miércoles, 16 de octubre de 2013

SITGES 2013 | CRÓNICA 5 | HOOKED UP, THE CONGRESS, OPEN GRAVE, COMPUTER CHESS y WILLOW CREEK


El cine ha vuelto a ser el gran protagonista en Sitges, pero en la actividad habitual del festival se ha colado un intruso, cual película de terror: los retrasos de algunas sesiones por problemas técnicos. The Congress y Open Grave las hemos visto con dos cortes cada una, y en el caso de esta última no hemos podido ver los cinco minutos finales. Lo que en otro contexto sería una anécdota, en Sitges para muchos es una hecatombe: muchos hemos tenido que cambiar el planning de visionados del día, por lo que las carreras entre el Prado, el Retiro y el Auditorio han sido más numerosas que de costumbre.

Hooked Up, de Pablo Larcuen. Sección oficial a concurso.

Los retrasos han sido el gran tema de conversación de la jornada, pero también ha generado comentarios Hooked Up, presentada ayer por su director, el novel Pablo Larcuen, y sus cuatro actores. La película ha llegado a Sitges con la banda de 'primera película rodada íntegramente en Iphone', pero viendo el resultado estamos ante un film menos amateur y más sólido a nivel técnico de lo que podría parecer (los 14.000 euros de presupuesto han sido rentabilizados al máximo). El film sigue la estela de Rec y otros films-experiencia del género, aunque en este caso, al no poder superar la sorpresa que supuso la cinta de Balagueró, la cinta se defiende con más giros de guion, más sangre y más locuras de las necesarias. Si Rec atacaba ni que fuese indirectamente a la llamada telebasura, Hooked Up hace lo propio con el turismo sexual: dos norteamericanos viajan a la Ciudad Condal para 'pillar cacho', pero la fiesta termina en una resaca de hemoglobina, miembros amputados y carreras claustrofóbicas. La comparación con Rec es más que recurrente: de nuevo, la casa del terror esconde un terrible secreto que tiene relación con una de las inquilinas ocultas... y hasta aquí podemos leer. Una película fresca, rodada desde el cariño y la fidelidad al género, capaz de hacer saltar al espectador de la butaca en más de un par de escenas. Eso sí: no rompe esquemas, más bien sigue un modelo de terror ya marcado, adaptándolo a la máxima austeridad económica. Una película realmente estimable.

Open Grave, de Gonzalo López-Gallego. Sección oficial a concurso.

El cine español, o por lo menos los cineastas españoles, han seguido despuntando hoy en Sitges. Tras Larcuen, hemos visto lo nuevo de Gonzalo López-Gallego (El rey de la colina): Open Grave, producción norteamericana que da una vigorizante vuelta de tuerca al cine de infectados. La narrativa del film es más seriéfila que cinéfila: sus giros, las sorpresas de guion y la descripción de personajes quieren imitar en fondo y forma a productos como Perdidos o The Walking Dead, obviamente sin lograr la efectividad de éstos. Con todo, Open Grave tiene la virtud de saber insertar pequeños cambios que captan la atención de la audiencia, hasta atraparla de lleno en su misterio. Ese misterio no lo hemos podido resolver, pero a falta por saber cómo termina la película ya avecinamos que es una propuesta más que decente que destaca en una sección oficial bastante alicaída. Lástima que algunas interpretaciones de sus jóvenes actores a veces saboteen a mano armada los intereses del film.

The Congress, de Ari Folman. Sección oficial a concurso.

Españoles aparte, el titular del día lo ha puesto The Congress, la paranoia del director de Vals con Bashir que ha sumado todo tipo de reacciones a su paso por Cannes y San Sebastián. La película arranca como un ejercicio de cine dentro del cine: Robin Wright (sin el Penn) se interpreta a sí misma y da vida a una actriz que plantea ceder todos sus derechos de imagen para que el estudio de turno pueda hacer todo tipo de largometrajes con su físico como avatar. Las reflexiones sobre los funcionamientos del cine, los cambios de la industria y el nuevo rol adoptado por el actor en la revolución tecnológica van de la mano de un drama personal (una madre preocupada por la creciente ceguera de su hijo), y en este sentido la película pierde enteros. El naufragio, descalabro y estupor absoluto se produce cuando el film decide remar a contracorriente y se convierte en una propuesta de dibujos animados con El jardín de las delicias como desquiciado salvapantallas. Con tanto giro, el mensaje se diluye, la reflexión se plantea obvia, y la experiencia que proponen las infinitas texturas de sus imágenes cae en saco roto. Una película fallida que tendrá un considerable grupo de fans.

Computer Chess, de Andrew Bujalski. Sección Noves Visions Ficció.

Finalmente, mencionamos los dos visionados de tarde en el Prado: Computer Chess y Willow Creek. Computer Chess es un bombón retro que se ríe de la esfera nerd: en blanco y negro, cuenta el minuto a minuto de un torneo de ajedrez entre ordenadores y jugadores de carne y hueso en un hotel deprimente y con unos personajes cuanto menos peculiares. El film es inclasificable y altamente disfrutable: una de esas propuestas que sólo puedes ver en la rica amalgama que propone un certamen como Sitges. Por su parte, Willow Creek ha sido el enésimo intento de 'found footage' o falso documental mediante imágenes supuestamente encontradas (y en Sitges 2013 ya van unas cuantas...). Willow Creek termina siendo especial por el humor de su dúo protagonista, una pareja que se ríe de los intereses y las supersticiones de una comunidad de la Norteamérica profunda que cree que en sus bosques habita una terrible bestia que se asemeja a un mono gigante. El primer tramo sigue al pie de la letra el sentido del humor de su director: en persona, el cineasta Bobcat Goldthwait ha preguntado a la intérprete por qué la silueta del festival con King Kong no tenía pene y por qué en las playas de Sitges se podían ver tantos penes (para que os hagáis una idea del perfil de película que tenemos entre manos). El segundo tramo es un thriller con sustos que depura al máximo la premisa minimalista de 'todas las seguidoras de la Bruja de Blair': destaca especialmente un largo plano fijo con los protagonistas escuchando desde su tienda de campaña los ruidos del bosque. El final da lo que promete, y aunque la película es un snack de mediatarde tiene el enemigo en casa, en esa estructura y presentación de 'la criatura' repetida hasta la saciedad.

Willow Creek, de Bobcat Goldthwait. Sección Noves Visions No Ficció.

Y si hoy miércoles ha sido un día movido, mejor que cojamos aire para mañana. El jueves será el día de Jodorowsky y de Jarmusch entre otros. ¿Revolucionarán estos dos pesos pesados los pronósticos del palmarés? En unas horas os lo contamos.

Y terminamos con tres peticiones al festival (ya son cinco crónicas a nuestras espaldas, y se nota). 1. ¿Podría bajarse el atronador volumen de los altavoces del Auditorio? Ayer con el film belga de Cattet y Forzani muchos se quedaron sordos. 2. ¿Podrían revisarse las frases que nos invitan a cerrar nuestros teléfonos móbiles... con errores sintácticos? Y 3. ¿Podrían sumarse pases de los tres spots de DiscoverSatanism? No nos cansamos de verlos. ¡Saludos!

