés y haremos balance de todo lo visto en el festival (sí: nos tocará elaborar un top con los mejores títulos de Sitges 2015). De momento, os dejamos con las impresiones de las cinco cintas del día. Hay espacio para la animación brasileña, el fantastique nipón y la acción francesa. Empezamos. 


Es imposible ver las 35 películas de la sección oficial a concurso (Bone Tomahawk, el western protagonizado por Kurt Russell que tanto ha gustado a crítica y público, sólo se ha proyectado en dos sesiones nocturnas, para que os hagáis una idea), aunque Cinoscar & Rarities se ha esforzado para visionar el mayor número de cintas a competición. Nuestro recorrido por la sección principal del festival termina con la irlandesa The Survivalist, la crónica de un nómada con pasado oscuro que lleva siete años viviendo solo, autoabasteciéndose con recursos naturales y armado hasta los dientes. Un día llegan a su refugio una madre y una hija que necesitan ayuda, pero los recelos de este superviviente lleva ese reencuentro al terreno de la tensión, el cruce de miradas y las desconfianzas. El film sigue el día a día del personaje sin banda sonora y sin apenas diálogos, una apuesta que hace de esta The Survivalist una película difícil, un tanto introvertida y a la postre bastante decepcionante. Al film de Stephen Fingleton le sobra ensimismamiento, y por desgracia culmina con un final que pretendía abrir interrogantes, aunque a nuestro gusto únicamente deja confuso al personal. La premisa daba para mucho más.


No hay nada que satisfaga más al acreditado de turno que encontrarse una verdadera joya entre la vastísima programación de Sitges. Hoy hemos dado con una de esas maravillas ocultas: Zoom, de Pedro Morelli. Con ecos del cine de Linklater y Kauffman, el director superpone capas y capas de humor, animación, acción real y una reflexión sobre el mundo del espectáculo y las falsas apariencias. Sus líneas narrativas se superponen y cruzan constantemente, de forma que la historia va mutando en todo momento. Uno de esos torrentes de imaginación en los que el espectador nunca puede avanzarse a la trama: todo arrolla y sorprende. Al final, realidad y ficción se confunden hasta desvelar su metáfora: la perfección no existe y el mundo que nos rodea es un gran espectáculo de mentiras. Zoom propone tres personajes surrealistas: una diseñadora de muñecas que sueña con operarse sus pechos, un cineasta que pierde de la noche a la mañana varios centímetros de su miembro viril y una modelo brasileña que quiere reivindicarse ante el mundo como gran novelista. Suena ridículo, pero en pantalla todo se desarrolla de forma brillante. Seres imperfectos, bizarros a la par que reconocibles, que pugnan por alcanzar el reconocimiento y la fama. Resulta excesiva, pero su ironía no deja títere con cabeza: propone temas y presenta texturas muy adultas. Y lo escribe un bloguero no demasiado afín al cine animado... La revelación del festival, programada de tapadillo y sin apenas público esta mañana en la sala Tramuntana. Título de culto inmediato.


Esta tarde hemos completado Parasyte, los dos films que Takashi Yamazaki presenta en sección oficial. El director de Stand by Me Doraemon cambia totalmente de registro en este binomio que cuenta una invasión alienígena en la Tierra. Los recién llegados, a modo de parásito, se introducen en el cuerpo de los humanos para convertirlos en máquinas asesinas. Un adolescente es el único que se salva de esa transformación: el parásito se queda en su extremidad derecha, algo que le permite ser medio humano y medio extraterrestre, y con ello salvar a la humanidad de la invasión que se le viene encima. Estos monstruos que devoran personas a ratos parecen una versión japonesa de un blockbuster de Hollywood, mientras que en otros se asemejan al típico espectáculo de sangre y vísceras de Sitges. Parasyte divierte precisamente por su ambivalencia: en esencia no deja de ser una trama juvenil que adapta un manga de éxito, por mucho que no tenga ningún tipo de vergüenza a la hora de cercenar, amputar, asesinar y machacar carne humana. La primera parte funciona mejor que la segunda (el tramo final resulta más aparatoso y ñoño), y ambas en conjunto forman cuatro horas de fantasía alucinante y alucinada. Eso sí: necesita de espectadores muy 'frikis'.


Finalmente, hemos visionado la francesa Enragés (Rabid Dogs), una de las sensaciones en el mercado de Cannes 2015. El film es un remake de la película italiana homónima de Mario Brava que en España se estrenó tarde, mal y con título nuevo: Semáforo rojo. No podemos comparar la obra de Éric Hannezo con ese referente setentero, por lo que las influencias detectadas son otras: el cine de Luc Besson, carreras automovilísticas a lo Taxi y un sentido de la acción 'hemoglobínica' del llamado 'nuevo horror francés'. El resultado es una road movie criminal que persigue a unos atracadores y a sus rehenes en plena carretera. En cada parada, los personajes van dejando un reguero de sangre, como si su naturaleza fuera pura violencia. La película se empapa de ese espíritu y resulta muy gratuita, con un final de tarjeta roja y una ausencia total de coherencia narrativa. No se entretiene ni un minuto en hacer una descripción de personajes sólida y a duras penas juega a colorear los fotogramas con luces de neón al estilo Winding Refn. Uno de esos films tan olvidables y pasados de rosca que únicamente podrán encontrarse en videoclubs y canales televisivos en sesiones de mediatarde. También, cómo no, en el escaparate de Sitges. El público ha respondido con algunos abucheos y risas de vergüenza ajena: con esto lo decimos todo. 

