lunes, 8 de agosto de 2011

Apariencias: Crítica de CENA DE AMIGOS (LE CODE A CHANGÉ)

Las comedias francesas siempre me han parecido en términos generales más elegantes que las norteamericanas o españolas. Concretamente las comedias de Danièle Thompson siempre resultan cintas muy agradables que garantizan una hora y media de diversión sin estridencias. Le code a changé es su nueva propuesta y es tan simpática como una velada comiendo y charlando con conocidos, compañeros o amigos. Karin Viard, que este año también ha estrenado en nuestro país Potiche y Nada que declarar, va camino de convertirse en la nueva dama de esa comédie a la française très legère que tanto nos gusta y que siempre funciona en las salas españolas: empezó su carrera en el bloque de Delicatessen y protagonizará la nueva película de Cédric Klapisch. Y de Viard a Boon, el hombre clave en esa nueva corriente de comicidades inteligentes desde que dirigiese y protagonizase Bienvenidos al Norte. La code a changé es una película que se ve sin demasiada dificultad y que nos explica a modo de historia coral el devenir de unos personajes que se esconden mil y un secretos, que tejen de espaldas a sus parejas mil y un lazos entre sí. Una trama de apariencias que no busca la risa fácil y que apela a la sensibilidad y empatía del espectador, remitiéndonos a esos encuentros en los que en algún momento tuvimos que hacer gestos de afirmación, parabienes y escuchar anécdotas por parte de personas que nos importan más bien poco. Al final la lectura es más buenrollista que crítica, pero poco importa: sigue siendo claramente superior a todo lo que se estrena últimamente. ¡Ah! ¡Y por primera vez un film francés incluye un poco de flamenco y español en la historia! Eso sí: entendiendo el carácter latino como pasional, a tono con la mala leche del personaje de Viard. Incluso dan ganas de saber qué ocurrirá el próximo 21 de junio, cuando todos los 'amigos' de Le code a changé cumplan con su cena para decirse unas cosas a la cara y esconderse otras tantas. Refrescante.



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Nota: 6

sábado, 6 de agosto de 2011

Jesse Eisenberg y los parques de atracciones: ADVENTURELAND y ZOMBIELAND

ADVENTURELAND, de Greg Mottola (EE. UU., 2009)
Ya es casualidad que Eisenberg, antes de ser Mark Zuckerberg en La red social, diese vida a dos adolescentes en dos películas distintas que por unas cuestiones u otras acaban en un parque de atracciones. En su día pasé olímpicamente de Adventureland por la marca de su director, autor de Supersalidos y de la recién estrenada Paul. Pero, sorpresa, Adventureland no es la comedia juvenil de brocha gorda que me esperaba. Y vuelve a resultar divertido que Eisenberg se haya especializado en un prototipo de veinteañero muy característico: delgado, no guapo pero ligeramente resultón, muy listo y con una labia muy fina, más irónico que divertido, y un auténtico patoso con las chicas aunque al final siempre acaba conquistando a la guapa de turno. Es un Woody Allen precoz en potencia (hipocondríaco, con el don de la pertinencia y la verborrea, marginado social, incomprendido por padres y amigos, adorablemente 'desastre') y por eso ya queremos ver Bop Decameron, su primera película con el genial neoyorkino. ¿No hablábamos de Adventureland? Pues es la historia simpática de un chico que empieza a trabajar en un parque recreativo en horas bajas durante un verano, meses antes de viajar a la capital para empezar curso en la universidad. Una película que sólo destaca por su ambientación musical y que se ve del tirón, sin que llegue a apasionar. Un título correcto que gustará a nostálgicos y maduros de espíritu joven que quieran volver a los 80. Si la ven no se arrepentirán, pero tampoco se pierden nada si, para volver a recordar los hits de David Bowie y The Cure, echan mano de los cds que tienen por casa. Aún así debe molar trabajar en un parque de atracciones, ¿no creen?  

Nota: 6


BIENVENIDOS A ZOMBIELAND, de Ruben Fleischer (EE. UU., 2009)
Bienvenidos a Zombieland era otra película que en su momento descarté. ¡Fallo! En la línea de Zombies Party, es una comedia de terror que se ríe del género zombie pero también lo homenajea, así que proporciona sustos y risas a partes iguales. Sus personajes están tan bien definidos y la idea da para tanto que los 80 minutos de metraje saben a poco (tendremos opción de 'más y mejor' en la segunda parte, prevista para el año que viene). Una historia que demuestra que sus responsables son ante todo cinéfilos, mitómanos y fanáticos del género zombie, con un poco de western y un toque a lo Apatow, homenaje a Bill Murray y revisión alegre del Apocalipsis. Eisenberg echa mano de un libreto de reglas para sobrevivir y el público sólo debe sentarse ante la pantalla y dejarse llevar por esta road movie llena de encantadores sinsentidos. Si la vida es tan trágica, más vale no tomarla demasiado en serio. Y si no nos tomamos en serio el mundo en su devenir normal, ¿por qué debería asustarnos el fin de la especie en manos de humanos reconvertidos en zombies? Seguro que a Tarantino le hubiese encantado haber escrito ese momento en el que Emma Stone y Abigail Breslin matan a una docena de muertos vivientes desde lo alto de una atracción de caida libre. Perfecta para ver con amigos en verano.  

Nota: 7

viernes, 5 de agosto de 2011

Hillary Swank acechada: Crítica de LA VÍCTIMA PERFECTA (THE RESIDENT)

Primer pensamiento antes y después de ver la película: ¿qué hace una actriz como ella en un film como este? Muchas veces nos olvidamos que ser actriz no deja de ser un oficio como otro cualquiera. Hay que pagar una hipoteca (que se lo digan a su personaje, que busca piso en Nueva York), los buenos guiones no surgen por arte de birlibirloque y es difícil no encasillarse en un género. Hay pocos que saben sortear los obstáculos de Hollywood, y Swank, que llegó al corazón de Los Ángeles con pocos dólares en el bolsillo cuando era una adolescente con el sueño de convertirse en estrella, no es una de ellas. Pero, y he aquí la gracia, Swank es la productora de la película (la chica ha amasado una fortuna por el camino), una cinta que, recordemos, se distribuyó en Estados Unidos directamente en dvd. ¿Acaso Swank no corre el peligro de ser actriz de una sola película, o de unas pocas, a lo sumo de unas cuantas? No es una novedad ver su rostro en productos de terror: nadie se acuerda de ellas, pero en su filmografía figuran nombres como La cosecha, 11:14 Destino fatal y la más recomendable Premonición. Swank está dotada de una solvencia dramática indiscutible, unos atributos que la hacen ser carne de Oscar y el centro de la diana de todos aquellos que la ven como una mera imitadora de ese estilo Meryl Streep que gusta a muchos y disgusta a otros tantos. De la misma manera que la reina de África y protagonista de Los puentes de Madison, Swank tiene un éxito de convocatoria incuestionable: pregunten a la salida del cine y se darán cuenta que muchos pagaron su entrada de La víctima perfecta sólo para ver a Swank. Sucedió lo mismo con Betty Anne Waters (Conviction), estrenada hace poco. Pero: ¿puede una actriz abanderar un propio estilo, ser ese sello garante de calidad? Si Julie & Julia no hubiera contado con el oficio de Streep, ¿acaso no hubiésemos pensado que el film era una soberana tontería? De la misma manera, ¿una película pasable como la que nos ocupa hubiera resultado pésima si su cabeza de cartel hubiera sido, por ejemplo, Sarah Michelle Gellar? Puede que sí. Y no es un fallo que la crítica se centre en Swank porque ella es lo mejor de la cinta (otra cosa es que su personaje resulte estúpido).


