lunes, 13 de agosto de 2012

VISIONADOS VERANIEGOS: CRIATURAS CELESTIALES, de Peter Jackson

Locas de amor, locas de atar
CRIATURAS CELESTIALES (HEAVENLY CREATURES), de Peter Jackson (Nueva Zelanda, 1994)

¿De qué va?: Nueva Zelanda, años 50. Juliet, una adolescente inglesa, llega a mitad de curso a uno de los colegios femeninos más estrictos de la isla. Pronto la actitud de Juliet creará un cisma entre profesores y alumnos por sus excentricidades y descaros. Las rarezas de Juliet llaman la atención de Pauline, una apocopada joven que comparte con Julie afición por la música, el cine, los disfraces y la literatura. Pero un día la salud de Juliet vuelve a debilitarse y es obligada a guardar reposo durante cuatro meses en un hospital. Pauline y Juliet empiezan a realizar planes de futuro, se comunican mediante cartas, y al mismo tiempo que escriben una novela empezarán a salir a la luz los celos de Juliet, los problemas matrimoniales de los padres de esta y la locura de las jóvenes.
Palmarés: Nominación al Oscar al mejor guión original. 9 premios de la Academia de cine neozelandesa, incluyendo película, director, guión, actriz protagonista y actriz secundaria. Presente en la lista de las 10 mejores películas del 1994 según la National Board of Review. Empire Award y Premio de la crítica de Londres a la mejor actriz del año para Kate Winslet. Metro Media Award en el Festival de Toronto. León de Plata en el Festival de Venecia 1994.


El dato: La película supuso el debut de las actrices Melanie Lynskey y Kate Winslet, que por aquél entonces tenían 16 y 18 años respectivamente. Ambas fueron las seleccionadas de un casting compuesto por casi 200 chicas. En la actualidad Lynskey sigue trabajando en el cine en papeles secundarios y recientemente la hemos visto en Up in the air y Win Win, mientras que Winslet se ha convertido en una de las grandes actrices de las últimas dos décadas con 6 nominaciones a los Oscar en su haber (ganó por The Reader). El guión del film corre a cargo de Peter Jackson y su mujer Fran Walsh, el mismo tándem detrás del éxito de la trilogía de El señor de los anillos y ganadores del Oscar por El retorno del rey. La cinta se basa en hechos reales y para la escritura del libreto Peter Jackson utilizó como fuentes los diarios de la verdadera Pauline Parker. A fin de ser lo más fieles posibles a la realidad, el film se rodó en la ciudad de Christchurch, el verdadero escenario de los hechos, y el argumento abarca un año y medio de tiempo: desde la llegada de Juliet (1953) hasta el asesinato de la madre de Pauline (1954). Jackson y Walsh se entrevistaron con algunos vecinos y amigos de Pauline y Juliet, además de policías, abogados y psicólogos conocedores del caso. El propio Jackson realiza un cameo en el film interpretando a un vagabundo que es sorprendido por Juliet en la salida de un cine. Aunque en su momento contó con una distribución bastante limitada, la productora Miramax Films consiguió que el film llegase a los cines de todo el mundo y en formato VHS (en España fue reeditada en dvd el marzo de 2011). Existen dos versiones de la película: una con un metraje de 99 minutos y otra 'versión sin cortes' de 109 minutos que solo se ha distribuido en un par de países. El mítico John Carpenter, presidente del jurado del Festival de Cine Fantástico de Gerardmer, otorgó a Criaturas celestiales el premio a la mejor película y en más de una ocasión se ha confesado admirador del film de Jackson. Como dan cuenta los créditos finales de la película, Juliet Hulme actualmente reside en Escocia y escribe novelas bajo el seudónimo de Anne Perry. La misma Juliet, a propósito de Criaturas celestiales, confesó ante un periodista que Peter Jackson era un 'idiota' y que su película resultaba 'grotesca'.


Valoración: Tras un par de comedias de terror, Peter Jackson firmó la que sigue siendo la mejor pieza de su filmografía. Criaturas celestiales tiene la frescura y la originalidad de las grandes obras del séptimo arte, y al mismo tiempo Jackson se impone como un genial cronista y montador de imágenes. Una historia esquizofrénica que lleva al espectador a espacios abstractos donde el amor más puro se mezcla con la locura. Dieciocho años después Criaturas celestiales sigue siendo única, sigue reinventándose escena tras escena, y sigue provocando la fascinación del primer día. Sus coqueteos con el fantastique se parecen a un Terry Gilliam elegante. Su alma negra la convierte en título de referencia del terror moderno, una apuesta ligeramente relacionada con las posteriores vírgenes suicidas de Sofia Coppola. Tiene la irreverencia, la frescura y la perversión de los grandes títulos de culto. En ella se encuentran las bases que han hecho de Peter Jackson uno de los grandes cineastas de Hollywood, si bien nunca ha podido evocar la perfección formal y actoral de esta (aunque algunas partes de The Lovely Bones estuviesen cerca de la inocencia y la crueldad de los 90). Una historia tan ambigua como el verdadero caso que la inspira. Un viaje críptico a una Narnia de celos y sombras. Un cuento para mayores sobre el poder de la palabra y las relaciones de posesión y manipulación en la adolescencia. Para siempre, uno de los mejores relatos sobre la amistad y el amor entre dos mujeres, si bien Criaturas celestiales trasciende los límites del queer cinema. Valiente, incómoda y fascinante. Verla por primera vez es una revelación, y disfrutarla por segunda vez es asistir a la cristalización de un mito. Enamora y asusta: la identificación con los personajes la hará sin duda una de las películas más especiales para toda una generación de espectadores, y al mismo tiempo la despiadada narrativa de Jackson consigue que analicemos las acciones y actitudes de Juliet y Pauline de forma objetiva. Imprescindible.


