No sé si Kiarostami sabe que 'coppia' en italiano quiere decir 'pareja', pero el director parece haber construido su nueva película sobre la dualidad que marca su título: una reflexión sobre las versiones originales y sus copias, que después se transforma en la filmación de una pareja que recorre casi en tiempo real, sin demasiados recursos y con largas parrafadas de guión una Toscana de ensueño. Copia certificada, multilingüe y casi esquizofrénica, no es una película fácil. Es artística y también habla sobre el arte. Sus fotogramas son como espejos. Kiarostami no impone una mirada: deja que el espectador mire a donde quiera, entre sombras y luces, 'piazas' y 'ristorantes'. Y él juega con nuestro ojo al dibujar el paisaje italiano desde los cristales de un coche, mover la cámara hasta dar una sensación de irrealidad. Cine serio que sabe a experimento, el problema de Copia Certificada es precisamente aquello que la define: unas conversaciones larguísimas que acaban por resultar tediosas. Kiarostami filosofa, pero como profesor no sabe imprimirle ritmo a su clase. Como el estudiante que mira constantemente el reloj para marcharse a casa, uno da vueltas en su butaca esperando que la copia dentro de la copia se acabe. No es problema de los dos actores, bellísimos ambos, perfectos. Nada que decir de esa Italia que callejón tras callejón presume de historia. Es cine reflexivo, pero desconecto del sermón a la hora de metraje. Y si es cine turístico, los pies empiezan a flaquear cuando a Kiarostami se le ocurre insertar más matices en una historia que, en el fondo, se resume en escasas líneas. Ya ven: no vi nada memorable en Copia Certificada, una cinta que, tras sus ínfulas intelectuales, muere poco a poco en el vacío de lo impostado, lo falso, lo ampuloso, lo subrayado. No he querido pensar en Copia Certificada porque me podían las ganas de desprenderme de ella. Cosa que no quita que sea un título de sumo interés, y seguramente un film de referencia entre los más culturetas. Aunque a veces lo difícil no es tan difícil. Y se puede decir lo mismo con menos. La escena final, ese lento filmar del atardecer, es una declaración de intenciones en toda regla: Kiarostami ha jugado con nosotros hasta poner a prueba nuestros nervios. Seguro que el libro de Copia Certificada, la novela que presenta el personaje de William Shimell al inicio de la película, hubiera resultado más interesante. Porque Copia Certificada es como un ensayo literario: para valorarla en su justa medida, hay que verla poco a poco, rebobinando (o releyendo) y pesando cada palabra y encuadre como máximo símbolo de un significado mayor. El público de ahora, entre los que se incluye un servidor, no está para tanta parafernalia...






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miércoles, 8 de diciembre de 2010
COPIE CONFORME (COPIA CERTIFICADA) 5'5 / 10
Etiquetas:
Cannes 2010,
Cine francés,
Críticas 2010,
Remake,
Romance
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