P.D.: Si alguien consigue ver el final de Open Grave, ¡que nos lo cuente! :)

Crítica de SOLO DIOS PERDONA (ONLY GOD FORGIVES), de Nicolas Winding Refn

Está muy mal autocitarse, pero en relación a Only God Forgives no puedo más que volver a las palabras que puse en su día con motivo del estreno de Drive. Y si consideramos que está todavía peor ganarse cierta fama y apoltronarse en la hamaca del éxito, entenderán que lo nuevo de Nicolas Winding Refn sabe a repetición y a confirmación del estilo vacío y falsamente pomposo del cineasta danés. Only God Forgives intenta ser muchas cosas y parecerse a muchos otros cineastas, pero apenas consigue una experiencia nocturna, desagradable, prefabricada y efectista. El film quiere contar una historia de venganza en espacios singulares, iluminados todos ellos por unas luces de neón que dan a la película un tono pesadillesco que por momentos roza lo paranoico y lo onírico. El gran problema es que el film carece de personajes: a duras penas queda reflejada la maternidad violenta y ausente del personaje femenino principal, por lo que la cinta concatena muertes, amputaciones y sangrientos ajustes de cuentas sin ningún tipo de justificación. Dicen las malas lenguas que Gosling, que también produce la película, no quiso asistir a la presentación del film en Cannes porque no estaba contento con el resultado final, y tras realizar el visionado esta posibilidad no hay que descartarla. Incluso Kristin Scott Thomas confesó en una entrevista que tras leer el guion pensó que todo era un chiste, una reacción bastante cabal ante una película cuya única preocupación es ofrecer el plano estético más loco y original. Con todo, y aunque Only God Forgives confirma que tras la estudiada fachada de Winding Refn nunca ha habido ninguna voluntad por contar buenas historias, hay que decir a su favor que esta nueva propuesta, tal vez por esconder en menor medida que sus compañeras de filmografía las bases referenciales y paródicas con las que trabaja el director, gana en interés a medida que avanza el metraje, detalle que nunca se produce con las películas del danés, con tendencia a deshincharse en su tramo intermedio-final - o tal vez lo más correcto sería apuntar que, una vez conocida su falta de voluntad por llegar a ningún sitio, sus excentricidades resultan más llevaderas -. Only God Forgives es una flipada de cuidado que servirá de acicate para polarizar todavía más las dos vías de discurso que discurren alrededor de Winding Refn: la pasión foribunda y la eterna sospecha. Nosotros sospechamos, y mucho. La pregunta es: ¿qué pensará Alejandro Jodorowsky, la persona a la que va dedicada este embuste tan irrisorio?


Para violentos refinados.
Lo mejor: Scott Thomas en su papel más (auto)paródico.
Lo peor: Que ya no quedan alicientes para ver ninguna película más de Winding Refn.

Nota: 4

SITGES 2013 | CRÓNICA 4 | ONLY GOD FORGIVES, ENEMY, REAL, WRONG COPS, A FIELD IN ENGLAND, VIC+FLO SAW A BEAR y L'ÉTRANGE COULEUR DES LARMES DE TON CORPS


Todas las películas visionadas hoy martes en Sitges ponen de manifiesto lo difícil que es realizar una película visualmente imponente, con una estética única, y al mismo tiempo con una historia potente, sugerente y coherente. La tónica de esta quinta jornada ha sido la descompensación: por las distintas pantallas sitgenses han desfilado películas diferentes, pero todas ellas unidas por una clara intención por abrir la brecha de la polémica, casi todas con un desarrollo visual muchísimo más despampanante que el de sus guiones. Justamente la ganadora del año pasado, el ya clásico moderno Holy Motors, lograba ese equilibrio, y precisamente eso es lo que se le pide a la todavía ausente ganadora de este año (con permiso de las más interesantes del festival hasta ahora: We are what we are, Borgman y Coherence). Pero no desesperamos: quedan muchos días y muchos títulos por delante con posibilidades de alcanzar el podio.


Polémica 1: Only God Forgives. Y aunque la cinta de Winding Refn se había filtrado en la red este verano, las colas para asistir a la primera sesión han sido casi kilométricas. De ella, lo mejor que puede decirse es que obedece a la personalidad de su autor, con una tendencia por los colores vivos, una fotografía espectacular, una potente dirección de actores y una notable pericia para insertar elementos cómicos y violentos cuando el espectador menos se lo espera. El problema es que Only God Forgives es una película introvertida que fuerza el engranaje del Winding Refnde siempre hasta el punto de rozar el ridículo. En Only God Forgives todo se intuye milimetrado, forzado y pedante, algo incomprensible, ya que su línea argumental es tan mínima como grotesca. Los fans de Refn deberán reconocer que incluso viéndola con los mejores ojos resulta una tremenda decepción si tenemos en cuenta la filmografía del danés. Y los detractores del director, grupo al que siempre formó parte este blog, tienen una prueba difícil de refutar sobre por qué todas las cintas de Refn, pese a ser tremendamente originales, se desploman a mitad de metraje. Mañana mismo publicaremos una reseña más extensa de la cinta.


Polémica 2: Enemy. Sitges ya estaba avisada, porque la película revolucionó el gallinero de San Sebastián. El perfil de la película se amolda a la perfección al alma de un festival como Sitges. De Enemy hemos hablado largo y tendido en nuestra reseña y será mañana en los corrillos entre sesión y sesión cuando seamos conscientes del impacto que haya tenido la película entre prensa y público. Enemy es un 'film experiencia', un 'film reflexión' y un 'film misterio': no hay que perderlo de vista porque puede convertirse en uno de los títulos fuera de concurso más cacareados del festival. Lástima que Gyllenhaal, también ausente en Donosti, no esté en Sitges para comentar o confirmar las lecturas-teorías-símbolos-trampas de la singular película de Denis Villeneuve.


Polémica 3: L'étrange couleur des larmes de ton corps. En este caso, el blog no hizo los deberes porque no pudimos ver Amer, la anterior y también polémica cinta de los belgas Hélène Cattet y Bruno Forzani, aunque tras el visionado de su nueva propuesta nos podemos hacer una idea de cuáles fueron los motivos de tanto jolgorio. El título, casi impronunciable para algunos, no es más que un ejercicio surrealista dispuesto cual sucesión de escenas grotescas. La pantalla se llena de colores, texturas, fotografías y gritos (algunos ensordecedores: aplaudíamos cada vez que la película volvía a estar en silencio). El problema es que el argumento es mínimo y sus directores optan por un mundo abstracto que no facilita el seguimiento de la trama. Todo es ruidoso y exagerado, y aunque aspira a ser una pesadilla, el film termina por resultar una tortura para la audiencia. Como cortometraje o incluso mediometraje estaríamos hablando de un material de gran aportación: la obra que ha quedado es difícil de seguir, difícil de ver, difícil de recomendar y difícil de proyectar en los circuitos habituales. Olvidarla es casi una necesidad, aunque no descartamos que algunos la encumbren como obra casi maestra.


