martes, 15 de abril de 2014

Crítica de CACHITO, de Enrique Urbizu


Pistoleros, camioneros y prostitutas
CACHITO, de Enrique Urbizu (España, 1996)
¿De qué va?: El día que muere su abuela, Toñi descubre un secreto familiar que cambiará su vida: su madre sigue viva y trabaja en un hotel cerca del sur de España. Toñi, sin equipaje y haciendo autostop, llega hasta el lugar donde hace 15 años estuvo su madre: el hotel resulta ser un puticlub, y el dueño del local decide secuestrarla para satisfacer los fetichismos de un cliente. Un camionero exconvicto saldrá en su ayuda, y a partir de ese momento unos y otros se verán envueltos en una frenética persecución por las carreteras de Andalucía. El objetivo: llegar a Tarifa y encontrar a la madre de la joven.
El dato: Quinto largometraje del realizador vasco Enrique Urbizu, tras el cual estuvo un lustro sin rodar hasta La caja 507. Fue el segundo trabajo en el cine de Amara Carmona tras Alma gitana y el primero que rodó Perugorría en España, famoso por Fresa y chocolate, junto a Dile a Laura que la quiero. Se estrenó en marzo de 1996 sin apenas repercusión y nunca fue editada en dvd.


Reseña: El cine de Enrique Urbizu pone sobre la mesa las constantes del cine norteamericano masculino, del thriller de acción al western, y las iberiza, de forma que sus películas resultan puro cine y al mismo tiempo productos de mirada enteramente cinéfila, ya que Urbizu no imita sino que toma modelos y los adapta sin caer ni en la copia ni en el ridículo. Cachito es una road movie muy bien contada, con una viveza admirable, unos personajes definidos y un crescendo digno de esas tierras andaluzas polvorientas que en su día acogieron los rodajes de los spaghetti westerns de turno. Urbizu monta su film de forma que cada personaje tiene un rol definido dentro del poblado (el malo, el subnormal, la puta, el salvador, la joven ingenua: Bigas Luna ya jugó con esas etiquetas). Cachito no tiene demasiado sentido (dista de ser la profética crónica de corrupción de La caja 507, el relato intimista de La vida mancha o el inteligente juguete narrativo que era No habrá paz para los malvados), y no le hace falta: es un digno entretenimiento, carne honrosa de videoclub, repleto de comedia extrema y roña maloliente. Sancho Gracia realiza el trabajo más desenfadado y mítico de su carrera, parodia incluso de Curro Jiménez, junto al actor de 800 balas. Jorge Perugorría pone toda su carne cubana en el asador y matiza un dandi de carretera estimable. Amara Carmona, desaparecida del cine, es la perfecta niña virginal. Aitor Mazo interpreta un retrasado mental sin higiene tan creíble que cuesta entender por qué no fue nominado al Goya. Y Elvira Mínguez está estupenda como madame pasada de vueltas y harta de todo. Un juguete con callos en los dedos y, paradójicamente, nombre de balada inofensiva. No pasará a la historia, pero es un divertimento quinqui más que eficaz.


Para cinéfilos con alma de vaquero.
Lo mejor: Su sentido del ritmo.
Lo peor: El gag de la olla y la cocaína.


lunes, 14 de abril de 2014

SEMANARIO 54: LOS POSTS DE LA SEMANA

¿Te perdiste algún escrito del blog? Con nuestro semanario puedes recuperar las distintas publicaciones de todas las semanas. En el margen derecho del blog, en la sección 'semanario', puedes (re)leer los distintos artículos ordenados.

CONTENIDOS DEL BLOG


Del 07 al 13 de abril de 2014

Cinoscar Summer Festival: FILM INAUGURAL

Cine español: Reseña de SON DE MAR, de Bigas Luna
Cine 2013: Reseña de UN PLAN PERFECTO (GAMBIT), de Michael Hoffman
Cine queer: Reseña de ALLEGRE MA NON TROPPO, de Fernando Colomo
Cine nórdico: Reseña de BAILANDO CON REGITZE, de Kaspar Rostrup

sábado, 12 de abril de 2014

Crítica de UN PLAN PERFECTO (GAMBIT), de Michael Hoffman


Los hermanos Coen saben cuándo tienen entre manos un material con posibilidades, y tal vez por eso han dejado que el guion de Un plan perfecto, no muy alejado de las pesquisas cómicas de Quemar después de leer y otras, lo dirigiese Michael Hoffman, un cineasta bastante hacendoso. Sin haber visto la primera versión de los años 60 y desconociendo qué película hubiese resultado con otro capitán al timón, hay que reconocer que Un plan perfecto, desde sus animados títulos de crédito, es un inusual ejercicio por traer hasta la actualidad la esencia sofisticada de la screwball comedy de antaño. A la contra de las comedias bobaliconas que nos llegan del otro lado del charco, en Un plan perfecto no hay palabras gruesas, el humor descansa sobre la estupidez simpática de sus criaturas y la parodia se sitúa inteligentemente en el terreno de la irrealidad e idealización absoluta. No encontrarán en toda la lista de estrenos del año pasado un producto tan blanco y entrañable como este, aunque en el fondo también sea bastante inofensivo y perecedero. Seguramente la presencia de Cameron Diaz prometía a ciertos sectores la comedia desaforada que Un plan perfecto no es, mientras que Colin Firth, asociado en su última etapa a films de cierta hondura dramática, ha confundido a los que buscaban una comedia ' de qualité', nada parecido a este plan que no se toma en serio ni a sí mismo. Sin llegar a ser una maravilla, ver a Firth en apuros haciendo equilibrios en la fachada de un hotel de lujo, a Diaz simulando ser una tonta con enjundia y a Rickman con el rictus más severo que el que ya vimos en la saga Harry Potter tiene su qué. No es un plato completo, pero como té con pastas a entrehoras cumple de sobras. ¿O somos demasiado benévolos?


Para los que disfrutan con el contagio de la risa tonta.
Lo mejor: Su falta absoluta de pretensiones.
Lo peor: No deja la huella de los films en los que se inspira.


viernes, 11 de abril de 2014

CINOSCAR SUMMER FESTIVAL | ¡DESVELAMOS EL FILM INAUGURAL!


