miércoles, 12 de octubre de 2016

SITGES | CRÓNICA - DÍA 6


Día 6: Sitges se italianiza


La coincidencia hoy en Sitges de tres películas italianas nos lleva a reflexionar sobre las evoluciones de esta cinematografía mediterránea. En los últimos años, muchas voces han asegurado que el cine italiano está viviendo una segunda edad de oro. Sorrentino, Virzì o Bellochio tienen entidad de clásicos y siempre figuran en las selecciones oficiales de los festivales más prestigiosos. El Óscar alcanzado por La gran belleza, el León de oro de Sacro Gra, el Oso de oro de Fuego en el mar y la doble victoria del citado Sorrentino en los EFA hacen pensar en una exposición internacional de la cinematografía italiana que había sido inexistente en los últimos años. Además, el repunte de su producción televisiva (Gomorra ha dado la vuelta al mundo) y el surgimiento de una nueva generación de directores y actores, todos ellos alejados de los referentes itálicos habituales y dedicados a atraer a una nueva generación de espectadores, parecen corroborar esa tendencia regeneradora. Con todo, ¿se produce el mismo fenómeno a lo que cine fantástico se refiere? En la crónica de hoy intentaremos responder a esa cuestión partiendo de tres títulos sumamente atractivos, también diametralmente opuestos: Lo chiamavano Jeeg Robot, I tempi felici verrano presto y Ballad of Blood

Lo chiamavano Jeeg Robot, de Gabriele Mainetti. Sección Òrbita.

LO CHIAMAVANO JEEG ROBOT, de Gabriele Mainetti. Era la película que este bloguero más esperaba con diferencia del Festival de Sitges. Ganadora de 7 David di Donatello (hizo pleno en apartados interpretativos y se llevó tres galardones técnicos) y convertido en fenómeno mediático en Italia, Lo chiamavano Jeeg Robot es la gran ópera prima del último cine italiano y, con toda seguridad, la mejor película que dio Italia la temporada anterior. Mainetti apela a referentes de la cultura popular, la dialéctica de los superhéroes, la estética manga, la mística de la mafia y las convenciones de distintos géneros (drama social, comedia absurda, romance, thriller, etc.) para ofrecer un "pastiche" a lo grande, un espectáculo de primerísima calidad que pone patas arriba el orden establecido. Enzo, un hombre de mal vivir, descubre que tiene una fuerza sobrehumana tras exponerse a una substancia radioactiva que corre por las profundidades del río Tiber. Su objetivo es utilizar esas facultades para cometer fechorías, pero el contacto con una mujer obsesionada con la serie televisiva Jeeg Steel y el enfrentamiento con un chico que quiere hacer carrera en el mundo criminal cambiará todos sus esquemas. En la ficción, inspirada a su vez en otras tantas ficciones, el antihéroe se convierte en héroe, y el protagonista tiene la oportunidad de redimirse ante una sociedad caótica, crispada, en crisis, falta de referentes morales. Mainetti, en definitiva, ha hecho una película tan actual como atemporal, tan "italiana" como dotada de un lenguaje universal, tan festiva como reflexiva. El reparto luce en todo momento (Luca Marinelli es un delicioso Joker de los bajos fondos romanos) y su entramado técnico se inserta a la perfección con la austeridad escénica que imprime el director. En definitiva, una joya para atesorar que renueva las bases del tan enquilosado cine italiano. ¿Por qué no figura en la sección oficial de Sitges? ¿Por qué sigue inédita en nuestro país? ¿Por qué la sala Tramuntana estaba medio vacía si se trata de uno de los acontecimientos del festival? ¿Por qué no aspiró al David di Donatello a la mejor película... siendo la mejor obra "nominable" del año? Puede que Jeeg Robot, esté donde esté, tenga las respuestas.

I tempi felici verrano presto, de Alessandro Comodin. Sección Noves Visions One

I TEMPI FELICI VERRANO PRESTO (HAPPY TIMES WILL COME SOON), de Alessandro Comodin. Venido de la Quincena de Realizadores cannois, el segundo largo del italiano Comodin es un enigma que, tras visionarlo y darle unas cuantas vueltas, todavía no hemos logrado solucionar. Rodada a modo de thriller ambiental, en los contornos de un bosque, con preciosos planos fijos, la película cuenta con un estilo personal, coetáneo al de nombres como Marc Recha o Albert Serra (de ahí, seguramente, su predicamento en el certamen galo). I tempi felici verrano presto, en definitiva, remite a un cine de autor muy minoritario, cuya circulación se reduce al escaparate de festivales. En el corazón del misterio encontramos distintos personajes que habitan un lugar bajo la amenaza de un lobo, aunque en pantalla nunca vemos al licántropo en cuestión. No sabemos si Comodin quiere hablar de un peligro físico o metafórico, si la narración sigue un orden cronológico o alterno... vaya, que cuesta hacer una lectura clara de un conjunto harto inexpugnable. Con todo, Comodin se confirma aquí como fetiche de ciertos programadores y crítica especializada, por lo que su aportación parece contribuir de manera especial al cine italiano de atmósfera fantástica. Su ritmo pausado ha hecho que muchos hicieran alguna que otra cabezada durante la proyección: tal vez en otro contexto, viendo el film con calma, podremos darle una semántica nítida a este cuadro figurativo de cuerpos, leyendas, árboles y lobos imaginarios.

Ruggero Deodato y los actores de Ballad in Blood, sesión especial fuera de concurso en Sitges.

BALLAD IN BLOOD, de Ruggero Deodato. El cine Retiro ha vivido uno de sus llenos habituales para homenajear a Deodato, uno de los clásicos del cine de terror italiano. Su figura siempre quedará vinculada a Holocausto Caníbal, dato suficiente para que la crítica silencie su carrera mientras en Sitges es recibido como una "superestrella". Uno tenía que ser muy fanático de Deodato y tener muchas ganas de fiesta para disfrutar en esta tarde lluviosa de Ballad in Blood, un despropósito de tamaño considerable que su artífice, presente en la sala, ha rodado en calidad de testamento cinematográfico. Cuatro jóvenes despiertan en un piso de Roma tras una noche de farra. Todo sería perfecto si en el comedor no hubiera el cadáver de una chica desnuda. Y a partir de aquí, lo que sigue es un sucesión de diálogos estúpidos en boca de actores y actrices muy bien dotados, no en el plano interpretativo, sino físico (ellas, con una figura estupenda y dos buenas tetas; ellos, con horas de gimnasio en sus abdominales y constantes desnudos injustificados). Durante unos diez minutos los subtítulos han dejado de funcionar, pero poco ha importado: el encefalograma plano de la película no entiende de complicaciones lingüísticas. En este caso, cabe hablar de un producto para aquellos que disfrutaron las locuras pretéritas de Deodato y ahora se conforman con un "revival" melancólico. Ballad in Blood, más allá de lo descrito, presenta una fórmula caduca. El cine de terror, el italiano especialmente, está muy alejado de la serie B de esta película: hay que alegrarse por ello. 

Crudo (Grave, Raw), de Julia Ducournau (Francia). Sección oficial a concurso.

Tres obras, en definitiva, que han avivado nuestro interés por el cine italiano, el mismo que dio al fantástico tantos nombres ilustres, películas ya míticas y hasta un subgénero propio: el Giallio. Mañana hablaremos de las aportaciones de países como Francia (Grave (Raw) merece los mejores adjetivos posibles), India (Psycho Raman es excelente), Malasia (Interchange, otra decepción) e Irlanda (A Dark Song, que se proyecta en unas horas) entre otras. Que el terror no cese... pero, por favor: ¡que deje de llover!