 Nota: 8
La escena:

domingo, 12 de agosto de 2012

El 'film shock' del 2012: Crítica de MARGARET, de Kenneth Lonergan

¡Qué difícil es hablar de una película como Margaret! Vaya por delante que se diga lo que se diga en esta crítica nada iguala al hecho de ver Margaret, a poder ser en pantalla grande, así que el único consejo que les puedo dar es asistir al visionado de la cinta totalmente vírgenes de información, con la mente y el corazón abiertos a cualquier cosa. Vale la pena aclarar que Margaret lleva colgada la banda de película maldita desde que su director Kenneth Lonergan y la productora Fox entraran en un contencioso legal por disputas sobre el metraje final de la cinta. La película que ahora llega a los cines, con unos seis años de retraso respecto su rodaje, corresponde a la versión que Fox hizo en la sala de montaje, reduciendo la trama de 180 a 150 minutos y aplicando algunas variaciones que no estaban previstas en el guión inicial de Lonergan. Si Margaret es una película llena de parches o elipsis, o si ha sido víctima de los recortes de unos y otros, es una cuestión que queda a la libre opinión e intuición, aunque este blog pagaría por saber cómo hubiera sido Margaret tal y como Lonergan la concibió. A los pocos pero concienzudos espectadores que apuesten por Margaret este verano, época nada propensa para un drama duro y desasosegante como este, no les debe importar el pasado tortuoso que precede a la película. Ahora bien: es importante poner las cosas en contexto porque Margaret se ve, se entiende y se sufre de distinta manera si pensamos que la película estaba pensada para estrenarse el año 2006. Margaret es claramente una película post 11-S y mucho me temo que el tiempo transcurrido desde su concepción hasta su reducida salida a la luz hace que no podamos visionar el film de la misma manera. Hay que situarse en el Nueva York todavía tocado por el ataque a las Torres Gemelas y en tiempos de George Bush hijo. Y en lo cinematográfico, hay que pensar que nada tiene que ver la Lisa que interpreta Anna Paquin aquí con la posterior Sookie de la serie True Blood, aunque ambos personajes puedan resultar inocentes o enervantes a partes iguales.


Con toda esta información a nuestras espaldas, Margaret es un film capaz de dejar tocado y hundido al más valiente. Habla del dolor, de cómo vivir y canalizar el sufrimiento, de cómo expresarlo y de cómo dejar que otros lo expresen. Habla de la justicia, de la solidaridad, de la felicidad, de hasta dónde debe llegar o puede llegar nuestro compromiso con las cosas atroces que cada día suceden a cuatro manzanas de nuestra casa. Habla de si educar es una cuestión de enseñar contenidos teóricos o de dejar discurrir el libre pensamiento, habla de los peligros y las ventajas de ese pensamiento sin ataduras pero parcial por todo aquello que configura nuestra mirada y nuestra opinión de forma inconsciente. Habla de las dudas del hombre moderno en un mundo en constante cambio, de la necesidad de encontrar un espacio vital, de la búsqueda de la reafirmación y la identidad. Margaret es un gran psicoanálisis de la conciencia de una ciudad y de todo un país, todo ello enmarcado en el personaje de la joven Lisa que no sabe canalizar las ideas y los ideales, los miedos y los arrebatos propios de la adolescencia. Es una película tan lapidaria no solo por lo que deja ver sino por lo que deja intuir que no se extrañen si durante la proyección sienten que se han quedado sin aire o que directamente se encuentran mal. La intención de Margaret es ponernos en un estado de duda, peligro y desasosiego constante. Lo consigue, y con creces. Margaret me ha afectado a tal nivel, me ha sobresaturado y sobrepasado a tal grado, me ha dejado tan sin palabras que no sé qué opinar ni explicar in strictu sensu de qué va Margaret. Sé, eso sí, que es el 'film shock' de la temporada, y que a tientas estaría entre las mejores ficciones y actuaciones femeninas del 2012. Margaret es un film que dista de ser perfecto o redondo, pero tiene la belleza fúnebre de aquellas historias perseguidas dentro y fuera de la pantalla por la desdicha. Si no fuese porque Margaret me ha dejado demasiado descompuesto la volvería a ver mañana mismo. Por el momento es una película que, aviso, no me cansaré de reivindicar. Con la misma vehemencia e inquietud con la que Lisa (Anna Paquin) se inmiscuye en un suceso que es difícil determinar hasta qué punto le concierne. Porque si las mejores películas son aquellas que te remueven por dentro, Margaret es lo más parecido a una obra maestra con mala estrella.



Nota: 8'5

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sábado, 11 de agosto de 2012

Adolescentes islandeses: Crítica de ÓRÓI (JITTERS), de Baldvin Zophoníasson

A juzgar por el poco cine islandés que este blog ha tenido ocasión de ver, todo indica que los islandeses consideran que viven en uno de los lugares más bellos pero también más aburridos del mundo. El pesimismo se acentúa si los protagonistas, como sucede en Órói (Jitters), son unos adolescentes de dieciséis años que no saben qué hacer con sus vidas. La película sucede en verano pero, cosas del norte, todos llevan chaqueta. Gabriel regresa a la isla helada tras su estancia en Londres en un viaje para mejorar su inglés. En Gran Bretaña conoció a Markus y una noche el equilibrio se rompió cuando ambos se besaron. Gabriel vuelve a encontrarse con su posesiva madre y con sus amigos, pero en sus adentros nada es lo mismo. Órói (Jitters) sigue a esa pandilla de colegas unidos por estar en la edad del desencanto, el momento en el que todo parece transitorio y en el que irse de casa de los padres es casi una necesidad. Donde otros enfocan la homosexualidad en la adolescencia desde el rechazo o la exploración, la película prefiere detenerse en sus personajes secundarios y dar espacio a todos los amigos de Gabriel. En este sentido, el film se queda varios pasos por detrás del riesgo y la certeza de películas como Fucking Amal. Todo es excesivamente manido. El corazón dramático de la obra (la condición sexual vivida en silencio), que prometía ser el motor de la trama, acaba ocupando una posición anecdótica en el conjunto de la historia. Y el problema es que las otras líneas argumentales que merecen la atención del director no son demasiado novedosas: parejas juveniles, problemas familiares, noches de borrachera, titubeos con las drogas, búsqueda de la identidad y la rutina de las primeras experiencias laborales. La película vuelve a ganar enteros en la última escena, pero por el camino deja demasiados cabos atados como lo haría una película adolescente para adolescentes de sábado por la tarde. Al final la muchachada isleña no dista demasiado de la nuestra: aquí los nórdicos se marcan una Mentiras y gordas más austera, menos pasada de vueltas, pero al fin y al cabo igual de intrascendente. Aunque... si una cinematografía tan pequeña como la islandesa que estrena pocos títulos al año dedica una de sus películas a la realidad homosexual presente entre sus 350.000 habitantes el dato ya es significativo: he aquí la verdadera diferencia.