La víctima perfecta parece evocar los grandes títulos de la Hammer con unos estimulantes títulos de crédito. A los cinco minutos todo se desvanece. Swank se pasea por un bloque de pisos viejo y lleno de tópicos. Jeffrey Dean Morgan, al que muchos ven como el doble norteamericano de Javier Bardem, se encarga de espiarla, acecharla, adormilarla con botellas de vino con sedantes líquidos (pero... ¿quién se va a dormir después de beber vino y sin lavarse los dientes? ¿acaso estamos ante una doctora que desconoce los principios básicos de salud e higiene?). La película está contada de forma brusquísima: a la media hora la trama da un giro brusco, pero la película opta por volver al principio y rebobinarnos todas las secuencias, esta vez con la verdad antes escondida. Su final también es de todo menos sutil: acaba allá donde termina la acción, sin explicación alguna, sin que el personaje tenga la opción de ser un mero cliché corriendo entre tuberías con una de las herramientas asesinas más singulares de los últimos años. A todo esto, el personaje de Christopher Lee está totalmente desaprovechado. Vaya, que La víctima perfecta es una insuficiente historia de acecho y suspense que no aporta nada ni al género del terror (motiva más como film de acoso casi sexual), aún menos a la carrera de Swank, por mucho que la actriz clave la cara de indefensa asustadiza. Y si nos ponemos quisquillosos (y aquí vienen spoilers): ¿por qué Swank es la única neoyorkina que tiene un despertador que tras sonar unos minutos no se para? ¿por qué duerme con las persianas abiertas? ¿por qué su ex novio se da cuenta del 'pastel' a los dos segundos y ella, que vive allí durante semanas, no se percata de nada? ¿por qué cuando se baña el agua parece más blanco que azul? ¿no se le ocurrió preguntar a su casero de dónde había sacado su número de teléfono para ofrecerle el piso? ¿por qué el malo del film no se dio cuenta de que la inquilina había instalado una cámara en su casa? No necesitan más pruebas para no verla.


Nota: 4

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jueves, 4 de agosto de 2011

CINE Y LITERATURA: EL SILENCIO DE LOS CORDEROS

EL SILENCIO DE LOS CORDEROS, de Thomas Harris (EE. UU., 1988)
Harris ha escrito cuatro novelas en torno a su personaje fetiche, el psiquiatra caníbal Hannibal Lecter. El silencio de sus corderos es la segunda novela de la saga en una línea a la que antecede Hannibal: el origen del mal y El dragón rojo, y precede Hannibal, un esquema que sigue el orden cronológico del personaje, pero que no corresponde con el orden de escritura de los libros: de hecho, Harris publicó en último lugar la precuela de su antihéroe. El silencio de los corderos, pese a todo, es una novela independiente que empieza y acaba formando una unidad, como también sucede con los cuatro films realizados a posteriori. Desconociendo la calidad literaria de las demás entregas, me atrevo a decir que El silencio de los corderos es, si no la mejor, sí la más célebre de toda la producción escrita de Harris. Un libro fragmentado en sesenta capítulo en la que se suceden escenas, personajes y diálogos como en una película: de hecho, Harris consigue que visualicemos en todo momento la historia, y el pulso narrativo que nace del montaje de escenas en el cine él lo logra mediante la estructura de sus episodios, en los que mezcla la investigación de la joven Clarice Starling, la agonía de la nueva víctima del asesino Buffalo Bill y los sucesos que conciernen a Hannibal, haciéndolos confluir en un final apoteósico. Harris domina la jerga policial y nos sumerge en el mundo depravado que conforma la psique de un asesino, dos si sumamos las macabras ocurrencias del psiquiatra que, irónicamente, encarna al malo que ayuda a atrapar al otro malo de la trama. No queda otra que devorar cada una de sus páginas y admirar la precisión con la que Harris describe las inseguridades de Clarice en un mundo dominado por hombres, incluso fascina toda la investigación que concierne a la polilla que el asesino deposita en la garganta de sus despellejadas víctimas. Una de las mejores novelas negras que tendrán ocasión de leer. Nota: 9'5


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EL SILENCIO DE LOS CORDEROS, de Jonathan Demme (EE. UU., 1991)
El silencio de los corderos es uno de los clásicos de los 90, tercer film en conseguir los cinco Oscars principales, una de las pocas ganadoras estrenadas en su país de origen con la calificación de 'mayores de 18 años', la única película que ganó el Oscar un año y un mes después de su estreno en febrero de 1991, ya convertida en fenómeno social como la cinta más alquilada en los videoclubs norteamericanos; el título que tiene a un oscarizado actor protagonista con menos minutos en pantalla y la cinta que catapultó la carrera de Jonatham Demme (ésta sigue siendo su mejor película: luego rodó Philadelphia y las recientes El mensajero del miedo y La boda de Rachel entre otras), Anthony Hopkins (las malas lenguas dicen que el actor tuvo problemas con el alcohol y dió por acabada su carrera antes del rodaje del film) y Jodie Foster (ganó su segunda estatuilla y desde entonces es la dama del mejor cine negro y thriller yanki). El máximo logro de Demme está en mentenerse fiel a la novela de partida, sabiendo eliminar los detalles que hubieran complicado en demasía la trama (los personajes secundarios de Crawford y Chilton pierden peso a favor de la pareja protagonista) y potenciando las partes más intensas: todos los vis a vis en los que mediante un famoso quid pro quo Clarice y Hannibal se intercambian confidencias e información. La banda sonora y la fotografía también ayudan, logrando que haya escenas igual o más terroríficas de lo que la imaginación alcanzaba con el libro en las manos (por ejemplo, el momento en el que Lecter burla a sus carceleros mordiéndolos y llenando su celda de sangre; o la persecución final en la que Clarice da caza al malvado, sobre todo cuando la policía, perdida, palpa las paredes mientras el asesino observa con unos prismáticos infrarojos los espasmos de la chica). En resumen, Demme supo dotar a la película de la atmósfera negra del libro, incluso mejorándola (la llamada telefónica final). Un thriller cuya maestría admite poca discusión, aunque en su día la trama fuese criticada por asociaciones a favor de los derechos de gays y transexuales (hay que revisar el libro para conocer en toda su profundidad la personalidad del psicópata, detalle que no invalida el imponente killer del film). ¿Qué hubiese sucedido si tal y como estaba previsto en un principio Gene Hackman y Michelle Pfeiffer hubieran protagonizado la película? Una obra maestra a la que volver siempre que queramos pasar un 'buen rato' en compañía del mal. Nota: 9'5

miércoles, 3 de agosto de 2011

¡CINOSCAR & RARITIES ENTRA EN EL TOP 30 DEL RANKING WIKIO!