Into the Forest, la película que clausurará el festival en la jornada de mañana.

Mañana termina el Festival de Sitges con el film de clausura, Into the Forest, y el anuncio del palmarés. Pero la localidad barcelonesa alargará un día más su enlace con el cine fantástico de la mano de los maratones del domingo (algunos, con todas las entradas vendidas). Nosotros también seguiremos hasta el domingo con toda la actualidad del certamen. Mañana volveremos a ver Evolution, la maravilla de Lucile Hadzihalilovic, y descubriremos Veteran, Journey to the Shore y Moonwalkers entre otras. Os lo resumimos todo en veinticuatro horas. ¡Gracias por seguir las crónicas del blog!

CRÍTICA | EL NIÑO Y LA BESTIA (THE BOY AND THE BEAST, BAKEMONO NO KO), de Mamoru Hosoda


La bestia que habita en nosotros
EL NIÑO Y LA BESTIA (THE BOY AND THE BEAST, BAKEMONO NO KO), de Mamoru Hosoda 
Festival de San Sebastián 2015: Sección oficial. Festival de Sitges 2015: Anima't, fuera de concurso
Japón, 2015. Dirección y guión: Mamoru Hosoda Música: Masakatsu Takagi Duración: 115 min. Género: Manga. Fantasía. Drama Tráiler: Link Fecha de estreno en España: Pendiente
¿De qué va?: Kyuta vive en las calles de Tokio tras el fallecimiento de su madre. Al encontrarse con Kumatetsu, una criatura que vive en un mundo fantástico, Kyuta cruza el umbral que separa la realidad del universo de las bestias bajo la supervisión de Kumatetsu. El pequeño acabará trazando una relación mágica con Kumatetsu: será su mentor, su profesor, su guía, su padre y su todo. Pero Kyuta crece, Kumatetsu sigue empeñado en convertirse en el líder de su universo imaginario, y los lazos del pasado parecen debilitarse.


Mamoru Hosoda merece figurar en la primera división del cine contemporáneo, no sólo de animación. Es uno de los pocos directores que gana en temas y texturas película tras película. The Boy and The Beast es maravillosa, pero no sólo eso: se trata de la mejor obra de Hosoda. Una imaginativa historia sobre la bestia que llevamos dentro y la lucha del día a día. La bestia del film actúa como maestro y padre del niño, a la vez que éste va aprendiendo las complejidades de la vida, el amor y el conocimiento. La historia sella un aprendizaje doble cargado de sensibilidad, demostrando que podemos crecer a distintos niveles con seres que a priori son muy distintos a nosotros. A nivel técnico, Hosoda demuestra su mano firme: el trazo de los personajes es recio, el mundo imaginario en el que habitan las bestias es una preciosidad, y cuando la película se traslada a las calles de Tokio sabe aunar la magia con dibujos de corte realista. Tal vez Hosoda dilata demasiado la historia (en general, la narrativa japonesa es poco amiga de la síntesis), pero eso no impide que terminemos el visionado con los ojos enjuagados y la sensación de haber asistido a un espectáculo de primer orden. Las órbitas cinéfilas que tanto adoran a Hayao Miyasaki deberían incluir a Mamoru Hosoda en su lista de altares de ojos rasgados: tras obras tan fantásticas como Summer Wars y Los niños lobo, queda claro que la imaginación de Hosoda no tiene límites. El niño y la bestia ha sido la primera película de animación a concurso en el Festival de San Sebastián: esperamos que también sea la primera de su autor que se estrene en los cines españoles. Una joya.


Para admiradores de la animación con técnica y alma.
Lo mejor: Su madurez, a nivel técnico y narrativo. Es el film más adulto de Hosoda.
Lo peor: Algún recorte en el metraje no le hubiera venido nada mal.

jueves, 15 de octubre de 2015

SITGES 2015 | DÍA 7 | Victoria, Demon, Schneider vs. Bax, The Legend of Barney Thomson, The Devil's Candy


Balance positivísimo de este séptimo día de ajetreo y películas. La dirección del festival ha solucionado los retrasos en las proyecciones, esta tarde nos han regalado palomitas y la maratón de seis films ha salido que ni pintada. ¿Quién puede pedir más? Mañana nos saltaremos la sesión de las ocho de la mañana porque necesitamos dormir (Miike: perdóname). Y a juzgar por las caras y comentarios de hoy en el Auditori, parece que el cansancio nos afecta a muchos (incluyendo a algunos miembros del jurado). Pero con un menú cinematográfico como el de hoy es fácil mantener los ojos como platos durante horas y horas. Os reseñamos todo lo visto a continuación.