Nota: 5'5

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viernes, 10 de agosto de 2012

Libidos disparadas: Crítica de FÅ MEG PÅ, FOR FAEN (TURN ME ON, GODDAMMIT)

La adolescencia y más concretamente el despertar sexual ha sido el resorte de muchas películas. Un tema difícil de abordar sin caer en el folletín barato, en caso de querer conquistar una audiencia joven que se sienta identificada con las imágenes, o en el cliché desfasado, en caso de que detrás de la obra estén adultos en busca de recrear un universo juvenil que les es ajeno, cuanto menos lejano. Hay pocas aproximaciones al mundo adolescente, al ambiente de los institutos y a las inquietudes sexuales que resulten realistas a la par que complejas artísticamente. Uno de esos pocos ejercicios de equilibrado verismo es Fucking Åmål, una película sueca muy querida por este blog. Y el último título visto en las salas españolas que merece figurar en el grupo de sorpresas notables es la francesa The French Kissers. Få meg på, for faen tiene su génesis en una novela de éxito en Escandinavia, intuimos que destinada a un público adolescente. Credenciales que la película no tarda en reformular. La protagonista, Alma, nos introduce en la historia describiéndonos los lugares donde tendrá lugar el relato, de forma que la cámara cubre en un ejercicio de subjetivismo fílmico aquello que Alma ve y verá, y que en calidad de narradora observa desde el otro lado del encuadre. Acto seguido vemos a Alma masturbándose tumbada en el suelo de su cocina mientras oye la voz telefónica de un número de contactos sexuales, un plano cenital muy arriesgado que no deja de evidenciarnos no el poco tacto sino la valentía de lo que está por venir. Si bien la película se deshincha a medida que avanza, es interesante apreciar el juego de ensoñaciones calenturientas y acciones reales que se van solapando, creando una atmósfera entre fantasiosa y cruda que describe las dudas, tensiones, obsesiones e incertidumbres de la joven Alma. Vaya, que Få meg på, for faen no tiene miedo de llamar las cosas por su nombre (véase la escena que genera la calumnia y el conflicto que basa toda la trama: el momento en que Arthur, compañero de clase de Alma, restriega su pene erecto contra la falda de la chica). La película tiene derivaciones a la comedia surrealista muy efectivas, sobre todo en su tramo final, que en parte reconducen y concluyen por todo lo alto una línea argumental que se había desdibujado. La película adolece de otro tipo de mojigatería: no hay rastro de mala baba, mordacidad o rabia púber ni en el guión ni en las imágenes de Få meg på, for faen, algo que le resta entidad aun estando a tono con el paisaje frío que sirve de telón de fondo. No llega al nivel de Fucking Åmål, pero se hace querer. Un nuevo ejemplo de que el cine nórdico sigue varios pasos más adelante que el cine local en riesgo y experimentación cinematográfica.


Nota: 6

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jueves, 9 de agosto de 2012

Crítica de PATRIK 1,5 (PATRIK, AGE 1.5), de Ella Lemhagen

'No puedo creer que ahora nos toque a nosotros', dice Göran desde el dormitorio de su casa nueva mientras observa por la ventana a una vecina con su bebé. Göran vive con su marido Sven y ambos están en trámites de adoptar un niño. Un problema administrativo, y sobre todo un error ortográfico, obliga a la pareja a hacerse cargo de un adolescente conflictivo de quince años en lugar del pequeño de quince meses que esperaban. Una situación que hace mella en la pareja y que destapa la caja de pandora en forma de prejuicios cruzados: Göran tiene que soportar un ambiente de constante amenaza, de latente homofobia; y el recién llegado Patrik siente una marginación parecida al verse como un objeto que los asistentes sociales quieren quitarse de en medio a toda costa. Ni qué decir que Göran y Patrik conseguirán limar asperezas y derribar todos aquellos muros, la mayoría mentales e ideológicos, que los separan. Patrik 1,5 lidia con el desarrollo sabido de la historia, que bien puede interpretarse como fácil o simplemente como obvio, el más plausible y al final el más realista. La cuestión es estar atentos y captar todos los detalles de la cinta. La historia tiene suficiente capacidad para resultar tierna y garantizar un visionado muy agradable. Y si ahondamos en ella, hay que reconocerle a Ella Lemhagen una total coherencia formal y argumental: véanse los paseos de Göran mientras hace footing en su urbanización y el retrato indirecto de ese mundo idílico, no por casualidad filmado con colores saturados y chillones que aportan irrealidad y que describen la ridiculez burguesa del vecindario, del que el protagonista quiere ser parte activa a pesar de la sombra constante de la exclusión social; véase el peso que tiene en la trama el jardín en detrimento de la casa familiar, como si la vida de Göran se situase hacia el exterior, de cara a la galería, en favor de unas apariencias que no se corresponden con la realidad; o véanse los momentos en los que el guión da una visión amplia de cómo la homosexualidad es aceptada pero con matices en contextos vecinales, laborales y administrativos. Una película que tiene parodia, drama y moraleja final más conciliadora que adoctrinadora. Ni comedieta menor ni película destinada a un ámbito exclusivamente queer: Patrik 1,5 muestra los nuevos tipos de familia existentes en una Europa moderna y es un cuento precioso que demuestra la necesidad de no tener ideas preconcebidas sobre la gente por el hecho de situarse en un eslabón social o tener una u otra condición sexual. Lemhagen filma una Suecia acomodada, superficial y de postal que perfectamente podría salir de un capítulo de Mujeres desesperadas, y que con matices podría situarse en España.


Patrik 1,5 es una de las mejores películas de temática homosexual de los últimos años. Fue vista en el Festival de Toronto, el Festival de Seattle y en London Lesbian and Gay Film Festival, y premiada en los Festivales de San Francisco y Verzaubert. Nominada a dos premios Guldbagge de la Academia de cine sueca. Y por méritos propios es uno de los títulos más conocidos del reciente queer cinema, aunque nunca se haya estrenado entre nosotros. Excelente por contener dos 'tipos' de homosexualidad perfectamente definidas y reconocibles: Göran representa la sensibilidad, y a él quedan asociados objetos como los jarrones de diseño que decoran el comedor; y Sven representa lo físico, el homosexual nada afeminado que en el pasado vivió una vida como heterosexual y que ha asumido lo masculino (la música country, el whisky) como base de su nueva vida e identidad como gay (no por casualidad él es quien compra el dispositivo que vigila a Patrik desde su habitación; y también el detonante del drama familiar, ya que la rabia de Patrik le recuerda muchísimo a su propia frustración de antaño). Una película educativa y reconfortante que ante las diferencias establece puentes, destaca aquello que nos une lo queramos ver o no, seamos conscientes o no. Y en paralelo a esto, una película que no por ser liviana debe menospreciarse su estudiada envoltura y hondura tanto dramática como visual. Una pequeña gran película.


