viernes, 23 de marzo de 2012

Crítica de EL AMOR DE TONY (ANGÈLE ET TONY), de Alix Delaporte

Es imposible no referirse al cine de los hermanos Dardenne en una reseña de El amor de Tony, y en general en cualquier escrito que pretenda desmenuzar una película de temática social. De tanto citarlos parece que las obras de los Dardenne corren el riesgo de devaluarse, ni que sea a base de compararlas con otras piezas casi siempre menores. Es una manía más de la crítica, totalmente justificada, curiosa si tenemos en cuenta que no muchos cinéfilos conocen a los autores belgas. Así que se plantea un reto: ¿cómo no ver Rosetta, El hijo o El niño detrás de esta película, una ópera prima de un autor que seguro admira y ha visto la filmografía de los respetables de pe a pa? Vamos a dar un rodeo. Podemos citar las palabras de Lola Dueñas, actriz española que tiene una pequeña pero relevante intervención en la película: El amor de Tony no podría haberse concebido en España, y de hecho su tono cuenta con pocos antecedentes en el cine de uno y otro lado de los Pirineos. No desvelamos nada si confesamos que en El amor de Tony suceden pocas cosas (a priori), se habla poco (pero ojo a cada uno de los diálogos) y todo parece tan natural como la vida misma (aunque ni la vida misma a veces es natural). Es la historia de alguien que busca una segunda oportunidad, y para ello se va muy lejos, motivada por recuperar a su hijo y empeñada en sobrevivir donde sea. También un cuento delicado, frágil y precioso sobre un hombre que lo deja todo, que se estrega, que comprende, que ama. Diremos que para la película es más importante el concepto de pareja que el amor oculto que se va tejiendo entre ambos, así que el título francés se plantea más acertado que la traducción española. Una hora y veinte en la que notarán el sabor del mar (no siempre agradable: también huele a tripas de pescado y a aguas estancadas) y el sol más radiante (su final es simplemente perfecto, pletórico, luminoso, perfectamente ejecutado, con ecos a Los cuatrocientos golpes, otro título megacitado en este tipo de escritos). Y si todo lo dicho aún no logró motivarles, ahí están sus dos premios César a las mejores interpretaciones revelación tanto masculina (él parece James Gandolfini cincelado por Robert Guédiguian) como femenina (ella hereda la fuerza de Émilie Dequenne y la belleza de Cécile de France). Ejemplo de historia mínima (que no ínfima) que no saldrá en ninguna lista de lo mejor del año pero que recordaremos con el corazón. La magia de lo desconocido, la convicción de que la mejor confitura está en los botes pequeños. Muy recomendable.


Nota: 7

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jueves, 22 de marzo de 2012

Elena Anaya, secuestrada: Crítica de CUENTA ATRÁS (À BOUT PORTANT, POINT BLANK)

'Para no hacer mudanza en su costumbre', como diría el soneto, llega tarde y sin promoción À bout portant, aquí con el título anodino de Cuenta atrás, a las salas españolas. Los que se extrañaron por el revuelo que despertó Elena Anaya a su paso por el Festival de Cannes 2011 seguramente desconocían que en diciembre de 2010 nuestra española más internacional tras Penélope Cruz y Paz Vega había protagonizado este thriller adrenalítico. Como en La piel que habito, Anaya vuelve a estar secuestrada por unos hombres extraños mientras su marido, un aspirante a enfermero, hace todo lo posible por rescatarla, siguiendo las indicaciones que los captores le van dando. La película es simplemente eso, un juego al gato y al ratón con muchas persecuciones, explosiones aparatosas, saltos de ventana en ventana y disparos. La historia es mínima, su metraje es bastante corto y simplemente se dedica a encadenar imágenes con cierto ritmo sin elaborar una descripción de personajes o una historia más interesante. Funciona como pasatiempo fugaz que se olvida casi a la misma velocidad que el pobre protagonista huye por las calles de París. Como otros títulos europeos como la sueca Exit o la danesa The Candidate, la imitación del modelo estadounidense se impone a cualquier regionalismo, una estrategia muy buena si se quiere contar con distribución en Europa y Estados Unidos, incluso presumir de remake al otro lado del charco, pero poco interesante para las diferentes cinematografías europeas. Aunque ya querría el cine español un Bourne local tan eficaz como esta Cuenta atrás que entretendrá mucho y aportará más bien poco al cine de 2012.


Nota: 5'5

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miércoles, 21 de marzo de 2012

Reitman y la comedia indie: Crítica de YOUNG ADULT

¡Qué seria es la comedia! Prueba de ello es que los cineastas habituados a las historias cómicas son capaces de construir grandes dramas, pero que no todos los maestros de lo dramático saben mover con astucia los hilos de la buena comedia. Hay que tener muchas agallas para querer hacer reir, y mucha maestría para saber hacer reir. La última comedia indie norteamericana se ha empeñado en retar la base de la comedia, diluyendo en muchas ocasiones la frontera entre lo que resulta gracioso y dramático. Por una parte resulta imposible hacer una comedia en el sentido estricto del término: si el cine retrata la vida, y el drama emana de esa vida, la comedia se queda como un género satélite, históricamente menor, objetivamente más difícil de emprender con éxito (por eso la comedia sin resquicios es la que nace del absurdo o del cartoon, totalmente desvinculada de las leyes de lo verosímil). Y por otra, la primacía comercial de las comedias adolescentes y títulos pseudorománticos ha obligado a los autores inconformistas que no quieren seguir los cauces habituales del cine academicista a inventar un nuevo concepto de comedia, a riesgo de que esa nueva manera de entender lo cómico acabe siendo sumamente dramática. El resultado ha sido una comedia casi siempre urbana, actual, muy suspicaz, con una intencionalidad crítica y una narrativa ágil para adaptarse a las necesidades del público contemporáneo. Durante los últimos años se han estrenado infinidad de new comedies, muchas influidas por la mecánica de sitcoms televisivas. Ha habido un intento por ver lo típicamente dramático desde una perspectiva más liviana, y eso ha llevado no tanto a cambiar la comedia en sus temáticas sino en su modo de enfocar dicha temática: un ejemplo de ello podría ser la serie The Big C, en la que algo tan trágico como el cáncer es visto desde una lente cómica que deforma el drama, pero sin renunciar a él. Eso justificaría la idea de que la nueva comedia nace de una ruptura, pero en parte es continuista. El gamberrismo atribuido a la comedia indie, por lo tanto, no sería tal, y solo atañería a una revolución en lo formal, no en lo narrativo.