CRÍTICA | QUE DIOS NOS PERDONE, de Rodrigo Sorogoyen


 Pecados capitales
QUE DIOS NOS PERDONE, de Rodrigo Sorogoyen
Festival de San Sebastián: Mejor guión. Festival de Sitges: Sesión especial
España, 2016. Dirección: Rodrigo Sorogoyen Guión: Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen Música: Olivier Arson Fotografía: Alejandro de Pablo Reparto: Antonio de la Torre, Roberto Álamo, Mónica López, Luis Zahera, Rocío Muñoz-Cobo, José Luis García Pérez Género: Thriller Música: 125 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 28/10/2016
¿De qué va?: Madrid, verano de 2011. Mientras las autoridades controlan los manifestantes del 15-M y organizan la visita del Papa a la capital en un ambiente de crisis económica y calor sofocante, los inspectores Velarde y Alfaro creen estar tras la pista de un psicópata. La aparición de distintas ancianas asesinadas bajo el mismo modus operandi confirma su teoría.


Muchos pensábamos que Rodrigo Sorogoyen había dado su brazo a torcer ante "las majors" con Que Dios nos perdone, un título a priori poco vinculado al cine indie que representaba Stockholm. El cambio de registro es evidente, pero tras visionar el segundo largometraje del director madrileño no hay espacio para las suspicacias. Estamos ante otra cima (y van...) del thriller español, una película recia que, como la ópera prima de su director, se asienta sobre la personalidad de sus protagonistas, dos agentes de perfil antagónico que cuentan con el excelente trabajo de Roberto Álamo (la fuerza bruta hecha carne) y Antonio de la Torre (en otra de sus interpretaciones para enmarcar). Nada que perdonar, vaya, y mucho que celebrar. 


Sin el paso previo de Stockholm difícilmente hubiera visto la luz esta intriga con psicópata y conflictos sociales de fondo, aunque es de justicia señalar que Que Dios nos perdone le debe mucho, por no decir todo, a La isla mínima, un título que, si bien no inauguró el thriller ibérico, sí lo elevó a unas cimas de perfección artística y técnica que Sorogoyen reproduce con una solvencia sorprendente. Que Dios nos perdone, puestos a establecer diferencias, es una cinta más clásica, vinculada en mayor medida al policiaco norteamericano de los 70. Con todo, ambas películas pueden verse como un intento de nuestra cinematografía por encontrar las bases del desencanto del presente en las heridas del pretérito, aunque ese pasado sea muy reciente y aunque ello suponga apelar a un cine lúdico en el que el espectáculo prima ante cualquier otro elemento. 


Que Dios nos perdone puede considerarse, en definitiva, un logro tanto del género como de su autor. Referencias aparte, el film es mérito exclusivo de Sorogoyen, y a él también se le pueden atribuir las principales flaquezas de la historia: la más evidente, esa innecesaria resolución con cartel de "tres años después" incluido. De hecho, resulta paradigmático que el jurado de San Sebastián decidiera valorar la cinta en el apartado de guión cuando las debilidades de ésta vienen por parte de un libreto que hubiera ganado enteros con más capacidad de síntesis. "Pecata minuta", con todo, para una película de referencias bíblicas que discute sobre nuestras relaciones con el pecado, incluso entre aquellos cuya profesión es dar caza a los pecadores. De "amén" para arriba.


Para fieles al thriller ibérico.
Lo mejor: Roberto Álamo está de Goya.
Lo peor: Puede quedar ensombrecida en taquilla por El hombre de las mil caras y Tarde para la ira.

martes, 11 de octubre de 2016

CRÍTICA | YOUR NAME (TU NOMBRE, KIMI NO NA WA), de Makoto Shinkai


Tan lejos, tan cerca
YOUR NAME (TU NOMBRE, KIMI NO NA WA), de Makoto Shinkai
Festival de San Sebastián: Sección oficial fuera de concurso. Festival de Sitges: Sección Anima't
Japón, 2016. Dirección y guión: Makoto Shinkai Música: Radwimps Género: Drama romántico. Ciencia ficción Duración: 105 min. Tráiler: Link
¿De qué va?: Taki y Mitsuha, dos adolescentes de vidas muy diferentes, descubren que tienen la capacidad de intercambiarse los cuerpos. Esa situación hará que entre ambos surja una relación de amistad muy especial. Cuando el pueblo de Taki está a punto de ser destruido por un terremoto, la pareja recurre a sus poderes para revertir la catástrofe.


Una de dos. O quien escribe esto es de un simpleza preocupante o la animación de ojos rasgados tiende a complicar todas sus tramas hasta límites exasperantes. Reproduzco este problema en Your Name (Kimi no na wa), un cuento adolescente que cuenta la relación de dos estudiantes que viven en lugares y tiempos distintos... hasta que el guión quiere unirlos por la vía del fantástico... y termina por implicarlos en una sucesión de tonterías y canciones sólo aptas para adictos al cosplay. Será que nos separan muchos kilómetros, que nuestra cultura es diferente, que los mecanismos expresivos del manga nos son ajenos o "vaya usted a saber el qué", pero Your Name encandila para acto seguido desperdiciar todo su potencial en "psedoromanticismos" de postal. Una lástima, porque Makoto Shinkai tenía aquí una oportunidad de oro para sumar su nombre a la lista de maestros del género. El resultado discurre por debajo de las últimas animaciones niponas, algunas de estreno reciente como El cuento de la princesa Kaguya, El recuerdo de Marnie y El niño y la bestia. Eso sí: el público de San Sebastián y de Sitges ha cerrado las proyecciones de Your Name con sonoros aplausos. Y aquí se amplía mi duda: ¿los vítores son una expresión de los fans de turno o una muestra de cachondeo festivalero? La cinta, para más inri, lleva cinco semanas consecutivas en el número uno de taquilla de su país. A estos japoneses no hay quien los entienda (con cariño, eso sí).


Para forofos del manga.
Lo mejor: Su desbordante imaginación.
Lo peor: Que termine reducido a romance para colegialas.

SITGES | CRÓNICA - DÍA 5


Día 5: Entre surcoreanos y directores noveles

El público de Sitges respira cine surcoreano. El extraño de Na Hong-Jin y La doncella (The Handmaiden) de Park Chan-Wook han aterrizado en calidad de fenómeno festivalero: por algo estamos ante las esperadas obras de dos de los directores más importantes de su país. Como ambas llegarán pronto a las salas españolas, Cinoscar & Rarities les dedicará una reseña extensa en breve. Dejando de lado nombres consagrados, este martes lo hemos consagrado a las óperas primas, dos de ellas locales. También hemos guardado un espacio de nuestro abultado calendario de proyecciones para Trash Fire, uno de los "fetiches" del certamen. Allá vamos.