2015 es el año de las películas contadas en primera persona y en plano secuencia: ahí están títulos como Birdman, Hablar, The Tribe o El hijo de Saúl. El cine se ha empeñado en convertir el clásico visionado en una experiencia física, como si los formatos de antaño hubieran quedado obsoletos y fuera necesaria una reformulación de todos los recursos cinematográficos. Victoria, vista en el Festival de Berlín y gran ganadora de los premios de la Academia de Cine Alemán, se suma a este movimiento de películas inquietantes, claustrofóbicas y de lenguaje absolutamente novedoso. Sin cortes, en tiempo presente y con atmósferas inquietantes, Victoria nos lleva de viaje por un Berlín de borrachera, y la resaca se mantiene durante sus casi 140 minutos de cine moderno. De los interiores de una discoteca a la azotea de un edificio, el film recorre los bajos fondos urbanos y humanos. La protagonista (notable Laia Costa) lleva el éxito en su nombre, pero su periplo es más que accidentado. Desde la butaca, el espectador empatiza con la inocente Victoria y desea que salga sana y salva de tanto ajetreo. La inserción de momentos musicales que dejan en silencio-suspenso una historia donde prima el nervio aporta pequeños momentos de distensión dramática a esta montaña rusa de infortunios. También esconde una crítica social a la Alemania del clasismo, la delincuencia, los minijobs y la adicción a las drogas. Algunos la tacharán de efectista (lo es), pero en esta nueva ola de películas subjetivas priman las emociones por encima de la técnica. Tan intensa como sufrir los efectos de un alucinógeno de diseño. Y a juzgar por la inquietud que hemos sentido durante la proyección, no cabe duda de que la obra de Sebastian Schipper sale ‘victoriosa‘.


Antes de empezar la sesión de Demon nos hemos enterado del reciente fallecimiento de su director, Marcin Wrona. Es una pena que el cineasta polaco no haya podido ver en persona el buen recibimiento que ha tenido su film en el Auditori, la sala con más aforo del festival. Hubiera sido interesante charlar con el realizador sobre el retrato social y la crítica a la Polonia más arcaica que esconde la película. Demon nos presenta a un hombre que un día antes de su boda descubre unos huesos humanos en el jardín de la que será su casa. Dominado por el espíritu de un antepasado de la familia, la comedia absurda y el horror medido se dan cita en una boda inenarrable, la más surrealista que hayamos visto en Sitges (con permiso, claro está, del enlace del último capítulo de Relatos salvajes, proyectada aquí hace ahora un año). Lo más interesante de Demon es que no busca asustar a la audiencia ni llevarle a la carcajada: terror y humor se dan la mano de forma muy natural, y eso confiere al film una gran personalidad. Quedan para el recuerdo muchos momentos de esa boda llena de violencia, música tradicional y personajes que parecen salidos de un retablo de Kusturika. Una de las apuestas más singulares y exóticas de la  sección oficial. ¿Premio póstumo para Wrona?


Alex Van Warmerdam era un desconocido para muchos hasta que Sitges proyectó y premió Borgman, una rareza adorable que llegó a las salas españolas. Este 2015 el festival renueva su fidelidad al cineasta holandés programando a concurso Schneider vs. Bax, un nuevo delirio con las coordenadas de siempre: humor absurdo, giros de trama inesperados y un nulo sentido del ridículo para pasar del drama familiar al thriller. El film sería carne de palmarés si no fuera porque Borgman es la mejor película de su autor (y parece que será así durante bastante tiempo). Schneider vs. Bax es intrascedente y festiva, un cómic con dos matones rompetechos que tienen que aniquilar a su enemigo por orden de un jefe no menos desastroso. No hay que buscarle tres pies al gato, y el público lo ha entendido a la perfección. El film sólo sale perdiendo si lo comparamos con Borgman, un título que se mire por donde se mire es más complejo y profundo, abierto a infinidad de lecturas. Queda, vaya, el sentido del entretenimiento malsano de Van Warmerdam, con un arranque prometedor y una resolución menos pulida. Que no es poco.


The Legend of Barney Thomson está dirigida e interpretada por Robert Carlyle, el rostro más importante de la comedia británica desde que se desnudara y llenara cines con Full Monty. Parece que Carlyle ha aprendido mucho de sus realizadores y compañeros de profesión porque este salto a la dirección tiene mucho ritmo y sobre todo mucho humor. A priori parece una versión cachonda de Sweeney Todd y termina siendo un thriller criminal con momentos realmente inspirados. Emma Thompson da vida a la madre de un peluquero sin suerte y cada vez que aparece en pantalla el guión le reserva los mejores chistes de la función (también suma un maquillaje extremo, muy parecido al que lucía Tilda Swinton en El gran Hotel Budapest). Ridiculiza con humanidad a sus personajes, no escatima en mostrar más sangre de lo habitual y tiene un reparto realmente efectivo. Tal vez se le va demasiado la pinza en sus últimos diez minutos, pero nada grave. Le esperan un par de candidaturas al Bafta y un notable éxito de taquilla: gustará más al público que a la crítica. La comedia británica de la temporada (por lo menos, infinitamente mejor a la que se proyectó en San Sebastián: London Road).