Polémica 4: A Field In England. Y más que polémica, descontento. Se esperaba mucho de Ben Wheatley, director de la celebrada y premiada Turistas, pero A Field In England ha resultado ser una propuesta totalmente diferente. El film cuenta los avatares de unos desertores de la Guerra Civil inglesa, y aunque juramos haber leído todos los subtítulos, tenemos que confesar que no nos hemos enterado de casi nada (y en vistas de esa desconexión, hemos optado por cerrar los ojos a conciencia). En blanco y negro y con un final cargado de psicotrópicos, su humor entronca con el de Monty Python, y formalmente parece, si la comparación no es demasiado atrevida, una Honor de caballería con más cachondeo. El público ha reido los chistes más escatológicos, pero la sensación es que nadie o casi nadie ha salido convencido de esta road movie sin rumbo ni punto de llegada. A la salida, el voto del público era casi unánime: una estrella del ranking de cinco posibles. Ha servido, eso sí, para hacer una pequeña siesta, que siempre se agradece.


Polémica 5: Wrong Cops. Otro fallo: no hemos visto todavía Rubber, así que Wrong Cops nos ha cogido por sorpresa y con la legaña en el ojo. La película, intuímos, es muy fiel al estilo de su director Quentin Dupieux: humor macarra e irreverente que no hay que tomarse muy en serio. Simpática descripción de unos policías que en lugar de trabajar para la ciudadanía se pasan el día elaborando música electrónica, gastando bromas a conductoras bien dotadas y haciendo chistes homófobos. Dupieux se dirige a su público, se autocita (los protas ven en la televisión la mencionada Rubber) y recurre a sus actores de siempre, por lo que es normal que en calidad de desconocedores absolutos del universo Dupieux la película nos haya chirriado un poco. Un divertimento pasado de rosca que seguramente recordaremos únicamente por la intervención de Marilyn Manson. Sitges se nutre de mitomanías, frikismo y exageraciones, por lo que la inclusión de Wrong Cops en la sección competitiva es del todo coherente. Cuidado: a algunos les ofenderá sobremanera la parodia de brocha gorda del film.


Polémica 6: Real. O directamente cachondeo, porque el film ha recibido tomates maduros por todos los frentes. La que se esperaba que fuese uno de los puntales de la sección oficial, pese a una premisa inicial atractiva y una primera hora de metraje bastante sugerente, termina siendo un manga rosa tan ampuloso, tramposo e irreal como las viñetas del género. La película riza el rizo cuando incluye sin venir a cuento un brontosaurio como culminación de la gesta amorosa de unos amantes conectados por unas máquinas médicas. Real se presta a la chanza y acaba víctima de sus giros y excesos, pero nos quedaremos con el mix entre Origen y ¡Olvídate de mi! que propone su primer tramo. Ya echábamos de menos títulos de ojos rasgados en Sitges: lástima que Real convenza más a las jovencitas seguidoras de las sagas románticas que a los verdaderos fans de la ciencia ficción. Tiene material suficiente para elaborar un remake más decente y con menos metraje: a mal tiempo, buena cara.


Y polémica 7: Vic+Flo Saw A Bear, film canadiense que se exibió en el escaparate de Berlín. Se trata de la crónica de unos personajes outsider que deciden esconderse del mundo: una lesbiana de 61 años con tendencia al desequilibrio, su novia bisexual y el psicólogo gay que vela por la salud de ambas. Como drama comedido y retrato de unos seres a la deriva funciona en casi todo momento. El problema viene a la hora de dar fin al relato: la película da un giro al horror incomprensible e injustificable que acaba desvirtuando tanto a los personajes como al tono sosegado pero atractivo de la propuesta. Sin ese atajo final a lo escabroso, el film no hubiese estado en Sitges, pero es precisamente ese detalle lo que le resta veracidad como ficción minoritaria. De esas películas que vistas a parte y con calma ganará enteros.

Dejamos para la crónica de mañana nuestra reseña de Hooked Up, que ha llegado a Sitges con la banda de 'primera película rodada íntegramente mediante Iphone' y un presupuesto de poco más 14.000 euros. A ella se sumarán los comentarios de The Congress, Open Grave y Cheap Trills, todas ellas a competición. En veinticuatro horas, nueva actualización desde la residencia oficial del señor King Kong.



martes, 15 de octubre de 2013

Crítica de ENEMIGO (ENEMY), de Denis Villeneuve

Enemy es el juego kafkiano que presentó Denis Villeneuve en la primera jornada del Festival de San Sebastián y que a pocos días de su clausura todavía protagonizaba muchos de los corrillos cinéfilos, tanto para amarla como para odiarla. Es una película de la que cualquier dato que podamos aportar incurrirá en spoiler: intenten verla vírgenes de información para no deslucir las sorpresas de guion. Y aunque es una historia turbadora y fascinante, es muchísimo más interesante hablar de ella, escuchar las teorías de los compañeros de butaca y rebobinarla mil veces en la cabeza buscando las claves del misterio que estrictamente como material cinematográfico: será, seguramente, porque Villeneuve acaba cargando las tintas de la historia con un hilo musical tenso demasiado familiar y una trama que aparentemente ni avanza ni retrocede. Enemy se asienta sobre la figura del otro: un profesor universitario descubre por casualidad que guarda un parecido físico más que razonable con un actor de poca monta que vive a unos pocos kilómetros de su ciudad. Villeneuve hace coincidir los destinos de ambos personajes, los dos interpretados por un solvente Jake Gyllenhaal, y eleva la película a la altura de dilema moral: un personaje busca la seguridad laboral y personal del otro, y la otra parte utiliza su reflejo en el espejo para reformular una vida que no le sacia. Villeneuve, que en rueda de prensa reconoció cierta vinculación con Hithcock, nos mete de lleno en unas imágenes hipnóticas en las que uno cree seguir los pasos de su duplicado protagonista... hasta que el arácnido plano final deja cualquier posibilidad de resolución por los aires y nos obliga a analizar todo lo visto desde nuevas perspectivas. A la espera de volverla a ver (ahora se proyecta en Sitges), Enemy es un thriller interesante que te mantiene en alerta durante hora y media. Cuidado con los propensos a obsesionarse con los films: Enemy provoca adicción y cuesta sacársela de la cabeza. Veremos si tras la fascinación que produce se esconde algún sentido oculto (de esas conversaciones paralelas ya hemos apuntado algunas posibilidades de interpretación), y si ese sentido es suficiente para convencer al público de a pie.


Para los que busquen platos fuertes con un poco de Kubrick, Lynch, Fincher y Nolan.
Lo mejor: Gyllenhaal, la dirección de Villeneuve y su capacidad por conseguir mucho con muy poco.
Lo peor: Dependiendo del estado de ánimo y del humor de la audiencia, pasará por una excentricidad para gafapastas.


