sábado, 17 de octubre de 2009

¿LAS REPOSICIONES TIENEN FUTURO?



Este mes los cines proyectarán Toy Story, Mi vecino Totoro y La naranja mecánica, películas claves de los 70, 80 y 90. Cada película tiene su historia. De esta forma, el film de Pixar se verá en 3D, una forma de contentar al fan y promocional la inminente tercera parte. El estudio Ghibli celebra con el reestreno de su título insigne veinte años de éxitos, ahora materializados en nuevas ediciones en dvd. Totoro, que nos conquistó vía VHS, encuentra ahora su salto a la gran pantalla, su confirmación como clásico. El caso de La naranja mecánica obedece a un simple homenaje a la película, al actor que la protagoniza y al símbolo que Kubrick continúa siendo. Ver las caras de nuestros drugos a todo color y en grande no tiene precio, y aumentará la tensión que ya nos provoca el film en su versión casera. Tal eclecticismo viajará junto a This is it, el documental de Michael Jackson. Dicha cinta solo estará en los cines durante dos semanas, tiempo suficiente para recordar al cantante, reavivar nuevos misterios y continuar con la polémica. La acción abre una novedad: no solo se da la opción de ver un film, sino que también se da un plazo, un lapso de tiempo. A nuevos tiempos, nuevas formas de vender y proyectar películas. No hay duda de que tal mezcla merece una reflexión.



No se reponen todas las películas, básicamente porque tal tarea precisaría de varias vidas y no menos cerebros. Por lo tanto, la palabra 'reposición' lleva implícita una etiqueta de calidad: lo que se repone vale la pena ser visto, y el público lo sabe, aunque no asista a tales proyecciones. El 3D abre un montón de caminos. De la misma forma que se quisieron colorear algunas películas en blanco y negro, parece que ahora existe una obsesión por el volumen, el relieve del 3D. No creo que el público rescate Toy Story porque la proyecten en 3D, sino porque la película es buena. Al fan se le ofrece una experiencia única. El multicine deja de ser una democracia (cada uno ve la película que quiere en la sala que quiere) y tales edificios ofrecen momentos únicos. Dentro de unas semanas, solo unos pocos presumirán de haber visto Toy Story en 3D, anécdota de la que seguramente harán alarde y que recordarán para siempre. Esto me lleva a decir que las reposiciones con nuevos formatos solo podrán ser rentables en caso de tratarse de pocas copias centradas en las grandes ciudades (a más población, más variedad de público). Sin duda, Toy Story parte con desventaja porque muchos ya la han visto. El éxito aumentaría si se limitara el tiempo de proyección: a pocos pases, más plateas llenas. No se trata de recaudar mucho dinero, sino ganar una suma considerable en relación al gasto realizado. Dejar languidecer Toy Story en pases matinales o sesiones sueltas sería un despilfarre, un despropósito.



Con la venta de entradas por internet, casi nadie se queda sin posibilidades de ver un film. Muchas películas buenas duran poco tiempo en cartel, y ello las relega al anonimato. Pero, obviamente, sería otro despilfarro seguir apostando por un film que no parece interesar a nadie. Economía y cinefilia, por este motivo, nunca se llevarán bien, nunca serán compatibles. Imagínense que solo se proyecta Agora durante unas semanas: seguro que habría mamporros y carreras en las puertas de muchos cines. Reservar el ticket, la entrada de cine será dentro de poco lo más sensato y casi la única opción. Seguro que Agora conseguiría los mismos buenos resultados de taquilla. Es más: tal estrategia, al reducir el tiempo de emisión, limitaría el boca a oreja, tanto para bien como para mal (apuesto a que más de la mitad de los espectadores de Agora no les ha gustado el film). Si uno no ha tenido opción de ver Agora en cines, intentará hacerse con el dvd. Porque, he aquí la gracia, de haber menos tiempo para verla, también habría menos tiempo para piratearla. Y en el caso de Toy Story, al ser en 3D, la piratería juega con desventaja.