Cinoscar & Rarities está a punto de cumplir sus tres años de vida y hoy tiene una buena noticia que celebrar. Por primera vez aparece en el ranking de wikio, en el que se valoran los blogs más citados y linkeados en toda la red según la temática (en este caso de cine). Es toda una satisfacción entrar en la posición número 30, y ojalá en los próximos meses los Cinoscar Awards de la década y el concurso El actor de la década ayuden al blog a escalar posiciones en el ranking. Muchas de las webs que conforman el ranking son blogs con más de un administrador, muchos de ellos profesionales, con podcast y un gran número de tiempo y de personas detrás de cada texto. Cinoscar & Rarities sólo depende de un administrador, y como se pueden imaginar el blog no puede acceder a ningún festival, preestreno o pase especial, así que se nutre de la cartelera semanal y las posibilidades de descargas. Por eso es una doble alegría que un blog tan pequeño haya llegado hasta aquí, ni que sea por tan sólo un mes. A veces resulta un tanto pesado actualizar casi cada día el blog y combinar una carrera universitaria con la web. Datos como este animan a seguir al pie del cañón. Gracias.

RANKING COMPLETO:

1Blog de cine (=)
2Tu Blog de Cine (=)
3Extracine (=)
4Las Horas Perdidas (=)
5Peliculas.info (+3)
6Uruloki (+3)
7El Blog de cine Español (=)
8Versión muy original (-3)
9Cine en Espectadores (-3)
10cinemascomics (=)
11No es cine todo lo que reluce (+1)
12Dentro Cine (-1)
13Actualidad Cine (=)
14Cinetelia - Blog de cine (+1)
15Notas de Cine (+5)
16tío Oscar (-2)
17Cineralia (+10)
18Factoría del Cine (=)
19Butaca Preferente (-3)
20Abandonad toda esperanza (-3)
21Tierra de Cinéfagos (-2)
22Cinemaniablog (+1)
23Trailers y Estrenos (+1)
24TENGO BOCA Y NO PUEDO GRITAR (-3)
25Desde la Taquilla (=)
26Kabemayor (+10)
27Cinencuentro.com (-1)
28VayaCine (-6)
29Se acerca el invierno (+2)
30Cinoscar & Rarities (+3)

lunes, 1 de agosto de 2011

EL CINE ESPAÑOL DEL 2011: ¿UN AÑO EXCELENTE?

Inauguramos agosto y es inevitable pensar qué dará de sí el último semestre cinematográfico del año. El cine español ha dado su particular do de pecho con Torrente 4, la cinta más taquillera de la temporada que ha llegado a superar a Harry Potter y a Jack Sparrow. Medianoche en París, con más de 7 millones de euros, también ha sumado, al igual que el boca-oreja de Un cuento chino. Águila Roja: la película logró un buen dato la pasada Semana Santa, pero se esperaba más repercusión teniendo en cuenta su éxito en la pequeña pantalla. Primos suma 4 millones y También la lluvia, ya en dvd, logró unas cifras excelentes. La nota negativa la aportan las comedias que, pese a partir con un aparato promocional notable, llegaron a duras penas al millón de euros: hablamos de No lo llames amor... llámalo X, ¿Para qué sirve un oso? o la todavía en cartel Amigos. También pinchó Blackthorn. El balance no puede ser negativo, pero resulta contradictorio que lo más visto sea la cuarta entrega de la saga más casposa de nuestra cinematografía, seguida de títulos que en verdad son coproducciones con otros países (por lo que el público de a pie no las concibe como 'cine español').


El 26 de agosto, con el estreno de Lo contrario al amor, el cine español inicia la que aspira a ser una de las temporadas más brillantes (en calidad, en crítica, en cifras). Es precisamente esa cinta protagonizada por la ex-señora televisiva Adriana Ugarte y Hugo Silva la que debería romper la maldición de la comedia nacional. Tras ella, los grandes autores de nuestro cine estrenarán casi al unísono: Almodóvar volverá a recibir el juicio de la audiencia (siempre imprevisible) con La piel que habito; Urbizu regresa tras tanto tiempo con No habrá paz para los malvados; Zambrano puede firmar su mejor película tras Solas con La voz dormida; El capitán trueno y el Santo Grial aspira a ser la nueva Alatriste del cine español, aunque parece que acabará con las cifras de taquilla de productos como Lope; Eva inaugurará Sitges y se verá en Venecia, excelente promoción para esta ópera prima con sabor a Goya; Mientras duermes puede seguir la estela de terror taquillero tras Los otros, REC y El orfanato; Verbo, la esperada película del cortometrajista Chapero Jackson, es el título clave del fantastique español del año; Cinco metros cuadrados, ganadora en Málaga, puede ser uno de los bombazos con su discurso sobre la crisis inmobiliaria y el gancho de los televisivos y muy queridos Fernando Tejero y Malena Alterio; Fuga de cerebros 2 alegrará las cifras de diciembre como lo hizo 3 metros sobre el cielo con un reparto que va de Loles León al mismísimo David Hasselhoff; y a todo esto habrá que sumar la cinta animada de rigor (Copito de nieve), el primer título de terror local en 3D (XP3D) o cintas como La chispa de la vida, Arriya (La piedra) y Lobos de Arga.


Con esta cosecha, equilibrio entre grandes autores y nombres con posibilidad de taquilla, el cine español está obligado a cerrar un gran año. San Sebastián debería volver a dar el pistoletazo de salida a las cintas más emblemáticas del año, como ocurrió el curso pasado con Pa Negre (finalmente ganadora del Goya) y Elisa K (de momento Intruders, que a efectos prácticos puntuará como película española, inaugurará el certamen). Tampoco nos podemos quejar del recorrido internacional de nuestro cine: aunque el producto español no sea muy exitoso fuera de nuestras fronteras, Los ojos de Julia ha recaudado bastante en numerosos países, anima ver a No tengas miedo compitiendo en Karlovy Vary, la citada Eva en Venecia, o el recorrido de La piel que habito (de Cannes a Londres, con posible proyección en el Festival de Nueva York y estreno en Estados Unidos en octubre), que podría ganar impulso si finalmente acaba siendo nuestra representante a los Oscar. También hay que recordar que Cannes ha servido para financiar y confirmar el rodaje y estreno de cintas tan prometedoras como Solo y Autómata, ambas protagonizadas por Antonio Banderas. La fiesta del cine, este año a finales de septiembre, también beneficia al cine español, ya que por esas semanas habrá muchos títulos potentes en cartel.