Autohead, de Rohid Mittal (India). Sección Noves Visions One

AUTOHEAD, de Rohid Mittal. En Bombay, un equipo de cine sigue los pasos de un conductor de bicitaxi para rodar un documental. El hombre cree que los cineastas han visto en él un talento oculto, pero los fotogramas que graban (lo que vemos en pantalla) revelan las miserias del protagonista, un hombre gris y solitario. La película muestra las pequeñas frustraciones del personaje con su madre, sus clientes y su chica, y al final acaba filmando su faceta asesina, casi siempre en planos secuencia rodados a bastante distancia de los sucesos. El conjunto, si bien resulta una suerte de reversión insulsa del found footage o film casero, nos acerca una ciudad masificada en la que la vida se entiende en términos de supervivencia. Incluso los monólogos del protagonista en los que alaba las estrellas del cine de Bollywood, basado en el patrón reduccionista de héroes y villanos, se presta a interesantes reflexiones. Al final el espectador siente entre rechazo y lástima por un tipo tan miserable, por lo que su transformación apela a un discurso social más profundo de lo que podría parecer a simple vista. Con todo, es una pena que la cinta tenga que ceder a unas formas tan caducas para inscribirse "por los pelos" en los submundos del cine fantástico: una apuesta más austera y con un humor menos ridículo le hubiera beneficiado muchísimo (aunque para eso siempre podemos rescatar el Taxi Teherán de Jafar Panahi). Tampoco le hubiera venido nada mal un poco de ritmo: se oían algunos ronquidos en la sesión de las 8:30h. de la mañana. Una posibilidad de oro para acercarse al cine indio, bastante oculto en las carteleras europeas y cuya esencia ha quedado totalmente manipulada por cintas falsarias, todas ellas anglohablantes, como el Slumdog Millionaire de Danny Boyle. 

Rodaje de El ataúd de cristal, de Haritz Zubillaga (España). Sección oficial, Sesión especial.

EL ATAÚD DE CRISTAL, de Haritz Zubillaga. La limusina es mucho más elegante que un bicitaxi. Ese es el escenario de esta película española de bajo presupuesto que se ha proyectado esta mañana en la sala Tramuntana. La película presenta una actriz a punto de recibir un premio honorífico por toda su trayectoria. La limusina que debe llevarla al teatro donde se celebra la gala será finalmente el ataúd del título, el reducidísimo espacio donde alguien, no diremos quién, ejecuta una macabra venganza contra la protagonista. Con esta premisa, la cinta adolece de falta de credibilidad desde el minuto uno (nada justifica un texto y un contexto tan surrealista), y tampoco ayuda el hecho de que desde la butaca el público intuya que las escenas se rodaron con cromas tirando a cutres. La venganza siempre llama nuestra atención (es uno de los temas que vehicula toda la historia del cine, no sólo del fantástico) y hemos visto cintas más mediocres en Sitges (peores... y con más recursos), pero El ataúd de cristal es un "casi desastre" (nótese el eufemismo), apto únicamente para sesiones nocturnas y fans acérrimos de la ficción macabra. La cinefilia y las buenas intenciones de Haritz Zubillaga se notan en cada plano, aunque carezca de estilo: sólo por eso, cuesta usar adjetivos más lapidarios para describirla. Si Sitges no fuera un cajón de sastre, este ataúd de lets, sadomasoquismo y monstruo final quedaría enterrado en algún festival paralelo como el Fangofest de Amposta o el Cardoterror de Cardedeu.

Rodaje de Salvación, de Denise Castro (España). Sección Noves Visions Plus.

SALVACIÓN, de Denise Castro. Surgida como proyecto final del Máster oficial de la ESCAC, Salvación es la ópera prima de Denise Castro, así como el primer trabajo de casi todo su equipo técnico y artístico. En el film, la directora evoca de forma lírica su niñez, marcada por una cardiopatía que le obligó a estar largos meses en el hospital. El sueño de la niña era convertirse en vampiro para poder ser inmortal y volver a su vida normal, una fantasía que ahora se materializa en una película de inspiración romántica, muy personal, que toma recursos del cine fantástico para contar una historia íntima de amistad, amor y enfermedad. En la ficción, una niña que espera ser operada del corazón conoce a Víctor, un vampiro que habita una de las alas más restringidas del hospital. Humana y vampiro, como no podía ser de otra manera, interactuarán e incluso llegará a surgir entre ambos una atracción entre adulta e infantil. Rodada con muy pocos actores y en espacios muy medidos (¿dónde quedó la ESCAC de Tres dies amb la família?), seguramente estamos ante la película de aliento más juvenil de cuantas haya facturado la escuela de Terrassa. Con más cinefilia que cine, incluso con alguna escena que remite a referentes fácilmente identificables (hay un momento "robado" de la sueca Déjame entrar), la película transcurre errática, como si cada plano durara un par de segundos más de lo que debería. Por el camino, la premisa pierde carga poética y corre el riesgo de resultar un tanto inverosímil, aunque el conjunto se deja ver. Tal y como le sucede al film de Zubillaga, al debut de Castro le falta personalidad, la chispa que deberían tener las nuevas voces del fantástico español. Con todo, les deseamos un gran futuro por delante: hacer cine "fantástico" en España es un "drama", así que vamos a tomárnoslo en clave de "comedia".

Trash Fire, de Richard Bates Jr. Sección Noves Visions One.

TRASH FIRE, de Richard Bates Jr. Uno va a Sitges para ver películas fuera de lo común. Cabe imaginar que cuando los magnates de la industria norteamericana visionaron Trash Fire les entró un patatús, y por eso su lugar natural es el certamen cachondo por excelencia. Aunque a priori parece una entrega más de la comedia indie norteamericana, Trash Fire, protagonizada por el televisivo Adrian Grenier, es de un descaro y una explicitud pocas veces alcanzada. En ella todo se dice a bocajarro, sin filtros. Se pervierten los modelos habituales: la pareja protagonista no está muy enamorada, la familia de ambos no es nada adorable, la psicóloga en cuestión hace de todo menos ayudar, la abuela del chico es una auténtica cabrona... y en su colección de momentos bizarros está la escena de un coito en la que el hombre, en plena faena, sufre un ataque de epilepsia mientras la mujer, sorprendida por tanta sacudida, está a punto de alcanzar el orgasmo. Una combinación que al público del festival le ha entusiasmado (ha recibido el aplauso más prolongado que recordamos este año), aunque a los espectadores de multisalas les resultará demasiado desmadrada. Grosso modo, el tema que subyace a tanto disparate es el enésimo intento por satirizar-criticar el puritanismo de la Norteamérica profunda. Fionnula Flanagan, tras su ama de llaves de Los otros, rubrica otra "mala malísima" para enmarcar. Un festín para amantes de la "no lógica". Dará mucho que hablar en los foros de internet.

lunes, 10 de octubre de 2016

SITGES | CRÓNICA - DÍA 4



Día 4: Entre nombres consagrados y desconocidos

La semana ha empezado en Sitges con lluvia, retrasos y algún que otro colapso para entrar y salir de las salas de proyección. Ante tales inclemencias, el menú de películas ha necesitado el apoyo de grandes nombres, aquellos directores capaces de llamar la atención a amantes, curiosos y ajenos al cine habitual de Sitges. El día también ha guardado su espacio para la reunión generacional de Blair Witch, reflote de la famosa saga, y otras rarezas que, sin hacer ruido y en salas más bien pequeñas, han subido el listón de la selección oficial. De todos ellos hablamos en la siguiente crónica.

Dog Eat Dog, de Paul Schrader. Sección oficial a concurso.