Nota: 7'5
(con posibilidades de cambio)

SITGES 2013 | CRÓNICA 3 | WE ARE WHAT WE ARE, BORGMAN, COHERENCE, POSSESSION, MONSOON SHOOTOUT, MACHETE KILLS y FRANKENSTEIN'S ARMY

  
Sitges sigue, el calor aumenta, se empiezan a notar las pocas horas de sueño y sube el nivel de las películas proyectadas: ahora sí, arranca la porra del palmarés. Sin desdeñar la costa sitgense, que sorprendentemente todavía cuenta con bañistas, el mejor refugio de este lunes ha sido la pantalla del Auditorio. Sin movernos de la butaca, o más bien entrando y saliendo de la sala, esquivando colas, comentando en corrillos, escribiendo en los smartphones y demás intendencia festivalera, hemos viajado por diferentes lugares del mundo, cinematografías diversas y estilos dispares. Este podría ser un resumen de la ruta de esta cuarta jornada y tercera crónica desde la capital del cine fantástico.

Machete Kills, de Robert Rodríguez. Sección oficial Fantàstic Gales.

Parada 1: India. O mejor dicho, el Bombai sin ley de Monsoon Shootout. El film cuenta la historia de un joven agente de policía que es testigo de las injusticias que se producen a su alrededor, tanto dentro del corrupto equipo policial como en las incontrolables calles de la ciudad. A partir de un suceso decisivo, el protagonista imagina diferentes continuaciones de la trama, y con tanta concatenación de variaciones, posibilidades y efectos mariposa el film se desdibuja y no concreta ni su tesis de partida ni sus objetivos finales. Aún así, es una película bastante original que sabe zambullir al espectador en el curioso círculo de tiempos y espacios del film. Un film oscuro y lluvioso que podría colarse en el palmarés sin crear controversias.

Coherence, de James Ward Byrkit. Sección oficial a concurso.

Parada 2: el falso documental o técnica del 'found footage'. De este recurso ya hablamos con respecto The Jungle, y a partir de ese título apuntábamos la caducidad de una forma de proceder dentro del cine de horror-terror que ha pasado de ser original a previsible en cuestión de años (los que median, grosso modo, entre El proyecto de la bruja de Blair y títulos como Monstruoso o Paranormal Activity). En esta ocasión hay que añadir dos variaciones de la fórmula. 

La primera, Frankenstein's Army, se trata del material grabado por un grupo de soldados rusos durante la Segunda Guerra Mundial. Poco importa que el film se salte a la torera cualquier imposición histórica (los protagonistas hablan en inglés, el soporte es digital y las imágenes no son en blanco y negro) porque lo que sigue es todavía más descacharrante: el descubrimiento de un doctor pirado que creó máquinas de matar a partir de cercenar, lobotomizar y soldar las extremidades de los cuerpos mutilados en ambos frentes. El film es un monumento al pringue y a la no lógica, y hay que verla como un juego desenfadado que lo único que se propone es disparar la adrenalina del público. En la sesión del Retiro lo ha conseguido: curiosísimo, casi memorable, el momento en que este Frankenstein del S. XX juega a crear una nueva bestia a partir de la unión de un cerebro comunista y de otro nazi. Para cachondearse de lo lindo, tan políticamente incorrecta como Zombis nazis.

Frankenstein's Army, de Richard Raaphorst. Sección Panorama Fantàstic a competición.

La segunda, Possession (Sapi), es la primera incursión dentro del cine de terror del filipino Brillante Mendoza (si bien Kinatay daba y sigue dando muchísimo miedo). El film sigue al equipo de un programa de televisión que viaja por toda Manila en busca de vídeos con gente poseída por el demonio. Ni la presencia del director en la sala ha podido acallar la sensación de profunda, sonora, enorme decepción que ha producido la cinta. Mendoza nos castiga con dos horas que no cuentan nada, que están trufadas de una música de fondo muy molesta y con unos trucos visuales del todo amateurs. Seguramente Mendoza quería firmar una crítica a la llamada telebasura, pero todo se queda en agua de borrajas. Y como Frankenstein's Army, otra escena para sumar a la lista de fotogramas pesadillescos de Sitges 2013: el momento en el que la protagonista sueña que una serpiente recorre sus intestinos hasta salir por su vagina. Ver para creer.

Borgman, de Alex van Warmerdam. Sección oficial a concurso.

Parada 3: la Europa tarada. La que representa Borgman, film aplaudido en Cannes y seleccionado por Holanda en su camino al Oscar de habla no inglesa. La cinta es un cruce entre el laconismo griego de Canino y el cortante humor de cierto cine nórdico. Tras un tramo inicial que sólo podrían firmar nombres como Kusturika o Jeunet, el holandés Alex van Warmerdam, premiado antes de la proyección por el director del certamen Ángel Sala con el galardón honorífico La màquina del temps, traza un cuento con un mendigo, su curiosa tropa de compinches, una ama de casa aburrida, un ejecutivo al borde de un ataque de nervios y la curiosa fauna que orbita alrededor de éstos. Nada tiene demasiado sentido y en algunos momentos recuerda al Dominik Moll de Harry, un amigo que os quiere o Lemming. Muchos se sentirán totalmente excluidos de su humor marciano, pero otros nos dejamos llevar por una curiosa unión de escenas graves y otras comiqueras. Una película especial, perfecta para un público tan especial como el que reúne Sitges. Con algún minuto menos de metraje sería una candidata perfecta a la mejor cinta: de hecho, puede que sea la obra a competición más emparentada con Holy Motors, la ganadora del año pasado. Preparaos para escuchar de todo cuando se estrene (siempre, claro está, que logre estrenarse).

We are what we are, de Jim Mickle. Sección oficial a concurso.

Parada 4 (y fin del trayecto): la Norteamérica caníbal y paranoica. We are what we are se trata de un remake de la cinta mexicana Somos lo que hay, que ya concursó aquí hace tres años. Desconociendo el film de base, la obra de Jim Mickle es lo más redondo que ha desfilado en la sección oficial. Tremenda historia de un patriarca que educa a sus dos hijas adolescentes y a su hijo pequeño en una disciplina inhumana, un fanatismo religioso de manual y una dieta caníbal que está a punto de ser descubierta por un policía forense. La trama crece y se oscurece a medida que avanza hasta que estalla en uno de los crescendos finales más impactantes del año. Convence y mucho el trabajo interpretativo de Bill Sage, favorito para alzarse este sábado con el premio al mejor actor. Y convence todavía más una cuidada narrativa que sin huir de los clichés del género sabe hacer una honda reflexión sobre el peso de la familia y la herencia genética. Se agradece que en un certamen con tantas vísceras colgando se cuele un film que sin renunciar a las necesarias cuotas de sangre entiende que el terror más brutal se esconde en el concepto, en aquello que no se ve. No es perfecta, pero nosotros ya la envolvemos para premio. Podría ser la Chained del 2013.