Nunca hubo tantas ganas por conocer la temporada de títulos españoles del año. En septiembre se abrirá la carrera para el Oscar con La piel que habito y La voz dormida como favoritas. Tras quedarnos dos años a punto de lograr la nominación con Volver y También la lluvia, y con el recuerdo de la estatuilla ganada en 2004 por Mar Adentro, el cine patrio tiene ganas de volver a la alfombra roja del Kodak Theatre. En ese momento también empezarán las especulaciones para los Goya, de los que este blog hizo una primera predicción hace unas semanas (sabremos si al final se celebran en un escenario diferente al Palacio de Congresos, como especulaba el nuevo presindente de la Academia, o si la medida de no nominar a los intérpretes menores de 18 años será una realidad pese a la negativa de muchos). ¿Será finalmente 2011 un año excelente para nuestro cine? No hay que vender la liebre antes de cazarla, y más cuando nuestro cine vive en un eterno cuento de la lechera, pero todo apunta a que esta vez la cosa va en serio. Veremos.

domingo, 31 de julio de 2011

Ojo por ojo: Crítica de I SPIT ON YOUR GRAVE

A Miguel, el fan del cine de terror

Ciertos géneros cinematográficos dependen en un porcentaje bastante elevado del bagaje y los gustos de la audiencia. No hablamos del drama o la comedia, etiquetas totalmente delimitadas, definiciones que todo el mundo entiende como antónimas y que de alguna manera son comunes a todas las historias y a todos nosotros. A partir de ese drama y de esa comedia se articulan todos los demás géneros, como si estos fueran satélites o ramas secundarias de los anteriores. Es fácil acceder a una comedia o entender un drama, y por defecto las historias que juegan con ambas y que son rebautizadas como 'comedias dramáticas', 'tragicomedias' o 'comedias negras'. Pero no ocurre lo mismo con el western, género que por mucho que me esfuerce está regido por unos principios estéticos y narrativos que no siento como propios, y por no resultar cercanos sus películas, salvo contadas excepciones, no suelen emocionarme. Lo mismo me ocurre con la ciencia ficción: hay clásicos que no me atrevería a poner en duda y que disfruto como el auténtico fanático del género, pero a la hora de la verdad prefiero que me cuenten cosas verosímiles en contextos reales. El terror, ya sea suspense o casquería pura y dura, es diferente. Mi padre creció con Ford y Wayne y el lejano oeste le resulta muy familiar; a alguien que nació en los 90 le resulta cercano el terror juvenil de Scream, el visionado clandestino y el impacto inicial de El proyecto de la bruja de Blair o Jeepers Creepers, el suspense de los mejores títulos asiáticos que popularizó el Festival de Sitges. Por eso disfruto como un enano con las cintas ultraviolentas del nuevo cine francés, Tarantino o barbaridades sólo presentes en la red como Eden Lake. Todo esto era un excusa para decir que I spit on your grave (o sea, chica en un lugar desconocido que es atacada por unos extraños de los que posteriormente se venga) tenía todos los ingredientes para gustarme. Desgraciadamente no ha sido así. Y no porque la historia sea obvia, una más de acecho y derribo sádico. I spit on your grave no sabe crear la intensidad de los títulos que imita. Durante una hora y media esperamos a que la historia 'vaya al grano', y realmente cuando entra en materia resulta revelarse como el recital de pringue rojo que queríamos. Pero por el camino hemos dejado la construcción de personajes, el uso de la cámara y los efectos especiales para crear un clímax, una atmófera. Películas como I spit on your grave, pese a mi amor por todo lo malsano, aunque me divierta la política del ojo por ojo, no dejan de ser fast food de gusto alterado y fácil digestión, una atracción de feria en la que la adrenalina sólo se activa durante los dos minutos que el tren de la bruja está en marcha. Así que aunque después de verla me sienta saciado, debo darme cuenta y criticar la mala calidad del menú. Y volviendo al binomio de drama-comedia, algo ocurre cuando I spit on your grave, antes de que el maltrato resulte irónico, me causa risa cuando no debería: resigo los pasos de la joven protagonista sabiendo lo que le ocurrirá a continuación, y me mofo al ver que todo sucede según lo previsto. Vaya: I spit on your grave acaba siendo una mala película, sean cuales sean los gustos de los espectadores. Si no tienen sensibilidad (o mejor dicho, resistencia estomacal) hacia los títulos de terror gore, ni se acerquen. Si les va la marcha, puede que pasen el rato (así, ni 'bueno' ni 'malo'), pero muy conscientes de estar lejos del cine en mayúsculas, incluso del buen cine de terror.


Nota: 5

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viernes, 29 de julio de 2011

Ricordi della mia mamma: Crítica de LA PRIMA COSA BELLA

A todos los que he dado la lata con esta película, especialmente mi profe de italiano.

Odiar a una madre es imposible. Aún menos evitarla. Todos tenemos una, más o menos perfecta, pero es la nuestra. Virzì homenajea la figura de la mamma italiana, y de paso a las madrazas y madonnas que nutren la historia del cine italiano, en La prima cosa bella, una película de diálogos frenéticos, dotada de una energía arrolladora, que invoca la nostalgia del espectador y que nos invita a reconciliarnos con la madre que nos parió y quiso a pesar de los pesares. Contada a dos tiempos, la película es un canto a la vitalidad y al recuerdo, y vuelve al pasado con un personaje masculino que fue un hijo primogénito sufridísimo y que ahora es un profesor de instituto desencantado. En contraposición, su madre, en sus etapas de juventud y senectud, irradia belleza, inconsciencia, fuerza, el carácter que precisa toda matriarca (y que es el culpable y víctima de la tradición 'mammone' del país). Un ejercicio de cine clásico en la que el verdadero espectáculo está en ver a Valerio Mastandrea esquivando a su madre y hermana, castrado tras vivir tanto tiempo bajo el influjo y dominio de féminas; sin olvidar la bellísima Micaela Ramazzotti, la encarnación moderna de Anna Magnani  más adorable desde la Penélope Cruz de Volver; y la veterana Stefania Sandrelli, a la que la película brinda un merecidísimo y velado homenaje por toda su extensa carrera como actriz cómica. Una película tierna que conseguirá que salgan del cine con ganas de revisar esos álbumes de fotos antiguas que tienen escondidos en algún altillo lleno de polvo. Paolo Virzì conquista con La prima cosa bella la cima de los mejores directores europeos, por su dirección de autores, por su impecable recreación histórica, y por imprimir un ritmo increible a su historia, tan fresco como avasallador (una rapidez que puede saturar a los más duros de corazón: eso sí, hay que verla en su versión original). Toda época, cada momento de nuestra vida está asociado a una imagen, un momento, una canción: la de la película es La prima cosa bella, de Nicola di Bari, pieza que tararean hijo, madre y hermana en uno de sus últimos momentos juntos. Una estampa familiar que podría ser la nuestra. Porque... ¿quién no cree que su madre es la mujer más hermosa? Nominada a 18 premios David di Donatello, nominada al EFA al mejor realizador y representante italiana a los Oscar pasados. Un título clave que llega en julio para embellecer la triste cartelera veraniega.