Fotograma de The Devil's Candy, a concurso

Parecía que ningún film podía quitarle a Green Room la banda de cinta de terror 'heavy metal' del festival, pero Sitges es una caja de sorpresas (como la caja de Seven de David Fincher, film que el certamen homenajea en su spot). The Devil's Candy cuenta la historia de una familia rockera que se traslada a vivir en una casa con pasado turbulento. Uno de sus antiguos propietarios intenta perturbar la paz de los personajes, y para no escuchar las voces del maligno deciden tocar como condenados una guitarra eléctrica. El film se sigue fácilmente y su tramo final estalla cual falla valenciana: la guitarra se convierte en arma de destrucción masiva, la habitación del mal se llena de llamas cual concierto de Metallica... y el público, al menos el de Sitges, se entrega como buen fan de la música y el cine más extremo. Un entretenimiento en toda regla que en una sala llena a rebosar se disfruta mucho más. Ritmos satánicos, en el fondo bastante inofensivos.

Fotograma de la polaca Demon, a concurso.

Mañana viernes será el turno de The Survivalist, uno de los últimos nombres a concurso; Life, lo nuevo del director de El hombre más buscado; la francesa Enragés, que a día de hoy está en las carteleras del país vecino; y la segunda parte de Parasyte, un fantástico japonés cuya primera parte nos ha dejado con ganas de más. Todo, como siempre, en veinticuatro horas en Cinoscar & Rarities.

CRÍTICA | EVOLUTION, de Lucile Hadzihalilovic


Mareas abstractas
EVOLUTION, de Lucile Hadzihalilovic
Festival de San Sebastián 2015: Premio especial del jurado y premio a la mejor fotografía
Festival de Sitges 2015: Clausura Noves Visions
Francia, 2015. Dirección: Lucile Hadzihalilovic Guión: Lucile Hadzihalilovic y Alanté Kavaïté Fotografía: Manu Dacosse Reparto: Max Brebant, Roxane Duran, Julie-Marie Parmentier Género: Fantástico. Terror. Experimental Duración: 80 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: Pendiente
¿De qué va?: Nicolas vive en una isla con su madre, otros niños y otras mujeres. Alejado de la civilización, poco a poco va experimentando el crecimiento de su cuerpo. Un día Nicolas es apartado del resto de niños y recibe un extraño tratamiento médico. La relación con su enfermera y su rebelión contra las normas marcadas marcarán un camino tortuoso que le llevará a conocer paisajes y acciones humanas desconocidas.


Para hablar de una película tan especial como Evolution existen dos opciones: describir la experiencia que supone visionar la película o intentar descifrar la historia desde un punto de vista estrictamente personal. Las dos posibilidades pueden parecer antónimas, pero en verdad son complementos casi inseparables, ya que las películas de Lucile Hadzihalilovic impactan a nivel sensorial para, posteriormente, desplegarse como un conjunto riquísimo de ideas y de matices. Con una particularidad: el espectador que no haya accedido al universo de la obra difícilmente podrá llegar a consideraciones o lecturas demasiado profundas. Así es la filmografía de la cineasta gala: un cine rocoso con tendencia a los silencios y a la contemplación, formado por unos fotogramas que pueden resultar evocadores o, simplemente, una tortura. 


El argumento de Evolution retoma las constantes de Innocence y las completa con una atmósfera gótica, marina y femenina que recuerda a los mejores relatos de H. P. Lovecraft. Hadzihalilovic trabaja a partir de sensaciones y de intuiciones, por lo que intentar racionalizar su discurso sería un grave error. Evolution no es una película narrativa, así que no puede explicarse: ni tan siquiera puede trazarse una sinopsis al uso. Así que puestos a precisar la experiencia fílmica de Evolution, puede decirse que el film es un viaje hipnótico e incómodo a las interioridades de una isla con muchos secretos. Y si se trata de poner un poco de concierto a los 70 minutos de metraje, el film me parece la alegoría de una maternidad que, al no querer hacer frente al crecimiento de sus retoños, idea un sistema cruel para perpetrar la especie y parapetarse del mundo real que se esconde mar adentro. También el recorrido de un niño que, al tomar conciencia de su cuerpo y de su entorno, pone en jaque el orden establecido hasta acabar expulsado de un paraíso que nunca fue tal. Pero todo lo dicho puede ser una aproximación acertada o no, incluso puede cambiar en futuros visionados. Vaya, que con Evolution sólo existe un consejo: véanla. Para amarla profundamente u odiarla de forma visceral.