Desde Cinoscar & Rarities seguimos preparando el Cinoscar Summer Festival 2014, una edición que superará en número de obras y variedad de propuestas a la primera edición. Hace unos días os contábamos que PETER GREENAWAY será el director homenajeado del certamen, y hoy podemos desvelaros más novedades. Ya conocemos el FILM QUE INAUGURARÁ el festival, una obra que da prueba del altísimo nivel de los largometrajes y los cortometrajes que reseñaremos a partir de junio. PERDICIÓN (DOUBLE INDEMNITY), el clásico de Billy Wilder nominado a 7 premios Óscar, será el encargado de dar el pistoletazo de salida al festival. La película concurrirá fuera de concurso y la publicación del post será a finales de mayo (día todavía por determinar). Posteriormente, en el blog aparecerán puntualmente las diferentes obras a concurso: en breve os contaremos el calendario y todo el desglose de obras del festival. Hasta el DOMINGO 20 DE ABRIL todavía podéis sumaros al festival con las obras que más os gusten: os prometemos un verano lleno de cine y cinefilia. 


De nuevo, os dejamos con el POST INICIAL con toda la información del certamen. ¡Os esperamos!

jueves, 10 de abril de 2014

Crítica de ALEGRE MA NON TROPPO, de Fernando Colomo


Música, maestros
ALEGRE MA NON TROPPO, de Fernando Colomo (España, 1994)
¿De qué va?: Pablo acaba de separarse de su novio y su vida no podía ser más estresante: su madre sigue tratándolo como un niño, y su padre, un reputado profesor de música, pone trabas a su incipiente carrera como músico. Tras un casting, Pablo conoce a Salomé, una valenciana veinteañera con la que entabla una fuerte amistad. Salomé está dispuesta a terminar con los problemas de Pablo, y tras una visita a un peculiar psicólogo ambos reciben una sorprendente noticia: Pablo en realidad no es homosexual, y sus desórdenes sentimentales se deben a diversos traumas que arrastra desde la infancia. Unos problemas que se acentuarán cuando Salomé se enamore del padre de Pablo durante unos cursos musicales en Santander.
Palmarés: Nominación al Goya al mejor actor de reparto para Óscar Ladoire. Premio especial del jurado del Festival de París 1995. Mejor actor (Ponce) y mejor guion (Colomo y Oristrell) del Festival de cine de Peñíscola 1994. Nominación para Penélope Cruz al Fotogramas de Plata a la mejor actriz española del 1994.


El dato: El film se estrenó en España el marzo de 1994. Su presupuesto fue de 210 millones de pesetas y produjo Fernando Colomo P.C. Es el primer trabajo de la actriz Nathalie Seseña y una de las primeras apariciones de Jordi Mollá y Javier Cámara en la gran pantalla, ambos con papeles muy pequeños, tras formar parte del elenco de Historias de la puta mili y Rosa Rosae respectivamente.


Reseña: Alegre ma non troppo tiene ritmo. El ritmo de los instrumentos bien afinados: la trompa que toca Pablo, músico gay que duda de su condición sexual, y Salomé, una chica enérgica que cambiará la vida de su amigo. El ritmo de unos actores en estado de gracia: la madre sobreprotectora que da vida Rosa María Sardá parece escrita a la medida de la cómica catalana, mientras que Óscar Ladoire tiene entre manos uno de sus trabajos más interesantes. El ritmo de la buena comedia: Oristrell y Fernando dotan a la historia de gancho, de diversión y de ternura, más un plus de clase, vodevil inteligente y un blanco retrato de la amistad, el descubrimiento sexual y el mundo que se esconde en los castings, pruebas, ensayos y conciertos de los jóvenes talentos musicales. Y el ritmo de los films noventeros repletos de vitalidad, que ofrecen una sana distracción y que se dirigen a un público amplio y familiar. Todo ello, en directo y en conjunto, termina por dar Alegre ma non troppo, una buena pieza de orquestra y una de las comedias más redondas de Fernando Colomo. Elegante y refinada, paródica a la par que respetuosa con los personajes, surrealista pero nunca desmedida. Alegre ma non troppo se quedó en vinilo, y aunque nunca se editó en dvd ni ninguna televisión la ha recuperado vale muchísimo la pena. De cuando la comedia española coge lo mejor de su innegable personalidad, del humor británico y de la screwball norteamericana.


Para artistas con sentido del humor.
Lo mejor: Cuando aparece Sardá, el film es una fiesta.
Lo peor: Algún exceso perdonable a mitad de función.

miércoles, 9 de abril de 2014

Crítica de BAILANDO CON REGITZE, de Kaspar Rostrup


Cosas que hacen que la vida valga la pena
BAILANDO CON REGITZE (DANSEN MED REGITZE, DÍAS DE FIESTA, 
MEMORIES OF A MARRIAGE), de Kaspar Rostrup (Dinamarca, 1989)
¿De qué va?: Hace tiempo, el tímido Karl Aage se enamoró de la valiente Regitze en un baile. Ahora, décadas más tarde, el anciano matrimonio celebra una fiesta en su residencia de campo. Al evento están invitados todas las personas que han sido parte decisiva de las vidas de ambos, y Karl Aage no puede evitar debatirse entre la celebración del presente y los recuerdos del pasado.
Palmarés: Nominación al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Premio del público del Festival de Lübeck. Premio a la Contribución Artística del Montreal World Film Festival. 4 premios Bodil y 5 premios Robert, principales galardones del cine danés, incluyendo en ambos casos los reconocimientos a mejor película, actor y actriz protagonista.
El dato: Es la única película en la historia de los Bodil daneses que ha ganado los 4 galardones correspondientes a los apartados de interpretación. Aunque nunca se estrenó en España, sí logró distribuirse en Argentina con el título español de Días de fiesta. Se estrenó en Dinamarca el 17 de noviembre de 1989 y está considerada un clásico de la cinematografía nórdica. Es el film más exitoso de la corta trayectoria del cineasta Kaspar Rostrup, que actualmente cuenta con 73 años y cuyo último trabajo es del año 2000: A Place Nearby.