Nota: 7

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miércoles, 27 de julio de 2011

La edad (del fin) de la inocencia: Crítica de PEQUEÑAS MENTIRAS SIN IMPORTANCIA (LES PETITS MOUCHOIRS)


Por una parte, Pequeñas mentiras sin importancia me recuerda a las comedias norteamericanas de los 80 protagonizadas por adolescentes y jóvenes dispuestos a vivir la vida loca de forma intensa. Pero por otra parte, el drama que barniza el relato de Guillaume Canet no podría ser más actual. Se hace referencia a la crisis económica y la liberación sexual (ésta última, con una elegancia de la que carecen todas las comedias españolas) y sobre todo tenemos personajes que nacieron un poco antes o después de esos 80 dorados y que en parte se niegan a abandonar. Es como si la tragedia se impusiese a la comedia de forma inevitable, accidental, natural. Pero el término de 'comedia dramática', o su análoga 'tragicomedia', son etiquetas inexactas para describir el humor negro, la melancolía y la catarsis final de una película extraña, que uno no sabe si es comercial o extremadamente personal, si aspira a ser un título fundacional (la excelente nómina de actores, casi todos ya consagrados dentro y fuera de Francia, apoyan la idea, además de su selección musical) o si Canet simplemente quería rodar entre camaradas una película para sus amigos (y por extensión, para la gente de su generación), como en esa escena en la que el grupo, hablando entre risas y sentados en el sofá, recuerda los vídeos de veranos pasados. Pequeñas mentiras sin importancia es una película veraniega que recurre a un metraje de 145 minutos para simular esas largas vacaciones de los protagonistas, y lejos de aburrir da la sensación de que todo en la película ha sido vivido por los actores (y nosotros lo recibimos todo en primera persona: de aquí que el desasosegante final nos coja con el pañuelo en la mano). Una sensación de verdad, complicidad e intimidad que sólo puede conseguir un director joven, arriesgado pero no inconsciente, que al ser actor sabe mejor que nadie cómo tratar a los intérpretes de su película. Esa ha sido la clave de su éxito por su paso en los cines españoles y el verdadero atractivo del film francés más taquillero en su país durante 2010.


Pequeñas mentiras sin importancia empieza con un accidente de tráfico que es el detonante de todo. Ludo está en un hospital gravemente herido tras ser aplastado por un camión. Sus amigos se reencuentran para verle y deciden seguir con sus vacaciones a pesar de la tragedia. Pero este año su estancia en la costa azul no será la misma: Ludo ha abierto sin querer una brecha que ya es irreparable. La película habla del fin de la inocencia y de personajes que se niegan a actuar como gente adulta. El accidente de su amigo los despierta, los obliga a replantearse sus relaciones entre ellos y con las parejas que han dejado en París. Una premisa que una vez sugerida resulta obvia, pero la película funciona porque, a diferencia de muchos dramas de sobremesa o comedias infantiles, Pequeñas mentiras sin importancia cuenta con buenos personajes, seres de carne y hueso que vamos conociendo a medida que avanza el relato. En medio, Canet se permite alguna licencia afín al gag sutil (todos los líos protagonizados por el ricachón vanidoso de François Cluzet) y fuerza al máximo su historia (pese a todo, 145 minutos siempre son 145 minutos), y aún así sigue a flote, rematando un film sobre la amistad y el desencanto que perfectamente podríamos ver una vez cada año, coincidiendo con el inicio del estío. Vaya: una de esas películas que se ven y recuerdan más con el corazón que con la cabeza. Rescátenla: seguro que será una de sus ficciones favoritas de este 2011.


Nota: 7'5

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lunes, 25 de julio de 2011

MINISERIES 2: CARLOS

Carlos es el proyecto mastodóntico del reciente cine europeo, en la línea del decálogo televisivo de Kieslowski o la portuguesa Misterios de Lisboa. Assayas logró que una película de 333 minutos fuese para los cronistas de Cannes 2010 una de las mejores obras proyectadas en el festival. Y a esta hay que sumar Mildred Pierce como las grandes sorpresas televisivas de la temporada que en verdad son megafilms imprescindibles. Carlos, EFA al mejor montaje y Globo de oro a la mejor miniserie del año, es un ejercicio de cine de acción impecable, con una estudiadísima puesta en escena, una minuciosa recreación histórica y una interpretación de matrícula de honor para Edgar Ramírez, César al mejor intérprete revelación. Carlos, en sus tres capítulos, resulta tan apasionante como inabarcable, y a veces uno piensa que hubiera sido mejor que Assayas se hubiese limitado a un sólo episodio de la vida del terrorista de nacionalidad venezolana Ilich Ramírez, alias Carlos El Chacal. Con tanto metraje da tiempo para casi todo y lo mejor es la evolución del personaje: además del trabajo de maquillaje y peluquería, el actor es capaz de engordar y ganar músculo según lo requiera el personaje, a lo que se suma la babelia constante de idiomas, países, datos y fechas. Carlos me merece toda la admiración del mundo pero también me deja un tanto exhausto: de hecho, los capítulos van de más a menos, a pesar de que el carácter ególatra, arrogante, manipulador y seductor va ganando en curvas y matices a medida que avanza la trama. Las primeras horas me mantienen en tensión, el secuestro en Austria de los componentes de la OPEP es la mejor historia dentro de la película (no descarten un film independiente centrado únicamente en este hecho histórico), y pese a todo al final tengo ganas de que se acabe. Hay que verla con calma y conocimiento de causa, y este blog desconocía la figura del terrorista Carlos y lo único que no tiene es tiempo. Lo que sí es evidente es que pocos como Assayas serían capaces de defender un proyecto de las dimensiones de Carlos. Pese a todo, uno de los pocos visionados obligados de este 2011.


Nota: 7

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domingo, 24 de julio de 2011

¡POST Nº 900!: Presentamos EL ACTOR DE LA DÉCADA


En septiembre empezará el concurso El actor de la década, que nos acompañará durante toda la temporada de premios. También los Cinoscar Awards de la década, los premios del blog que valorarán lo mejor de cada año. Sin querer adelantar nada, y teniendo en cuenta que será mejor celebrar los 1.000 posts (cifra más redonda), sólo me queda dar las gracias a los que han visitado, visitan y visitarán este blog durante sus dos años y once meses de vida (y ojalá sean más). No duden que aún quedan por delante muchas reseñas y publicaciones que espero sean de vuestro interés. Mañana, más.

viernes, 22 de julio de 2011

La diva Pfeiffer: Crítica de CHÉRI

CHÉRI, de Stephen Frears (Reino Unido, 2009)
Parece que Frears no quería abandonar los corsés de época. Chéri vino después de Ms. Henderson Presenta y La reina (The Queen), todas ellas encumbradas por la actuación de sus actrices protagonistas. Aquí se repite protagonismo femenino, y realmente la relación entre Pfeiffer persona y personaje se presta a muchos chistes. En pantalla es una cortesana ya mayor que se niega a ceder terreno a las nuevas y más jóvenes plebeyas. En la vida real, es una actriz a la que las arrugas no le han hecho más que conferir más belleza y misterio, aunque su irregular lista de estrenos desvela una carrera que, exceptuando Los fabulosos Baker Boys, nunca ha conocido un éxito rotundo ni ningún papel memorable. Chéri es un homenaje a Pfeiffer, y nadie mejor para acometerlo que quien la dirigiese en la muy recordada Las amistades peligrosas. Lo que Frears nunca tuvo en cuenta es que su querida actriz siempre resulta superior a la historia que protagoniza. Chéri no deja de ser una opereta muy insustancial, una obra de teatro dividida en varios actos en la que sólo brilla la sabiduría de Pfeiffer. Divierte su naturaleza british: hay que verla en su versión original para apreciar la corrección de sus diálogos y disfrutar de una estética historicista impoluta. Lástima que la película sea tan pequeña y previsible como un telefilm filmado en salones victorianos. Pfeiffer merecía mucho más.


Nota: 5

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jueves, 21 de julio de 2011

Cuento ecologista: Crítica de ¿PARA QUÉ SIRVE UN OSO?