PAUL SCHRADER. Reconozco mi desconocimiento sobre la carrera de Schrader. De él me decepcionó American Gigoló, si bien El placer de los extraños y Aflicción pueden contarse entre los mejores thrillers de la década de los 90. Con este bagaje, y sin haber visionado su producción cinematográfica más reciente, de Dog Eat Dog me podía esperar cualquier cosa. El experimento ha acabado en sorpresa. Estamos ante una película de acción atropellada en torno a tres ex convictos que, a pesar de jurarse una fidelidad amistosa, terminan por reincidir en las debilidades y la autodestrucción de su anterior etapa. Ese descenso a los infiernos está firmado con diálogos llenos de palabras, movimientos de cámara bruscos y transiciones que juegan a despistar a la audiencia. En todo ese contorno se intuye la visión de un genio, y a la vez uno no puede deshacerse de la idea de que todo sucede sin ton ni son, a puro capricho. Schrader juega a ser Tarantino, Scorsese y otros referentes, pero a duras penas remata una obra "pulp" para fanáticos de las tramas más exacerbadas. Tendrá difícil su llegada a los circuitos habituales, aunque Willem Dafoe brinde una gran interpretación y a pesar del tirón mediático del "action man" Nicolas Cage. En este caso, me reservo un mínimo margen de duda: no será hasta el segundo visionado cuando decida si esta trama criminal y "perruna" puede considerarse un "despropósito" o una "genialidad". Si el objetivo de Schrader era provocar desconcierto, sin duda ha superado el examen con nota.
 
Creepy, de Kiyoshi Kurosawa. Sección oficial a concurso.

KIYOSHI KUROSAWA. Kiyoshi Kurosawa es uno de los directores estrella del Festival de Sitges. Aunque cuenta con 61 años y una filmografía de más de 25 títulos, su nombre todavía es desconocido en Europa. En ediciones recientes, el artista nipón presentó Real, Seventh Code y Journey to the shore, esta última incluida en la prestigiosa Un Certain Regard del Festival de Cannes. Creepy, otro nombre más en su fructífera carrera, cuenta la historia de un policía que, tras sufrir un trauma  laboral, decide mudarse con su esposa a un barrio aparentemente tranquilo y empezar su andadura como profedor universitario. Mientras el hombre inicia de manera "extra-académica" la investigación de tres miembros de una misma familia que desaparecieron seis años atrás en extrañas circunstancias, la mujer intenta hacer migas con su vecino, un hombre de carácter variable y desconcertante. Las dos tramas terminan por confluir en un todo que mezcla drama, thriller y un estudio sobre las psicopatías cotidianas que se esconden entre las cuatro paredes de las personas que nos rodean. Le sobra metraje y algun giro de más, sobre todo en su radical resolución, pero me parece una de las pocas obras a concurso de las que puede obtenerse una interesante reflexión de los tiempos modernos. Por algo Kurosawa, además de su contribución al horror japonés, estudió Sociología en su juventud. A título personal, el actor Teruyuki Kagawa, un secundario que eclipsa todo el metraje, merece el premio de interpretación masculina. Las ganas de descubrir toda la producción fílmica de Kurosawa son inmensas, y esta vez no nos llevamos deberes a casa: en pocas jornadas, Sitges proyectará Le secret de la chambre noir, el novísimo título de Kurosawa.

Salt and Fire, de Werner Herzog. Sección oficial, sesión especial.

WERNER HERZOG. Si algo han puesto de manifiesto las últimas películas de Werner Herzog es que el director germano ha perdido el pulso de la ficción. Por el camino, eso sí, hemos ganado un gran documentalista. Y, por ello, uno se pregunta por qué Salt and fire, con sus reivindicaciones ecologistas y su retrato de la actualidad, no vio la luz en forma de documental. Herzog se centra aquí en un grupo de científicos que viaja a Suramérica para alertar sobre la posibilidad de una catástrofe natural, si bien nada más pisar tierra firme son abordados por unos hombres extraños. El fallo ha dado como resultado una cinta naif, imaginamos que de bajo presupuesto, grandes ideas y un guión pobre que en más de una escena produce la risa involuntaria de los espectadores. Ni Michael Shannon, el actor más intenso del momento, ni Gael García Bernal, también presente hoy en las pantallas sitgenses con la mexicana Desierto, salvan un conjunto que, sin perder su atractivo a lo largo de su hora y media, resulta desnortada, caótica, decepcionante. Parece que Sitges ha seleccionado la película única y exclusivamente por el peso de su artífice: en sentido estricto, estamos ante una película nada "fantástica". Con todo, es de admirar que Herzog, a sus 74 años, siga poniendo el medio audiovisual patas arriba cada vez que se anima a coger la cámara. En breve veremos su nuevo trabajo: el documental Into the Inferno, también de espíritu científico, para Netflix. La intuición cinéfila nos dice que la inédita Into the Inferno contará lo mismo que esta Salt and fire, pero de forma mucho más convincente. 

Blair Witch, de Adam Wingard. Sección oficial a concurso

LA BRUJA DE BLAIR. Blair Witch, que llegará a los cines españoles inmediatamente después de Halloween (4 de noviembre), sigue explotando la fórmula de la pelicula que sorprendió a todos allá por el año 1999. Este "reboot" da lo que promete: argumento cero y un surtido variado de sustos que, todo hay que decirlo, no han causado ni un ápice de terror entre los asistentes (hay que tener en cuenta que los habituales de Sitges son difícilmente impresionables). Sus trucos los conocemos antes incluso de que se apaguen las luces de la sala, pero no puede descartarse la posibilidad de que éste sea su atractivo para un amplio sector de la audiencia. En definitiva, se trata de ver una nueva versión, con variaciones mínimas, de una de las cintas de culto más influyentes del género. A nivel narrativo apenas se nota el paso del tiempo, si bien ahora los mochileros viajan con drones y la película (dentro de la película) aumenta las estridencias de sonido, echa mano de grandes efectos especiales (hay que recordar que su original no hacía concesiones sanguinarias) y trabaja con bastante efectividad un tramo final que, a la postre, es lo mejor de la función y el elemento que guarda menos conexiones con su sustrato noventero. Un entretenimiento de multisalas para un público juvenil: dicho esto, es lógico e incluso deseable que los acreditados presentes en Sitges incendien sus blogs, webs y demás con comentarios catastrofistas. Nosotros no salvaremos a la bruja de la quema, pero matizamos: no es tan nefasta como parece. Su presencia en la sección oficial, con independencia del bando que ocupe cada analista, no puede más que describirse como un mero trámite comercial.

Pet, de Carles Torrens. Sección oficial a concurso.

NOMBRES DESCONOCIDOS. En Sitges no todas las películas vienen con el respaldo popular de una gran saga o de un cineasta de prestigio. Ese es el reto del acreditado: encontrar en esos nombres desconocidos las joyas del certamen. Hoy nos apetece destacar dos obras. La primera, Pet, cuenta la historia de un hombre que se obsesiona con una antigua compañera de instituto, hasta el punto de secuestrarla, sedarla y encerrarla en una jaula como si fuera un animal. A partir de aquí, la cinta gira las tornas, convierte el verdugo en víctima, y a medida que se va desmadrando ofrece una reflexión sobre las consecuencias que resultan de humillar a una persona. El odio crea odio, y por lo tanto es un arma arrojadiza y de doble filo. Y si no, que se lo pregunten al "perdido" Dominic Monaghan, que borda este desquiciado protagonista. Acabamos con Mon ange, cinta experimental, romántica y lírica venida de Bélgica. Cambiando de registro, el director Harry Cleven cuenta la relación que se establece entre un niño invisible y una niña ciega con el paso de los años, desde su primer encuentro hasta la edad adulta. La película es y quiere ser atmosférica, si bien se olvida de explicar la génesis de los personajes (la madre del chico queda como misterio sin resolver), y por lo tanto de reconducir el relato a lecturas sociales, culturales o familiares más elevadas. Como todo film sensible, necesita de la complicidad del espectador: unos verán en sus fotogramas poco más que un anuncio de colonia al ralentí, mientras que otros apreciarán poesía con regusto a cine fantástico. Un debate que seguirá días y días a juzgar por los corrillos que se han formado al acabar la sesión.