Nota: 8

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miércoles, 8 de agosto de 2012

Control: Crítica de APFLICKORNA (SHE MONKEYS), de Lisa Aschan

A las personas se las adoctrina. A los animales se los adiestra. Vivimos preocupados por las apariencias, por controlar que nada delate nuestras debilidades. Debido a ese culto al control nos hemos deshumanizado y premiamos las actitudes frías y calculadoras en detrimento de lo vivo y espontáneo. Porque bajo control se vive mal, pero al menos con la seguridad de que nada ni nadie puede herirte si tú no infliges dolor a los demás. Es el espejismo de quien vive en una dictadura y cree tener libertad de acción y palabra. De eso y mucho más trata Apflickhorna (She Monkeys), una de las óperas primas más sorprendentes del último cine sueco que se alzó con el premio a la mejor película en el festival de Tribeca y en los Guldbagge de su país. Una historia marciana sin aparente línea argumental dispuesta a modo de pequeños momentos aislados de violencia implícita, un poco a imagen y semejanza de la nueva ola de cine griego representada por Canino y Attenberg. Apflickorna trata la represión y la autorepresión, la manipulación y la contención. Es una historia de amor y de poder, de amistad y de competencia. Un cuento de gentes sensibles, maneables e influenciables, que aprovechan cualquier ocasión para hacerse con el látigo y dirigir según intereses propios. Puede que algunos la tachen de provocativa al exponer actitudes extremas mediante dos personajes poco habituales: una niña de apenas ocho años y una chica adolescente a punto de ser mujer. Pero lo pecaminoso no está en el propio acto sino en los ojos que observan, y Apflickorna no busca más que dejar atónito al espectador en un microcosmos cerrado y con sentido, con muchos sentidos. Incluso el discurso sobre el control sirve para incluir una trama de amor homosexual contada de forma muy sutil. La rigidez que impone el deporte, la falta de un referente paternal que guíe, las imposiciones sociales que obligan a esconder muchas cosas debajo de la alfombra... Apflickorna es muy compleja, y resta a la espera de que espectadores valientes sepan bucear en su mundo tan extraño como la vida misma. Las formas serán extravagantes pero el fondo es el de siempre, universal y enriquecedor: exponer la complejidad y la contradicción del ser humano y sus actos. Aunque puede escocer, aunque otros nombres como Haneke o Von Trier hablen de lo mismo de forma más brillante, y aunque muchos no conectarán con su belleza bizarra, no deben perdérsela.


Nota: 7

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martes, 7 de agosto de 2012

Políticamente incorrecto: Crítica de FYRA ÅR TILL (FOUR MORE YEARS, CUATRO AÑOS MÁS)

A día de hoy once países han legalizado el matrimonio homosexual, entre ellos Islandia, Noruega y Suecia, además de siete jurisdicciones de los Estados Unidos y una de México D.F. El último en sumarse a la lista ha sido Dinamarca, aunque los diputados del Partido Demócrata Cristiano danés ya han amenazado con recurrir la ley, en vigor desde el 15 de junio de 2012. En España contamos con un sistema similar al de los países nórdicos, un gran avance social si tenemos en cuenta que nuestros vecinos mediterráneos todavía no han normalizado ni garantizado los derechos de sus ciudadanos homosexuales. Afortunadamente, y con el amparo de la ley hasta que el actual gobierno 'popular' diga lo contrario, las parejas gays forman parte de la realidad española del S.XXI, sin armarios de por medio. Todo el mundo tiene un familiar, un amigo o un compañero de trabajo homosexual, pero... ¿qué sucede cuando hablamos de nuestros políticos? La clase política, atacada y desprestigiada por la crisis económica, parece vivir de espaldas a la realidad del pueblo llano. Aceptamos, al menos en teoría, la homosexualidad, pero pocos dirigentes o figuras públicas confiesan su sexualidad; y de confesarse, el tema sirve para que algunos rotativos o compañeros de profesión hagan bromas o ataques al respecto. Ante este panorama, ¿es posible un presidente del gobierno homosexual en un país cuya infrastructura legal garantiza las libertades y los derechos de gays y lesbianas? Ya tenemos el caso de un presidente negro, y Europa en lo económico está bajo los hilos de una mujer. Porque, recordemos, una normalización no solo requiere de un proceso legislativo sino de un profundo cambio social.



Fyra år till nos acerca la vida de David Holst, líder del Partido Liberal Sueco de ideología de centroderecha que contra todo pronóstico pierde las elecciones. Desanimado al verse cuatro años en el ostracismo, o lo que es lo mismo, en el sillón de la oposición, David deja el peso de su actividad política en su mujer, su principal asesora y mánager. Pero David está desanimado, vive en una constante vorágine de reuniones, viajes, mítines, discursos, ruedas de prensa y plenos. Trabaja para la ciudadanía, pero por el camino se olvidó ser un hombre, un ciudadano más. Por eso al coincidir con Martin, candidato a secretario del Partido Socialista, David intuirá otra vida posible, más espontánea, lejos de la falsedad de su matrimonio y afín a su verdadera y reprimida orientación sexual. La de David es una doble salida del armario, porque él está casado con la política y sus escarceos con uno de los nombres clave del partido contrario es la máxima infidelidad posible. Martin vive abiertamente su homosexualidad, y David lleva veinte años imponiéndose la política del autocontrol. Una premisa que da para mucho: Fyra år till reflexiona sobre las dificultades de conciliar compañero de cama con los colores políticos, proponiendo una comedia política muy original que en su tramo final sucumbe a la trama romántica de manual. Una premisa que en la actual debacle económica resulta interesantísima al demostrar que una comedia política es posible, eso sin ofrecer una imagen complaciente ni hiriente de quienes nos gobiernan.  


Fyra år till funciona como comedia de enredos. Una película muy equilibrada que busca la conciliación, nunca la crispación. Un film imposible de imaginar en nuestra cinematografía, si bien España legalizó el matrimonio homosexual cuatro años antes que Suecia. Aquí veríamos polémicas por los cuatro costados, quizás porque en la política local hay muy poco margen para el humor. Fyra år till, aunque no deja de ser una historia de esquema fácil y resolución previsible, es una obra parida en el seno de una sociedad abierta y moderna, algo difícil de imaginar en España. En la película Martin llega a ser el secretario de su partido sin esconder su homosexualidad, mientras que el film 'castiga' a David por su silencio. Esa es la gran moraleja de la cinta. Fyra år till viene a decirnos que ese hipotético presidente homosexual es posible, que tarde o temprano será un hecho acorde con la realidad social. Aunque la política de la calle y la de los despachos parezca discurrir por caminos diferentes. Aunque el camino será duro, uno de los pocos pasos que quedan hacia la total normalización. Un mensaje positivo que además nos regala algunas escenas divertidas y dos grandes interpretaciones.