En los últimos años se ha defendido, en resumen, una errónea homogeneización de la comedia indie, entendida en paralelo a otra comedia de ámbito popular y mayor intrascendencia. Muchos han hablado de 'la comedia indie del año', etiqueta bastante habitual que se ha convertido en una moda y en una imposición. Porque la nueva comedia tiene cierto componente burgués, un ligero toque de esteticismo barato, un aire más 'modernillo' que moderno. Así que en lo personal me gusta hablar de comedias, y no de comedias  indies, como si este segundo término fuera un cajón de sastre donde tendrían cabida todas aquellas propuestas que quieren hacer reir a un público supuestamente adulto. Eso me obliga a situar a La boda de mi mejor amiga más cerca de American Pie que de otras propuestas indies, aun entendiendo que dicha película se distancia de la famosa saga adolescente. También pongo en duda las revoluciones atribuidas a Pequeña Miss Sunshine o Juno, quizás porque entiendo que bajo el auspicio de la comedia rompedora lo que verdaderamente se construye son defensas de la familia tradicional. Y con todo, el auge de la comedia en los últimos Oscar quizás no demuestre un giro en los gustos de quienes votan, sino más bien un ánimo por recompensar a aquellos que han sabido contar lo mismo pero de otra manera, sin que a priori se note la moral y política implícita de sus historias e imágenes.


Todo lo dicho no deja de ser un discurso antiquísimo sobre los difusos límites entre los géneros y subgéneros artísticos. Y en parte debe entenderse la situación de la comedia norteamericana en toda su profundidad para entender y relativizar los posibles aciertos y errores de una propuesta como Young Adult. Al principio de la película se construye un nuevo juego de espejos deformados: una escritora de éxito es en realidad una mujer frustrada y solitaria, pese a sus cuarenta años se comporta como una cría, su vacío existencial le lleva a emprender una aventura de lo más descabellada e infantil... De nuevo tenemos el típico discurso de que las apariencias engañan, un ejercicio de imposibles al intentar que el personaje protagonista inspire simpatía pese a sus palabras cortantes. El espectador se sitúa en terreno conocido porque sabe que va a asistir a una dilapidación de las convenciones (todo en Young Adult es disfuncional) y a una posterior defensa de lo criticado, con lo que la rebeldía inicial acaba en paradoja, por no decir en hipocresía (realmente todo el relato bascula sobre las ganas del personaje por tener un marido y un hijo, una familia normal como la que observa en ese antiguo novio de instituto). Y obviamente, la resolución final no puede ser feliz, aunque los lazos entre guionista y espectador, que sienten una inexplicable atracción por el inconformismo de la protagonista, llevan a enfocar lo expuesto como un 'viaje físico' y un 'viaje emocional', un 'reencuentro' y al mismo tiempo un 'punto de partida', al fin y al cabo una 'segunda oportunidad' encaminada a rehusar lo excéntrico y abrazar lo anhelado, que para colmo concuerda con lo socialmente aceptado y entendido como normal.


Uniendo lo anterior, no hay duda de que Young Adult es una película construida a partir de un molde. Todo en ella resulta ligeramente previsible, sin que ello reste fuerza a la interpretación de Charlize Theron. La metáfora del título es demasiado evidente. Y aún así, no hay que perder de vista que su responsable es Jason Reitman, el mejor director de entre todos los autores que la crítica especializada ha ensalzado como prepulsores de la nueva comedia norteamericana. También destaca el hecho de que Young Adult sea más dramática que cómica. Reitman, por lo tanto, entiende que la comedia es muy seria, y eso salva a Young Adult del ridículo de la parodia o sátira burda. Esperábamos mucho más del responsable de Up in the air y Gracias por fumar, quizás las dos mejores comedias indies de la década pasada (porque, estas sí, son comedias y son indies). Algo que sitúa Young Adult entre lo peor de su filmografía, y aun así un peldaño más arriba de otras películas análogas: en su contra hay una estructura de tesis simplista, y a su favor una melancolía ligada a un retrato generacional. ¿No será Young Adult la hermana cachonda de Little Children, o será que la aparición de Patrick Wilson en ambas me lleva a establecer una falsa relación? ¿No es un error que los padres del personaje no tengan más peso en la trama? En todo caso, Revolutionary Road, Junebug y otras han retratado de forma más sólida esos adultos que no han sabido o no han podido madurar. Y curiosamente todos ellos son dramas. 


Nota: 6

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martes, 20 de marzo de 2012

Crítica de POLISSE, de Maïwenn Le Besco

VEROSIMILITUD
El cine es un acto de fe. Se trata de creer lo que se expone en la gran pantalla, entendiendo que aquello que resulta irreal acaba entendido como no cercano o poco interesante, y por generalización malo. Si revisamos las constantes de consumo, los gustos de las masas o las películas que copan semana tras semana los primeros puestos de taquilla observaremos que la mayoría de films comerciales son por definición inverosímiles: no entran en los parámetros de lo posible las mil y una carreras automobilísticas, el surgimiento de una criatura extraña o el apocalipsis más feroz que el cine norteamericano ha venido produciendo y copiando durante los últimos años. Por lo tanto, parece que lo verosímil cambia según el espectador. Y no se trata de entender que hay audiencias más inocentes que otras, unas propensas a creer en bulos, u otras cuya posición ante la mentira es siempre perspicaz. La verosimilitud es un concepto que va más allá de la ambibalencia de 'verdad' o 'mentira'. En el cine lo expuesto resulta verdadero según los mecanismos de la propia ficción, no según las reglas o los códigos de la realidad. Por eso en REC resulta totalmente plausible que el edificio protagonista reste infectado de zombis durante hora y media. Y quizás por eso una película de contexto y temática social, por sus resortes narrativos, por los mimbres de su trama, puede terminar en despropósito.


