lunes, 27 de diciembre de 2010

Crítica de WINTER'S BONE


Winter's bone es la nueva sensación indie y ya parece segura su presencia entre las diez nominadas al Oscar a la mejor película. Winter's bone es una historia de terror que tiene muchos elementos en común con las exitosas Frozen River y Wendy & Lucy, y en general con todo el cine que viene premiando Sundance en los últimos años. La relación con la película de Courtney Hunt es clara: como en Frozen River, la protagonista de la película debe emprender un viaje, que es también una visita a los mismísimos infiernos para salvar la economía y la casa familiar. En ese caso, Melissa Leo buscaba a su marido, mientras que la Ree de Winter's bone busca a su padre. No por casualidad en Winter's bone el personaje ausente es el de la madre, una especie de fantasma que, como hizo Hunt en su momento, no juzga. Las dos se desarrollan en mundos fríos y oscuros, entornos rurales en los que sobrevivir es la única forma de vivir. De Wendy & Lucy, la película que nos ocupa recupera una historia de amor y buenas intenciones, el contrapunto a las telarañas de la otra vertiente. Ree, interpretada con aplomo por Jennifer Lawrence, cuida a sus hermanos como hijos y los prepara para las situaciones más difíciles: dejan sin aliento escenas como aquellas en las que Ree enseña a disparar a un niño que no tendrá más de ocho años. Una conexión que anteriormente compartía Wendy con su perra Lucy. Winter's bone también es una historia de cachorros sin madre y perros que ladran. Es un viaje emocional pero también físico: Ree llama a las puertas de sus vecinos en busca de respuestas, y siempre recibe malas palabras, malos tratos. Todo por un pasado que no sabemos, que sólo intuimos. Es, por lo tanto, un cuento de perseverancia que acaba con esos simbólicos huesos que dan título a una película sobre el horror, que no horrorosa. Winter's bone es eso: la trama de un cadáver, que ocurre en invierno (la tierra está yerma, el frío se asocia con la soledad, las inclemencias del tiempo y las escasas horas de sol hacen más difícil el camino de la protagonista) y que concierne a unos huesos (todos duros: 'yo soy una Dolly hasta los tuétanos', dice la protagonista, como si su gesta fuera una obligación, un lastre y una bendición de la propia genética). Winter's bone es trágica y no creo disparatado compararla con el mito de Perséfone, amante de Hades, obligada a vivir en el infierno. El mismo entorno hostil, el mismo mundo subterráneo que recorre Ree. Si no supera a Frozen River y Wendy & Lucy, por seguir con la cita, es porque la directora Debra Granik no sabe imprimir ritmo a su criatura, y a veces el espectador tiene la sensación de que la trama no avanza. No me parece perfecta; de hecho, de cara a los Oscar sólo consideraría ecuánime una candidatura al secundario John Hawkes. Se nos niega una reflexión sobre la película porque todo en Winter's bone es demasiado frío, hosco, árido. Pero sí nos ofrece un misterio y una historia que, a tono con la estación del título, hiela el espíritu.


Nota: 6