CRÍTICA | SOMNIA. DENTRO DE TUS SUEÑOS (BEFORE I WAKE UP), de Mike Flanagan


Como te duermas, te mato
SOMNIA. DENTRO DE TUS SUEÑOS (BEFORE I WAKE), de Mike Flanagan
Festival de Sitges 2016: Sección oficial a concurso
EE. UU., 2016. Dirección: Mike Flanagan Guión: Mike Flanagan y Jeff Howard Música: Danny Elfman y The Newton Brothers Fotografía: Michael Fimognari Reparto: Kate Bosworth, Thomas Jane, Jacob Tremblay, Annabeth Gish, Dash Mihok, Scottie Thompson, Jay Karnes, Kyla Deaver, Lance E. Nichols, Courtney Bell, Justin Gordon, Ginger McNamara Género: Thriller psicológico. Terror Duración: 95 min. Tráiler: Link
¿De qué va?: Desde que perdió a su madre, el pequeño Cody ha pasado por diferentes hogares de acogida. Una pareja que acaba de perder a su hijo decide adoptarle, aunque los poderes especiales del niño complicarán la convivencia.


Somnia. Dentro de tus sueños, desde ya "la otra película del niño de La habitación", es un ejemplo evidente de thriller psicológico que, sin resultar especialmente memorable ni abrir caminos que no hayan transitado en el pasado otros títulos parecidos, convence porque, a la contra de otros nombres recientes, el guión sí parece tener una historia que contar. Los clichés se agolpan en una premisa que une niño con poderes especiales, padres traumatizados por la desaparición de su hijo y distintas manifestaciones fantásticas que tienen su punto culminante en la creación de un monstruo al más puro estilo Babadook. El conjunto suena menor, y lo es, pero en sus derivas oníricas existe la voluntad por explicar un drama sofisticado sobre la pérdida, la culpabilidad, el dolor y las heridas de un pasado que vuelve encarnado en un ser terrorífico para mortificar a sus víctimas. Bayona ha hecho lo mismo con su nueva película y todos le han reído la gracia, así que, aun asumiendo que este texto está en minoría, Somnia. Dentro de tus sueños me parece un thriller loable, poco vistoso aunque efectivo. Con la pátina final de un director como James Wan hubiera resultado una muy buena película. Una de las pocas propuestas proyectadas en la sección oficial del Festival de Sitges que puede proyectarse sin problema en los cines generalistas.


Para insomnes que se pasan las noches viendo las mismas películas de terror.
Lo mejor: No sabemos si Tremblay merece un abrazo o un bofetón.
Lo peor: El crescendo del último tramo admite mejoras.

domingo, 9 de octubre de 2016

SITGES | CRÓNICA - DÍA 3


Día 3: De asiáticos y tanatoprácticos

Sitges no sólo se alimenta de cine. El festival ha logrado ser el referente que es porque cuenta con un séquito de fieles que vuelven a la ciudad año tras año. Todo lo que ocurre en Sitges tiene entidad de "evento", de espectáculo al que hay que asistir en "pandilla" y con muy buena predisposición. Esto explica que los maratones de medianoche (o sea, películas ininterrumpidas desde la una de la madrugada hasta la salida del sol) tengan tanto éxito, que cada escena desagradable acabe con un gran aplauso de la platea, o que 3.000 asistentes se maquillen de muertos vivientes para pasear en la ya clásica Zombiewalk. Con todo, las proyecciones se suceden a tal velocidad que no da tiempo, por muy activa que sea la comunidad twitera, a que el festival genere por sí solo ese grupo de películas clave o ese título "imprescindible", la sorpresa de la que todo el mundo habla, aquello que "hay que ver sí o sí". La cantidad a veces prima por encima de la calidad, y como resultado Sitges se ha convertido en un parque temático de gusto, digamos, "curioso". Un modelo que admite debate, y más tratándose de un festival que es y se sabe la locomotora del cine fantástico en Europa. Por eso, en esta tercera crónica no analizaremos Comanchería (Hell or High Water), aunque sea un thriller notabilísimo que os recomendamos: tendremos ocasión de hablar de él cuando llegue a los cines españoles. En clave reivindicativa, consagramos el texto de hoy a esos nombres más "militantes" que, si no los citamos, corren el riesgo de diluirse entre la marabunta sitgense. Empezamos.

Operation Mekong, de Dante Lam. Sección Òrbita

OPERATION MEKONG, de Dante Lam. El extinto BAFF (Barcelona Asian Film Festival) permitió que toda una generación de cinéfilos conocieran directores como Johnnie To o Kim Ki-Duk. Ello motivó el estreno hace ahora quince años de películas chinas, japonesas, taiwanesas y surcoreanas en nuestro país, así como el surgimiento de una sensibilidad cinéfila que hasta la fecha nunca había centrado su mirada en Oriente. En la actualidad, sin la influencia del BAFF, Sitges concentra todo el cine de ojos rasgados habido y por haber, y la nómina de películas es tan grande que más de uno querría una sección o un palmarés propio para todos esos trabajos de naturaleza más exótica. Lam, heredero de To, ofrece en Operation Mekong un espectáculo pirotécnico a partir de una trama de narcotráfico basada en hechos reales. Los eventos que sucedieron en las orillas del río Mekong, cuyas aguas están controladas por capos de la droga, importan más bien poco porque la película se limita a concatenar escenas de acción disparatadas, retorcidas y coreográficas, entre la autoparodia y el thriller más "destroyer". Lam confunde ritmo con interés, acción con velocidad, intensidad con fuegos artificiales... y con estas máximas, Operation Mekong, a pesar de tener dos horas nada anodinas, a duras penas cumple como muestrario de todo lo que es capaz, técnicamente hablando, el cine hongkonés. Si el film viniera firmado por un cineasta norteamericano, estaría plagado de escenas y diálogos patrioteros (vaya, que, en perspectiva, la cinta podría ser más difícil de digerir todavía). Sólo por ser un producto diferente merece la pena su descubrimiento.

Museum: The Serial Killer Is Laughing In The Rain, de Keishi Otomo. Sección oficial a concurso.

MUSEUM: THE SERIAL KILLER IS LAUGHING IN THE RAIN, de Keishi Otomo. Sin abandonar el continente asiático, Museum se ha sumado al furgón de la sección principal con una propuesta que aglutina diferentes ingredientes: drama familiar, thriller policial, terror claustrofóbico y, en su último tercio, una resolución que sólo necesita las cuatro paredes de una habitación y los pasillos adyacentes para cerrar el misterio. Con todo, la aportación más bizarra es el "villano" de la función, un hombre que no puede exponerse a la luz solar y que mata disfrazado de anfibio. Por momentos Museum quiere contar mucho y termina por dejar algunos cabos sueltos, pero el resultado final es un noir sólido, con derivas macabras y narrativa propia del manga. Es una pena que nuestros compañeros asiáticos no sepan lo que es la contención y la síntesis (quien escribe le cuesta entusiasmarse con películas tan expansivas, incontinentes en duración y tramas). Será cosa de las diferencias lingüísticas, pragmáticas, culturales y demás, pero a veces cuesta tomarse en serio un cine que, según la escena, juega a ser reflexivo y al mismo tiempo una autoparodia de sí mismo. Museum, aunque con matices, sabe dominar sus debilidades, y sólo por eso tiene justificada su presencia en la sección oficial competitiva. El tour de force interpretativo de Hun Oguri podría terminar en premio.