En relación a la verosimilitud del cine existen dos factores cruciales: la fotografía y el montaje. La primera dirige la mirada, focaliza la acción, presenta un punto de vista, de forma que el ángulo desde el que se filman las escenas viene a ser parte importante del todo narrado: al poner la cámara en un lugar seleccionamos unas imágenes y desechamos los posibles planos que quedan fuera del cuadro. El segundo da a ese marco un dinamismo crucial: el ritmo, la viveza, la coherencia de la sucesión de las imágenes acaba siendo decisiva, entendiendo que al montar se selecciona y sobretodo se arrincona todo el material filmado considerado reiterativo, poco relevante para la historia o simplemente con algún fallo técnico o actoral. La verosimilitud, por lo tanto, emana del guión, pero se cristaliza gracias a la fotografía y al montaje. La piel que habito no resulta creible para muchos precisamente porque su montaje acoge cierto desorden y desasosiego en sintonía con el caos y el estado de ánimo de sus personajes. Y es el montaje el componente que transforma a The Artist, pese a su aparente homenaje y reivindicación del cine mudo, en una película contemporánea. Hemos dado poca importancia a estos dos aspectos técnicos, y puede que estemos ante los apartados básicos de toda ficción, por encima incluso de la dirección artística, vestuario o maquillaje. Disciplinas de la técnica cinematográfica que, obviamente, dotan o restan verosimilitud a una película.


FOTOGRAFÍA Y MONTAJE
Los nacidos en la década de los 80 y sucesivas atesoran una memoria visual sin precedentes. Pero todas esas imágenes han pasado por un filtro: la censura de un cineasta, incluso la de un productor, o casi siempre las imposiciones estéticas y/o ideológicas de las distintas cadenas televisivas. Es habitual oir que tal suceso ha ocurrido de tal manera y no de otra porque la televisión así nos lo dice, o que la Guerra Civil fue tal y como aparece en películas como, por ejemplo, Tierra y libertad. Obviamente no es así. Se olvida la intervención de la fotografía y del montaje. No es que la televisión o el cine manipulen, pero precisamente por sus características llevan en su código genético el poder de la manipulación. Eso sucede con los reality shows, donde la exposición parcial de una información se convierte en la crónica oficial de un suceso que afecta a la vida de sus concursantes espiados. Es imposible ser veraz, abarcar todos los puntos de vista: precisamente la magia del cine está en lo que se ve y  también en lo que se intuye y no se muestra. Por eso resultan dudosos algunos documentales, televisivos o cinematográficos, que presumen de retratar una realidad al completo. El falso periodismo ha malentendido y hace un mal uso de la fotografía y el montaje, de forma que algunos docurealities, programas de investigación o reportajes supuestamente serios disponen las imágenes en función de las emociones que se quieren despertar en el espectador, ahora insertando una música suave, ahora sobreimprimiendo un titular violento, ahora utilizando otro mecanismo empatizador. Curiosamente esos espacios quedan fuera de la llamada 'telebasura'. Y curiosamente esos programas no solo aparecen en las parrillas de los canales más sensacionalistas: ya no importa tanto lo que se cuenta sino cómo se cuenta, por lo que lo detestable es más una cuestión de forma que de fondo.


Puede que toda esta reflexión no tenga nada que ver con Polisse, una película de temática social donde la mirada y la sucesión de las imágenes cobra una significación especial. En relación a todo lo dicho, Polisse ganó el premio César al mejor montaje, por lo que al final no parece descabellado utilizar la película como apoyo o excusa inicial para fabular sobre el montaje del cine, o el montaje en el cine. Polisse lleva el montaje cinematográfico a otro nivel: aparentemente no se intuye la figura de un director, guionista y montador detrás de sus imágenes, aunque por nuestros conocimientos cinematográficos sabemos que esas figuras, aunque ocultas, están; y al mismo tiempo la película parece montada al revés, como un ejercicio de vaciado cinematográfico en busca de la verdad, ya no como lo haría un cineasta sino como un sociólogo. Por eso Polisse es más un trabajo de campo que una película. 


'POLIS' DE CIUDAD, 'POLICE' DE POLICÍA
Polisse cuenta el día a día de la Unidad de Protección de Menores de la policía de París,  la vida de sus agentes, los casos que llenan sus oficinas y sus misiones en los barrios más marginales del corazón de Francia. El montaje de Polisse funciona por acumulación de imágenes, para algunos certera, para otros excesiva. Es una técnica bastante común en el cine contemporáneo: Estados Unidos nos ha contagiado la política del exceso incluso en la disposición de las imágenes. Polisse tiene una fotografía en constante movimiento, y en eso se escudan muchos para atacar la película y tacharla de inverosímil. Pero volviendo al inicio del artículo, lo importante no está en entender algo como posible o imposible, sino verosímil según la lógica del relato. Por eso Polisse me resulta verosímil (no creo que se pueda aplicar la etiqueta de 'verdadero' en el arte), y por ello me sacude, me emociona, me hace reir y llorar, me entretiene a pesar de su largo metraje, me mantiene espectante, logra que me importen sus personajes y consigue que su discutible final reverbere en mi memoria días después de verla. Seguramente esta opinión discurrirá en paralelo a quienes piensan lo contrario. Pero en mi caso tengo dos razones de peso para defender Polisse y detestar títulos análogos como, por ejemplo, La clase: el secreto está en la verosimilitud, y en gran parte en el montaje y la fotografía.