Nota: 6

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lunes, 6 de agosto de 2012

Niña malvada made in Spain: Crítica de DICTADO, de Antonio Chavarrías

Antes de que la crisis económica y las nefastas políticas del PP nos separen, para comprobar la variedad y la salud (siempre tocada, pero con la fuerza del enfermo terminal que no quiere morirse) de nuestro cine solo hay que pasearse por cualquier multicines de España. Dictado apuesta por el thriller psicológico en un intento por avanzar un paso más en esa apuesta de género que nuestro cine viene haciendo desde los 90. Es casi lógico que el terror puro y duro de Balagueró diese hace poco un experimento más cercano a la ciencia ficción como Eva de Kike Maíllo y que ahora Dictado, influida por los films que hace doce años salieron a la luz a raíz del éxito de El sexto sentido, retroceda pasos para ver qué quedó de ese cine de terror sin sangre y miedo más bien introvertido. Tampoco es casualidad que un autor como Antonio Chavarrías, definido por la temática social de sus anteriores Volverás y Las vidas de Celia, haya visto en el terror ligero la posibilidad de una nueva película. De alguna forma Dictado es totalmente coherente con los tiempos que corren y con el cine español que se produce ahora, y quizás eso la llevó a pisar el Festival de Berlín como candidata al Oso de oro. Pero al mismo tiempo lo que propone Dictado no dista demasiado del telefilm convencional, y adolece como muchas de nuestras películas de una buena idea de partida desarrollada sin demasiada fortuna. Será que estamos influidos por el lenguaje televisivo, pero como apuntaba el crítico Quim Casas en uno de sus escritos recientes da la sensación de que algunos títulos de la nueva hornada de cine local, donde figuraría Dictado y cabría incluir historias como Grupo 7, se moverían mejor dentro de los corsés de la miniserie televisiva que en el formato clásico de película de hora y media, básicamente porque el cine tiende a la elipsis y a la síntesis por una cuestión de tiempos y de formatos, y porque la pequeña pantalla abre posibilidades a tramas más dilatadas, más voluptuosas y mejor desarrollo de espacios y caracterización de personajes. Solo hay que remitirse al final de Dictado, no por esperado menos brusco, para darse cuenta que Chavarrías interrumpe el relato 'a la francesa', bien porque nunca le interesó la complejidad psicológica de sus personajes o porque el cine obliga a mostrar lo justo y necesario y acabar donde conceptualmente termina 'el conflicto' de la historia. Dictado habla del peso del pasado, de la culpabilidad, de las anécdotas y personas que inconscientemente pueden llegar a marcarnos de por vida, de lo difícil que es educar a un niño. Una temática que me recordó a la espléndida Caché (Escondido), aunque Dictado sea menos metafórica y apueste por el thriller tan fácil de seguir como a la postre de olvidar. Tanto Bárbara Lennie como Juan Diego Botto resultan creíbles en sus papeles de padres sufridores, la película no cae en las ñoñerías de 'film con niña malvada' y hay que reconocerle a Chavarrías cierta capacidad por lograr una atmósfera considerable, más envolvente que terrorífica. Y aún así, Dictado podría haber sido mucho más si el guión hubiese presentado más riesgo o algún giro de trama extra que acabase dando al film la entidad de entretenimiento endiablado que no tiene. Desgraciadamente salimos a la pizarra sabiendo la ortografía de las palabras y la sintaxis de las oraciones, y Dictado acaba por seguir los pasos básicos del manual que todo cinéfilo o fan más o menos curtido lleva interiorizado en su imaginario. Aún así, los pequeños destellos, desasosiegos y misterios de Dictado merecen cierta estima, como esa escena, quizás la mejor del film, en la que un hombre se suicida en la bañera mientras su hija resta quieta en el agua y el suelo del baño se va llenando de sangre. Si quieren descubrir el misterio solo hace falta que rescaten Dictado del olvido. Aunque les aviso: no tardarán en descifrar el resultado de la suma.


Nota: 6

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domingo, 5 de agosto de 2012

CINERANKING JULIO: LAS MEJORES PELÍCULAS DEL 2012

Un número de concursantes que ha subido hasta 38. Películas que vuelven al ranking. Nuevos estrenos que han llegado pisando fuerte. Títulos clave que un mes más siguen sumando votos y manteniéndose en las primeras posiciones. Y de nuevo, películas que por décimas y con una media que ronda el 7 no han podido aparecer en el post. A la espera de saber cómo se comportarán los últimos lanzamientos veraniegos y qué nos deparará la prometedora temporada de otoño, estas son las MEJORES PELÍCULAS DEL 2012:

TOP TEN de JULIO

10. Empate con una media de 7'33 entre:
EL CABALLO DE TURÍN Vuelve al ranking Votos: 3
GRUPO 7 -6 Votos: 3

9. Empate con una media de 7'5 entre:
DE TU VENTANA A LA MÍA = Votos: 2
ELS NENS SALVATGES = Votos: 4
SI QUIERO SILBAR, SILBO -5 Votos: 4
¿Y AHORA ADÓNDE VAMOS? -8 Votos: 4

8. Empate con una media de 7'53 entre:
LOS HOMBRES QUE NO AMABAN... -1 Votos: 17
TAKE SHELTER = Votos: 15

7. LA INVENCIÓN DE HUGO
-1 Nota: 7'75 Votos: 24

6. LOS DESCENDIENTES
-1 Nota: 7'77 Votos: 26

5. SHAME
-3 Nota: 7'95 Votos: 21

4. Empate con una media de 8 entre:
ALPS = Votos: 1
CRÓNICA DE UNA MENTIRA = Votos: 1
ELENA Nueva Votos: 1
MOONRISE KINGDOM = Votos: 5
NORTEADO = Votos: 1

 3. INTOCABLE
= Nota: 8'08 Votos: 13

2. ARRUGAS
+2 Nota: 8'1 Votos: 11

1. EL CABALLERO OSCURO: LA LEYENDA RENACE
Nueva Nota: 8'7 Votos: 10

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Son muchos los actores que llegan a los cines casi al mismo tiempo con dos películas muy diferentes. Recientemente hemos tenido a Johnny Depp por partida doble en la gran pantalla. Toca elegir: ¿Los diarios del ron o Sombras tenebrosas?