La autopsia de Jane Doe, de André Øvredal. Sección oficial a concurso.

LA AUTOPSIA DE JANE DOE, de André Øvredal. Si alguna película merece irse de Sitges con la banda de "must see" debajo del brazo es el segundo trabajo del noruego Øvredal, cuya distribución en España correrá al cargo del sello A contracorriente. La película es, de largo, la propuesta más "malrollera" que hayamos podido ver hasta ahora en el Auditori de la ciudad. La sala subterránea de una morgue vieja durante una noche de tormenta es el escenario de una cinta que reduce al máximo el espacio y su nómina de personajes para generar terror "físico" en la platea. La autopsia de una joven asesinada levanta las sospechas del propietario de la funeraria y su hijo, hasta que se percatan que "el ente" en cuestión tiene un poder cuya influencia supera todas las leyes de la lógica. Si sus escenas "médicas" pueden causar más de una arcada a estómagos poco preparados, su segunda mitad, cercana al sobrenatural, se asemeja más al terror fantasmagórico "de masas". En parte Øvredal complica la premisa y da la sensación de que no sabe cómo terminar la película (en el cine en general, y en el fantástico en particular, es mejor insinuar que explicitar: ese es el pecado del director nórdico), aunque el cómputo total es de una fuerza pocas veces alcanzada en el género. El "tensiómetro" ha subido durante y tras la proyección de la que es hasta la fecha la única película a concurso que puede hacer ruido y tiene mucho que aportar al horror de nuestros días. Veremos qué suerte corre cuando llegue a salas: apunta a título de culto.

CRÍTICA | 31, de Rob Zombie


Happy Halloween, motherfuckers!
31, de Rob Zombie
Festival de Sitges 2016: Sesión especial
EE. UU., 2016. Dirección y guión: Rob Zombie Música: John 5 Fotografía: David Daniel Reparto: Elizabeth Daily, Malcolm McDowell, Torsten Voges, Daniel Roebuck, Sheri Moon Zombie, Meg Foster, Lawrence Hilton-Jacobs, Devin Sidell, Judy Geeson, Ginger Lynn, David Ury, Esperanza America Género: Terror. Slasher Duración: 100 min. Tráiler: Link
¿De qué va?: Un grupo de amigos es secuestrado durante la víspera de Halloween. Al despertarse, un hombre les informa que son los protagonistas de un juego llamado 31. Las reglas son muy sencillas: durante 12 horas lucharán en el interior de una nave contra un séquito de payasos armados. El único objetivo es sobrevivir.


Rom Zombie vuelve a desplegar su circo de los horrores en 31, la película más lúdica de su carrera. El polvo y la sangre de La casa de los 1.000 cadáveres se sofistica (o todo lo contrario) en este slasher diseñado para sacar los colores de casi todos y entusiasmar a aquellos que disfruten con cada pieza de casquería. La historia es la que es: violencia por violencia, barbaridades tras barbaridades, motosierras viejas y destrales poco afiladas. Todo, cómo no, sin ton ni son, pero la mar de divertido. Mientras el género fantástico se preocupa por tejer discursos elevados, Zombie quita hierro al asunto metiendo mucha metralla a este juego del gato y el ratón. Una película que va de frente, en el mejor y peor sentido del término, como los mil y un locos maquillados que acechan a los protagonistas. Si eso es poco o mucho dependerá de la (in)sensibilidad de la platea. La premisa remite al primer Saw, incluso recuerda a The Purge cuando retrata el estamento burgués pintarrajeado que observa la barbarie desde sus tronos, y en todo momento evoca el slasher de toda la vida, aquel en el que lo único que importa es cómo sobrevivir ante el tarado de turno (y, para nosotros, saber cómo y cuándo morirá la víctima en cuestión). Una gamberrada al año no hace daño, así que 31, consumida con moderación y desde el absoluto despiporre que ofrece un contexto como el de Sitges, se agradece. Lo que no quita que el film sea la expresión de un tarado que, por el bien cinéfilo, debería estar entre camisas de fuerzas y en las cuatro paredes de una celda acolchada. Eli Roth ya tarda en elogiarla.


Para los que piden su menú de carnicería cinematográfica con ración doble de ketchup.
Lo mejor: Su total ausencia de pudor.
Lo peor: Está condenada a quedarse en los micromundos de internet.

sábado, 8 de octubre de 2016

SITGES | CRÓNICA - DÍA 2


DÍA 2: De sirenas polacas, karaokes surcoreanos, niños zombis, adolescentes salidos y brujas retro

Sitges es uno de los pocos festivales en los que la sección oficial a concurso abarca casi 40 películas. La muerte por sobredosis, en definitiva, es más que plausible y casi se contempla como un "accidente laboral". Los jurados sitgenses, a la contra de lo que ocurre en el resto de certámenes, son una especie de vampiros que visionan unas siete cintas al día, imaginamos que con litros de café en sangre y pequeños descansos para comer y hacer valoración de los visionados. Entre las anécdotas que se repiten más a menudo en Sitges destacan aquellas que explican qué miembro del jurado se durmió durante qué proyección (la leyenda urbana más extendida, confirmada además por los ojos de quien escribe, fue la larga siesta que se marcó Carlos Areces el año pasado durante el pase de Macbeth). Decimos todo esto para que os déis cuenta de que es imposible ver todos los films que concurren a premio. Milagros, a Lourdes: a Sitges sólo se le pueden pedir locuras. Pero como Cinoscar & Rarities no quiere irse de la ciudad barcelonesa sin haber visto la gran ganadora, nuestro planning de sesiones hace varios saltos mortales con pértiga y lo que haga falta para apretar mucho y abarcar lo máximo posible. Hemos visto bastante cine (todo, de momento, extravagante a niveles superlativos), pero en esta segunda crónica priorizamos los films que aspiran a galardón. Anotadlas por si le jurado, en caso de llegar vivo al sábado que viene, las destaca en el palmarés.

The Lure, de Agnieszka Smoczynska (Polonia). Sección oficial a concurso.

THE LURE, de Agnieszka Smoczynska. Hay veces en las que el bloguero de turno debe confesar que una película es inenarrable. El diccionario no tiene los adjetivos suficientes para describir The Lure, una cinta que ha despertado risas, silbidos y espantadas en su pase sitgense. Apelando a su sinopsis oficial, la película cuenta las andanzas de dos sirenas que, aprovechando su reconversión humana, empiezan a trabajar en un pub musical como coristas. Smoczynska va saltando sin ton ni son de la comedia al terror, del musical al drama, y así hasta firmar hora y media de cine bizarrísimo. Como quien escribe se quedó perplejo, no sabría si recomendar o poner en cuarentena esta enésima demostración de que el cine polaco sigue su camino ascendente con títulos de naturaleza muy diversa, pero todos a su manera tocados por cierto desencanto existencial (el año pasado se proyectó Demon de Marcin Wrona, mucho más redonda que la presente The Lure). Sí puedo deciros que la historia llamó mi atención durante la primera media hora para luego aburrirme soberanamente (si el aire acondicionado de la sala Tramuntana no hubiese registrado grados propios del Polo Norte, habría hecho una cabezada de órdago). Para bien o para, se trata de una película que "o ves en Sitges o no la ves". Quedáis avisados.