Maïwenn Le Besco fue actriz antes que directora de cine, por lo que las bondades de Polisse podrían atribuirse a una excelente dirección de actores. Tal interpretación es correcta, pero a mi gusto incompleta. Maïwenn da vida a la fotógrafa que retrata al conjunto de policías en sus distintas actividades. Ese personaje es la clave de la trama: aunque la artista y cabeza pensante del relato se reserva un papel secundario delante de la cámara, su personaje es sumamente relevante por ser la persona que hace fotografías dentro del plano fotografiado. Dicho de otro modo: Maïwenn orquestra la película desde dos posiciones, y su oficio de fotógrafa en la ficción es un guiño y una referencia a su labor como directora en la realidad. De hecho la relación que el personaje mantiene con el grupo discurre en paralelo a los lazos que unen espectador y película: al principio la recién llegada a la brigada es alguien que no se fía, que calla y observa a la espera de saber cómo será su nuevo trabajo; y finalmente se relaja, siendo parte viva e imprescindible de la pandilla, incluso enamorándose del agente más problemático del grupo. En algunas escenas los personajes critican a la fotógrafa por 'no retratar la realidad de su oficio', 'la complejidad de su trabajo', y en contraposición sentir demasiada atracción por las estampas de postal, las fotografías donde aparecen niños llorando o policías sentados cómodamente en sus butacas. ¿No es acaso esta réplica las posibles quejas que los espectadores pueden dirigir a Maïwenn? ¿Y una teatralización de la relación entre intérpretes y directora? ¿No es esto un ejercicio interesantísimo sobre el punto de vista del cine en general y de la historia que propone Polisse en concreto? ¿No estamos ante uno de los juegos más estimulantes sobre el montaje y la fotografía?


Un buen análisis de Polisse debe reconocer que no estamos ante una cinta redonda, aunque verdaderamente estuvo muy cerca de marcar un hito en el cine francés y europeo. El mérito está en la fotografía, influida por el estilo y sobre todo la ética de la Nouvelle Vague, el Dogma 95 o el estilo de los films de los Dardenne o títulos como Hoy empieza todo. Si alguien les dice que Polisse es un documental deben saber que no es verdad: existe un montaje y una disposición de la historia para nada objetiva, aunque la trama se nutra de casos reales vividos por el verdadero cuerpo policial parisino. Lo peor de Polisse, y en parte demostración de que Maïwenn explora más que innova, está en su uso de la música (la película no exigía banda sonora) y su final (aunque muchos de los hechos ocurridos nos adelantan el sorprendente desenlace, y aunque la ambigüedad del final es también un arma arrojadiza valiente con vistas a hacer pensar a su público). Precisamente en la última escena de Polisse se montan dos escenas paralelas que el espectador deberá descubrir, vivir e interpretar por su cuenta. En el último segundo la verdad conseguida por Maïwenn amenaza con derrumbarse al volver a las formas cinematográficas habituales: el efectismo de quien mezcla dos escenas para crear un efecto catártico en la audiencia, sin dejar que la catarsis emane de la propia historia, como harían los maestros del medio. En definitiva, los últimos dos minutos de Polisse se equivocan y dan lugar a un error de fotografía y a un montaje efectista. Lo peor y lo mejor, pues, resumidos en una clausura cargada de semántica pero discutible en sus ademanes sensibleros.


Aun con este gatillazo final, Polisse es quizás la película más compleja en mucho tiempo. Nos acerca los entresijos de una profesión que sabemos que existe pero que ni la televisión ni los trabajos periodísticos escritos o audiovisuales han retratado con certeza. Cinematográficamente es una historia perfectamente ensamblada, capaz de insertar comedia desengrasante cuando la historia lo requiere, un thriller casero nada desdeñable, e impactando cual navajazo directo a la boca del estómago cuando la dureza del momento lo precisa. Es un festín: pocos repartos brillan tanto, en cantidad y en calidad. Y sobre todo, Polisse nos demuestra que es importante reflexionar hacia dónde va nuestra Europa multicultural con desigualdades sociales, a quiénes delegamos la responsabilidad de poner orden en medio de tanto caos; si es posible vivir a espaldas de lo que ocurre a nuestro alrededor, o si es posible no llevarse el trabajo a casa cuando el oficio acaba siendo un estilo de vida, y esa vida un viaje hacia la autodestrucción. Polisse nos dice que probablemente las únicas personas capaces de mantener en equilibrio a toda una ciudad corren el riesgo de ser marginados sociales cuando deberían recibir tratamiento de héroes. Hay crítica pero mucho cariño en Polisse. Hay política. Hay la exposición de un tema local que acaba siendo metonimia de un problema global. Tiene el ímpetu de la artista en pleno estado de investigación y de creación, a veces víctima de su entusiasmo, y en los mejores momentos con la lucidez y la responsabilidad que precisa el tema elegido. Y ni qué decir que estamos ante una reflexión de la vida, del cine, de la vida en el cine, e incluso una demostración de cómo el buen cine puede cambiarnos la vida. Polisse es desde ya una obra importante y necesaria. Descúbranla antes de que la historia la sitúe entre los grandes títulos del cine europeo.

Nota: 9

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lunes, 19 de marzo de 2012

Criadas y señoras: Crítica de LAS CHICAS DE LA SEXTA PLANTA

Hace poco vi en televisión un documental bastante curioso. Explicaba la vida de varias familias andaluzas que ante la crisis se habían ido a trabajar como jornaleros a Francia. Muchos se llevaban a padres y a hijos, dejaban sus estudios o sus trabajos precarios para ganar un poco más de dinero en el país vecino. Para muchos ese viaje, casi siempre en temporadas muy concretas, era una rutina y una forma de ganarse el pan allá donde podían y como podían, aunque fuese lejos de sus casas. Todavía ahora un payés francés gana más que otro español, y todavía siguen los clichés culturales según los cuales para nosotros 'los alemanes son muy antipáticos' o 'los ingleses son unos sosos'. Un franco, 14 pesetas hablaba de los primeros inmigrantes que en plena posguerra se fueron a Suiza para salvar la economía de los suyos. Obviamente ha cambiado el contexto social, incluso se han cambiado las tornas: ahora España es el país europeo que acoge más inmigrantes. Les femmes du sixième étage no se distancia demasiado del film de Carlos Iglesias: a modo de comedia facilona, vuelve a enseñar las diferencias sociales entre criadas y señoras a partir del cliché extranjero de que los españoles son/somos gente de sangre caliente, holgazanes y con tendencia a la fiesta. Tópicos conocidos y reconocibles. 'Verdades' que no han perdido ni un ápice de actualidad. Tras Bienvenidos al norte, la comedia francesa ha vuelto a encontrar en la confrontación de culturas y acentos la clave del éxito. Les femmes du sixième étage, en su obligatoria versión original, es un fresco cuento bilingüe sobre un hombre cansado del encorsetado círculo burgués que frecuenta, y que acaba prendado de la frescura de las criadas españolas que habitan en el último piso de su edificio. Que el guión obligue a una gallega a bailar flamenco es un error cultural que los franceses no detectarán pero que a más de uno pondrá muy nervioso. Realmente Les femmes du sixième étage es bastante reduccionista a la hora de describir esas empleadas del hogar españolas en el París de los 60, pero nadie podrá negarle su festivo sentido del entretenimiento con pinceladas de retrato social.