Puestos a responder la pregunta del título, podríamos decir que sí, aunque con matices. No toda película vale, ni tampoco de cualquier forma. Es habitual que se estrenen films japoneses de animación en un solo cine durante un solo fin de semana (recientemente The sky scrawlers): el fan está alerta y la sala se llena. Pero el tema admite muchas interpretaciones. Un periodista preguntó a Jaime Rosales su opinión sobre la reposición de La soledad tras su triunfo en los Goya. ¿Acaso quienes quisieron ver La soledad, su público potencial (y más entusiasta), no lo hicieron en su mes de estreno? Los premios, aunque me pese mucho, no son un aliciente para el público del S. XXI. Fíjense en los retrasos de, por ejemplo, los estrenos de La clase, Contra la pared o algún título de Oscar. Hay películas nominadas a mejor film de habla no inglesa que el público español no puede ver. Me reafirmo: de ser importantes los premios, La soledad se hubiera repuesto la misma semana de saberse sus cuatro nominaciones a los Goya. No ocurrió así, y, aunque el público la vió con posterioridad, tampoco parece que entusiasmase demasiado. Pero... ¿acaso es mejor Toy Story que La soledad? Hagan debate.

viernes, 16 de octubre de 2009

LLAMAMIENTO POPULAR



Sé que muchos bloggeros han visto nuevas películas. Por ello, me gustaría contar con sus notas para el Cineraking LO ANTES POSIBLE. Dentro de nada, el blog publicará una nueva entrada del Cineranking y seguro que habrá jugosas novedades.

Como novedad, me gustaría que los bloggeros SOLO incluyan en sus mails o comentarios LAS NOTAS NUEVAS, ADEMÁS DE LAS NOTAS MODIFICADAS. Todos vuestros votos descansan en un world que ya tiene 10 folios, 10 cuadros. Ojalá aumenten.

También animo a contestar la nueva encuesta que el blog ha activado. La pregunta quiere saber los gustos de la comunidad bloggera para poder mejorar y reforzar los contenidos del blog.

Tampoco olvidar que el próximo LUNES empieza LA SEMANA DEL CINE DE TERROR, con jugosos títulos a reseñar. La semana coincidirá con un especial que Mariano dedicará en su blog al cine de terror. Nosotros adelantamos el Halloween cinéfilo: no se lo pueden perder.

Para quienes no lo sepan, han pasado a la semifinal de LA PELÍCULA DE LA DÉCADA Pozos de Ambición, 4 meses, 3 semanas, 2 días, Expiación y XXY. Pronto tendrán más noticias del concurso. En noviembre empezaremos con las semifinales. Y aún hay activadas dos encuestas...

Saludos y feliz fin de semana.

jueves, 15 de octubre de 2009

LMDLD: APOCALYPTO


Título: APOCALYPTO Título original: Apocalypto Dirección: Mel Gibson Guión: Mel Gibson y Farhad Safinia Año: 2006 País: Estados Unidos, México Duración: 130 min. Género: Acción Reparto: Rudy Youngblood, Dalia Hernández, Jonathan Brewer, Morris Birdyellowhead, Carlos Emilio Báez, Ramírez Amílcar, Israel Contreras, Isreal Ríos, María Isabel Díaz, Espiridión Acosta, Iazua Larios, Hiram Soto, Raoul Trujillo, Gerardo Taracena, Rodolfo Palacios, Ariel Galván, Bernardo Ruiz, Ricardo Díaz Mendoza, Richard Can, Carlos Ramos, Ammel Rodrigo Mendoza, Marco Antonio Argueta, Javier Escobar, Fernando Hernández, María Isidra Hoil, Aquetzali García, Abel Woolrich, Antonio Monroy Palmarés: Mejor fotografía (Críticos de Phoenix, Dallas y Ohio), 3 nominaciones al Oscar (mejor maquillaje, sonido y mezclas de sonido), Nominado a mejor film de habla no inglesa (Globo de oro, Bafta, Satellite Awards, Broadcast Film Critics Association Awards, Críticos de Chicago, Críticos de Londres) Fechas de estreno: 08/12/06 (EE.UU.), 19/01/07 (España) Distribuidora: Paramound Pictures





Sinopsis: La civilización maya es amenazada momentos antes de su colonización. Un grupo de guerreros ataca un poblado vecino y un hombre decide salvar a su familia enmedio de la catástrofe. Este es el inicio de una carrera a contrareloj por la supervivencia.