Reseña: Hollywood encumbró hace veinticinco años este melodrama nórdico sobre la vida de un matrimonio en su ocaso: ese 1989, la Academia norteamericana premió un film de corte similar como Paseando a Miss Daisy, y también se dejó llevar por la nostalgia al defender a Cinema Paradiso en la categoría de película de habla no inglesa. Volviendo al norte, su lugar de procedencia y donde ahora tiene la entidad de clásico, Bailando con Regitze es un corto y bonito cuento sobre la compleja vida en pareja y la necesidad de vivir mirando hacia adelante, superando los escollos del camino, perdonando a los que nos hacen daño y disfrutando de cada segundo. El film es una colección de estampas agriculces en las que todo espectador, sea cual sea su ética y su procedencia, sabrá ver las diferencias de generaciones y los miedos y deseos comunes a todos. En este sentido, la película está un tanto desfasada: su fórmula, incisiva cuando debe pero en conjunto más bien amable, resulta tan conseguida como indudablemente añeja. Momentos graciosos como la huelga de hambre de la abuela se combinan con la crudeza del final o la crítica social que esconde el fashback de la graduación del hijo. Un regalo deliciosamente envuelto de humanidad y nostalgia, tan sentimental y bello como revisar las fotografías en blanco y negro de esos álbumes que guardamos en el altillo de casa, o como escuchar esos vinilos cuyas canciones, sorprendentemente, podemos cantar de corrillo pese al paso del tiempo. Arqueología ligeramente pastelosa del mejor cine danés.


Para nostálgicos enfermizos.
Lo mejor: El trabajo de sus actores.
Lo peor: No deja de ser un irregular resumen de escenas más o menos simpáticas.


martes, 8 de abril de 2014

Crítica de SON DE MAR, de Bigas Luna


'He cruzado todos los océanos de este mundo para saber que no puedo vivir sin ti'
SON DE MAR, de Bigas Luna (España, 2001)
¿De qué va?: Ulises llega a un pueblo marítimo para dar clases de literatura en el instituto local. Martina, la hija de la pensión donde se hospeda, obsesiona a Ulises hasta tal punto que entre los dos surge una relación amorosa y sexual intensísima. Martina se queda embarazada, la pareja se casa, y cuando todo parece ir perfecto Ulises fallece en el mar. Años después, Martina consigue rehacer su vida con Sierra, un empresario pragmático, poco cariñoso y ególatra, un hombre muy diferente a Ulises. Pero Ulises, devuelto por la marea, expulsado del reino de los muertos, vuelve a la vida de Martina...
Palmarés: Sección oficial del Festival de Málaga 2001 y Verona 2002. Proyectado en el Festival de Karlovy Vary 2001. 2 candidaturas a los premios Goya 2001: mejor actor de reparto (Jordi Fernández) y mejor guion adaptado. Premio Sant Jordi y nominación al Butaca al mejor actor español del año para Jordi Fernández, ex-aequo por Son de mar, Fausto 5.0 y La voz de su amo.
El dato: Luna, fiel a su querido Mediterráneo, filmó Son de mar en Denia, localidad de la costa alicantina. Es el antepenúltimo largometraje del director de Jamón, Jamón. El guion es obra del célebre Rafael Azcona a partir del libro homónimo del escritor y periodista valenciano Manuel Vicent. La mayoría de los versos que recita el protagonista pertenecen a La Eneida, la obra de Virgilio. Tras su intervención en la serie Raquel busca su sitio y en los tres primeros largometrajes de Pablo Llorca, Leonor Watling despuntó en sus dos trabajos como protagonista en A mi madre le gustan las mujeres y Son de mar, y por esta última se ganó el título de una de las actrices más sexys del año, honor que repitió años más tarde con Deseo y la Alicia de Hable con ella: Watling es junto a Ángela Molina, Penélope Cruz y la italiana Francesca Neri la única actriz que puede presumir de haber sido una 'chica Almodóvar' y 'Luna' a lo largo de su carrera. El film se estrenó el 8 de junio de 2001 y recaudó casi 1 millón de los actuales euros: coincidió en un año especialmente erótico para el cine español con títulos como Lucía y el sexo, Juana la Loca o Y tu mamá también. El film se estrenó en países como Alemania, Israel, Bélgica, Italia, Rusia y Corea del sur.


Reseña: Bigas Luna filma en Son de mar su película más mitológica tras Volavérunt y La camarera del Titanic, dos proyectos complejos a nivel técnico. El peso de la literatura grecolatina aparece con nombre del héroe, Ulises, un profesor que sucumbe a las pasiones carnales que tanto interesaron al genio catalán. El film continúa con las principales señas de su autor: el triángulo amoroso, oposición de contrarios, es la figura geométrica básica mediante la cual la damisela se deja mecer cual embarcación a la deriva entre la sensibilidad del amante y la seguridad material del marido (todo ello símbolos de cualquier relación de posesión y dependencia amorosa). Pero por encima de todo Luna conjuga sus lecturas y sus sempiternas obsesiones para crear un cuento mediterráneo, con una primera parte dulce y una resolución amarga: el ático de un gran edificio a primera línea de costa, el mismo que fuera símbolo fálico de la prepotencia ibérica del protagonista de Huevos de oro, es aquí la torre del castillo donde la bella durmiente despertada encierra a su príncipe tras su odisea amorosa. Una fábula que termina en alta mar, con un plano bellísimo, de gran potencia trágica, que eleva el mar a la categoría de estado de ánimo o realidad casi metafísica. Luna, que de haber vivido en otra época hubiese sido un trobador con un gran reparto de cuitas amorosas, o tal vez un Ulises viajero en busca de nuevas historias, regala a los amantes de Son de mar un privilegio con el que no contaban los cuerpos magullados de Jamón, Jamón: su amor trasciende a la muerte ('mas polvo enamorado'), seguramente porque el mar ofrece una paz y una pureza imposible de encontrar en la rugosidad terrenal donde residen 'la puta', 'la hija de la puta' o 'el chorizo' del mítico film. No es el trabajo más conseguido de Luna, pero sí el más poético, el más implicado con el palpitar de sus personajes; y formalmente, el más estilizado, el más europeo, universal y atemporal.


