jueves, 10 de enero de 2013

NOMINACIONES PREMIOS OSCAR 2013




BEST PICTURE
1. LINCOLN
2. ZERO DARK THIRTY
3. SILVER LINING PLAYBOOK
4. ARGO
5. LES MISÉRABLES
6. LIFE OF PI
7. DJANGO UNCHAINED
8. BEASTS OF THE SOUTHERN WILD
9. AMOUR


BEST FOREIGN LANGUAGE FILM
FROM AUSTRIA, AMOUR
FROM NORWAY, KON TIKI
FROM CHILE, NO
FROM DENMARK, A ROYAL AFFAIR
FROM CANADA, WAR WITCH

BEST ANIMATED FEATURE
¡PIRATES!
BRAVE
FRANKENWEENIE
PARANORMAN
WRECK –IT RALPH


BEST ACHIEVEMENT IN DIRECTING
MICHAEL HANEKE, for AMOUR
ANG LEE, for LIFE OF PI
STEVEN SPIELBERG, for LINCOLN
DAVID O. RUSSELL, for SILVER LINING PLAYBOOK
BEN SEITHLIN, for BEASTS OF THE SOUTHERN WILD


BEST PERFORMANCE BY AN ACTRESS IN A LEADING ROLE
JESSICA CHASTAIN, in ZERO DARK THIRTY
JENNIFER LAWRENCE, in SILVER LINING PLAYBOOK
EMMANUELLE RIVA, in AMOUR
QUVENZHANÉ WALLIS, in BEASTS OF THE SOUTHERN WILD
NAOMI WATTS, in THE IMPOSSIBLE

BEST PERFORMANCE BY AN ACTOR IN A LEADING ROLE
BRADLEY COOPER, in SILVER LINING PLAYBOOK
DANIEL DAY-LEWIS, in LINCOLN
HUGH JACKMAN, in LES MISERABLES
JOAQUIN PHOENIX, in THE MASTER
DENZEL WASHINGTON, in FLIGHT


BEST PERFORMANCE BY AN ACTRESS IN A SUPPORTING ROLE
AMY ADAMS, in THE MASTER
SALLY FIELD, in LINCOLN
ANNE HATHAWAY, in LES MISERABLES
HELEN HUNT, in THE SESSIONS
JACKI WEAVER, in SILVER LINING PLAYBOOK

BEST PERFORMANCE BY AN ACTOR IN A SUPPORTING ROLE
ALAN ARKIN, in ARGO
ROBERT DE NIRO, in SILVER LINING PLAYBOOK
PHILIP SEYMOUR HOFFMAN, in THE MASTER
TOMMY LEE JONES, in LINCOLN
CHRISTOPH WALTZ, in DJANGO UNCHAINED

BEST ORIGINAL SCREENPLAY
MICHAEL HANEKE, for AMOUR
QUENTIN TARANTINO, for DJANGO UNCHAINED
JOHN GATINS, for FLIGHT
WES ANDERSON & ROMAN COPPOLA, for MOONRISE KINGDOM
MARK BOAL, for ZERO DARK THIRTY

BEST ADAPTED SCREENPLAY
CHRIS TERRIO, for ARGO
LUCY ALIBAR & BENTH ZIETLIN, for BEASTS OF THE SOUTHERN WILD
DAVID MAGEE, for LIFE OF PI
TONY KUSHNER, JOHN LOGAN & PAUL WEBB, for LINCOLN
DAVID O. RUSSELL, for SILVER LINING PLAYBOOK

BEST CINEMATOGRAPHY
DJANGO UNCHAINED
ANNA KARENINA
LIFE OF PI
LINCOLN
SKYFALL

BEST ORIGINAL SOUNDTRACK
ARGO
ANNA KARENINA
LIFE OF PI
LINCOLN
SKYFALL

BEST ORIGINAL SONG
Pi’s Lullaby, LIFE OF PI
Skyfall, SKYFALL
Suddenly, LES MISERABLES
Chasing Ice
TED

BEST EDITING
ARGO
SILVER LINING PLAYBOOK
LIFE OF PI
LINCOLN
ZERO DARK THIRTY

BEST PRODUCTION DESIGN
ANNA KARENINA
THE HOBBIT
LIFE OF PI
LINCOLN
LES MISERABLES

BEST COSTUME DESIGN
ANNA KARENINA
LINCOLN
MIRROR MIRROR
LES MISERABLES
SNOW WHITE AND...