Obviamente hemos cambiado mucho unos y otros, y aún así en lo más básico siguen mediando diferencias. No solo porque muchos licenciados tengan que salir de nuestras fronteras para encontrar trabajo o porque la citada familia de jornaleros tenga que recoger uva en campos del extranjero. Seguimos teniendo un complejo de inferioridad endémico, y en parte, y como se ha demostrado en esta debacle económica, somos un país de segunda en el concierto social y económico del continente. Como ven es imposible no acercarse a Les femmes du sixième étage desde el presente, y no desde el microcosmos de posguerra que retrata. Al menos la película sirve para que encaremos el asunto con cierto sentido del humor. Seguro que, aunque nos echemos las manos a la cabeza, esas mujeres chillonas, supersticiosas, valientes y orgullas resultarán tipos muy cercanos de la España de ahora. Aunque también hay una doble lectura, esta ya muy concreta en lo cinematográfico, que esperemos no resulte profética: tal y como están las cosas, ¿tendrán que irse talentos locales como Lola Dueñas, Carmen Maura o Natalia Verbeke a Francia para trabajar? Por el momento Les femmes du sixième étage no se ha estrenado en España pese a su gran éxito en Francia. Será que en cuestiones idiomáticas y cinematográficas, en general culturales, seguimos a la cola del tren de Europa (porque obviamente la película sólo se puede distribuir con subtítulos). O que, como decía Tarantino en una escena de Malditos bastardos, 'la concepción de autor forma parte de las raíces de Francia' (y añadimos: 'no de España').


Nota: 6

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domingo, 18 de marzo de 2012

SERIES 33: AQUÍ NO HAY QUIEN VIVA


El pasado verano fue un auténtico muermo a nivel televisivo. Con la crisis, las parrillas televisivas se llenaron de refritos, platos precocinados, recalentados y productos con mucha caspa y grasa saturada. Muchas noches acababa viendo Aquí no hay quien viva en Neox, y se dio el curioso caso de que la serie competía con los nuevos capítulos de La que se avecina, serie nacida a partir de Aquí no hay quien viva, y con las propias reposiciones de La que se avecina. No hay un referente similar en la televisión española, también es verdad que llevamos poco tiempo con los dichosos pseudocanales de la TDT. La cuestión es que el fenómeno requería un post en condiciones. Porque Aquí no hay quien viva sigue siendo el último gran boom televisivo nacido en un canal privado, y el único que ha generado una especie de spin off con los mismos responsables, aunque con nuevos actores y en otro canal. Tres años, cinco temporadas y mil y una reposiciones que la convierten en Los Simpson castizos, una serie que ya forma parte de la cultura, llámenle general, popular o pop, de 'esta nuestra querida comunidad' (por lo general, muy poco dada a las series con enjundia). Sintonicen 'radio patio'... Empezamos.



Aquí no hay quien viva muestra la vida de los vecinos de 'Desengaño 21', clara referencia a la 13 Rue del Percebe del cómic de Ibáñez. En el variopinto bloque quedaban caricaturizados los llamados 'tipos' o 'prototipos' de la sociedad española actual: 'la pija' convive con 'el niño de mamá', la 'fea sin novia' compartía casa con 'la guapa seductora', el 'marido conservador y sumiso' se las veía con una 'mujer controladora', la 'anciana inocente' vivía bajo el mismo techo de la 'abuela macarra'... Era la primera vez que un matrimonio homosexual tenía protagonismo en una serie española. Y también era la primera vez desde el viejuno Estudio 1 que se llevaba al prime time un producto que en esencia era más teatro que televisión (un modelo de sitcom inaugurado con 7 vidas). La gracia estaba en los actores pero sobre todo en los guiones: no hay capítulo en el que uno no ría en más de una escena (chistes que, además, contenían indirectas a la política del momento). Tejero siempre será 'Emilio', Isabel Ordaz es 'La Hierbas' y Loles León ha pasado de ser chica Almodóvar a la eterna Paloma, para nosotros todavía en coma.


Aquí no hay quien viva sintetiza parte de la 'españolidad' más despreciable y exagerada. Resume el carácter pícaro, vago y teatral de nuestro país (que existe, o persiste hasta hoy en día). Hace humor de nuestras miserias: de la cultura del chismorreo, de la gracia del escaqueo, del típico 'ya lo haré mañana' o 'las reglas están para no cumplirlas'. Trataba la precariedad laboral, la insatisfacción de los jóvenes y la igualdad de las parejas de miembros del mismo sexo antes de la primera legislatura de Zapatero y la posterior crisis. Había separaciones matrimoniales, vientres por encargo, embarazos no deseados y guiños sexistas producto de la España de ahora y siempre. Y hay que recordar que la segunda temporada empezó apenas una semana después de los atentados del 11 de marzo y las elecciones del domingo 14: sin duda, por aquel entonces los españoles necesitábamos distracciones tan sanas como Aquí no hay quien viva, y con perspectiva parece que además de su lado lúdico la ficción de Jose Luis Moreno también escondía las claves del guiñol de lo 'tipical spanish'.