Para los que no pueden vivir sin oír el rumor del mar
Lo mejor: La pasión de su pareja de actores.
Lo peor: El segundo tramo de metraje pierde un poco del encanto inicial.


lunes, 7 de abril de 2014

SEMANARIO 53: LOS POSTS DE LA SEMANA

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CONTENIDOS DEL BLOG


Del 31 de marzo al 06 de abril de 2014

CINOSCAR SUMMER FESTIVAL: Vídeo promocional

Estreno: Reseña de GUILLAUME Y LOS CHICOS... ¡A LA MESA!, de Guillaume Gallienne
Estreno: Reseña de KAMIKAZE, de Álex Pina
Cine español: Reseña de DEPRISA, DEPRISA, de Carlos Saura
Clásicos modernos: Reseña de EL FIN DEL ROMANCE, de Neil Jordan


domingo, 6 de abril de 2014

Crítica de KAMIKAZE, de Álex Pina


Una película como Kamikaze sirve para tomar la temperatura al nuevo cine español. La comedia local disfruta de un momento de oro con Ocho apellidos vascos, y a ello se suma el entusiasmo que levantaron La gran familia española y Tres bodas de más la temporada pasada. Kamikaze, firmada por Álex Pina, uno de los responsables de series de éxito como El barco, Los hombres de Paco y Los Serrano, es un ejemplo más de película diseñada para el entero disfrute de la audiencia, con un lenguaje muy reconocible pero al mismo tiempo creativo y una gran capacidad por conceder a sus intérpretes unos personajes que les permiten explotar su vis tanto cómica como dramática (aquí se incluye la reivindicación de dos veteranos, Héctor Alterio y Eduardo Blanco). El gran acierto de Kamikaze es su juego de contrarios: el thriller se alía con la comedia coral, la gran factura técnica se conjuga con un guion que cuida a sus personajes... y su mensaje, no por obvio menos necesario en tiempos de discordia, convence a todo tipo de espectadores. No es una operación redonda, pero no es nada 'kamikaze': es un paso más de una comedia local que busca nuevas formas para seguir creciendo, contando, como debe ser, con la complicidad del público.


Kamikaze arranca como una película de Hollywood: Slatan, un joven de Karadjistán con un truculento pasado a sus espaldas, decide autoinmolarse en un vuelo Moscú-Madrid para denunciar la represión que el gobierno ruso infringe a las gentes de su país. Finalmente el vuelo se cancela por culpa de un temporal de nieve y Slatan se ve obligado a convivir con un berlanguiano grupo de españoles en un hotel rural en mitad de la nada. El cosmos tragicómico que dibujan los personajes choca con el mundo de Slatan, hasta el punto de hacer trizas su plan terrorista. Pina continúa la historia con muchísimo cariño, con gags bien armados, flashbacks bastante atinados y un temple poco común en nuestro cine a la hora de dar forma a los pasajes de acción (su prólogo y epílogo no tienen nada que envidiar a las producciones estadounidenses con aviones de por medio). Puede que la unión de comedia, drama y trama policíaca no sea del todo homogénea, pero el film reivindica la diferencia, casi siempre resulta creíble y nunca deja de tener cierto encanto. A simple vista Kamikaze contiene distintas películas en una, pero a juzgar por el buen sabor de boca que ha dejado el film en la reciente Fiesta del cine parece que el público entiende el mensaje de la cinta y sabe perdonar sus contados desajustes. Kamikaze, defectos aparte, cae en el saco de las películas tremendamente simpáticas, dulces por fuera y crudas por dentro, como sucedió hace un par de años con Maktub. En la estepa rusa los personajes dejan aflorar sus heridas y alegrías, y a su vez el crítico atento sabrá ver una bonita referencia a una cinematografía, la nuestra, que se debate entre el costumbrismo de toda la vida y el riesgo de unos guiones ágiles que abren sus fórmulas a sentidos del humor y a contextos del todo insospechados. La comedia 'tópica' de Martínez-Lázaro deja poco pastel de taquilla para repartir, pero tiempo al tiempo: Kamikaze gusta y le espera una gran carrera internacional.



Para amantes de películas blancas, originales y terapéuticas.
Lo mejor: Arriesga y vence, que no es poco.
Lo peor: El excesivamente lacrimógeno personaje de Verónica Echegui.


sábado, 5 de abril de 2014

VÍDEO | CINOSCAR SUMMER FESTIVAL 2014: ¡ÚLTIMOS DÍAS PARA PARTICIPAR!

La cuenta atrás está a punto de terminar: ¡quedan 2 SEMANAS para participar en el CINOSCAR SUMMER FESTIVAL 2014! Tenéis HASTA EL 20 DE ABRIL para mandar vuestras propuestas en largometraje, cortometraje, obras amateurs y obras fuera de concurso: os recordamos el post introductorio donde tenéis toda la información. Y como muchos nos habéis escrito comentando dudas sobre el festival, hemos intentado resumir el festival en el siguiente vídeo. ¿Necesitáis ayuda? ¿No sabéis con qué obras participar? Os damos algunas pistas:


Podéis escribir a xavi_23990@hotmail.com con vuestras sugerencias, 
o bien remitiros a los perfiles de Facebook y Twitter del blog. ¡Os esperamos!