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 Para cinéfilos que bucean aguas extremas.
Lo mejor: Su libertad semántica y su claustrofóbica atmósfera.
Lo peor: Es tan abstracta que recibirá palos por todos los lados.

SITGES 2015 | DÍA 6 | Macbeth, Cemetery of Splendour, Green Room, February, Fires on the Plain


Día grande en Sitges. No todas las jornadas pueden verse en cuestión de horas los mejores trabajos de Saulnier (Green Room), Kurzel (Macbeth) y Weerasethakul (Cemetery of Splendour), tres referentes del cine fantástico y tres serios aspirantes al palmarés de este sábado. Nuevo madrugón para encontrar invitaciones en la web del festival y para asistir a las sesiones mañaneras del Auditori (lo repetimos: empezar las proyecciones a las 8:15h. de la mañana causa más terror entre los acreditados que los fotogramas de ciertas películas). Ya no sabemos lo que es desayunar a una hora decente y dormir las ocho horas reglamentarias... cabe la posibilidad de que el último día nos convirtamos definitivamente en zombis cinéfilos. Seguimos con una nueva crónica.


La obra de Shakespeare Macbeth regresa a la gran pantalla con unos índices de belleza y espectacularidad pocas veces alcanzados. La obra indaga en los peligros del poder y escarba en la destrucción de un pobre diablo que juega a ser rey. El film se aprovecha de unos paisajes esplendorosos, las frases embellecidas del autor inglés por excelencia y la gran carga dramática de las interpretaciones de Michael Fassbender y Marion Cotillard. Macbeth no escatima en escenas violentas y en diálogos tan intensos como densos: por ello, el visionado del film dista de ser fácil. Nos encontramos en las antípodas, en definitiva, de las películas de aventuras que factura Hollywood siempre que puede, a pesar de que los Weinstein estén detrás del proyecto. El film se abre y se cierra con dos batallas teñidas de rojo, con una atmósfera mortuoria y una fotografía estilizada y detallista. Además, desde la platea puede verse al mismísimo diablo en los ojos de Marion Cotillard. También consigue que sintamos en nuestras carnes los caprichos de los dioses, la desdicha inevitable de los protagonistas y la fuerza telúrica del texto original. Puestos a ponerle algún pero, puede decirse que el film peca de grandilocuente, aunque eso nunca resta potencia y poética a su historia. Es más: ¿cómo se puede criticar al film por sus ínfulas de grandeza si ese es precisamente el mal del que adolece su personaje? Un visionado, y más con las prisas y el cansancio que implica un evento como el Featival de Sitges, no basta para saborear como se merece la tragedia medieval de Macbeth. Un film impresionante a partir de una obra inmortal.


Muy diferente, pero igualmente meritoria, es Cemetery of Splendour, el nuevo remanso de paz y de cine firmado por el tailandés Apichatpong Weerasethakul. El film es un viaje entre la tradición y la modernidad, entre el sueño y la vigilia, entre la razón y la magia. En el lugar donde décadas atrás se asentaba un colegio, ahora se despliega un complejo hospitalario improvisado. Los enfermos se pasan gran parte del día durmiendo, mientras que en los alrededores se realizan todo tipo de celebraciones, cada cual más curiosa, relacionadas con la salud y la conexión con el mundo espiritual. Weerasethakul sume al espectador en una atmósfera narcótica mientras los fotogramas van dibujando todo tipo de realidades y de intuiciones. La película carece de un argumento al uso, pero se vive y se siente en primera persona. Por ello, es fundamental que el espectador se deje llevar por el universo y el tempo que propone el director: de lo contrario, el film puede resultar tortuoso. Resulte sublime o insufrible, hay que reconocerle al cineasta asiático una capacidad única por filmar historias mínimas con un pulso maestro, dejando que la verdad de los espacios y de los personajes que los ocupan llenen la pantalla. Cemetery of Splendour es un film de cuerpos y de espíritus, totalmente diferente a cualquier expresión artística del pasado o de nuestro tiempo. Cine especial para públicos especiales.


¿Qué ocurre cuando juntas en una fiesta a un grupo de nazis, un propietario mafioso, unos secuaces con malas pulgas, una jauría de rottweilers y todo tipo de armas? Pues que tienes un concierto atronador y un backstage lleno de sangre, además de una película tan robusta como Green Room. El director de Blue Ruin vuelve a contar con sus actores habituales y a demostrar su capacidad para ofrecer hora y media de gran tensión con una premisa casi mínima: la historia de una banda de rock extremo que, al presenciar un asesinato en la Green Room tras una actuación, son retenidos por el dueño del local. Película gamberra y claustrofóbica que da lo que promete: una carrera salvaje por sobrevivir, aunque sea a golpe de machete y a punta de pistola. Pocas veces en Sitges y en el cine de terror se encuentran películas tan intensas, bien interpretadas y con un guión sin resquicios. La acción sucede en apenas una habitación, pero es tan rítmica y suceden tantas barbaridades en tan poco tiempo que es casi imposible respirar. ¿Por qué a nadie se le ocurrió antes convertir una 'rave' en un túnel del terror? Si al jurado le va el heavy metal, Green Room puede ser la cabeza de cartel de este sábado. A la prensa le ha encantado y habla de palmarés. En Sitges nos despertamos con música 'metal' y películas carnívoras: así da gusto. Tomad nota, porque no os la podéis perder.