Aquí no hay quien viva sigue sin heredera en la televisión española. José Luis Moreno no ha vuelto a idear nada mejor: Escenas de matrimonio y demás fueron desvirtuaciones chorras y evidentes de los guiones de su primera serie. Sigue teniendo su gracia porque por una parte supuso la presentación de una nueva generación de intérpretes (Malena Alterio, Daniel Guzmán, María Adánez, Diego Martín), la repesca de intérpretes de éxito (José Luis Gil, Gemma Cuervo, Santiago Ramos, Isabel Ordaz, Loles León, Emma Penella en su último gran papel) y el descubrimiento de dos intérpretes entrados en años pero de una juventud increible: Mariví Bilbao y Eduardo Gómez. Se sabe que el rodaje de los episodios era frenético y que por la mañana se montaban los capítulos que se emitían por la noche, un ritmo de trabajo que cansó a muchos y que en parte desgastó la serie antes de tiempo (pese a esto, la calidad de los guiones no bajó hasta la quinta temporada). Y respecto a su sucesora La que se avecina, serie que no sigo, hay que reconocer que Moreno ha sabido crear una serie diferente a partir de una idea parecida, algo que me merece todos los respetos del mundo a pesar de que ciertos aportes sean más vulgares (el Recio o la Estela Reynolds no dejan de ser caricaturas de la caricatura, algo que resta frescura a la serie).

Es muy curioso: los estudiantes Erasmus de mi universidad, casi todos chinos e italianos, dicen que les encanta Aquí no hay quien viva. La verdad es que como estudiante de filología no podría encontrar una recomendación televisiva mejor porque la serie sintetiza el habla verdadera, cotidiana, no demasiado literaria que se escucha en la calle. Parte de ese ingenio se ha llevado a otros países, aunque en España desconocemos las versiones de, por ejemplo, Francia, Colombia, Italia o Argentina. Quizás lo único que no comparta la sociedad española con el microcosmos de Aquí no hay quien viva sea la reivindicación del cine español que los guionistas incluian en los pósters y películas que lucían en el videoclub/badulaque de Paco. Aún así, es la radiografía más certera y divertida de lo que somos, nos guste o no. Parte imprescindible de la televisión local: ¿quién no ha cantado alguna vez la letra de la entradilla, ha dicho eso de 'váyase señor Cuesta' o ha deseado unas juntas vecinales tan movidas como las de la serie?

sábado, 17 de marzo de 2012

CINOSCAR AWARDS 2009: PALMARÉS

Y los ganadores de los Cinoscar Awards 2009 son...


- MEJOR CONTRIBUCIÓN TÉCNICA
REVOLUTIONARY ROAD
Nominados: Avatar, El curioso caso de Benjamin Button
La duquesa, Malditos bastardos y The reader (El lector)


- MEJOR VESTUARIO
LA DUQUESA
Nominados: Coco avant Chanel, El curioso caso de Benjamin Button
La reina Victoria, Mi nombre es Harvey Milk y Revolutionary Road


- MEJOR BANDA SONORA ORIGINAL
Alberto Iglesias, por LOS ABRAZOS ROTOS

Nominados: Déjame entrar, Donde viven los monstruos, Resistencia, Revolutionary Road y Up


- MEJOR BANDA SONORA ADAPTADA
MALDITOS BASTARDOS

Nominados: Destino: Woodstock, El primer día del resto de tu vida, 
Mapa de los sonidos de Tokio, París, París y Slumdog Millionaire


- MEJOR FOTOGRAFÍA
Yorick Lesaux y Lee Ping Bing, por EL VUELO DEL GLOBO ROJO 

Nominados: Antichrist (Anthony Dod Mantle), El curioso caso de Benjamin Button (Claudio Miranda), El secreto de sus ojos (Félix Monti), Los abrazos rotos (Rodrigo Prieto) y Slumdog Millionaire (Anthony Dod Mantle)

- MEJOR PELÍCULA ESPAÑOLA Y/O HISPANA
TRES DIES AMB LA FAMÍLIA, de Mar Coll

Nominados: El baile de la victoria, de Fernando Trueba; El secreto de sus ojos, de Juan José Campanela; La teta asustada, de Claudia Llosa; Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar; y Mapa de los sonidos de Tokio, de Isabel Coixet


 - MEJOR PELÍCULA ANIMADA
PONYO EN EL ACANTILADO, de Hayao Miyasaki (Japón)

Nominados: Los mundos de Coraline y The Sky Crawlers


 MEJOR PELÍCULA DOCUMENTAL
MAN ON WIRE, de James Marsh (EE. UU.)

Otra nominada: Sycko

- MEJOR ARTISTA REVELACIÓN
MÉLANIE LAURENT, por Malditos bastardos y París

Nominados: Nausica Bonín, por Tres dies amb la familia; Isabelle Fuhrman, por La Huérfana; David Kross, por The Reader; Noomi Rapace, por Millenium I & II; y Magaly Solier, por La teta asustada 


 - MEJOR REPARTO
UN CUENTO DE NAVIDAD
(Mathieu Amalric, Jean-Paul Roussillon, Catherine Deneuve, Emmanuelle Devos, Anne Consigny, Melvil Poupaud, Chiara Mastroianni, Hippolyte Girardot)


Nominados: Celda 211, La duda (Doubt), 
Los abrazos rotos, Malditos bastardos y Mi nombre es Harvey Milk


- MEJOR DESCUBRIMIENTO CINEMATOGRÁFICO
LOS AMANTES DE PONT NEUF, de Leos Carax (1991)

Nominados: Japón, de Carlos Reygadas (2002); Rois et reine (Reyes y reina), de Arnaud Depleschin (2004); Secretos y mentiras, de Mike Leigh (1996); y Storytelling: cosas que no se olvidan, de Todd Solondz (2003)

- MEJOR SERIE DEL AÑO
TRUE BLOOD (HBO; 1ª y 2ª temporada)

Nominados: Dexter (Temp. 3), Mad Men (Temp. 1 & 2), 
Perdidos (Lost) (Temp. 5) y Weeds (Temp. 4 & 5)


- MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Quentin Tarantino, por MALDITOS BASTARDOS

Nominados: 500 días juntos (Scott Neustadter y Michael H. Weber), Bienvenidos al norte (Dany Boon, Franck Magnier y Alexandre Charlot), Los abrazos rotos (Pedro Almodóvar) y Un cuento de navidad (Arnaud Depleschin)

- MEJOR GUIÓN ADAPTADO
John Patrick Shanley, por LA DUDA (DOUBT)