Safi (Possession), de Brillante Mendoza. Sección oficial a concurso.

Y para terminar, la que para muchos es la cinta del festival: Coherence. Llegaba al escenario de Sitges con un runrún atractivo y no ha defraudado, o lo que es lo mismo, ha dejado a cuadros a todos los asistentes. Los ingredientes son pocos y el resultado es tan complicado y complejo como Lynch o incluso Nolan: un grupo de amigos quedan para cenar y todo da un giro cuando intuyen que a pocas manzanas de la casa otro grupo de amigos, con sus mismos nombres y caras, intenta ponerse en contacto con ellos. Hay tanta curva y movimiento de varita que el film puede parecer una tupida red de teorías y lecturas, pero para nosotros es la cosa más sencilla del mundo: un cubo de rubik elevado a la máxima potencia que, pese a su aparente seriedad, no deja de ser una gran butarde. Interesante, eso sí, pero ligeramente sobrevalorada a juzgar por los comentarios tan entusiastas que se escuchaban a la salida. La separan pocos pasos del Premio del público, que seguramente valorará esta trama ínfima que logra mucho con muy poco.

Monsoon Shootout, de Amit Kumar. Sección oficial a concurso.

Mañana seguimos con nuevas paradas en la hoja de ruta. Y sí: en nuestro mapa de visionados no hemos incluido Machete Kills, que hoy ha sido recibida con división de opiniones. La polémica volverá a la sala en pocas horas con los pases de Only God Forgives, el nuevo capricho de Winding Refn, y de Enemy, la película-rompecabezas que nos tiene obsesionados desde que la vimos en Donosti. Ambas tendrán un post para ellas solas. En veinticuatro horas, nueva crónica.

lunes, 14 de octubre de 2013

Crítica de THE ZERO THEOREM, de Terry Gilliam

A Gilliam hay que reconocerle un sello visual propio que no ha perdido frescura y que se ha mantenido imperturbable con el paso de los años y la llegada del digital y la tridimensión a la gran pantalla. The Zero Theorem, al igual que Brazil en los 80, 12 monos en los 90 o la más reciente El secreto de los hermanos Grimm, une armónicamente la fantasía artesanal con los fotogramas saturados de bits y colores propios de la modernidad. Gilliam nunca ha vendido su alma creativa a Hollywood, y gracias a ello cada estreno suyo tiene una entidad de pequeño fenómeno o cita ineludible para la comunidad cinéfila. La forma de proceder de Gilliam también le ha llevado a no mirar el trabajo de sus análogos y a desconocer las modas predominantes, una estrategia sensata para no perder un ápice de frescura pero bastante peligrosa si el objetivo es llegar a una audiencia grande. Los circuitos festivaleros siguen aplaudiendo a Gilliam conscientes de su importancia en el panorama cinematográfico de los últimos años (en pocas semanas The Zero Theorem se habrá proyectado en Venecia, San Sebastián y Sitges), pero seguramente pocos aplaudirán a un autor que ni cuenta con una nómina de fans fija ni parece dispuesto a abrirse a nuevas generaciones de cinéfilos (aunque en el cine de Gilliam se intuye una vena popular, los resultados son casi siempre films de firma y mensaje personal víctimas de la megalomanía y el barroquismo marca de la casa).


Con estas señas, lo mejor y lo peor que se puede decir de The Zero Theorem es que se trata de un film coherente y respetuoso con el espíritu Gilliam. En otras palabras: tan excesivo, surrealista e inabarcable como siempre. Original y único, pero sólo hasta el final de la proyección, porque la experiencia no se fija en el recuerdo. Gilliam viste a Christoph Waltz con ropajes imposibles y lo sienta en frente de un ordenador en cuyas entrañas se esconde el misterio del universo, el teorema imposible de descifrar. Y al final lo que molesta no es su singularidad visual, por muy cargante que ésta resulte: la verdadera desconexión con esta trama de ecos masónicos y punk se produce por la inconsistencia de un guion, que va expandiéndose poco a poco hasta derivar en algo deforme. Volvemos a apreciar el imaginario de Gilliam, pero también vuelve a evidenciarse la necesidad de que alguien conduzca a Gilliam no al camino más convencional pero sí al más sensato: The Zero Theorem está tan preñada de chistes y tan surtida de gadgets que no funciona ni como parodia ni como crítica, ni como sinsentido ni como cosmos cargado de símbolos. Hasta la ciencia ficción tiene sus límites, y a Gilliam le encanta sobrepasar todos los umbrales de la lógica. Nada nuevo bajo el sol: Gilliam sigue tan inmobilista en su hiperactividad como podía imaginarse.


Para los que quieren a Gilliam sobre todas las cosas y a pesar de los pesares.
Lo mejor: Los simpatizantes de Gilliam ya tienen juguete para unos cuantos años.
Lo peor: Los detractores de Gilliam tenemos un nuevo título sobre el que apoyar nuestras teorías.

Nota: 5

domingo, 13 de octubre de 2013

SITGES 2013 | CRÓNICA 2 | MINDSCAPE, PASSION, THE CALL, CAPA CAÍDA, VIOLET y LA TUMBA DE BRUCE LEE


Un festival de cine es un escenario perfecto para tomar el pulso a las tendencias predominantes del cine de nueva factura. Hoy la Sección Oficial y el apartado Noves Visions se han puesto de acuerdo a la hora de calibrar el estado de salud del cine español, concretamente la de los directores noveles que aspiran a ser los referentes del futuro. Las conclusiones de ese análisis no son demasiado alentadoras: con la crisis se han suprimido las producciones de presupuesto y perfil medio, por lo que las nuevas voces sólo pueden trabajar desde la precariedad económica, amén de crowdfundings y otras iniciativas, o desde la coproducción de mayor tamaño, hablada casi siempre en inglés con técnicos locales (resultado obvio de la gran generación de profesionales venidos de escuelas como la ESCAC) y un perfil diseñado para tener cierto impacto en el mercado internacional. Sea como sea, la posibilidad de acercarnos al abismo presente de nuestro cine es mérito de un festival que año tras año renueva su fidelidad con el cine hecho aquí: no hay que olvidar que en el escenario sitgense tuvieron espacio por primera vez nombres como De la Iglesia y Balagueró, que Lo imposible fue el evento más cacareado del año pasado y que el certamen lleva varios años inaugurando su selección con un film español (Los ojos de Julia, El orfanato, El cuerpo), tradición que ha seguido este 2013 con Eugeni Mira y su Grand Piano.

Mindscape, de Jorge Dorado. Sección oficial a concurso.