BEST MAKEUP & HAIRSTYLING
THE HOBBIT
HITCHCOCK
LES MISERABLES

BEST VISUAL EFFECTS
SNOW WHITE...
THE AVENGERS
PROMETHEUS
THE HOBBIT
LIFE OF PI

SOUND (Sonido)
ARGO
LIFE OF PI 
LINCOLN
LES MISERABLES
SKYFALL

SOUND EDITING (Montaje de sonido)
ARGO
DJANGO UNCHAINED
LIFE OF PI
SKYFALL
ZERO DARK THIRTY

miércoles, 9 de enero de 2013

Crítica de KON-TIKI, de J. Rønning y E. Sandberg

Thor Heyerdahl fue un biólogo noruego que a finales de los años 40 comandó la expedición Kon-Tiki, centrada en demostrar ante toda la comunidad científica que los indígenas suramericanos pudieron ser los primeros colonos de las islas de la Polinesia. Heyerdahl, acompañado de cinco hombres, vivió su particular aventura: pasó más de cien días en alta mar a merced de las corrientes, de los tiburones y de las inclemencias del clima subido en una embarcación hecha de troncos y materiales naturales, a imagen y semejanza de las balsas que construían 1.500 años atrás los primeros habitantes de la actual Perú. La hazaña de Heyerdahl tuvo una repercusión y un seguimiento mediático inaudito, tanto que a partir de las grabaciones tomadas por Heyerdahl se realizó un documental que fue galardonado en los Oscar de Hollywood el año 1951. También se abrió un museo en Oslo con los objetos que lograron salvarse de la larga travesía. Kon-Tiki, el film noruego que nos ocupa, es una recreación de ese momento y la descripción de un hombre que sin saber nadar y sin contar con el apoyo ni de sus camaradas de profesión ni de su familia logró hacer historia. Un episodio que demuestra que la realidad supera con creces la ficción. Y precisamente por eso era de esperar que el logro de Heyerdahl volviese a la gran pantalla ya no como documental sino como dramatización.


Kon-Tiki funciona por varios motivos. Supera el esquema del típico biopic, y no solo actualiza la proeza de Heyerdahl sino que permite al espectador vivir en primera persona la loca aventura del explorador nórdico. Por eso Kon-Tiki, tras una primera parte más anodina dedicada en contar la tenacidad de su personaje, nos zambulle en su segundo tramo en un cine de aventuras marinas y supervivencia muy recio, bien filmado y notablemente interpretado. Un film, en definitiva, impecable en todos sus apartados. Más que una película, es un viaje difícil de rechazar y de poner en duda. Tiene, eso sí, un empaque excesivamente hollywoodiense: al final la película, a la contra de lo que dan a entender los títulos de crédito, no se interesa tanto por los hombres que protagonizaron la aventura como en ofrecer un entretenimiento 'a la antigua' y de altos vuelos, una experiencia en 2D y con mucha técnica volviendo a la esencia de las mejores exploraciones. De ello da fe la culminación del viaje, que sella el tono triunfal y good feeling que recorre toda la película. Una propuesta de imposibles que devienen posibles: ese ha sido su secreto para estar en la carrera al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Una nueva oportunidad para que Heyerdahl haga historia. Una buena manera de demostrar que desde el patio de butacas podemos sentir la velocidad, la energía y la locura del mejor aventurero sin recurrir a efectos digitales vistosos. Kon-Tiki es un technicolor nórdico con el espíritu de las grandes empresas navieras y con el apoyo de unos avances tecnológicos utilizados con inteligencia. Cuando se estrene seguramente muchos dirán que es una americana vestida de seda, y aunque en parte eso es cierto hay que pensar que los yankis, con una premisa similar, nos hubiesen encasquetado un nuevo Piratas del Caribe o Avatar. De ahí que Kon-Tiki sea una película que sin ser perfecta resulta tremendamente simpática. Le auguramos muchísimo éxito en su paso por los cines.