Nominados: El desafío: Frost contra Nixon (Peter Morgan), El secreto de sus ojos (Juan José Campanella y Eduardo Sacheri), Revolutionary Road (Justin Haythe) y The Reader (David Hare)


- MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA
AMY ADAMS, por La duda y Julie & Julia

Nominados: Patricia Clarkson, por Si la cosa funciona, Viola Davis, por La duda, Taraji P. Henson, por El curioso caso de Benjamin Button, Blanca Portillo, por Los abrazos rotos y Misty Upham, por Frozen River


- MEJOR ACTOR SECUNDARIO
CHRISTOPH WALTZ, por Malditos bastardos


Nominados: Mathieu Amalric, por Un cuento de navidad, Philip Seymour Hoffman, por La duda, Max Minghella, por Agora, Michael Shannon, por Revolutionary Road y Michael Sheen, por El desafío: Frost contra Nixon


- MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA 
KATE WINSLET, por Revolutionary Road y The Reader (El lector)


Nominadas: Juliette Binoche, por El vuelo del globo rojo y París; Charlotte Gainsbourg, por Antichrist; Melissa Leo, por Frozen River; Meryl Streep, por La duda, Julie & Julia y No es tan fácil; y Tilda Swinton, por Julia, El curioso caso de Benjamin Button y Los límites del silencio


- MEJOR ACTOR PROTAGONISTA
LEONARDO DICAPRIO, por Revolutionary Road

Nominados: Steve Evets, por Buscando a Eric; Frank Langelle, por El desafío: Frost contra Nixon; Sean Penn, por Mi nombre es Harvey Milk; Sam Rockwell, por Moon; y Luis Tosar, por Celda 211

- MEJOR CD DEL AÑO
MERRIWEATHER POST PAVILION, de Animal Collective (EE. UU.)


Nominados: 20 m2, de Amandine Bourgeois (Francia); IRM, de Charlotte Gainsbourg (Francia); Jeune à la retraite, de Féfé (Francia); March of the Zapotec and Realpeople Holland, de Beirut (EE. UU.); Poweri, de Amari (Italia); Sing along to songs you don't know, de Múm (Islandia); The Big Machine, de Èmilie Simon (Francia); The Crying Light, de Antony and the Johnsons (EE. UU.); e Y., de Bebe (España)

 PREMIO DEL PÚBLICO A LA MEJOR PELÍCULA:
MALDITOS BASTARDOS, de Quentin Tarantino
con 19 votos (total votos: 59)

Nominados: Revolutionary Road, con 10 votos; The Reader, con 8 votos; La duda, con 7 votos; Los abrazos rotos, con 6 votos.

- MEJOR DIRECTOR 
ARNAUD DESPLECHIN, por Un cuento de navidad


Nominados: Pedro Almodóvar, por Los abrazos rotos; James Cameron, por Avatar; Stephen Daldry, por The Reader; Hou Hsiao-Hsien, por El vuelo del globo rojo; Ang Lee, por Destino: Woodstock; Sam Mendes, por Revolutionary Road y Un lugar donde quedarse; Hayao Miyasaki, por Ponyo en el acantilado; Quentin Tarantino, por Malditos Bastardos; y Lars Von Trier, por Antichrist


- MEJOR PELÍCULA DEL AÑO 
UN CUENTO DE NAVIDAD, de Arnaud  Desplechin (Francia)


Nominados: Antichrist, Donde viven los monstruos, El vuelo del globo rojo, La duda (Doubt), Los abrazos rotos, Malditos bastardos, Ponyo en el acantilado, Revolutionary Road y The Reader (El lector)


PALMARÉS:

5 premios:
MALDITOS BASTARDOS: Actor secundario, artista revelación, 
guión original, banda sonora adaptada y premio público

3 premios:
REVOLUTIONARY ROAD: Actor protagonista, actriz protagonista, contribución técnica
UN CUENTO DE NAVIDAD: Película, director, reparto

2 premios:
LA DUDA (DOUBT): Actriz secundaria, guión adaptado

1 premio:
EL VUELO DEL GLOBO ROJO: Fotografía
JULIE & JULIA: Actriz secundaria 
LA DUQUESA: Vestuario
LOS ABRAZOS ROTOS: Banda sonora
MAN ON WIRE: Peli documental
PONYO EN EL ACANTILADO: Peli animación
THE READER: Actriz protagonista

TABLA DE NOMINACIONES:

10 nominaciones: REVOLUTIONARY ROAD
9 nominaciones: MALDITOS BASTARDOS y LOS ABRAZOS ROTOS
8 nominaciones: LA DUDA (DOUBT)
7 nominaciones: EL LECTOR (THE READER)
6 nominaciones: UN CUENTO DE NAVIDAD
5 nominaciones: ANTICHRIST, EL CURIOSO CASO DE BEJAMIN BUTTON y EL VUELO DEL GLOBO ROJO
4 nominaciones: PONYO EN EL ACANTILADO 
3 nominaciones: DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS, EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON, EL DESAFÍO: FROST CONTRA NIXON y EL SECRETO DE SUS OJOS, MI NOMBRE ES HARVEY MILK
2 nominaciones: AVATAR, CELDA 211, DESTINO: WOODSTOCK, FROZEN RIVER, JULIE & JULIA, LA DUQUESA, LA TETA ASUSTADA, MAPA DE LOS SONIDOS DE TOKIO, PARÍS, SLUMDOG MILLIONAIRE y TRES DIES AMB LA FAMILIA

viernes, 16 de marzo de 2012

Crítica de la TRILOGÍA PUSHER, de Nicolas Winding Refn


Nicolas Winding Refn empezó su filmografía con Pusher, película que acabaría formando una trilogía. En este magno proyecto, el danés se propone retratar la Dinamarca más oscura: la que concierne al tráfico de drogas, a la propia drogadicción, a la corrupción. Las estadísticas dicen que Finlandia, país nórdico, es el que mayor número de suicidios registra al año en relación a su total de habitantes. La trilogía destapa esa Dinamarca de personajes suicidas, bestias nocturnas que viven en paralelo a la sociedad del bienestar. Sus personajes no conocen otro código que no sea el de la lucha, la pistola en mano y las transacciones ilegales. Los códigos de honor y amistad no existen: cualquiera es válido si puede salvarnos de un apuro, darnos dinero, cubrirnos las espaldas cuando las cosas se ponen chungas. Son seres irreflexivos que no miden las consecuencias de sus actos: entran 'partiendo la pana' y 'liándose a leches' con quien haga falta, cuando haga falta, en donde se precise. No hay posibilidad de aprendizaje, de reinserción, de retorno a la senda correcta, por lo que los caminos de sus personajes siempre son rampas empinadas y resbaladizas que acaban a las puertas del mismísimo infierno. Propuestas que sacuden, que en algunos momentos llegan a ser tan trepidantes como el mejor cine negro norteamericano, y que sobre todo nos proponen un cine totalmente diferente al que se suele hacer en Europa. Una tríada de films imprescindibles para cualquier cinéfilo.