viernes, 4 de abril de 2014

Crítica de EL FIN DEL ROMANCE, de Neil Jordan


El manual del celoso enfermizo
EL FIN DEL ROMANCE (THE END OF THE AFFAIR), de Neil Jordan (Reino Unido, 1999)
¿De qué va?: Una noche de lluvia, Maurice coincide con su amigo Henri. Maurice es un escritor que mantiene una relación secreta con Sarah, la mujer de Henri. Y Henri es un aburrido funcionario implicado en un matrimonio tan consolidado como poco apasionado. Henri y Maurice llegan a un pacto: un detective seguirá los pasos de Sarah para determinar si la mujer está cometiendo o no adulterio. Aprovechando el retorcido plan, Maurice utilizará su condición privilegiada para espiar a Sarah, ya que cree que ella le es infiel con otro hombre. Mientras, la Segunda Guerra Mundial planea en la capital en forma de bombardeos. En uno de esos ataques, Maurice resulta herido y Sarah decide tomar una decisión que pondrá en jaque a todos los hombres de su vida.
Palmarés: Nominación al Oscar a la mejor actriz protagonista y a la mejor fotografía. 4 candidaturas a los Globos de oro: mejor film, director, actriz y banda sonora original. 10 aspiraciones al Bafta británico: ganó en mejor guion adaptado. Nominación al SAG, y Chlotrudis a la mejor actriz protagonista del año. Evening Standard British Film Award al mejor guion adaptado del año. 4 candidaturas por parte del Círculo de Críticos de Londres: mejor película, director, actor (Fiennes) y actriz (Moore) del 2000.
El dato: Graham Greene, escritor de la novela homónima que inspira el film, es el autor de otros títulos posteriormente llevados al cine: destacan El tercer hombre y El americano impasible. El libro tuvo su primera traslación al cine el año 1955 con una versión dirigida por Edward Dmytryk y protagonizada por Deborah Kerr y Van Johnson. Aunque en el Reino Unido y en el resto de países europeos se estrenó a principios del año 2000, Columbia Pictures estrenó el film el 3 de diciembre de 1999 en Estados Unidos para poder aspirar a los premios de la Academia, una estrategia que posteriormente tuvo sus frutos en forma de dos nominaciones. El film es una de las diez colaboraciones entre el actor Stephen Rea y el cineasta Neil Jordan. Posteriormente, Jordan volvió a contar con Fiennes en El buen ladrón (2002).


Reseña: El fin del romance, una de las películas más premiadas de Neil Jordan, es una historia de amor y celos rodada con elegancia. Fiennes y Moore, actores de rostro y cuerpo clásico, moldean un drama que juega con los tiempos y que acaba enmarañando al espectador en la red de sentimientos vividos y expresados al máximo por sus protagonistas. El film funciona con la precisión y la seriedad de la mejor tragedia british: en todo momento apetece escuchar sus diálogos, observar a los actores y dejarse llevar por el Londres en tiempos de guerra. Tal vez por ese carácter típicamente inglés, Jordan nos niega escenas íntimas más torridas, momentos que hubiesen servido para reforzar la arquitectura amorosa de la película. Su finura, en definitiva, puede leerse como asepsia: acaban funcionando mejor sus trucos formales y sus coqueteos con el thriller (especial mención para la escena en que Fiennes, amante celoso, visita la casa del párroco) que como film de amores imposibles (por mucha teoría y frase embellecida, cuesta detectar verdadera pasión en sus fotogramas). Con todo, el clímax de escenas como el encuentro en la cafetería y la tensión inherente de todo triángulo pasional salvan y diferencian El fin del romance de la vasta lista de películas, tanto clásicas como contemporáneas, que se han atrevido a hablar sobre la necesidad de poseer a la persona querida en todo momento a cualquier precio. Al fin y al cabo, El fin del romance se parece demasiado, y eso corre en su contra, a demasiadas propuestas paralelas, aunque entendemos perfectamente que Fiennes, tras ser El paciente inglés, perdiese la cordura por una siempre exquisita Julianne Moore.


 Para los que hayan sufrido alguna vez 'mal de amores'.
 Lo mejor: La cuidada puesta en escena.
Lo peor: Le falta carnalidad.


miércoles, 2 de abril de 2014

Crítica de DEPRISA, DEPRISA, de Carlos Saura


Los olvidados
DEPRISA, DEPRISA, de Carlos Saura (España, 1981)
Palmarés: Oso de Oro a la mejor película del Festival de Berlín 1981. Proyectada en el Festival de cine de Chicago.
Reseña:  Entre la posguerra y la Movida Madrileña, o entre el Destape y la nueva comedia madrileña a efectos cinematográficos, surgió una gran corriente de cine quinqui capitaneado por nombres como Eloy de la Iglesia y José Antonio de la Loma. Aunque por fechas hablamos de un género muy limitado y delimitado, sus títulos más conocidos, Yo, El Vaquilla, las dos partes de El lute y La estanquera de Vallecas, escapan de ese corsé temporal y llegan hasta finales de los 80, y más lejos todavía si incluímos dentro de este apartado títulos de producción más o menos reciente como Volando voy o algunas obras de Alberto Rodríguez. Por ello, es imposible hablar de estos títulos sin citar nombres anteriores y posteriores o sin remitirse a la idiosincrasia española de toda la vida, presente, como no podría ser de otra manera, en toda la producción cinematográfica local. Deprisa, deprisa es uno de los pilares de ese cine cine ochentero y el Oso de oro conquistado en el Festival de Berlín lo sitúa dentro de la lista de films más influyentes de su década.


Carlos Saura, muy apegado al flamenco y al latir de la tragedia clásica, cuenta la historia de una banda de jóvenes delincuentes de poca monta que viven sin pensar en el mañana. Saura define a sus criaturas como unos parias sin familia que deambulan por descampados y bares, y que han hecho del hurto, el consumo de drogas y la ley de la navaja su única forma de subsistencia y existencia, un ritmo frenético que termina por estallar. Deprisa, deprisa es un estudio inteligente de los mecanismos y los códigos de la marginalidad, dotado de un gran sentido del ritmo, una estupenda descripción de personajes y buen pulso a la hora de resolver las escenas de acción. En voz baja, la película cuestiona a toda la sociedad y construye un relato de gran profundidad sobre los adolescentes en peligro de exclusión que ni pueden ni quieren acoplarse al sistema. Ahora los tiempos han cambiado, pero el paisaje no ha diferido demasiado: alrededor de las grandes ciudades siguen concentrándose antiguos pisos de clase obrera, con elevados índices de delincuencia, mayor índice de población inmigrante con respecto al núcleo urbano y escaso control por parte de policías e instituciones sociales. Por todo ello, el visionado de Deprisa, deprisa sigue siendo muy recurrente: Ángela, Julieta sin Romeo, sigue a día de hoy alejándose en el horizonte a paso lento, sin destino fijo ni equipaje, en esta 'España del quiero y no puedo'.