Karaoke Crazies, de Kim Sang-Chan (Corea del sur). Sección oficial a concurso.

KARAOKE CRAZIES, de Kim Sang-Chan. Dicen que en Corea del sur el karaoke tiene estatus de deporte nacional. Karaoke Crazies, una de las cintas más pasadas de rosca del festival, es una lectura en clave esperpéntica de esa moda. Distintos personajes se concentran en un antro de mala muerte. El jefe se pasa las noches viendo porno y su nueva ayudante quiere reflotar el negocio practicando sexo oral a los clientes. La pareja se amplía a cuarteto cuando entran por la puerta del karaoke un sordomudo vagabundo y una joven pizpureta que quiere ganar dinero a toda costa. El director juega con los caracteres del grupo y convierte la película en una comedia desaforada con referencias sexuales y chistes subidos de tono que gustarán al público "friki". Por suerte, a la sucesión de tonterías se añaden las intrahistorias de todos los implicados, detalle que humaniza la historia y la hace más cercana, a pesar de las diferencias culturales y del casi incomprensible sentido del humor coreano. Una de las cintas más rescatables de todo lo visto hasta ahora en Sitges.


Melanie. The Girl With All The Gifts, de Colm McCarthy (Reino Unido). Sección oficial a concurso.

MELANIE. THE GIRL WITH ALL THE GIFTS, de Colm McCarthy. El sello A Contracorriente distribuirá muy pronto en España esta notable exploración de las pandemias zombis, con un reparto formado por Gemma Arterton, Glenn Close, Paddy Considine y la rumana Anamaria Marinca. Lejos de agotarse la fórmula de los "muertos vivientes", la gran aportación del film reside en unos niños que se sitúan a medio caminos entre los "humanos" y los "transformados", y cuyos poderes especiales son motivo de investigación en una nave que parece una cárcel de menores. La película se centra en Melanie, una niña con una rapidez mental asombrosa que guiará a un grupo reducido de supervivientes. Aunque McCarthy alcanza la cima en su primer tramo, más claustrofóbico y siniestro, su segunda parte tiene los zombis más feroces que se hayan visto nunca en el cine desde el Amanecer de los muertos de Zack Snyder. McCarthy da vueltas a su premisa hasta llegar a la extenuación, pero vuelve a ganarse nuestra confianza con un final redondo, tan crítico como divertido, que bien podría abrir la vía de una segunda parte. En conjunto, una obra más que destacable.


Safe Neighborhood, de Chris Peckover (Australia). Sección oficial a concurso.

SAFE NEIGHBORHOOD, de Chris Peckover. La adolescencia es muy mala y el cine se ha encargado de recordárnoslo en infinidad de ocasiones. Pero hay otra edad más terrible todavía: aquella en la que uno siente las primeras pulsiones sexuales pero se es demasiado niño como para exteriorizarlas. Ese es el gran complejo que tiene el protagonista de Safe Neighborhood. Y como no sabe cómo decirle a su niñera que está colado hasta los huesos por ella, al pimpollo no se le ocurre otra que atemorizar a la joven en una noche que, aun siendo navideña, destila puro Halloween. Lo dicho es el punto de partida del film de Chris Peckover, pero durante sus 80 minutos se acumulan muchos giros narrativos, chistes realmente efectivos y un tramo final para enmarcar. A la postre, Safe Neighborhood es un slasher de vocación lúdica, si bien también reflexiona sobre la violencia entre los más jóvenes, los caracteres ocultos, las hipocresías cotidianas y las miserias que se esconden en las casas de los barrios bienestantes. Tiene un punto macabro que recuerda, aunque sea levemente, a la ganadora del curso pasado: The Invitation. Desde ya, una de las preferencias de este blog para el cuadro de ganadores. De las pocas películas que puedo asegurar que veré por segunda vez y con mucho gusto en casa (o, a poder ser, en el cine). ¿Y si se convertiriera en el nuevo clásico del horror navideño, justo lo que no consiguió Krampus? No lo descartamos.


The Love Witch, de Anna Biller (EE. UU.). Sección oficial a concurso.


THE LOVE WITCH, de Anna Biller. Uno de los placeres que ofrece Sitges es poder hablar con periodistas acreditados que son enciclopedias vivientes del cine de terror. Este bloguero no domina el género, pero The Love Witch, incluso sin recurrir a compañeros de sesión, remite claramente al sustrato de la Hammer y al espíritu Grindhouse (la película toma para sí tics retros y simula el crepitar del celuloide, los cambios de bobina, las imágenes oscurecidas de antaño y los trucos visuales de la serie B). El plano estético es lo más destacable del film de Anna Biller, una rara avis que cuenta las andanzas de una bruja que quiere encontrar a su media naranja a toda costa (en otras palabras: haciendo todos los conjuros, brebajes y hechizos posibles). Un film nada habitual que, más allá de su homenaje al primer Technicolor y de la interpretación protagonista de la modelo Elle Evans, resulta poco destacable. Eso sí: la hemos visto a las 8:15h. de la mañana, detalle que también influye. Una curiosa puesta al día del subgénero de la brujería, uno de los menos explotados en la vasta nómina del cine fantástico. Y, para colmo... ¡feminista!

CRÍTICA | TRAIN TO BUSAN (BUSANHAENG), de Yeon Sang-ho


¡Zombis al tren!
TRAIN TO BUSAN (BUSANHAENG), de Yeon Sang-ho
Cannes: Sección oficial fuera de concurso. Sitges: Sección oficial a concurso
Corea del sur, 2016. Dirección y guión: Yeon Sang-ho Música: Jang Young-Gyu Fotografía: Lee Hyung-Deok Reparto: Yoo Gong, Ma Dong-Seok, Ahn So-Hee, Kim Soo-An, Jung Yu-Mi, Kim Eui-Sung, Choi Woo-Sik, Jung Kyung-Mi, Shim Eun-Kyung, Choi Gwi-Hwa Género: Thriller. Terror Duración: 115 min. Tráiler: Link
¿De qué va?: Mientras Corea del sur es asolada por un extraño virus, los pasajeros de un tren con destino a Busan siguen ajenos a la catástrofe. Cuando uno de los pasajeros se convierte en zombi y empieza a infectar a los ocupantes de todos los vagones, diferentes personajes unirán sus fuerzas para sobrevivir.