Para los que tienen la maleta sin deshacer a la espera de un nuevo viaje
Lo mejor: Conserva la humanidad y la espectacularidad del gran cine de aventuras.
Lo peor: La primera hora de metraje resta empaque a la película.

Nota: 7

martes, 8 de enero de 2013

Crítica de LAS AVENTURAS DE TADEO JONES, de Enrique Gato

El cine español necesitaba una película como Las aventuras de Tadeo Jones. Por varios motivos. El más evidente, para demostrar que con constancia y trabajo se pueden construir productos sólidos, dinámicos y simpáticos. El primer largometraje de Enrique Gato, además, tiene visión de mercado, algo por lo que no debe pedir explicaciones, mucho menos perdón: ya era hora que desde aquí se crease un producto animado enteramente local y al mismo tiempo de valores, resultados y potencial internacional. Otra cuestión por la que este arqueólogo a lo Ibáñez entra en el cine más estimable del 2012 es por su falta de pretensiones: concatena gags con mucho tacto, nunca fuerza los guiños cinéfilos a Lucas y a Spielberg aun siendo perfectamente reconocibles para el público atento, y es la primera vez que la animación made in Spain aspira y consigue crear un héroe de cartoon con el good feeling propio de producciones foráneas. Las aventuras de Tadeo Jones no cuenta con los softwares y los equipos de la Pixar, por lo que no pueden valorarse sus resultados artísticos en relación a obras con las que por motivos más que evidentes parte en desventaja. Lo notorio es que Enrique Gato dota de muchísima vida a todos sus personajes y logra un entretenimiento familiar que no tiene nada que envidiar a otras compañeras con más gadgets y presupuesto a sus espaldas. Las aventuras de Tadeo Jones dista de ser la película definitiva, si bien Gato reactualiza el cine infantil de los 80 con el que se crió con el fin de crear una saga de lo más estimulante a los márgenes de otro cartoon con más posibilidades. No es que su éxito en España y en países como China hayan adulterado nuestro juicio: la película realmente merece todo lo bueno que ha recibido y que tendrá a lo largo de este 2013. Arrugas y Chico y Rita eran artesanía de autor y Planet 51 demostró la solvencia de las coproducciones. Las aventuras de Tadeo Jones demuestra que lo comercial puede y debe aunarse con la calidad. Suma y sigue, con el añadido de estar ante un gran salto a todos los niveles. A la animación española todavía le queda mucho trecho por recorrer, pero sin duda este es el camino correcto. Ocupa desde ya un trono considerable, más pequeño que el de Indiana, pero muy honroso.


Para quienes desconfían de las posibilidades, comerciales y artísticas, de nuestro cine.
Lo mejor: El carisma de sus personajes.
Lo peor: Alguna catetada prescindible como el guiño torero con la pantera.

Nota: 6'5

lunes, 7 de enero de 2013

Crítica de AMOR (AMOUR), de Michael Haneke

1. En la mayoría de reseñas que se han escrito con motivo de Amor, la nueva película de Michael Haneke, casi toda la crítica especializada ha coincidido que estamos ante la mejor película de Haneke y su trabajo más tierno. Como no estoy de acuerdo con esa consideración, e intentando no solo ofrecer mi visión de la película sino una explicación de por qué Amor no puede definirse en esos términos, me aventuro a realizar un pequeño análisis de la cinematografía del director austríaco. Un repaso a las constantes, peculiaridades y preocupaciones que recorren una de las obras más interesantes de la modernidad. Y de paso, una forma de ver qué lugar ocupa Amor en todo ese conjunto, intentando entender los motivos que están detrás de su Palma de oro, la segunda para Haneke en 4 años, y de su éxito en la temporada de premios estadounidense - a la escritura de este texto desconocíamos la suerte que correría el film en los Oscar de Hollywood -.
2. Haneke es uno de los pocos directores de cine que se sirve de las imágenes para hablar de las propias imágenes. Es un cine, por lo tanto, autorreferencial que se forma de escenas y personajes que constantemente se están reformulando. Todas las piezas remiten a otras y a ellas mismas, porque en una película de Haneke nada es lo que parece, ni tan siquiera lo visto puede tomarse como verdadero. De ahí que su cine suponga un reto y al mismo tiempo una experiencia. Que requiera de miradas atentas y mentes intrépidas. Haneke habla de dudas, no de certezas. El espectador es un personaje más y participa en la película de una forma decisiva, ocupando un papel sumamente importante. Por todo ello Haneke entiende el cine como el planteamiento de un enigma sin respuesta, como un juego con su parte lúdica - puramente evasiva - y otra lúcida - totalmente reflexiva -. Unas bases cercanas de por sí al thriller, el gran género hanekiano: cual Hitchcock, el austríaco nos lleva a estados de ánimo cercanos al desasosiego, aunque su maestría en la producción de tensión discurre a la contra del clásico norteamericano al negarlos la información necesaria para cerrar el relato.