El primer ejemplo de todo ello lo hemos visto en Mindscape, proyectada para prensa en la poco agradecida sesión de las ocho y media de la mañana. En este caso, se repite la fórmula de títulos como Luces Rojas o Mamá: una historia capaz de llegar a un amplio abanico de mercados y que recoge parte de las preocupaciones del género fantástico actual (a muchos el detective 'mentalista' del film nos ha recordado a Origen y otros nombres similares). El análisis de todas sus partes no podría ser más positivo: el cineasta novel Jorge Dorado maneja a la perfección la complejidad técnica de su película, Taissa Farmiga ya es una figura de culto para los fans del cine oscuro, Lucas Vidal vuelve a facturar una banda sonora muy sólida y la fotografía de Óscar Faura es una vez más imponente. Por desgracia, la historia de Mindscape no interesa: sus personajes no están perfilados y todo se resuelve por la vía convencional. Un film poderoso por fuera y totalmente vacío por dentro. Veremos si cuando se estrene el 31 de enero puede presumir de premio en Sitges.

La tumba de Bruce Lee, de Canódromo Abandonado. Sección Noves visions emergents.

Capa caída se sitúa en el otro extremo. La película es un ejercicio pintoresco, chanante y cinéfilo que rinde culto a la figura de Magno, un superhéroe caído en desgracia en cuyos superpoderes y comportamientos queda parodiada gran parte del 'ser español', algo que ya hacía, salvando las distancias, el Torrente de Segura. Capa caída es un juego entre amigos, un capricho de estética retro trufado de momentos absurdos pensados para saciar ciertas audiencias hooligans o frikis que congrega un festival como Sitges. La película de Santiago Alvarado, contra todo pronóstico, resulta fresca, original, inclasificable y muy divertida, e incluso merece trascender la anécdota y estrenarse por las vías habituales y portales virtuales. Un falso documental al que le faltan muchos hervores y que tal vez se hubiese podido reubicar como corto o mediometraje (a veces la premisa no da para más), pero en conjunto la sensación predominante es la de haber asistido a un experimento audiovisual muy consciente de sus limitaciones y muy respetuoso con los referentes cinematográficos que homenajea. Una broma con mucha chicha: Magno es un personaje digno de estudio.

Capa caída, de Santiago Alvarado. Sección Noves visions emergents.

No se ha repetido entusiasmo con La tumba de Bruce Lee, proyecto de tan sólo 6.000 euros del grupo Canódromo Abandonado, y Violet, el regreso de Luiso Berdejo a un cine pequeño tras el descalabro de su ópera prima norteamericana La otra hija. Violet, ya proyectada en Donosti, no tiene ningún sentido, no hay por dónde cogerla y parece que cada nueva escena contradice el tono, la esencia y la historia de la secuencia anterior. En resumidas cuentas, es la historia de amor entre un veinteañero, su novia, una chica que aparece fotografiada en una antigua polaroid y las ciudades de San Sebastián y Los Ángeles. Todo parece declinarse en primera persona, así que intuímos que el film, más allá de ofrecernos el rostro siempre luminoso de Leticia Dolera, sólo tiene sentido para Berdejo y su estrecho círculo de amigos y amistades. Una películas que discurre por los márgenes, y que por lo tanto tendrá difícil encontrar ventana de difusión y público. Puestos a elegir alguna cosa, nos quedamos con las contadas pero distendidas intervenciones de Carlos Bardem (eso sí: todas ellas con un tono paródico y surrealista que viene a dejar al descubierto todos los defectos de la película).

Passion, de Brian de Palma. Sesión especial.

De La tumba de Bruce Lee podemos decir poco, precisamente porque no hay nada que merezca ser comentado. Un chico y una joven española viajan a Seattle, conocen a un yanki colgado que habla español, y entre los tres se concatenan diálogos y monólogos de tono existencial y repipi que aburren y crispan. Más allá de la omnipresente cita a Bruce Lee, operación parecida a la que obtendríamos si quisiéramos hacer filosofía a partir de la lectura de revistas rosa, el film no aporta ninguna idea brillante. El público reunido en el Prado se aletargaba a medida que iban pasando sus fotogramas. ¿Cuál es la clave de su desclabro? Muy fácil: mientras que Capa caída es muy consciente de estar jugando en una división menor, La tumba de Bruce Lee tiene deseos de grandeza y termina por resultar tremendamente antipática. No hace falta que retengan su nombre: la 'película', por catalogarla con alguna palabra, viajará de Sitges al ostracismo.

Violet, de Luiso Berdejo. Sección Noves visions ficció.

Finalmente, en paralelo a la línea española, en el Auditorio se han proyectado fuera de concurso The World's End y The Call, mientras que el Prado ha acogido la primera sesión en España de Passion de Brian de Palma (sorprendentemente no se ha estrenado entre nosotros). The Call es un ejemplo más de la eficacia de Brad Anderson a la hora de poner en tensión al espectador con tramas mínimas, esquema parecido al de Session 9 o Transsiberian. La presencia de una angustiada y poco creíble Halle Berry no ayuda, pero cuando la película explota sus posibilidades como road movie con psicópata de manual de por media funciona a pleno rendimiento. Por su parte, Passion es un desigual remake del film francés Crime d'Amour protagonizado por Rachel McAdams, cada día mejor intérprete, y Noomi Rapace, cada día menos Lisbeth y más internacional. De Palma describe con desvíos lésbicos la relación de amor-odio personal-laboral entre dos ejecutivas, una rubia y una morena, que pelean por escalar posiciones en una agencia publicitaria. Los primeros tres cuartos de hora tienen un tono frío y teatral bastante interesante que recuerdan a los mejores thrillers eróticos de los 80-90, pero el segundo tramo desvela la simplicidad de su argumento y todo termina por resultar aparatoso y grotesco. Una película fallida, aunque con cierto atractivo.

The Call, de Brad Anderson. Sección oficial fuera de concurso.

Un domingo soleado y muy intenso, con la costa de Sitges a rebosar. Mañana, nuevo rumbo y nueva tanda de films: veremos qué nos aportan las norteamericanas Machete Kills, We are what we are o Coherence, así como lo nuevo de Brillante Mendoza (Possession) y la representante al Oscar de Holanda (Borgman). En veinticuatro horas os contamos más.

sábado, 12 de octubre de 2013

SITGES 2013 | CRÓNICA 1 | THE GREEN INFERNO, THE JUNGLE, BLIND DETECTIVE y MAGIC MAGIC


'Sitges is different'. En ningún otro festival la gente aplaude y abuchea al inicio y al final de la película, e incluso durante las escenas más intensas, con tanta pasión. En ningún otro festival se registran colas tan largas tantos minutos antes de cada sesión, como si la oferta de los auditorios trascendiese lo cinematográfico para convertirse en el escaparate de un gran parque temático de cinefilias varias. En ningún otro festival coincide una fecha tan señalada como el 12 de octubre con la Zombie Walk, que llena las calles de este pequeño pueblo de la costa del Penedés de gente disfrazada de muerto viviente. Y en ningún otro festival se nos invita, al menos desde sus vídeos promocionales, a abrazar el satanismo. Sitges es una fiesta que se disfruta desde el gran Auditorio y los cines Retiro y Prado, pero también en las tiendas cercanas a la playa o en cualquier lugar, plaza o calle del municipio. Sólo en Sitges puedes sorprenderte y ver que estás caminando a pocos centímetros de Terry Gilliam o Eli Roth. ¿Qué se puede esperar de un lugar cuyo cementerio está presidido por la inscripción 'los muertos resucitarán'?