EL DUELO DEL MES

LOS DIARIOS DEL RON
Nota: 4'5 Votos: 2
vs.
SOMBRAS TENEBROSAS
Nota: 6'08 Votos: 12

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La lista de buenas películas que no llegan a las salas comerciales de nuestro país es mes a mes más larga. Ningún distribuidor tiene la suficiente valentía para estrenar cine austríaco, casi siempre duro e incómodo. En el Cineranking lo reivindicamos con uno de los films más emblemáticos de esos 'invisibles visibles':

NO ESTRENADA A REIVINDICAR

MICHAEL
Nota: 7 Votos: 3

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Agosto sigue con los estrenos veraniegos: grandes superproducciones que como El caballero oscuro: la leyenda renace prometen dar mucha guerra en el Cineranking. Prometheus a la cabeza, con permiso de un resucitado Manolete. Estos son los estrenos de agosto votados por los concursantes.

5. Empate con una media de 4 entre:
L'APOLLONIDE Votos: 1
MANOLETE Votos: 2
POLLO CON CIRUELAS Votos: 1

4. HARA KIRI: MUERTE DE UN SAMURAI
Nota: 6 Votos: 1

3. HEADHUNTERS
Nota: 6'83 Votos: 6

2. ¡PIRATAS!
Nota: 7 Votos: 2

1. PROMETHEUS
Nota: 7'75 Votos: 4

sábado, 4 de agosto de 2012

Ventura Pons, caso aparte: Crítica de ANY DE GRÀCIA (AÑO DE GRACIA), de Ventura Pons

Un año más nos encontramos con nueva película de Ventura Pons, un hombre que solo por su actividad parece buscar a toda costa el título de Woody Allen ibérico. Pons es un autor curioso que sigue en activo no sabemos muy bien por qué. Hay algunos directores más o menos acertados en su último tramo de carrera cuyos inicios parecen suficientes para legitimizarlos como cineastas de interés: aquí pondría a Bigas Luna, ya lejos de Jamón, jamón, La teta y la luna y sus primeros trabajos. Hay otros artistas que sin haber vivido un momento de esplendor de alguna manera siempre han estado de moda y su influencia ha sido transversal a muchas generaciones de cineastas: es el caso de Agustí Villaronga, que no necesita de Pa negre para ser una de las grandes figuras de nuestro cine. Hay autores 'rematadamente indies' a los que no les iría mal probar suerte con productos más accesibles: Jaime Rosales, Marc Recha y Albert Serra son los más empecinados de la clase, aunque su cine me guste siempre, en mayor medida el de los dos primeros. Y hay otros nombres que dejaron de hacer cine cuando su aportación al medio era y hubiese podido ser mayor: se me ocurre el nombre de Juanma Bajo Ulloa y otros de los llamados 'cineastas malditos'. Ventura Pons ocupa un trono para él solo. Nunca ha hecho una película remarcable o de éxito, si bien en su filmografía pueden distinguirse títulos mejores que otros. Su proyecto más internacional, Manjar de amor, pasó totalmente desapercibido, quizás demasiado. Y en los últimos años parece que Pons ha encontrado en el estilo televisivo (rápido, directo, desaliñado técnicamente, más acorde con la naturaleza teatral de sus historias) la forma de producir cantidad sin pensar en la calidad. Por qué Pons sigue empeñado en estrenar por la vía convencional (Any de Gràcia ha tenido más espectadores en Filmin que en los cines) y por qué no deja convencerse por TV3 para hacer una serie 'amb accent català i barceloní' (Any de Gràcia sirve como arranque o episodio piloto para una ficción televisiva: lo han dicho muchos antes que este blog, pero es totalmente cierto) es un misterio que no se resolverá. Una pena, entiendo, cuando muchos autores noveles no encuentran espacio y financiación para sus proyectos: ¿acaso Pons no es un creador que no molesta a nadie y que se lo ha tomado injustamente como abanderado de un 'cine catalán' no siempre visible? Por unas cosas o por otras, Any de Gràcia resulta innecesaria y prescindible, y puestos a pagar por ver o por hacer una película hubiese sido mejor confiar en otro autor y en otra historia. A cada mueca, gesto y frase de Rosa María Sardà no puedo dejar de pensar lo grande que es esta mujer, aunque Sardà siempre haga de Sardà, aunque Pons lo sepa y consienta, y aunque su interpretación resulte más propia del teatro que del cine. Aún con todo, hay que reconocer que Any de Gràcia tiene eso: cierta gracia. No es divertida, tampoco es enteramente disfrutable y entretenida, pero se deja ver y resulta hasta entrañable. Vaya, que es lo mejor que el señor Pons ha hecho desde... no sabemos cuanto. Eso aunque para nada estemos ante una gran película y ante un hombre clave del cine de aquí: ni tan siquiera merece el Gaudí local, así que ni pensar en el Goya. Veredicto: de la misma forma que me repatea que Antena 3 venda telefilms como películas en el sentido estricto del término, me molesta que una obra con vocación y entidad de telefilm ocupe 'x' número de salas para nada. Y sobre todo, que encima la estrategia sea orquestada y defendida desde el propio cine catalán. Emitida antes o después del Polònia o del 30 minuts, programas de la televisión catalana, tendría su pase, y no será este espacio el que eche por tierra una película que tiene su encanto. Hay que decir la verdad aunque duela. Frase APM: ¡que no nos engañen!


Nota: 6

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viernes, 3 de agosto de 2012