La amistad se está convirtiendo en la base de la filmografía de Tom Fernández. Y pensándolo bien: ¿hay algún director contemporáneo que se dedique a retratar ese valor universal tan necesario? Nadie. Así que ¿Para qué sirve un oso? resulta doblemente curiosa: por una parte propone un tema tan adulto como el cambio climático y el ecologismo en tiempos capitalistas; y por otra su humor es claramente aniñado, como si en verdad aspirase a ser una película familiar de personajes en carne y hueso. Ese es precisamente el problema de la cinta: uno nunca se acostumbra al corazón infantil de la película y su director demuestra un amor platónico por esas tramas bienintencionadas de los films mudos en blanco y negro. Cámara y De Castro, la pareja de científicos antitéticos, también es una reproducción anglo-asturiana de los dúos cómicos de antaño. Pero los espectadores de ahora, que hemos perdido parte de nuestra inocencia y que cualquier discurso sobre la amistad nos parece cursi, precisan otras historias: eso, aunque sólo en parte, explicaría que el film no haya cuajado en taquilla en su estreno primaveral. ¿Es problema del público, que ha asumido la perversión como base del entretenimiento? ¿Es problema del propio Fernández, que se empeña en evocar un tipo de cine totalmente desfasado? Y puestos a plantear preguntas existenciales: ¿para qué sirve un oso? Cae en el saco de las películas españolas totalmente prescindibles del 2011.


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Nota: 5

miércoles, 20 de julio de 2011

Incógnitas matemáticas y cinematográficas: Crítica de LA SOLEDAD DE LOS NÚMEROS PRIMOS

'Mis hijos me han arruinado la vida', dice el personaje de Isabella Rossellini en un momento de La soledad de los números primos. Uno espera que tras esa aseveración haya un dramón de tomo y lomo, pero no es así. Estamos ante la adaptación cinematográfica del best seller de Paolo Giordano, un libro que en su día no leí. Por eso me esperaba que la película fuera una historia de amor más o menos convencional, que la cinta discurriese por caminos conocidos tal y como apuntó la crítica del pasado Festival de Venecia. Será mi total desconocimiento de la novela original pero el film me ha parecido más rebuscado de lo normal. No puedo valorar si es una buena traslación en imágenes de la historia de Giordano, pero sí se ve que no es la típica película que quiere llevar a las salas a los lectores de la novela. Así, La soledad de los números primos es una cinta misteriosa, la historia de encuentros frustrados entre dos marginados sociales que se esconden en sus caparazones. No hay besos, más bien susurros o caricias entre dos amantes que nunca estuvieron hechos para ser amados. Es difícil analizar la película cuando sus personajes, en sus diferentes edades, son como dos incógnitas matemáticas y cinematográficas (o, siguiendo el juego, dos números primos gemelos no divisibles por nadie y separados por un número par). La película también aspira a ser una 'x' inconclusa, una ecuación sin resultado. Hay momentos en los que cede al romance adolescente como en la escena de la discoteca. Hay otros en los que se intentan agregar insertos líricos como esa mujer esquiando. Y hay minutos totalmente desquiciados, con una atmósfera turbia, como ese inicio en el teatro infantil o la parte que concierne a la Alice adulta, corriendo entre selvas imaginarias y desmayándose en un supermercado. En todo caso, no veo en La soledad de los números primos nada que justifique esa frase de Rossellini tan contundente, tan fuera de contexto, tan impostada. El drama que se esconde en el corazón de la película (una hermana desaparecida, una situación de bullying en el instituto) no da sentido a los silencios y desaires de los personajes. Pero es innegable que la película tiene un algo extraño que me atrapa y que hace que soporte sus dos horas de duración sin plantearme que la historia no se sostiene por ningún sitio. No quiere ser una película polémica, pero seguramente será criticada por muchos frentes. Si hay que posicionarse, este blog la apoya aún a sabiendas de su frágil estructura. ¿No se trata de simpatizar con esos personajes suicidas de acciones y actitudes tan tan incomprensibles? Pues eso.


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Nota: 6

martes, 19 de julio de 2011

La cara de una ¿terrorista?: Crítica de MIRAL

De Julian Schnabel siempre se espera muchísimo. Miral, basada en el caso real de una periodista palestina con una infancia dificilísima, se presentó en la pasada edición del Festival de Venecia y no logró la buena prensa de otros biopics como Basquiat o Antes que anochezca. En esta ocasión la crítica menospreció una película muy especial que toca un tema tan espinoso como el conflicto entre israelíes y palestinos. Por una parte, Schnabel ha mantenido sus disertaciones líricas que nos siguen recordando el artista de videoarte minoritario que siempre ha sido. Por otra, el director es consciente que algunas partes del film precisan una narración más convencional, y en esos momentos Schnabel controla su fotografía en movimiento o la yuxtaposición de imágenes de archivo para firmar un digno thriller político en la línea de Munich o Paradise Now. Lo bueno de Miral es que no quiere ser ni completa ni exhaustiva: de lo contrario, hubiera muerto víctima de sus pretensiones, y la película no es ni debe interpretarse como grandilocuente, aún menos como polémica. Si bien no emociona, sí informa y consigue que el espectador se sensibilice con el tema y quiera buscar más información sobre la lucha por la creación de un estado palestino independiente con todos sus derechos. Así que Miral es totalmente coherente con la filmografía de Schnabel y con todos los recursos (de autor independiente, de artista de masas) de su obra: otra cosa es si su naturaleza ecléctica logra convencer a la audiencia. Rescaten la película porque la vida de Miral es una de esas historias que merecen ser contadas: la triste existencia de una mujer que vió morir a su madre cuando era pequeña y que en la adolescencia se debate entre el silencio o la rebelión, entre ser víctima o verdugo, o bien seguir con la mala suerte de su familia o intentar vivir al margen de cualquier actividad política o terrorista. Schnabel nos recuerda que firmasen lo que firmasen los mandamases de turno en los 90, Palestina sigue siendo esa tierra de nadie que afecta e incomoda tanto a Oriente como a Occidente. Miral pone rostro a la barbarie, algo necesario, lo máximo a lo que puede aspirar una película. Ni su historia es la encarnación total del problema ni la vida de Miral personifica a todo el pueblo palestino: eso es precisamente lo que molestará a unos y lo que otros aplaudirán de este biopic tan personal. Pero si reflexionan no encontrarán en el film ningún atisbo de activismo político o moralina social, rasgos que confirmar que Miral, a pesar de todo, es una buena película.


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Nota: 7

domingo, 17 de julio de 2011

SERIES 30: GLEE



Después de Perdidos (Lost) parecía que ninguna serie podía ocupar el vacío de aquellos adolescentes sedientos de buenas ficciones norteamericanas. Glee se estrenó en septiembre de 2009 y poco a poco ha acabado convirtiéndose en un fenónemo sin precedentes de cuya cosecha han surgido seis discos oficiales, otros tantos EPs, apariciones de los actores en programas como American Idol, una carrera cinematográfica más que sólida para muchos de sus intérpretes, y en un futuro un reality show y una película en 3D que recogerá los mejores momentos de la gira que los artífices de la serie han llevado por toda Norteamérica. Había motivos para pensar que una comedia musical ambientada en un instituto de Ohio iba a ser un sonoro fracaso, pero Fox ha logrado lo impensable: ganar dos años seguidos el Globo de oro a la mejor serie de comedia, sin olvidar los galardones que han recogido Chris Colfer y Jane Lynch por sus aportaciones secundarias. Pese a esto, la resistencia hacia una serie tan rosa y aparentemente superficial como Glee era notable y muchos no la vimos hasta contar con el veredicto positivo de audiencia y crítica. Con dos temporadas a sus espaldas, con el futuro incierto que marcará la próxima tercera entrega de capítulos y conscientes de hacer referencia a uno de los tótems culturales de toda una generación, toca hablar de Glee y analizar aquellos detalles que la han convertido en esa nadería irresistible que mantiene en vilo a millones de televidentes.