PUSHER: UN PASEO POR EL ABISMO (Dinamarca, 1996)
Visto con perspectiva, resulta muy curioso que entre Pusher y las primeras películas del Dogma 95 sólo haya meses de diferencia. Esta primera parte tiene las mismas sacudidas de cámara que Celebración o Los idiotas, y encima lo hace centrando el objetivo en gángsteres cotidianos, perfectamente posibles en una ciudad tan grande y gris como Copenhague. La película se construye sobre una cuenta atrás, el tiempo que tiene Frank para devolver un dinero que no tiene después de que la policía lo pillase en medio de una operación ilegal importante. Winding Refn intimida y persigue el personaje hasta verlo totalmente desquiciado, y el espectador se deja contagiar por el mismo nervio. Pusher es un viaje a un túnel cada vez más oscuro. El personaje ha construido a su alrededor un mundo tan podrido que ahora, sin bote salvavidas, se ahoga poco a poco sin nadie a quien llamar a la puerta, yendo de un extremo a otro de la ciudad sin rumbo fijo, comiéndose las uñas, mirando obsesivamente el reloj. Un extraño de sí mismo. Un antihéroe. Un miserable. Pusher funciona: la acción se centra en el camello amenazado de muerte y en parte uno desea que todo se arregle para Frank. Pero a la vez Winding Refn objetiviza su relato y dibuja a una bestia hacia la que sólo puede sentirse asco y pena. Pusher explica la semana de una agonía. El fluir del agua que acaba engullida por el fregadero. El bajar de la basura a punto de ser triturada, machacada y transformada en algo todavía más inerte. Brutal y descorazonadora, asquerosa cuando debe serlo, Pusher es la película más compleja, el divertimento más endiablado de toda la filmografía de Winding Refn. Para este blog, su mejor película. También la mejor de la trilogía. Hay que verla. Nota: 7

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PUSHER 2: CON LAS MANOS ENSANGRENTADAS (Dinamarca, 2004)
Al inicio de Pusher 2, Tony, personaje secundario de la primera parte (impecable caracterización e interpretación de Mads Mikkelsen), está a punto de salir de la cárcel. Su compañero de celda le dedica un discurso que simbólicamente será la gran metáfora de la película: el preso vaticina que Tony no sobrevivirá afuera porque la miseria atrae a la miseria y porque una vez entrado en la espiral delictiva no hay quien pueda salir. Tony sale e intenta sobrevivir, pero todos los que conoce son gente de mal vivir. Sabe, sabemos, que volverá al trullo. Tarde o temprano. O en el tanatorio. O apaleado en cualquier cuneta de la capital. Tony se debate entre seguir jugando con fuego o dar un paso adelante hacia la salvación, muy difícil cuando tu padre se dedica a vender coches robados y cuando tu hijo no sabe de tu existencia. Las tensiones del personaje funcionan a la perfección: vive en una encrucizada, y Winding Refn filma el seno de una familia corrupta con la normalidad de quien estuviese fotografiando a unos obreros más de Copenhague. El problema es que la película no tiene el sentido de la acción de la primera entrega. Es la más lenta de las tres, puede que la más reflexiva, pero como material cinematográfico inflamable se queda un poco en tierra de nadie. Aunque en esta segunda parte está la esencia de la forma y el mensaje de la saga, así que funciona como perfecta visagra entre la primera parte (más radical y desnuda) y la tercera (en la que definitivamente la narración se centra en un modelo de familia mafiosa que esta segunda parte solo presenta). Manos ensangrentadas que, por mucho que se laven, siguen sucias. Nota: 6'5

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PUSHER 3: SOY EL ÁNGEL DE LA MUERTE (Dinamarca, 2005)
Milo es un inmigrante serbio que vive en Dinamarca. La noche en la que sucede el film se promete estar lúcido. No va a beber. Porque es un drogadicto. Y en pocas horas coordina su negocio de tráfico ilegal de droga, organiza la fiesta de cumpleaños de su consentida hija y tiene que hacer frente al pago de una partida de éxtasis. Mismos escenarios, mismo prototipo de personajes que las anteriores partes de la saga Pusher. Pero esta tercera parte, rodada casi de forma consecutiva con la segunda entrega, no está a la altura de las demás películas. Quizás es que uno conoce el funcionamiento de la historia. La cuestión es que en Pusher 3 no hay ninguna sorpresa. Todo sucede según lo previsto, en una especie de caos controlado, repitiendo los esquemas de la primera parte. Si en la primera parte el protagonista era un mero peón en manos de las cabecillas, si en la segunda entrega todo giraba en torno al hijo de un corrupto, aquí el mafioso, el capo, el rey es personaje central. Se repiten clichés, no solo del género (seguro que Winding Refn vió y admiró Los Soprano), sino de la propia saga. Así que Pusher 3 huele a refrito. Y para colmo, Refn acaba la película de la forma más exagerada: con el descuartizamiento explícito de un cadáver, una de las escenas más desagradables que recuerda este blog. Una forma de simular gravedad cuando la historia carece de contenido. Es la más gratuita de las tres, la más prescindible, pero de alguna manera viene a completar el círculo de la saga: funciona mejor en conjunto que como película independiente. Aquí la crítica social queda relegada a un papel secundario y todo es más gore y engolado. Para el recuerdo: la gran interpretación de Zlatko Buric. Nota: 6

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