Retiro en la India: Crítica de EL EXÓTICO HOTEL MARIGOLD, de John Madden

El exótico hotel Marigold es una de las pocas películas en apariencia pequeñas que ha conseguido ser un moderado éxito en nuestros cines en tiempos en que es muy difícil seguir en cartel y llenar salas por gracia del boca-oreja. Tras verla no hay duda que cuenta con los ingredientes suficientes para hacer las delicias de un público adulto (entiéndase anciano) y urbano (entiéndase femenino) que frente a tantos blockbusters para adolescentes con espinillas reivindica su espacio en la oferta cinematográfica actual. Porque de eso habla la película: de la búsqueda de 'una habitación propia', un espacio privado donde vivir la vejez con tranquilidad y con dignidad. Un tema muy recurrente si tenemos en cuenta que parte de las grandes víctimas de la crisis han sido aquellos adultos que tras toda una vida de trabajo han visto interrumpida su actividad laboral o recortada su jubilación. 'Aquí la vida no es un derecho sino un privilegio', dice uno de los protagonistas del film, y la confrontación entre Oriente y Occidente queda descrita desde el desencanto de la vieja Europa y la apasionante amalgama de colores, sabores y olores que ofrece el caos de ciudades como Bombay. Al fin y al cabo, no es arriesgado afirmar que el hasta ahora entendido 'primer mundo' acabará perdiendo el bienestar de sus ciudadanos y fuerza en la economía mundial en favor del recién despertado frente asiático. El exótico hotel Marigold no entra en consideraciones tan profundas, aunque ese es su contexto. Un grupo de británicos más cerca de los setenta que de los cincuenta viaja hasta la India para vivir sus últimos años en un hotel casi en ruinas. El retiro viene motivado por diferentes detonantes: la muerte del marido, insatisfacción laboral, una operación médica, problemas económicos o simplemente la soledad (de nuevo, los grandes males propios de una sociedad bienestante). Los líos y aventuras de los protagonistas atañen a una comedia ligeramente romántica ligeramente dramática que hará las delicias de los amantes de las películas sin grandes efectos ni altibajos pero con cierto encanto. El exótico hotel Marigold es pese a sus dos horas de metraje una película liviana que hace sentir bien a su audiencia, algo que entre tanta noticia negativa puede llegar a tener su mérito. El placer que pueda generar El exótico hotel Marigold, eso sí, viene determinado por un idealismo, surrealismo o maniqueísmo de base que debería enervar a los más exigentes. Porque aunque los ancianos puedan llegar a comportarse como niños en ningún caso son tontos. La película acaba siendo tan prototípica, previsible y ñoña como una guía turística. De hecho, el realizador John Madden (de 63 años), en cuya carrera no encontramos ninguna película mala y ninguna obra maestra, se comporta como un guiri que en su último trabajo parece evocar el punto y final soñado. Con todo, El exótico hotel Marigold no es tanto el retrato del ocaso vital como un guión bien orquestado para tonificar, clichés mediante, la falsa moral de cierto sector burgués. Al menos dentro de las subtramas del film hay una historia bastante tierna que da para una película independiente: el relato de un inglés a punto de morir que vuelve al lugar donde nació para reencontrarse con el primer hombre que amó (para estas cosas en España nos ahorramos el billete y recurrimos al espacio televisivo Hay una cosa que te quiero decir). El cine con propiedad siempre es un viaje de ida y no retorno. Pero los tiempos mandan y El exótico hotel Marigold reivindica el cine como oasis pasajero, paraíso efímero donde la sala oscura sea una excusa para recargar pilas y seguir con nuestros asuntos al finalizar la función. Altamente disfrutable solo, y subrayo el 'solo', si no le buscan los tres pies al gato.


Nota: 5'5

jueves, 2 de agosto de 2012

VISIONADOS VERANIEGOS: LAS AVENTURAS DE PRISCILLA, REINA DEL DESIERTO

Reinas y reinonas
LAS AVENTURAS DE PRISCILLA, LA REINA DEL DESIERTO, de Stephan Elliott (Australia, 1993)
¿De qué va?: Anthony es uno de los transformistas más populares de Sidney. Al morir la pareja de su amiga transexual Bernadette, Anthony decide aceptar un trabajo en un pequeño pueblo situado al otro extremo de la isla. En esta nueva gira Bernadette lo ayudará en sus performances. Al viaje se une Adam, un homosexual en constante verborrea que pone de los nervios a Bernadette. Los tres viajan por el desierto en un autobús viejo que Adam bautiza como Priscilla. Pero Priscilla pronto les dejará tirados en medio de la nada. Es entonces cuando comienza la verdadera aventura.
Palmarés: Oscar al mejor vestuario. Nominada al Globo de oro a la mejor comedia/musical del 1995 y mejor actor cómico (Terrence Stamp). Mejor película y mejor actor en el Festival de Seattle. 6 nominaciones al Bafta: ganó vestuario y maquillaje. 9 nominaciones a los premios del Australian Film Institute, incluyendo mejor película: ganó diseño de producción y vestuario. Proyectada en la sección Un certain regard del Festival de Cannes 1994 y ganadora del premio del público.


Anécdotas: En Australia la película tuvo un éxito rotundo y llegó a recaudar unos 20 millones de dólares. Todavía ahora la crítica la recuerda como una de las grandes propuestas de los 90: el canal de televisión Logo la situó en la séptima posición de una lista de las mejores películas de temática homosexual, y la web AfterElton's la sitúa en la décima plaza en un ranking similar. Para el actor australiano Hugo Weaving la película supuso su primer éxito: años después estuvo en los films de El señor de los anillos y El hobbit, y fue el malo de Matrix. Por su parte, Guy Pearce, por aquel entonces un actor novel, también aprovechó la repercusión del film y se dejó ver en películas como L.A. Confidential, Memento o las ganadoras del Oscar En tierra hostil y El discurso del rey. El británico Terrence Stamp, el más veterano (en 1994 contaba con 54 años), logró uno de sus papeles más memorables. El film ha sido reconvertido en un musical de Broadway que se ha representado en Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá.
Valoración: Una road movie andada a veinte centrímetros de altura, la medida de los taconazos de las/los tres protagonistas. Una película que en sus mejores momentos tiene buenas salidas, mucho descaro y un vestuario y maquillaje impresionante. ¡Quién hubiese dicho que Guy Pearce, tan serio en otros trabajos, fuese capaz de interpretar con tanta convicción a una reinona con una lengua tan viperina! Un film curioso que no se parece a ningún otro. En su momento fue un exitazo de taquilla y ahora ver al malo de Matrix entre cremas faciales y maquillaje nada discreto tiene su qué. A día de hoy la superan muchas apuestas queer, pero Priscilla sigue en su trono por ser la primera, en parte un film fundacional que llevó la temática homosexual al gran público. Para reinas del melodrama dadas a la aventura, o para cinéfilos que quieran visitar lugares tan diferentes como el desierto de Australia sin canguros pero con drag queens. Junto a La boda de Muriel (ambas comparten su amor por la música de ABBA), el film australiano más popular de los 90.


Nota: 6
Tráiler:

miércoles, 1 de agosto de 2012

Sé tú mismo: Crítica de GET REAL, de Simon Shore

Get Real es una de las películas británicas más emblemáticas de la década de los 90. Abrió un necesario debate sobre la visualización de la homosexualidad en los institutos, y además dio al queer cinema un film de referencia que todavía hoy en día es una película de culto. Basada en el libreto teatral de Patrick Wilde, Get Real continúa funcionando casi quince años después de su estreno por su franqueza, su humor y su inteligente descripción de personajes. Una película elegante, nada morbosa, con una trama muy sutil que va creciendo hasta sellar un final que marca la liberación de un personaje que harto de esconder su sexualidad decide vivir su vida a su manera, ser él mismo en una escena en la que podemos escuchar la icónica y recurrente Think (Freedom) de Aretha Franklin. Una cinta que traza un retrato amplio del despertar sexual y homosexual en la adolescencia: es sincera en sus escenas más tórridas, sus personajes hablan y se comportan de forma natural, sin plumas ni exageraciones, y el director consigue insertar varias subtramas que dan cuenta del papel de padres, amigos y educadores. Una historia entretenida y pedagógica cuyo visionado debería ser obligatorio en los centros educativos. Un cuento sobre la aceptación y el maltrato en una edad en que las hormonas campan a sus anchas y las emociones corren a flor de piel.