Al otro lado de la balanza, cabe citar dos películas muy por debajo del nivel de esta edición. February presenta tres personajes sin nada en común, pero que poco a poco quedan asociados por su vinculación con el diablo. La primera escena hace pensar en un film más explícito, pero todo lo que sigue es pausado, por no decir aburrido. Al final, cuando la película parece que va a atreverse con un exorcismo y volverá a remontar el vuelo, prefiere terminar con más de lo mismo: silencios interminables, planos fijos que no cuentan nada y efectos de sonido muy pobres. La premisa era buena, el resultado roza el más absoluto desastre. E igual de anodina es Fires on the Plain, la crónica de un soldado desertor durante la Segunda Guerra Mundial que deambula por la selva en busca de alimento y fuego. Todo ocurre sin demasiado concierto, con tiroteos improvisados y toda la sangre y el griterío histérico que tanto les gusta a los japoneses. La dirección de fotografía, para colmo, castiga los ojos del público con movimientos bruscos y efectos visuales tan básicos que hacen pensar en un director amateur con pocas luces, y no en una figura tan consagrada como la de Shinya Tsukamoto.

Los 6 intérpretes reconocidos con la mención Blood Red Carpet a los mejores valores internacionales. Destacamos Laia Costa, Alejo Sauras y Álvaro Cervantes.

En el planning de mañana jueves figuran cinco películas a concurso: la mañana arrancará con la alemana Victoria, ganadora de los premios más importantes de la Academia de cine germano; seguirá con Schneider vs. Bax, el nuevo ejercicio de thriller irónico de Alex Van Warmerdam, ganador hace un par de años en Sitges por Borgman; y terminará con The Devil's Candy, que volverá a traer al festival la moda de las casas encantadas. De todo ello os daremos nutrida cuenta en veinticuatro horas en Cinoscar & Rarities.

miércoles, 14 de octubre de 2015

CRÍTICA | SLOW WEST, de John Maclean


El 'cercano' Oeste
SLOW WEST, de John Maclean 
Festival de Sundance: Gran Premio del Jurado. Festival de Sitges: Oficial Òrbita
Reino Unido, 2015. Dirección y guión: John Maclean Fotografía: Robbie Ryan Música: Jed Kurzel Reparto: Kodi Smit-McPhee, Michael Fassbender, Ben Mendelsohn, Brooke Williams, Rory McCann, Jeffrey Thomas, Caren Pistorius, Kalani Queypo, Stuart Martin, Tawanda Manyimo, Madeleine Sami, Michael Whalley, Andrew Robertt, Erroll Shand, Ken Blackburn Género: Western Duración: 80 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 16/10/2015
¿De qué va?: Un joven de 17 años se embarca en un viaje por las inhóspitas tierras norteamericanas en busca de su amada. Por el camino se encuentra con un pistolero que busca hacer fortuna. Entre ambos surgirá una relación de compañerismo y complicidad.


El western está más vivo que nunca. Avanza y evoluciona, aunque no lo parezca. Y no sólamente gracias a las gamberradas de Tarantino. Slow West, al igual que The Salvation y Young Ones, pone de manifiesto el interés que comparte toda una nueva generación de directores por el género. Slow West es un western, pero adaptado a los nuevos tiempos. Con toques de humor negro y tendencia a la violencia explícita. Los espacios son los mismos, la estética cambia. La película sigue a un adolescente ingenuo en busca de su amada en una travesía que sabe a relato iniciático y a gran metáfora sobre la inocencia en un territorio de machos con pistola y sed de venganza. El film resulta tierno y cruel, va al grano y atesora el encanto de los mejores productos indie. Un espigadísimo Kodi Smit-McPhee y el cada vez más consolidado Michael Fassbender forman una de esas parejas de viaje imposibles que se ponen al público en el bolsillo. Así da gusto pisar el barro, enfundarse en pantalones de cuero y jugar con el revólver. Los fordianos más puristas se pondrán las manos a la cabeza, pero a nuevos tiempos, películas diferentes.


Para amantes del western.
Lo mejor: El clímax final.
Lo peor: Que se use su austeridad para desacreditarla.

martes, 13 de octubre de 2015

SITGES 2015 | DÍA 5 | Frankestein, The Dead Room, Nowhere Girl, Coin Locker Girl, Chasuke's Journey, Valley of Love


La sección oficial a concurso se ha ampliado este martes con Frankenstein, una nueva versión de la novela de Mary Shelley. Antes de la proyección, el director ha justificado este enésimo regreso a uno de los personajes clave de la literatura y el cine de terror: si ahora podemos crear objetos de la nada con impresoras 3D, ¿por qué no pensar que el mito de Frankenstein puede llegar a ser una realidad muy cercana? El argumento convence; la película, menos. También han sido desiguales las apuestas asiáticas de este lluviosa jornada de cine en Sitges. Como siempre, os lo contamos todo en la quinta crónica del blog.