Bien pensado, era casi esperable que este blog fuera el último en caer en el embrujo de los estudiantes cantarines de Glee. Descubrí las Spice Girls cuando todos los niños del colegio ya coleccionaban las fotos y cromos de las chicas británicas. Britney Spears fue un descubrimiento del instituto, cuando ya sonaba en las radios varios años antes. No había escuchado nada de Lady Gaga hasta el verano pasado, seguramente porque mis gustos musicales hace mucho tiempo que discurren en paralelo a lo que encumbran la MTV, los 40 Principales y demás. Incluso empecé a ver Perdidos cuando ya se habían emitido sus dos primeras entregas. Vaya, que lo de seguir las modas no va con servidor, y no porque desconfíe de todo lo que admira la mayoría: más bien es por ignorancia de lo que se lleva, de lo que gusta. Glee, la serie de moda que habla de las modas, abre su influencia tanto para los están al día de las tendencias musicales, cinematográficas y de ropa como para esos despistados que prefieren ir por libre: Glee está dirigida a los que nacimos a finales de los 80 o a principios de los 90, los que crecimos con la cultura pop, los que aprendían coreografías en el patio del colegio y los que vieron las primeras emisiones de Operación triunfo, los que sucumbieron al fenómeno fan y los que ya en el nuevo milenio han abanderado la liberación sexual. Glee es una serie coyuntural que contextualiza muy bien las constantes de los adolescentes de hoy en día, y por defecto las de aquellos que dejaron hace poco su etapa púber o los que pronto darán el estirón. No se trata de seguir o no las modas seriéfilas, sino de formar parte de una generación con sus manías y sus reglas. Con esto, Glee era un visionado obligado, una excusa más para seguir idealizando el modelo educativo yanki que tantas veces hemos visto en series y películas.



El rasgo distintivo de Glee está en el perfil de los componentes del coro. Todos a su manera son unos inadaptados que reciben el menosprecio de sus compañeros de clase. El Glee Club los une, les da una identidad y la posibilidad de convertir sus excentricidades individuales en una pequeña mayoría que arrastra a todos los que en algún momento se han sentido fuera de lugar. Una idea harto improvable en la vida real, pero que en la ficción funciona a las mil maravillas. Por eso los chicos debían expresarse cantando: el musical es el género más fantasioso, y en la lógica de la serie es totalmente plausible que los protagonistas canten en los pasillos, baños y alrededores del instituto, a la vez que reafirman el amor hacia sus referentes y expresan sus sentimientos. Glee promueve la cultura de lo friki y lo nerd, y apela a nuestro lado más cursi (porque todos lo tenemos, porque todos querríamos estar en el Glee Club, odiar a Rachel y enamorarnos de Finn). Eso es lo que sitúa a Glee varios peldaños por encima de series adolescentes como Dawson Crece, One Tree Hill, Greek o Diario secreto de una adolescente, ni qué decir de productos españoles del perfil de Física o química: Glee quiere ser la voz de sus propios espectadores, conectar con sus gustos y adaptarse a las exigencias del telespectador. De aquí que Glee cambie por exigencias del guión y también de la realidad: así lo demuestra la cita a Lady Gaga al final de la primera temporada, cuando los guionistas ya eran conscientes de la repercusión social del producto; y las referencias de la segunda temporada a  la Navidad, Halloween, San Valentín, versiones de Rihanna y Justin Bieber, musicales como Cabaret, la aparición de la profesora sustituta que da vida Gwyneth Paltrow o especiales de Madonna y Britney Spears. Al fin y al cabo, criticar Glee por su falta de verismo es un gran error: la serie en ningún momento quiere ser fiel a la realidad, pero sí ser coherente con el imaginario de los que conocen la verdadera atmósfera que se respira en los pasillos de una institución educativa. Por eso el señor Schuester es profesor de castellano sin que en ningún momento nos muestre su dominio del idioma, por eso un indio retrasado es el director del centro, por eso el malo de  Noah  está loco por la estudiante más obesa, y por eso la directora de las animadoras se permite unas rabietas que a cualquier docente le costarían la expulsión inmediata.


Glee ha encontrado el discurso perfecto en el entorno perfecto: un colegio de cómic en el que el lanzamiento libre de batidos helados es el deporte oficial del alumnado. Varios de los ideales estadounidenses quedan satirizados en ese contexto de cuento. La animadora Sue Sylvester es una víctima de una sociedad competitiva, y su carácter lleno de maldades y ocurrencias punzantes es una máscara para enterrar sus traumas. El embarazo de Quinn al principio de la historia, la mojigatería de Emma, la obsesión de la mujer de la mujer de Will por quedarse embarazada y la inocencia de Finn (cree que su novia ha quedado preñada simplemente por haberse bañado con él en un jacuzzi) vienen a ser tramas envenenadas que se ríen de esos Estados Unidos tan relamidos a nivel sexual. Y si Mercedes y Tina vienen a representar las minorías étnicas del país, Kurt, el gay del grupo, encarna el alter ego del creador de la serie Ryan Murphy (algo que explicaría que su personaje tenga más peso en la segunda temporada al cambiar de instituto y enamorarse de Blaine). La cultura gay también queda representada con la supuesta bisexualidad de Santana, el jugador de rugby que esconde su homosexualidad maltratando a Kurt y el carácter de Rachel, fruto de un hogar claramente rosa. Glee está protagonizada por un grupo heterogéneo que se pelea y reconcilia, que comparten amoríos en un tira y afloja de hormonas, que creen defender el espíritu del colectivo cuando en realidad se mueven por su propio egocentrismo: Rachel quiere destacar, las demás quieren ensombrecerla, Finn quiere ser más guapo y musculado que sus compañeros de gimnasio, y las victorias del Glee Club en los concursos estatales y nacionales quieren ser una vía de prestigio para ganarse el respeto de sus compañeros de recreo. ¿Acaso nuestra generación, criada en el seno del bienestar social, no se mira demasiado el ombligo?