Get Real contrapone dos maneras de vivir y entender la homosexualidad. Steven es un joven desmotivado, el centro de las burlas de sus compañeros de clase. Al salir del instituto se reúne en un bosque para coquetear con otros chicos, y un día se encuentra en ese lugar con John, un deportista sano, un estudiante brillante y el más deseado por las chicas. Steven y John esconden su homosexualidad, pero mientras que Steven está plenamente seguro y satisfecho de su condición John se empeña en autorefrenar sus instintos. John representa el gay reprimido que en otra época se hubiera casado con otra mujer y formado una familia. Steven es el joven débil que vive al borde del desánimo, de la incomprensión y del suicidio. Incluso cuando los dos se aman y se conceden ciertas confianzas en los vestidores del colegio, John está preocupado porque nadie les vea. Get Real propone algunas realidades que siguen vigentes: la amiga de Steven, apoyo del joven con el que comparte una situación de marginación (él por su sexualidad, ella por su gordura), es un reflejo de ese mundo femenino afín a Steven que él cierra con llave por miedo; la reacción distinta de la madre (sabedora del 'problema') y del padre (más reticente a ver y aceptar lo evidente) al saber la verdad sigue siendo un fiel reflejo de lo que sucede en muchas familias; y la realidad adolescente en el que el sexo y las chicas están más que presentes mientras Steven intenta no mostrar sus querencias. La película no ha perdido un ápice de valor. Muchos todavía no entienden aquello que comenta Steven en su monólogo final: es solo amor, igual de bonito y válido. Quizás la imagen del homosexual que se reúne en lugares apartados para mantener encuentros carnales es cosa de otra época. Ahora los equipos docentes y familiares seguramente no confundirían la actitud de Steven con un acto de rebeldía de mal estudiante. Pero todavía sigue en pie la sombra del armario, la censura.


Get Real demuestra que las formas de abordar y enseñar la sexualidad han quedado obsoletas (Steven tiene su primer encuentro con el sexo al ver en clase el vídeo de dos erizos apareándose), y que es necesaria una concienciación social y una educación por parte de profesionales. Get Real muestra dos formas contrarias de vivir la homosexualidad y alegra comprobar que las tendencias del siglo XXI son más cercanas a la decisión final de Steven y no a la cobardía de John. Queda muchísimo por hacer, muchas mentes por cambiar y tal vez un par de generaciones más que garanticen la completa equidad entre gays y heteros, no solo a nivel legal, sino en la práctica, en la convivencia día a día en la calle. De aquí que Get Real siga siendo tan interesante y necesaria. Ojalá este retrato de una homosexualidad caduca y otra liberal (y liberada) sea en otros quince años el viejo testigo de una forma totalmente extinguida de limitar lo homosexual al terreno del tabú y la diáspora.

Nota: 7

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martes, 31 de julio de 2012

Corrupción en Sevilla: Crítica de GRUPO 7, de Alberto Rodríguez

A medio camino entre la generación de autores locales que en los 90 apostaron por un cine español 'de género' y el poso del cine más arraigado de temática social, Alberto Rodríguez viene haciendo desde El traje (2002) obras que los más pícaros describirían como 'films españoles que no parecen españoles'. 7 vírgenes parecía influida por los clásicos de la Nouvelle Vague mientras que After podía entenderse como un ejercicio de fondo y forma muy parecido al de ciertas historias cruzadas norteamericanas. Grupo 7 confirma que el sello de Rodríguez está en el cambio constante de identidad partiendo de principios muy básicos: no vale el cine costumbrista manido, el thriller realza el drama, y la conciencia del espacio y del tiempo en el que se desarrolla la trama es vital para dotar a la historia de realismo. Solo hace falta ver la reciente El truco del manco para darse cuenta que Grupo 7, aun enmarcándose en el policiaco puro y duro, resulta más convincente que muchos films que sobre el papel dirigen su crítica social al 'aquí' y al 'ahora'. Rodríguez bebe tanto de Truffaut como de Scorsese, y en algunos planos de Grupo 7 la influencia de títulos como los Bourne de Greengrass o Ciudad de dios de Meirelles es casi evidente. Para su nueva película, Rodríguez ha querido hablarnos de la Sevilla anterior a la Expo 92, año en el que España también fue el centro del mundo al acoger al otro lado del Mediterráneo los Juegos Olímpicos de Barcelona. La crisis económica actual da pie para hablar de lo sucedido tras los tiempos de bonanza y Rodríguez prefiere ir por el camino contrario y relatarnos qué sucede antes de enseñar una ciudad casi paradisíaca por televisión, prensa y radio. Al final, empecemos por donde empecemos, la historia es la misma: miserias humanas, acciones policiales muy cuestionables, una costa andaluza carcomida por la corrupción, la picardía típicamente española que traspasa demasiadas veces con demasiada facilidad la frontera de lo legal, y el tráfico de droga redigidido del centro a la periferia como base de la arquitectura de las nuevas ciudades divididas por zonas y estamentos. Simbólicamente, Rodríguez habla de los tiempos de Jesús Gil para decirnos cómo se llegó al caso Malaya, tomando Sevilla como una ciudad sin ley. Y lo hace partiendo de una pareja de policías antitética: un veterano desencantado que no tiene nada que perder (un genial Antonio de la Torre) y un recién llegado cegado de ambición que con tal de escalar posiciones en el grupo pone en peligro su integridad y la de los suyos (un cada vez mejor Mario Casas). Cine europeo y norteamericano mezclado con algunos toques de documental (imágenes de archivo) que convierten a Grupo 7 en una pequeña rareza del cine español. Quizás no convence al mismo nivel que sus referentes, es una película difícil de vender y tras todo lo leido antes de verla se esperaba algo muchísimo mejor, pero este Grupo 7, aunque sus formas sean rudas, tiene todos los números para ser la nueva No habrá paz para los malvados por su apuesta de thriller ibérico y por referirse de forma más conceptual que evidente a la crisis de dinero y de valores que azota el hasta ahora mundo 'civilizado'. El siete es el número de la suerte de Rodríguez: ¿la cifra de sus nominaciones al Goya?


Nota: 6