martes, 1 de abril de 2014

Crítica de GUILLAUME Y LOS CHICOS... ¡A LA MESA!, de Guillaume Gallienne


Hay películas que convencen por la claridad de su mensaje. Obras que llegan al espectador totalmente desnudas, sin rodeos ni ases en la manga. Historias que cuentan desde el minuto uno con la empatía de la platea, porque el espectador percibe en todo momento que lo que se está contando no sólo es verdad sino que forma parte del ser y sentir de los personajes que aparecen en pantalla. Uno de esos ejemplos es Guillaume y los chicos ¡a la mesa!, una narración autobiográfica que expone la tragedia de su protagonista con melancolía y con humor. Más allá de cualquier truco formal, el film impacta por la potencia de su punto de partida: Guillaume Gallienne, antes de convertirse en uno de los cómicos más respetados de Francia, vivió una infancia y adolescencia marcada por el capricho maternal de que él, en realidad, era una niña, y en su defecto, tiempo después, un joven afeminado, débil... y homosexual. El film, por lo tanto, explica cómo el Guillaume adulto supo encauzar toda su rabia e impotencia fruto de una educación castradora, y cómo finalmente salió victorioso de unas carencias afectivas e identitarias que arrastró durante largos años. Y precisamente hacer que todo ello resulte punzante pero no hiriente, irónico pero nunca de mal gusto; o bien lograr que su atípica premisa no acabe salpicada por los terrenos fangosos de lo políticamente correcto o incorrecto (conseguir, vaya, que el público homosexual no se sienta insultado y que la mayoría heterosexual no entienda el espectáculo como un disparate sin enjundia), son conquistas poco frecuentes que han convertido a Gallienne en el hombre más popular y laureado del año. Lo que se llama, en otras palabras (más francesas, sin duda), un 'succès total' que ha centrado portadas de periódicos, ha llenado horas de radio y televisión, ha vendido millones de entradas y ha contado con el beneplácito de la Academia de cine de su país (5 premios César, el mayor logro jamás alcanzado por una ópera prima gala).


Gallienne arranca la historia, su historia, con su aparición en el escenario de un teatro: de hecho, todo lo que vemos a continuación son reflexiones y episodios que el actor, desde las tablas, va relatando y rememorando para el público. El juego llega a dimensiones colosales, ya que el mismo Gallienne es el encargado de interpretarse a sí mismo en sus distintas etapas (infantil, juvenil y adulta) e incluso el responsable de dar vida a su propia madre. La película, con estas bases, va hilvanando episodios de distinto calado de forma aparentemente desordenada pero realmente recurrente: la sensación es la de estar asistiendo a un ejercicio de rememoración libre, de exorcismo personal y de revisitación entre íntima y pública de un amplio abanico de miserias y alegrías (del capítulo luminoso en la Línea de la Concepción al sarcasmo insoportable de ciertos episodios en la casa familiar). Gallienne nunca pierde el norte, mucho menos sinceridad, pero en ocasiones sus funciones de bufón rey de la comedia francesa hacen que la película concatene de forma involuntaria escenas que o bien ridiculizan en exceso al personaje o bien desdibujan la entidad del film como álbum de imágenes vitales: momentos como la visita a la médica que encarna Dianne Kruger, los tests del servicio militar o algunos pasajes en el internado inglés son meros gags de herencia televisiva que se despegan de la compleja autobiografía y que funcionan como insertos demasiado complacientes con el sentido del humor de un público mayoritario. Por suerte, Gallienne reconduce su crónica al terreno de lo humano y pone broche de oro al film con un monólogo psicoanalítico digno de elogio: de ahí que Guillaume y los chicos... ¡a la mesa! resulte tan lúcida y compleja como carente de odio y crítica.


El film puede parecer una revancha personal, pero en él no percibimos ningún amago de violencia. Una jugada casi perfecta. Es, eso sí, un esputo juguetón, ligeramente incómodo y eminentemente lúdico, con el que Gallienne, a tenor de lo recaudado, logrará reembolsar tantos años de psiquiatras y traumas. No es una obra maestra: si acaso original y valiente, que no es poco. ¿Su éxito está un tanto injustificado? Cierto. Pero apostamos a que una vez que termine la fama de Gallienne (los premios, en ocasiones, ceden ante el poder mediático de sus principales figuras) quedará una película abierta a muchas miradas, fácil de abordar desde distintos frentes y, por qué no, el taquillazo simpático pero de enorme dureza que llenó en 2013 las salas de una Francia que legalizaba, no sin polémica, el matrimonio homosexual mientras se producía una explosión de la ficción queer, La vida de Adèle prefería hablar de la pureza del amor (sin etiquetas) y El desconocido del lago exponía (sin tapujos) los mecanismos más oscuros del deseo.


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Para los que les gustan pisar las fronteras de la corrección-incorrección.
 Lo mejor: El salto mortal que realiza su actor-autor.
Lo peor: Algunos 'gags' reiterativos.


lunes, 31 de marzo de 2014

SEMANARIO 52: LOS POSTS DE LA SEMANA

¿Te perdiste algún escrito del blog? Con nuestro semanario puedes recuperar las distintas publicaciones de todas las semanas. En el margen derecho del blog, en la sección 'semanario', puedes (re)leer los distintos artículos ordenados.