The Green Inferno, de Eli Roth. Sección oficial a concurso.

Y como hay cosas que sólo pueden ocurrir en Sitges, también hay películas que parecen diseñadas única y exclusivamente para la audiencia del certamen de cine fantástico y de terror más importante de España. Ese es el caso de The Green Inferno, la nueva locura de Eli Roth, una película tan intensa, loca y extrema que es difícil calibrar su recorrido comercial más allá de la órbita sitgense. Estamos ante la inminente polémica del género: no sería extraño que el film fuese recortado y censurado debido a la dureza de algunas de sus torturas. Roth mezcla el gore con la parodia y consigue una actualización de Holocausto caníbal. En otros circuitos y en otras plateas, The Green Inferno pasaría simplemente por una película desagradable sin más; en Sitges se convierte en la comidilla inmediata de todos los asistentes. Diga lo que diga el palmarés, ha quedado grabada a fuego en el subconsciente festivalero (para bien o para mal), y ya es uno de los grandes descubrimientos de esta edición número 46.

Vuelve la actividad en el auditorio del Hotel Meliá de Sitges.

Sin abandonar la selva, se ha proyectado fuera de competición el falso documental The Jungle, la crónica de una expedición que quiere conseguir imágenes de leopardos en la jungla de Indonesia. El argumento es mínimo y la fórmula de la ficción 'falsa' o 'falseada' muestra síntomas de haber explotado ya todo su potencial en títulos anteriores. La película es una suerte de El proyecto de la bruja de Blair dirigida por Iker Jiménez e interpretada por Frank de la jungla. Así, como suena. Escenas que se dilatan demasiado, diálogos totalmente vacíos cercanos al ruido y un misterio (conocer la forma de la bestia) que interesa más bien poco. Si con Roth todo ha sido jolgorio y aplausos, en este caso la cinta australiana ha clausurado su pase entre pitidos. Afortunadamente no cursa en la sección oficial.

Blind Detective, de Johnnie To. Sección oficial a concurso.

Más peculiaridades de Sitges. En ningún otro lugar, al menos al sur de los Pirineos, puede verse el cine de Johnnie To, autor invisible pero admirado y querido por muchos. Hoy el cineasta hongkonés ha tenido sesión doble. A falta de ver el thriller Drug War, o la nueva variación del To de toda la vida, nosotros hemos disfrutado de Blind Detective, versión desenfadada del To criminal. Queda cierto poso de quien es 'el Scorsese asiático', pero tampoco demasiado: Blind Detective es una comedia al estilo cantonés sobre un detective invidente que con la ayuda de una agente principiante intenta resolver crímenes cometidos hace una década. To se permite muchas salidas de tono, alguna fuga visual del todo delirante y momentos de acción mezclados con coreografías de tango. Un plato demasiado espeso, lleno de histrionismos, en el que es difícil saber si las estridentes voces de sus protagonistas se deben al elevado volumen de los altavoces del auditorio, a la prosodia del idioma o a la forzada teatralidad de sus intérpretes. Con todo, sus 130 minutos, paranoias incluidas, pasan de forma divertida. ¿Que por estilo y forma no casa con lo que pide una sección oficial de Sitges? Tal vez. Pero To siempre es bien recibido.

Magic, Magic, de Sebastián Silva. Sección oficial a concurso.

Finalmente, se ha presentado Magic, Magic, obra del cineasta chileno Sebastián Silva que algunos recordarán por la estimable La nana. La película tiene atmósfera pero hace aguas: empieza como una road movie mochilera, continúa siendo la narración de unas vacaciones atípicas y termina por no tener ni pies ni cabeza. No es tanto una película de terror como una historia sobre el miedo, que puede parecer lo mismo sin serlo. Juno Temple es la primera en inaugurar la lista de posibles actrices premiadas. Lástima que Magic, Magic sea tan tensa como vacía. ¿O será que la hora de proyección (8:30 de la mañana) no ha ayudado a ver los recovecos de la trama con serenidad? Volveremos a ella, ni que sea para hablar del curioso 'guiri' que interpreta un irreconocible Michael Cera.

El piano de Grand Piano, a exposición delante de la entrada del auditorio.

Seguiremos contándoos todo lo que dé de sí el Festival de Sitges, así como todas sus peculiaridades (que no son pocas). La anécdota del día: el piano que ha presidido la entrada del Auditorio, ejemplar que se utilizó en el film inaugural Grand Piano de Eugeni Mira.Os traeremos más imágenes de lo que ocurra los próximos días: Sitges y su festival estrella lo merecen. ¡Mañana, más!

viernes, 11 de octubre de 2013

Crítica de UNA CUESTIÓN DE TIEMPO, de Richard Curtis

El decano de la comedia romántica, el guionista y director Richard Curtis, vuelve a las andadas con Una cuestión de tiempo, una interesante variación de la trama romántica de toda la vida asociada por imposición de los nuevos tiempos a subterfugios propios del cine fantástico. El responsable de Love Actually o El diario de Bridget Jones acentúa su humor inglés, se reconcilia con el sector más juvenil del público y aporta nueva vida a la forma tradicional del 'chico conoce a chica'. El protagonista de Una cuestión de tiempo descubre que tiene el poder de viajar al pasado siempre que lo desea, con lo que puede cambiar el curso de las cosas, hacer 'borrón y cuenta nueva' a todos sus deslices amorosos y, cómo no, conocer y conquistar lentamente a la mujer de sus sueños. Curtis sabe que todos hemos deseado alguna vez echar freno y hacer uso de la goma de borrar, y la película encuentra su particularidad en esa premisa: cualquier traslado en el tiempo puede dirigir el destino del protagonista hacia uno u otro camino. Con esas directrices, la película funciona casi durante todo el metraje: es un film alegre, joven, fresco, nada ñoño y muy hábil a la hora de insertar sus chistes. El problema no viene curiosamente por la posible limitación de su trama, que realmente da mucho de sí y aparece dosificada con inteligencia, sino por la manía de Curtis de llevar sus films hacia las dos horas de metraje. Una cuestión de tiempo se dilata y llega a la madurez del personaje con moraleja de por medio: al fin y al cabo, vivir sin margen de error, dejándose llevar y sin posibilidad de alterar lo que sucede a nuestro alrededor acaba siendo la estrategia más inteligente para vivir plenamente (la vida, en resumen, no se puede planificar). Un broche de oro nada desdeñable aunque ligeramente deslucido por algunos excesos dramáticos de última hora: la fórmula se altera para bien, y aún así el molde de hora y media de duración sigue siendo lo más inteligente. Al final Una cuestión de tiempo resulta menos liviana de lo que debería, pero estamos sin lugar a dudas ante el producto romántico más juguetón en muchos años. Por fin tenemos una comedia romántica que encandilará a ellas y entretendrá mucho a ellos. Incluso sus aspectos espaciotemporales le harán ganar adeptos entre el público más adulto, por lo general poco ávido de historias teñidas de rosa. La prueba: el público del Festival de San Sebastián se rindió a sus pies. El éxito se repetirá cuando aterrice dentro de nada en las salas españolas. Atención: Una cuestión de tiempo apunta a título de culto. Dejen los prejuicios fuera del cine porque es altamente disfrutable.