3. Ese juego desaparece por primera vez en Amor, una película directa, impúdica, claustrofóbica. Desasosegante de nuevo, pero mediante otros recursos. El espectador se limita a ser el espía de lo sucedido, el testigo privilegiado del lento marchitar de una pareja de ancianos tras la parálisis que afecta a la mujer. En Amor ni hay segundas interpretaciones ni subtramas escondidas más allá de los pequeños momentos cotidianos que Haneke no explicita para preservar la intimidad de sus criaturas. Estamos, por lo tanto, ante un Haneke reducido a la mínima expresión y al mismo tiempo totalmente coherente con el discurso que viene desarrollando desde hace más de veinticinco años de trayectoria. Haneke espía en calidad de director que filma. El espectador espía en calidad de receptor de lo filmado. Y al mismo tiempo el personaje de Trintignant es espía dentro de su propia historia al contemplar cómo poco a poco la persona que más quiere deja de ser independiente, de comunicarse, de moverse, de tener vida. Haneke habla de procesos, no de estados, por lo que el título no debe llevarnos a confusión: estamos ante la filmación más veraz y desalentadora de cómo la muerte va imponiendo sus reglas allá donde en otro tiempo hubo los sinsabores de la rutina, y de paso ese retrato de degradación y pérdida se convierte en la crónica de un amor conyugal en mayúsculas.


4. En el cine de Haneke la familia ocupa un papel fundamental porque esta es también el pivote del tejido social de un mundo enfermo. En la casa familiar se esconde la semilla del mal, la génesis de lo inenarrable, justo aquello que Haneke narra sin caer en la compasión ni en el castigo gratuito. Por lo contrario, en Amor la familia es una fuente de cariño, el resorte que une a los personajes y les da sentido - en calidad de marido, mujer o hija - en la narración. Ello no quiere decir que estemos ante una relectura o reconsideración de tesis por parte de Haneke, pero sí demuestra, al reducir el aparato narrativo a los mínimos elementos y actantes, cuáles son los ejes del cine hanekiano: los personajes y los espacios. Los primeros, porque en ninguna otra obra del austríaco tuvieron tanta preeminencia, y porque simbólicamente la película funciona como homenaje y testamento de dos mitos del séptimo arte: Riva y Trintignant. Y los segundos, porque se funden con los seres que los transitan, porque a medida que avanza el metraje el piso de la pareja se oscurece, y porque en el entramado de habitaciones, puertas, ventanas y mobiliario, incluso en la metafórica paloma que se cuela por el tragaluz de la casa, Haneke encuentra no solo un escenario para su acción sino un espacio humano - por primera vez Haneke, atento hasta hoy a los problemas de la clase media, se dirige sin rodeos a una clase media alta, una burguesía urbana formada, con sensibilidades artísticas y una situación aparentemente plácida que acaba afectada por los ineludibles e igualitarios caprichos del destino -.