 CONTENIDOS DEL BLOG


Semana del 24 al 30 de marzo de 2014

CINOSCAR SUMMER FESTIVAL: Homenaje a PETER GREENAWAY

Estreno: Reseña de UNA VIDA EN TRES DÍAS, de Jason Reitman
Estreno: Reseña de EL GRAN HOTEL BUDAPEST, de Wes Anderson
Cine nórdico: Reseña de BAJO EL SOL (UNDER SOLEN), de Colin Nutley
Cine español: Reseña de EL CALENTITO, de Chus Gutiérrez

domingo, 30 de marzo de 2014

CINOSCAR SUMMER FESTIVAL 2014 | ESPECIAL PETER GREENAWAY


En la primera edición del Cinoscar Summer Festival homenajeamos al fallecido cineasta griego Theo Angelopoulos con las reseñas de Paisaje en la niebla y El paso suspendido de la cigüeña, dos de sus obras más destacadas. Este año, el Cinoscar Summer Festival quiere confirmarse como una plataforma para dar o conocer y homenajear a distintos realizadores de suma importancia que por distintos avatares cinematográficos y extracinematográficos no han recibido las distinciones o la atención que se merecían. Con esta intención, el certamen de este verano rendirá tributo a la figura y sobre todo a la obra del director galés Peter Greenaway.
Greenaway, que dentro de pocos días cumplirá 72 años, ha conseguido imponerse tras cinco décadas de dedicación artística como uno de los 'enfant terrible' de la escena europea, y en este caso el concepto francés dista de ser gratuito, ya que Greenaway ha pasado de ser uno de los renovadores del cine a uno de los pocos cineastas que ha anunciado abiertamente (y de forma prematura) la muerte del séptimo arte. Así, entre contradicciones, polémicas y títulos de irregular valía, todos eclécticos y personales, discurre uno de los azotes más destacados a los que se ha enfrentado el espectador cinéfilo de finales y principios de siglo. 
Tras una formación pictórica, si bien en su currículum se incluyen pequeñas pasiones y aproximaciones a la fotografía, al montaje y a infinidad de artes plásticas, Greenaway vivió un momento de oro en los años 80 con obras que dieron mucho que hablar, aunque su huella se limitó al debate de determinado sector de la crítica. Greenaway se encontró con el público a finales de esa década con El cocinero, el ladrón, el amante y su mujer, su éxito más incontestable y seguramente su obra clave, la más tratada, la más visionada y a la postre la más recordada.


Los 90 confirmaron a Greenaway como uno de los directores que exploraron con mayor atino una estética y narrativa experimental: él descubrió y catapultó al intérprete Ewan McGregor en la película de culto The Pillow Book, si bien el actor irlandés ya había trabajado bajo las órdenes de Danny Boyle y en algunos proyectos para televisión. Con todo, Greenaway nunca dejó su impronta como nombre clave de la renovación que experimentó la esfera audiovisual: tras el ruido del Dogma 95, la narrativa de historias cruzadas y determinados juegos formales de la gran pantalla, Greenaway invirtió largos años en la trilogía de Las maletas de Tulse Luper, adorada y vilipendiada a partes iguales. Y la pista de Greenaway termina hace pocos meses, coincidiendo con la proyección en el pasado Festival de Sitges del documental colectivo 3X3D sobre la repercusión del 3D y la evolución del cine durante sus 120 años de vida.
En el Cinoscar Summer Festival 2014 trataremos las luces y las sombras del cine de Peter Greenaway. En el pasado, Greenaway pisó todos los certámenes habidos y por haber (Berlín, Venecia y Cannes a la cabeza, con una especial mención al citado Sitges, donde ha sido premiado en muchas ocasiones), pero su estantería de galardones dista de tener el peso de su larga trayectoria (este año ha recibido el Bafta de honor). Ahora, nuestro CSF se centrará en sus obras clave y en su temática más recurrente: los intríngulis, los caprichos y los designios presentes a la hora de crear arte, así como las obsesiones por el arte, la ciencia, el sexo y la muerte. A partir de junio, la familia bizarra de Greenaway formada por pintores, arquitectos, cocineros y miembros de la realeza llenará el muro del blog: os esperamos en este apasionante viaje a la compleja mente de un genio irrepetible.

Muy pronto daremos a conocer los títulos que conformarán la RETROSPECTIVA ESPECIAL a PETER GREENAWAY, desde ya segundo CINOSCAR AWARD DE HONOR concedido por el blog.
Y os recordamos que todavía estáis a tiempo de participar en el certamen con los largometrajes, cortometrajes y obras amateurs que queráis. De nuevo, os remitimos al post inaugural para conocer todos los detalles del festival. Esperamos vuestras aportaciones en los perfiles habituales del blog y en el correo electrónico xavi_23990@hotmail.com

sábado, 29 de marzo de 2014

Crítica de UNA VIDA EN TRES DÍAS (LABOR DAY), de Jason Reitman

Aunque a priori puede parecer que Una vida en tres días no tiene nada que ver con la filmografía anterior de Jason Reitman, el film establece numerosos puentes con la obra del que es uno de los narradores más interesantes del nuevo siglo. Lejos del tono cómico que lo caracteriza (o sea: de la sátira de Gracias por fumar, de la locuacidad adolescente de Juno, de la reinvención de las convenciones amorosas de Up in the air y de la negrura generacional de Young Adult), Reitman se adentra en el melodrama de resortes clásicos, un ejercicio arriesgado del que se extraen influencias de cineastas de cuño reciente como Todd Haynes, Todd Field o el mismísimo Clint Eastwood. La filiación de Reitman a la última comedia indie norteamericana puede despistar al espectador, pero en esencia su cine dista de ser cómico, al menos en sus bases estructurales. Una vida en tres días, en definitiva, amplía el muestrario de vidas al límite y de encrucijadas vitales marca de la casa: la alicaída mujer que da vida Kate Winslet, su hijo y el convicto fugitivo que reside con ellos durante unos días tienen, por ello, muchísimos nexos en común con el anterior charlatán encerrado en un bucle de propaganda contradictoria, la laureada adolescente que afronta su prematuro embarazo aparentemente con el mejor de los humores o el taquillero dandi viajero que despide al personal de distintas empresas. Reitman pone al mal tiempo buena cara, y en La vida en tres días la carcasa humorística se desprende, dejando a la superficie los deseos, las pulsiones y las goteras del relato. El cine de Reitman, en otras palabras, no ha cambiado sus señas, pero sí ha mutado formalmente, y es en ese apartado donde Una vida en tres días se convierte en una radiografía del desencanto de la Norteamérica de los 80, tiempo después de la década de los 50 que retrata Revolutionary Road y en el umbral del sentir yanki anterior al 11-S y coincidente con el cambio de milenio que retrata American Beauty.