En Frankenstein, unos científicos consiguen que un ser con el cuerpo de un hombre y la mente de un bebé nazca y explore por sí mismo la crueldad del mundo que le rodea. El film recurre a extractos del libro para dar forma a los pensamientos del protagonista, y en paralelo se desmarca de la estética gótica que ha dominado gran parte de las adaptaciones del clásico a la gran pantalla. A pesar de tener algunos pasajes bastante amenos (Frankenstein se convierte en el lazarillo de un vagabundo ciego), el film carece de consistencia. Sobre todo, no convence la inserción de monólogos internos poéticos cuando las imágenes apuestan por el gore sin paliativos. Con todo, por su interpretación física y casi muda, además de por todas las horas de maquillaje que tuvo que soportar, el intérprete Xavier Samuel merece el reconocimiento al mejor actor del festival. Aunque a estas alturas, para qué negarlo, nos esperamos cualquier cosa del jurado y del palmarés. Frankenstein, sea cual sea su suerte, es una película que llama la atención. 


The Dead Room (el título es un spoiler) regresa al subgénero de las casas encantadas, una fórmula que en este Sitges sólo habíamos visto en el film We are still here. La película pone a una espiritista muy joven y a dos científicos experimentados en una casa perdida en mitad del campo. A las tres de la madrugada, el lugar se transforma: las puertas se abren, las ventanas se rompen, se escuchan todo tipo de gritos y los dispositivos informáticos de los 'cazafantasmas' empiezan a registrar todo tipo de anomalías. Sólo una habitación parece quedar fuera del alcance de las fuerzas malignas... y para saber la resolución del misterio, hay que esperarse a los últimos 5 minutos de la cinta. Nada nuevo, pero si está hecha con convicción y con el metraje justo y necesario (75 min.), se ve con bastante interés. Un grupito de adolescentes no paraba de gritar y hacer risas nerviosas en la sala, un dato que hace pensar que podría funcionar en los cines. ¡Ah! Y sin una gota de sangre. 


Nowhere Girl cuenta la historia de una chica que estudia Bellas Artes en una extraña institución. Sus compañeras de clase la ningunean y maltratan siempre que pueden, mientras que el equipo directivo del centro no hace nada para revertir la situación. La chica sufre un transtorno post traumático que cobra sentido al final de la cinta, cuando la escuela es tomada por unos militares y la chica, hasta entonces tímida y aparentemente debil, se revela como una soldado virtuosísima. El cambio del film es tan radical (del drama parsimonioso a la acción destroyer de videojuego) que uno no sabe muy bien hasta qué punto el argumento es o no coherente. ¿El primer tramo del film es una ensoñación de la protagonista o todo hay que tomarlo en un sentido literal? Que venga el director y nos resuelva la cuestión. El público de las 8:30h. de la mañana no estaba para tantas complicaciones: se han oído ronquidos durante la proyección. A otra hora, en otro contexto y con menos sueño, tal vez le hubiéramos cogido el punto a esta Nowhere Girl. Si es buena, regular o infumable lo decidiremos en otro momento. 


De Chasuke‘s Journey también se puede decir que está dividida en dos partes muy diferenciadas: la primera, brillante; la segunda, ridícula. La trama arranca a medio camino entre Amélie y un thriller asiático: en el cielo, unos guionistas deciden a capricho el destino de los humanos en la Tierra, pero uno de ellos decide bajar en persona a la realidad para revertir la mala suerte de una chica que está a punto de morir en un accidente de coche. Con una presentación de personajes enérgica y chanante, el film atrapa por su inventiva (también por las ideas que evoca, como la asociación del azar a la escritura de un guionista). Y aunque parezca mentira, la parte final se desploma por completo. El film muta en comedia romántica, y las sandeces que en el arranque resultaban simpáticas al final terminan saturando. Podría ser una película familiar de fantasía, pero los japoneses mezclan las historias más naifs con escenas tan poco asequibles como peleas de artes marciales, atropellos, disparos y dedos cortados con un cuchillo. Las diferencias culturales con Occidente son enormes. El paraíso para cualquier fan de Sitges. 