Para reconciliarse con las love story.
Lo mejor: Es junto a Las ventajas de ser un marginado el film 'good feeling' del 2013.
Lo peor: La historia decae en su segundo tramo. Los excesos de Bill Nighy.


Nota: 6'5

jueves, 10 de octubre de 2013

MIS SOUNDTRACKS: BABEL, de Gustavo Santaolalla

BABEL, de Gustavo Santaolalla (Alejandro González Iñárritu, 2006)
Oscar 2006 a la mejor banda sonora
Palmarés: Premio Bafta y Satellite Award, y nominación al Globo de oro y Grammy. Hollywood Film Award 2006 al mejor compositor.
El compositor: Gustavo Santaolalla es un músico y compositor argentino conocido por sus trabajos en todas las películas del mexicano Iñárritu, así como por títulos como Diarios de una motocicleta o My Blueberry Nights. Tiene el Oscar, el Globo de oro y el Bafta, ha aspirado al Goya, y por motivos de trabajo ha instalado su residencia en California. En sus inicios, colaboró con diferents bandas de rock latino. Curiosamente, Santaolalla nunca ha cursado estudios musicales, por lo que no sabe leer ni escribir partituras: su trabajo se debe al dominio intuitivo de instrumentos como la guitarra y el piano. Recientemente ha colaborado en la musicalización de algunos videojuegos.


Reseña: Santaolalla recibió en 2007 uno de los Oscar más polémicos. Sus opositores dijeron que el premio recibido el año anterior por Brokeback Mountain era más que suficiente, y que en verdad el peso y la singularidad del soundtrack de Babel recae más en las canciones ya existentes que en las composiciones del argentino. Debates aparte, una película tan singular como la de Iñárritu necesita de una banda sonora igual de especial. Mientras las piezas de otros autores ayudan a contextualizar la escena (la boda mexicana y el periplo de la adolescente sordomuda en Tokio principalmente), la guitarra de Santaolalla aporta profundidad al drama. Iñárritu, autor muy preocupado en que sus películas tengan un impacto emocional en el espectador, consigue con las notas rasgadas de Santaolalla que la tragedia de Babel afecte a la audiencia, produciendo una terrible sensación de vacío en espacios tan grandes como el desierto entre fronteras o las tierras hiermas de Marruecos. Iñárritu, además, cultiva el exceso, y la banda sonora es, por ecléctica, inabarcable: Chavela Vargas se mezcla con el discotequero September, la triste World Citizen - I won't be dissapointed se escucha pocos minutos antes de El tamarindo o El pachangón de los latinos Los incomparables, el zen Only Love Can Conque Hate convive con la étnica Hiding It... y Santaolalla hace acto de presencia cuando la película prescinde de las palabras y desnuda sus escenas, vinculándolas además a estados de angustia e impotencia muy similares. Mereciese o no el Oscar, lo cierto es que la Academia premió un soundtrack que pocas veces podrá repetirse: ni que sea por su originalidad, aplaudimos el galardón.
Nota: 9

miércoles, 9 de octubre de 2013

Crítica de HELI, de Amat Escalante

Un marco como el Festival de San Sebastián no sólo sirve para ver películas sino para darse cuenta de ciertas constantes en el cine de nueva factura. Una de las conclusiones que dejaron los visionados en Donosti es que estamos ante una nueva juventud del cine mexicano. Con Iñárritu, Del Toro y Cuarón consagrados (Gravity fue de alguna manera el film del festival), no es casualidad que Después de Lucía de Michel Franco ganase el premio Un Certain Regard el año pasado o que el premio en Cannes al mejor director haya ido a parar dos años consecutivos a dos autores mexicanos. San Sebastián tampoco escapó en su sección oficial a esa tendencia: Fernando Eimbcke fue premiado por Club Sándwich. De todos estos hitos, Heli es seguramente el título más representativo, cuanto menos el que mayor impacto ha tenido en todo el mundo tras su paso por Cannes y Moscú, así como su reciente elección como candidata mexicana a la próxima criba del Oscar a la mejor película de habla no inglesa.


Amat Escalante se ha ganado a pulso ese lugar de honor porque su tercera película es una de esas historias que no se olvidan con facilidad y que torpedean la memoria quieras o no. Un retrato lapidario de los desiertos que rodean el D. F. y que son escenarios sin ley, con narcotraficantes campando a sus anchas, policías y gobernadores tan saturados de expedientes delictivos como inoperantes, casas destartaladas al lado de fábricas y jóvenes que llevan vidas de adultos y que incurren en los mismos errores que sus mayores. Heli es ante todo una película de vocación social que no debe pasar por una concatenación de planos desagradables. Escalante cuenta vidas y espacios que existen, y en pantalla eso se expresa con un western sucio en el que es difícil determinar quién es el verdugo y quién es la víctima, cómo se llegó a esa situación de total desamparo y cómo se puede poner fin a toda la espiral de infelicidad y violencia. Escalante, desde el primer plano, nos sitúa a escasos centímetros del horror, y del susto inicial el film vuelve hacia atrás para explicarnos qué sucedió días antes con Heli, un joven obrero, su pareja, su hermana pequeña y el novio aspirante a militar de ésta. Antes o después del flashback, todo lo que contiene Heli resulta duro e inexplicable, desde las insoportables torturas contempladas por niños que juegan a la videoconsola al lapidario plano final, que abre la película a un precipicio sin fin en el que el drama desgraciadamente prevalece, se consolida y se vuelve cíclico (la desdicha crea más desgracia y es imposible escapar de un destino marcado en negro de antemano). Cuesta calibrar hasta qué punto una película como Heli, tan impúdica y dolorosa, capaz de abrir tantas ampollas y de escocer a tantos estamentos y niveles, puede abrir la senda de un cambio social en su país de origen, pero Escalante, gracias a la rotundidad de su historia y a un estilo notable con el que tiñe de suciedad sus fotogramas, ha conseguido sin duda una nueva victoria para el cine mexicano, quién sabe si más avanzado que la propia sociedad que retrata. No nos habíamos retorcido tanto en una butaca de cine desde Kinatay de Brillante Mendoza. Cine de efectos pesadillescos. Un logro.


Para saber cómo se vive en las puertas del infierno.
Lo mejor: Deja una huella honda en el espectador.
Lo peor: Algunos la verán como una suma rocambolesca sin más.

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Nota: 8