Si en los últimos años hemos asociado el nombre de Yeon Sang-ho a las animaciones sombrías de The King of Pigs y The Fake, ahora hay que cambiar obligatoriamente de términos para referirse a su nuevo trabajo, Train to Busan, la primera obra de acción real del director surcoreano. Train to Busan es el enésimo reflote de la corriente zombi, con la particularidad de que los infectados se encuentran encerrados en un tren de mediana distancia. El viaje no está ausente de turbulencias y tampoco es ajeno a las truculencias habituales del (sub)género, todo para máximo disfrute de los acólicos del horror asiático. Tras un prólogo más bien escueto que presenta la "génesis del apocalipsis", la cinta mete a sus personajes entre raíles y no aminora la marcha. Esa es su gran virtud: traza un constante crescendo y saca el máximo rendimiento, cinematográficamente hablando, a un espacio tan reducido. Un mérito, dicho sea de paso, directamente relacionado con el pasado animado de Sang-ho y con su voluntad por convertir cada fotograma en una estampa preciosista que perfectamente podría estar dibujada con rudimentos tradicionales. Esa mezcla de artesanía y pirotecnia digital hacen de Train to Busan uno de los espectáculos más destacados de la temporada, una película que puede gustar tanto a los ultras del fantástico como a audiencias proclives a productos más adocenados como Guerra Mundial Z. En conclusión, Yeon Sang-ho se reinventa y convence. Veremos si la próxima parada del tren nos lleva hacia una más que posible secuela, hacia la animación habitual o hacia nuevos frentes. Una de las mejores películas de este Festival de Sitges. 


Para los que piensan que los trenes de cercanías son lo más parecido al infierno.
Lo mejor: Tiene el ritmo de un AVE recién inaugurado.
Lo peor: El drama de los personajes (la amistad de las dos ancianas, la relación paternofilial, la mujer embarazada y su marido, etc.) aporta más bien poco.

viernes, 7 de octubre de 2016

SITGES | CRÓNICA - DÍA 1


DÍA 1: De números y 3 directores españoles

El Festival de Sitges llega a su edición número 49 con un menú "fantástico", en el doble sentido de la palabra. En 10 días podrán verse 174 largometrajes y 80 cortometrajes en un calendario de 375 sesiones, lo que suma un total de 23.200 minutos (si un espectador quisiera ver todos los fotogramas que se proyectarán en las 4 salas del certamen, necesitaría invertir casi 17 días de cine ininterrumpido). Las cifras estratosféricas que mueve el festival se completan con 3 exposiciones temáticas, las proyecciones de capítulos de 16 series distintas y los 250 invitados confirmados que pisarán otros tantos metros cuadrados de alfombra roja. 


Spot del Festival de Sitges 2016

En breve sabremos si el equipo que lidera Ángel Sala consigue superar las 80.000 entradas que el festival vendió el año pasado, así como las opiniones que los 600 periodistas acreditados den en redes sociales y medios de comunicación de las diferentes películas. De lo que no hay duda es que Sitges, una ciudad de poco más de 28.000 habitantes que se encuentra a 30 kilómetros de Barcelona capital, se convertirá una temporada más en la capital del cine más extremo. Y Cinoscar & Rarities, por quinto año consecutivo, estará en Sitges para contaros todas las noticias del festival en 9 crónicas, 1 podcast y una veintena de reseñas. Números y más números.


Max Von Sydow, el mñas fotografiado esta mañana en Sitges.

Y hay más. Este 2016 se cumple el 50º aniversario de Star Trek, la serie de aventuras espaciales más importante de la pequeña y la gran pantalla con el permiso de Star Wars. El festival homenajea a la saga en su cartel, de inspiración galáctica, y en su spot oficial, que ironiza sobre la influencia del "saludo trekkie" en la cultura popular. También se celebrarán los 30 años del estreno de Aliens en una sesión especial en el Cine Retiro y se rendirá tributo a pesos pesados del género como Max Von Sydow y Christopher Walken (Grandes Premios Honoríficos), así como Bruce Campbell y Dolph Lundgren (Premios Màquina del Temps).


Inside, de Miguel Ángel Vivas. Film inaugural.

Cifras aparte, todo certamen tiene un inicio, y el pistoletazo de salida de este Sitges 2016 lo han dado tres españoles que han rodado en inglés con el deseo de conquistar el mercado internacional. Inside, dirigida por el español Miguel Ángel Vivas, ha sido la encargada de inaugurar el festival, un honor que en el pasado recayó en otras cintas españolas como Los ojos de Julia, El cuerpo o REC 4: Apocalipsis. Se trata del remake de la francesa À l'intérieur, la cinta más popular de la nueva ola de gore galo que pudo verse en el festival nueve años atrás. La película, fiel a su original, cuenta el periplo de una viuda a punto de dar a luz que es acosada en su propia casa por una extraña. La protagonista se refugia en los pocos metros cuadrados de su cuarto de baño, y a medida que avanza la trama el juego del gato y el ratón se amplía a todo el vecindario. La cinta tiene de todo: momentos absurdos, sorpresas bien ejecutadas, cuchillados, tiros, "jeringazos" en vena... Por tener, hasta puede presumir de un plano final la mar de retorcido, una metáfora burda de "las aguas" que rompe la heroína. En términos generales puede decirse que Inside es un entretenimiento digno, si bien su única razón de ser es hacer caja a costa de todos aquellos espectadores que no vieron À l'intérieur (en España, recordemos, nunca se estrenó). Lo más terrorífico de la cinta, puestos a echar mano de ironía, es la cirugía facial de Laura Harring, quien fuera la "Mulholland Girl" morena. Como entremés festivalero, cumple.


Proyecto Lázaro, de Mateo Gil. Sección oficial a concurso.

En paralelo, Proyecto Lázaro es el nuevo trabajo de Mateo Gil, rodeado hasta ahora de un secretismo inusual. De Gil, y más después de Blackthorn, se puede esperar de todo, aunque sorprende que el film, por imposiciones económicas o por las razones que sean, tenga una factura tan austera, propia de una película amateur. Proyecto Lázaro, cuyo título esconde referencias bíblicas, es la historia de un enfermo de cáncer que decide congelar su cuerpo para evitar el declive de su enfermedad. Al despertar ochenta años después gracias a un grupo de científicos, el "renacido" deberá enfrentarse al inesperado presente, a las reminiscencias del pasado y a los retos del futuro, un maremágnum de sensaciones que le llevarán, por paradójico que parezca, a desear la muerte. Gil filma el dilema del personaje en varios capítulos, pero nada consigue llamar la curiosidad de la platea. El resultado parece un conglomerado de temas y formas que hemos visto anteriormente en infinidad de obras, la mayoría mejores (en este sentido, Ex Machina demostró no hace tanto que en el terreno del fantástico se puede conseguir mucho con muy poco). Resumiendo, un film pueril, errático, cargado de clichés, prescindible se mire por donde se mire.


Un monstruo viene a verme, de J. A. Bayona. Sesión especial.

Acabamos esta crónica con Un monstruo viene a verme, proyectada esta mañana en el Auditori ante 1.200 alumnos de secundaria y con la presencia del propio J. A. Bayona. La película ha llegado hoy a 650 cines de todo el país y, tras la campaña promocional de Mediaset, nadie duda que su lanzamiento se convertirá en el fenómeno de la temporada. Bayona, Gil, Vivas y Vigalondo, este último presente en el certamen con Colossal, han puesto hoy sobre la mesa los retos y los logros de un cine español rodado en inglés que se dirige a audiencias de todo tipo. El veredicto es claro: tenemos una generación de directores que dominan la técnica cinematográfica a la perfección, pero que todavía tienen mucho que mejorar en cuanto a guión. Sin una historia sólida, nuestro cine, por muchos millones que haya de por medio, está condenado a dar palos de ciego. ¿Contaremos entre la selección sitgense con alguna honrosa excepción? En breve responderemos a esta cuestión. Mientras, seguimos sumando visionados y números. Mañana, más.

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