Coin Locker Girl ha sido la aportación de ojos rasgados más notable del festival. Estamos ante un thriller duro y seco, como le gusta al cine coreano. Tras ser abandonada siendo bebé en una taquilla del metro y pasar todo tipo de vicisitudes, Il Young se convierte en una de las cabezas de un clan mafioso. Los personajes no se guardan ni un poco de afecto ni parecen sentir empatía por nada ni por nadie, un detalle que le permite al film desarrollar una última hora repleta de giros, venganzas, traiciones y cuchillazos. Prima, vaya, la ley del ‘ojo por ojo‘, sin remordimientos ni escrúpulos. La película tiene un ritmo endiablado: va del relato social al thriller desaforado, y desde la butaca es imposible adivinar los nuevos golpes de efecto del guión. Recibió buenas críticas en la Semana de la Crítica de Cannes y Tarantino ya tarda en dedicarle uno de sus famosos elogios. Cuando hagamos balance del festival, figurará en la lista de mejores películas de Sitges 2015. En la sala ha sido recibido con un aplauso cerrado, algo bastante inusual.


Valley of Love venía de competir en Cannes y de protagonizar unas críticas bastante tibias. La sala Prado estaba casi vacía, pero nosotros nos hemos llevado una gratísima sorpresa. Tan sólo la espiritualidad de su argumento justifica la presencia del film en Sitges; sea como sea, se agradece la posibilidad de haber visto uno de los títulos de la temporada de la mano de dos actores inmensos. Antes de suicidarse, un hijo deja una inquietante nota a sus padres: su espíritu se manifestará durante una semana en un paraje de la Norteamérica profunda que lleva el nombre de Valley of Death. Huppert y Dépardieu se citan en esos paisajes casi mágicos y dan rienda suelta a sus reproches y culpas. Para más inri, los actores se interpretan a sí mismos, detalle que todavía dota de mayor misterio a la trama. Un film sugerente, de diálogos de luto y de rabia, pero también de reconciliación y de esperanza. Es demasiado extravagante para los estándares de Cannes, y mucho me temo que resultará demasiado discursiva y dramática para el público de Sitges. No es por ir a contacorriente, pero a quien escribe le ha encantado.

 
Mañana miércoles será el turno de dos platos fuertes de la sección oficial, ambas venidas de Cannes: hablamos de Macbeth y Cemetery of Splendour. ¿Nos resolverán estos títulos el misterio del palmarés del sábado, imposible de predecir a día de hoy? A pesar de tener un nivel más alto con respecto a otras ediciones, Sitges 2015 sigue sin tener esa película clave, como en su día fue Borgman o Holy Motors. En 24 horas hacemos nuevo balance: ¡os esperamos!

CRÍTICA | THE ASSASSIN, de Hou Hsiao-Hsien


Matar al director
THE ASSASSIN, de Hou Hsiao-Hsien
Festival de Cannes: Mejor director. Festival de San Sebastián: Perlas de otros festivales
Festival de Sitges: Sesión especial. Representante taiwanesa a los Óscar 2016
Taiwán, 2015. Dirección: Hou Hsiao-Hsien Guión: Hou Hsiao-Hsien, Chu Tien-Wen y A. Cheng Fotografía: Mark Lee Música: Giong Lim Reparto: Shu Qi, Chang Chen, Satoshi Tsumabuki, Ethan Ruan, Nikki Hsieh, Ni Dahong, Zhang Shijun, Michael Chang, Jiang Wen, Zuo Xiaoqing, Xu Fan, Tadanobu Asano, Zhou Yunin Género: Drama. Artes marciales. Thriller Duración: 110 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 27/11/2015
¿De qué va?: China, siglo IX. Una experimentada sicaria recibe el encargo de matar a un hombre. A pesar de su habilidad y su instinto asesino, la mujer es incapaz de llevar a cabo su misión.


Antes que nada, vale la pena dejar claro un detalle: Hou Hsiao-Hsien es un director que me merece un gran respeto. Hasta el mejor de los maestros puede sufrir un traspié, así que The Assassin, con toda su belleza y confusión, con toda su fuerza visual y su casi inexistente guión, no desacredita la filmografía del cineasta taiwanés. Con todo, sobre The Assassin sólo se puede hablar de forma directa, sin rodeos ni eufemismos. Y, sintiéndolo mucho, a pesar de haber puesto la mejor de las intenciones durante su visionado, el film me parece una de las fantochadas más grandes jamás realizadas. Una película inasible, confusa, vacía, esteticista. Un poema visual con mucha forma y muy poco contenido. No la entiendo, no la sigo, no me atrapa, no me interesa. No sé si estamos ante el film más austero de la temporada o ante la obra más compleja del año. Que cada uno decida. Sea como sea, The Assassin pone de manifiesto los riesgos que supone revestir la nada más absoluta de tonalidades y atmósferas vistosas. Entiendo el cine como un mecanismo para contar historias, insinuarlas y evocarlas. The Assassin es tan inexpugnable que niega cualquier diálogo con el espectador. Sólo queda el impacto visual de su contorno. Parece cine, incluso un cine imponente, pero no lo es. Una sonora, clamorosa y gigantesca decepción.


Para cinéfilos pacientes.
Lo mejor: La belleza de sus imágenes está fuera de toda duda.
Lo peor: El inexplicable premio que recibió en Cannes.