Con todo esto, el blog se posiciona. Si bien la segunda temporada marca la definitiva mercantilización de la serie y la pérdida total de espontaneidad de los guiones, la serie sigue resultando tan entretenida como el primer día. Glee gana puntos cuando es más surrealista, cuando recurre al sublime personaje de Sue Sylvester y su ayudante con síndrome de Down, incluso cuando deja que Brittany diga sus tonterías de niña pequeña. Aunque todo resulte 'adorablemente imposible', la serie deberá ser fiel a su premisa y dejar que los personajes se graduen y abandonen el instituto, y a partir de aquí será difícil que los espectadores simpaticen con nuevos personajes. Glee ya ha conquistado su cenit y puede que en los próximos Emmys y Globos de oro retroceda posiciones. Si Murphy es inteligente, la venidera tercera temporada será la última para intentar no desvirtuar la esencia de la historia, algo que por desgracia no sucederá. Porque Glee, por depender de y ser una moda, se agotará toda sola. Aunque aún nos queda por delante un nuevo curso y una graduación final que cierre, si no la serie, sí el conjunto de tramas que abría su impecable primera temporada. Hasta entonces, el blog la acompañará y la aplaudirá. Al menos tenemos la certeza de que Glee, como OT, Michael Jackson y otros, siempre formará parte de la identidad de toda una generación, como Perdidos (Lost) lo fue en otros aspectos. Así que si no la vieron, despójense de cualquier prejuicio; y si están al día de lo que sucede en el Instituto McKinley, en septiembre volveremos con el ritual de descargas.

viernes, 15 de julio de 2011

La obra cumbre del cine chusco: Crítica de TORRENTE 4: LETHAL CRISIS

Un Torrente corregido y aumentado. No hay más humor, pero sí más roña en esta cuarta parte muy consciente en un principio de aspirar y luego de ser la película española más taquillera del año. Con eso se ha perdido no ya la sorpresa, sino la espontaneidad de la primera parte, incluso el buen funcionamiento de una segunda entrega muy comiquera, igual de mugrosa aunque más desternillante en sus formas. Torrente 4 parece un cálculo semiperfecto de intereses: la operación anticrisis de José Luis Torrente discurre en paralelo a la estrategia económica de partir de un presupuesto mayor para asegurarse una taquilla más espectacular. Si el cine es un mero intercambio monetario, si se trata de ganar beneficios en función de unos gastos, Torrente 4 merece ser considerada un modelo para todo ese cine español lastimero que se queja de no saber promocionarse ni llegar a su público potencial. Pero si hablamos de 'cine' en toda su dimensión, esta cuarta parte está a la cola, en las alcantarillas de toda la saga. La sucesión de cameos (que no de gags) y las pequeñas referencias a la prensa rosa local harán gracia a ese público de extraradio, adolescente o mayor, que casi nunca va al cine y que se traga todas las ediciones del Sálvame diario o deluxe. El resto puede sentirse atraído por ese tufillo rancio inherente de la franquicia, como aquél que va al cine con el único propósito de pasar un rato sin pensar demasiado, ni tan siquiera en lo que está viendo. Pero no hay nada que uno pueda rescatar de esta cuarta parte: valoro que Segura continúe recordándonos un modelo de españolidad que parece caduco y que todavía colea entre nosotros, pero si para eso tiene que brindarme chistecillos sobre 'maricones' y 'negros' desconecto enseguida. Sálvame diario es rápido, dinámico, efectista; aunque entretiene, hay que saber apreciar que ese dominio del tempo televisivo esconde entre bambalinas una amoralidad peligrosísima, una guionización de un espectáculo de clowns en discusión. Torrente 4 es igual de pegajosa, pero hay que ser críticos, como mínimo darse cuenta de que la película es mala a todos los niveles (técnicos e interpretativos). La mención al programa de Telecinco no es casual: entre las jaulas del zoo de Torrente 4 se pasean fieras como Ana Obregón, Belén Esteban, Kiko Matamoros, Josemi, Sonia Monroy o el mismísimo Paquirrín. El aspecto crítico tampoco: lo único que hay que menospreciar de Torrente es que la primera parte era divertida pero también crítica con su personaje; ahora todo es jerigonza y exageración, y me temo que el personaje guarro ya es más un ídolo que una caricatura de una realidad social para su público. Eso es lo que me preocupa de la película, más allá de su esperado mal gusto, de su inevitable humor de brocha gorda, de su apego a lo incorrecto. Todos estamos en crisis, incluso el policía madrileño más sucio de España: ahora sólo esperamos que el Segura director, independiente del actor más o menos interesante que es, conserve su dignidad y dé por finiquitada una saga en estado de putrefacción.


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Nota: 2'5

jueves, 14 de julio de 2011

Soledad y sordidez: Crítica de SON FRÈRE (SU HERMANO)

Hace tiempo que Luc huyó del núcleo familiar y se refugió en París para poder vivir libre, sin ataduras, sin tener que dar explicaciones de nada a nadie. Pero el pasado llama un día a la puerta de su apartamento. Su hermano mayor Thomas, el mismo que no aceptó la homosexualidad de Luc, se está muriendo. Tiene una enfermedad sanguínea: su nivel de plaquetas es tan bajo que cualquier golpe o herida puede acabar en hemorragia. La lógica sería que Luc tuviese una dolencia venérea, pero no: el inválido resulta ser el otro hermano que apenas conoce. La sangre es curiosamente lo que les une y lo que les separa, incluso Luc afirma que los lazos de hermandad son totalmente arbitrarios y que no siente a Thomas como propio. A pesar de todo, Luc dejará su relación con Vincent y combinará su trabajo en un colegio con pequeñas escapadas a un hospital parisino. No se sabe si el hermano ha vuelto para llamar la atención o hasta qué punto son inocentes los dolorosos comentarios que sueltan los padres de ambos en la habitación del hospital, pero tanto Luc como Thomas viven una segunda oportunidad para echarse en cara todo lo que nunca expresaron, también para sincerarse y verbalizar un amor que nunca se esfumó. De esta forma ambos se convertirán casi en amantes. Uno necesita del otro. Y el otro, al ver el cuerpo de Thomas menguar y casi desaparecer, se convierte en espectador íntimo de la decrepitud de su semejante. Una historia rodada con tonos oscuros, totalmente desnuda y sórdida, en la que al espectador sólo le queda huir o hundirse con los personajes. Chéreau filma la enfermedad del hermano con un tono marcadamente feísta y nos sitúa en una tesitura incomodísima: como el hermano callado al fondo de la sala, nosotros vemos cómo las enfermeras, con su particular frialdad y parsimonia, depilan la silueta escuálida de Thomas. Chéreau no tiene ningún miedo a resultar decrépito e insoportable: a diferencia de Coixet y su Mi vida sin mí, la lírica de Su hermano emana de la muerte y no de la vida. Por eso el film requiere de espectadores fuertes y comprometidos que sepan ver que, detrás de una superficie totalmente negra, hay una historia preciosa de reencuentro, aceptación, renuncias y cariños. Una película lánguida, escueta y explícita en la que una vez más se echa un poco de más el ampuloso estilo de Chéreau (La reina Margot resulta bastante satisfactoria, pero otras como Gabrielle son exasperantes): las digresiones temporales, ciertos subrayados (el adolescente que camina con un gotero por los pasillos del centro sanitario) y en contraposición elementos de la trama poco tratados (la poca definición de los personajes de los padres, el final excesivamente escapista) acaban por limitar las posibilidades del film. No emociona, pero sí deprime: como ocurre con el cine potente, logra que sintamos empatía por casos que en la televisión o en los periódicos resultan asépticos, rutinarios, impersonales. Un via crucis que acaba en el mar con la canción Sleep de Marianne Faithfull. Justo en el momento en el que salimos de la sala totalmente molidos con ganas de hablar con esos hermanos que hace tiempo no vemos.


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Nota: 6'5