5. Por todo esto, Amor es la película más accesible de Haneke, entendiendo obviamente que dicha accesibilidad está en consonancia con el riesgo y la dureza propia de su autor. Amor impacta y conmueve en un plano más primitivo respecto El vídeo de Benny, La pianista o Caché (Escondido), porque la perversión no emana tanto de los caprichos de su firmante sino de las fuerzas de la naturaleza que nos atañen a todos. En Amor, en definitiva, Haneke desaparece, mientras que la figura del director actuaba como sombra alargada en cada fotograma de sus anteriores películas. Dicha sensación de verismo, siempre falsa al estar ante una ficción, encuentra en Amor su versión más pura. El de Haneke es un cine de la contemporaneidad, y Amor funciona en contraposición como historia de valor universal y atemporal. Esa matizada accesibilidad, unida a su condición de cine de autor que acaba perdiendo la mirada del director para acoger en sus entrañas las leyes implacables de la vida y de la muerte, es lo que entusiasmó a un cineasta tan estimulante y efectista como Nanni Moretti, presidente del jurado en Cannes. También la razón por la que los académicos y los críticos estadounidenses, por lo general acostumbrados a aplaudir productos adocenados, siempre en constante lucha con la noción de autor, han elevado la película allí donde La cinta blanca, más compleja y robusta en todos sus apartados, no logró imponerse.


6. A Amor, en definitiva, le falta la fuerza del típico juego hanekiano. Conmueve, incluso noquea, pero carece del ritmo endiablado del típico rompecabezas que propone Haneke desde El séptimo continente - del que Amor puede ser incluso su antónimo: ambas cuentan la destrucción de un núcleo familiar, la primera impuesta por los propios individuos y la de ahora por aquello que no está en manos de los seres humanos -. Uno puede ver Caché (Escondido) en constante loop porque todo queda velado, porque nada termina nunca. Amor es el viaje hacia un fin, y por su estructura no costaría pensar en ella como la película que cierre la filmografía del anciano Haneke, al menos como una de sus últimas obras. Es un realismo sin subrayados ni adulterantes, pero Haneke está, aunque no lo parezca. Y si está, la poesía fúnebre, la ironía ficcional y la libre interpretación también hacen acto de presencia. También el cine de primera orden, porque Amor es pese a todo una gran película. Y para demostrar todo esto, uno puede comprobar cómo Haneke empieza por el final, dejando claro que su narración no va encaminada ni hacia el golpe de efecto ni a la sorpresa - y por lo tanto, desestima la resolución esperanzadora desde el primer momento -. Cómo la función de los secundarios - el portero español, el antiguo alumno de la protagonista, la hija del matrimonio - vuelve a ser la propia del thriller, la de intrusos en un mundo que aun siendo suyo no les pertenece. Cómo el sonido del agua de un grifo sirve de nexo para una de las escenas clave, mecanismo hanekiano hasta la médula en un momento más dramático de lo habitual. Cómo Haneke relaciona poéticamente la llegada de la muerte con una amenaza exterior, antes expresada con la muerte de una niña, las jugarretas de unos bándalos o unas cintas de vídeo de extraño contenido - la ruptura inicial se produce cuando tras llegar de un recital los personajes observan la cerradura de la puerta de su casa forzada, una idea de ataque exterior que la película justifica al ser un relato de interiores y que llega a su máxima expresión en la escena del sueño de Trintignant -. Y cómo Haneke termina su relato de forma nada convencional, un broche de oro inmejorable: el protagonista parece volver a la normalidad y sale de la casa, sumido en brumas, rodeado de fantasmas, y muriendo, simbólicamente, ante nosotros; y acto seguido, la puerta vuelve a abrirse por última vez por la hija que interpreta Isabelle Huppert, y la pérdida del personaje queda sintetizada con las mismas habitaciones, esta vez abiertas y bañadas de luz, en símbolo del vacío interior y exterior al que tendrá que hacer frente una vez que la muerte se ha llevado definitivamente a sus seres queridos, y por lo tanto a parte de su ser. Momentos de una rotundidad y una intensidad propias del que tal vez sea el mejor cineasta en activo.


Para cinéfilos que llaman a las cosas por su nombre.
Lo mejor: El trabajo de Trintignant y sobre todo Riva está por encima de la interpretación.
Lo peor: Los fieles de Haneke añorarán que el cineasta no haya incubado de nuevo el huevo de la serpiente.
Nota: 8