Asumido el 'nuevo' rumbo que toma Jason Reitman, puede decirse que Una vida en tres días es un melodrama irregular que pese a sus flaquezas sale victoriosa por la sinceridad de los personajes, por la autenticidad de los actores que los encarnan y por el lirismo de un guion que en líneas generales sabe dibujar momentos de gran belleza. La película tiene la pericia de unir el drama de sus tres protagonistas, de forma que el film fluye lento pero con paso seguro: sorprende que el crecimiento-descubrimiento vital y sexual del hijo esté contado en paralelo al despertar de la madre y al revivir del hombre recién llegado (el personaje menor de edad, narrador de la historia, proyecta en esas vivencias un período curtidor cuyas consecuencias e influencias reverberan hasta el tiempo presente, mientras que los personajes adultos asisten a una nueva oportunidad inesperada para reconducir sus aciagos caminos tras dos desengaños amorosos). Con todo, los mecanismos para explicitar los dramas de los personajes resultan menos redondos: la voz en off es un recurso a ratos anticlimático, los personajes no terminan de contarse sus secretos (y cuando lo hacen, no siempre se resuelven de la forma más satisfactoria: Reitman habría ganado enteros con menos diálogos y símbolos más sutiles), y el recurso de cerrar la historia con un epílogo cuya trama se desarrolla treinta años después refuerza la sensación de que los bordes del film distan de estar todo lo pulidos que deberían.


Una vida en tres días, defectos aparte, está rica en matices que merecen un análisis más detenido, algo que honra a Reitman y que lo convierten en uno de los autores más avispados de su promoción. Solo citaremos un ejemplo: la escena en la que el niño compra una cuchilla de afeitar en la tienda ante la sorpresa del vendedor, acaso una simple anécdota, sirve para contar el anhelo infantil por un referente paternal (trauma que llega a la adolescencia: la cuchilla es una metáfora del paso del tiempo) y el doloroso ambiente femenino que preside la casa materna (la cuchilla como objeto que brilla por su ausencia en las estancias de la casa, transformadas en consonancia con la tristeza de la madre y su rechazo a cualquier referente del otro sexo), y a su vez conjuga el drama de interiores con el thriller al retratar la presión social que los habitantes de la villa ejercen sobre los personajes (hasta el punto que esas amenazas externas consiguen frustrar un final feliz que el espectador desea con vehemencia: la cuchilla, pues, es también un dibujo claro del filo que posteriormente cortará y separará sin remedio los destinos de los personajes). 


Una cinta, en resumen, con muchísimos frentes de interés pese a su dubitativa estructura formal. De ella, queda el poso de las grandes historias de amor, como hiciese veinte años atrás Los puentes de Madison. También la sensación de que el film merecía mejor fortuna en la pasada temporada de premios. Y una evidencia: quien escribe se emocionó enormemente en los últimos minutos de metraje, algo que no han conseguido otros estrenos más valorados por la crítica. No es una obra maestra, pero sí un notable drama al que este blog volverá en breve, libreta y lápiz en mano, con la caja de pañuelos cerca y los ánimos dispuestos a reivindicar un romance que, pese a durar tres días, abarca toda una vida.

Para reconciliarse con el amor y el cine romántico en mayúsculas.
Lo mejor: La escena del pastel de melocotones en la cocina.
Lo peor: La no siempre atinada conjunción de flashbacks y voz en off.

Posts relacionados:
Reseña de UP IN THE AIR, de Jason Reitman
Reseña de YOUNG ADULT, de Jason Reitman

Nota: 7

viernes, 28 de marzo de 2014

Crítica de EL GRAN HOTEL BUDAPEST, de Wes Anderson

Con Wes Anderson el espectador sabe que nada es lo que parece, que los personajes siempre actúan de forma excéntrica y que sus obras se definen por una puesta en escena estilizada, cercana a la ilustración infantil. El gran hotel Budapest hace honor a su rimbombante título y es todo lo que el curioso, seguidor o fan irredento de Anderson podía esperar: más chistes, más confusiones y más disparates en un ejercicio que bebe del cine de Hitchcock y de la literatura de Agatha Christie, todo en un interesante ambiente de entreguerras. El gran complejo hotelero se despliega cual caleidoscopio con puertas que siguen a otras puertas, un entramado interminable de pasadizos y un juego de perspectivas que entretiene a la audiencia: de las páginas de un libro sale su difunto escritor contándonos cómo años atrás, en un hotel situado en la montaña imposible de un utópico país de la Europa del Este, un anciano le relató la historia más increíble jamás contada sobre Gustave, el antiguo conserje del lugar, y Zero, su inseparable botones.


Una trama difícil de resumir, nada previsible y con un despliegue de medios, desvaríos y rostros conocidos absolutamente delicioso. Ahora bien: Anderson está tan en su salsa que su película, como las anteriores, parece la recreación de un juego personal con muñecos y 'clips' en el almacén de su casa, y quienes paguen la entrada pueden sentirse plenamente implicados con lo que se cuenta o totalmente desquiciados ante tantas chifladuras concatenadas. Afortunadamente El gran hotel Budapest no solo reúne el frenetismo y las peripecias de una tira cómica sino unos personajes muy bien elaborados, muy humanos y tremendamente contradictorios (detalle en el que personalmente fallaba la anterior creación andersoniana: Moonrise Kingdom). Tal vez Anderson carga demasiado las tintas de su cuento a mitad de metraje, aunque el desenlace es todo lo loco, locuaz y redondo que se podía esperar. El gran hotel Budapest, contra todo pronóstico, es una obra genuina que expande todavía más las fronteras imaginativas de Wes Anderson. No cuesta verla como un título de culto o una futura candidata a la estatuilla al mejor guion. Y el hotel del film, entre los más ilustres del séptimo arte, lista donde figuran los hospedajes de El resplandor, Psicosis o Lost in Translation.


Para los amantes de las películas con las 
muletillas clásicas de 'érase una vez' y 'colorín colorado'.
Lo mejor: Gustave, un personaje interesantísimo.
Lo peor: Sus tropocientos cameos y giros de trama pueden despistar al personal.

Posts relacionados:
Reseña de FANTÁSTICO SR. FOX, de Wes Anderson
Reseña de MOONRISE KINGDOM, de Wes Anderson

Nota: 7'5