INTERPRETAR LO INTERPRETABLE

Apocalypto plantea si el cine contemporáneo debe ser antes una pieza estética o una pieza ética o vicerversa. Está claro que Mel Gibson prefiere la estética y, al despegarse de la historia objetiva, se adentra en una historia más personal: su historia, el cuento de su película. Apocalypto parece narrar algo que ninguna película se atreve a contar. Donde acaba Apocalypto (la colonización del nuevo continente) es donde empiezan otras tantas. Gibson reinventa y se adelanta. En su relato, los indígenas son gente autónoma, fuerte; una comunidad que sobrevive y come al utilizar la violencia física, la lucha de las especies naturales en libertad, por el bien de la colectividad. Gibson se interesa por un cambio mayor: la violencia mal canalizada que arrebata vidas sin sentido. La comunidad maya, aunque podría parecer una reunión de salvajes, es, para Gibson, un grupo con un modus vivendi propio y coherente. Apocalypto marca el paso de lo divino (los asesinos son ingénuos: con la sangre de los guerreros más fuertes creen poder saciar el hambre de su diós y mejorar su vida y sus cosechas) a lo pragmático (un dogma sin fundamento que genera una huida, una carrera cuerpo a cuerpo, a muerte; otro cuento sobre la supervivencia). Como resultado, Apocalypto es más que una cinta de acción y se abre a un abanico de posibilidades inmensas, casi antitéticas: es una cinta que nos invita a estar unidos y pensar en la colectividad, pero también deja claro que cada uno debe preservar lo suyo y los suyos; nos dice que todos los dogmas son malos, pero también nos explica que cada ser debe guiarse por su ética e ideales; es un alegato a favor de la familia, a la par que demuestra que la maldad no es cosa de pueblos, sino de todos los seres humanos, sean de donde sean y como sean. Depende como se mire, Apocalypto es una película de mensaje alegre o profundamente pesimista, una película totalmente rompedora o profundamente conservadora. Cuestión de gustos.




EL AUTOR

El primer plano sintetiza el estilo de Gibson. Un plano fijo nos enseña las profundidades de una selva verde. Poco a poco, la imagen se transforma en un travelling lento que capta los sonidos del bosque y espía el vuelo de una mariposa. Aparece un jabalí y, con este, la carrera por la supervivencia. Este momento encierra la calma del Malick de El nuevo mundo y la furia que caracteriza el cine comercial, Emmerich a la cabeza. Durante toda la película, el director se debate entre estas dos facetas, sin traicionar una a favor de otra, sin contentar fácilmente a su audiencia potencial. En los últimos momentos, la película se simplifica en una carrera adrenalínica, siempre superior al combate de buenos y malos. Gibson desprende ritmo y oficio al incluir una película reflexiva dentro de otra más lúdica, todo un parque de atracciones de carreras y luchas sangrientas. Apocalypto roza lo gore, se tutea con lo explícito y no disimula sus pequeños trucos (la mujer del héroe pare a su bebé de una forma tan imposible y surrealista como simbólica). Aunque parezca un derroche de excesos, Apocalypto es la cinta más comedida de Gibson: ni de una virulencia tan gratuita como la de La pasión de Cristo, ni de unas formas tan academicistas y correctas como las de Braveheart. Apocalypto atesora lo mejor y lo peor de su autor. Así, entre lo tímido y lo grotesco, el documental y la montaña rusa, la película se convierte en una de las experiencias cinematográficas más emocionantes de los últimos años; e, indirectamente, en la confirmación de un Gibson altivo capaz de crear y convencer. Jugada redonda.


LA VIOLENCIA

Apocalypto se asienta sobre la violencia, quienes la infringen y quienes la sufren. La cinta empieza con un acto de violencia familiar, casi inocente. Un grupo de cazadores engaña a su miembro más ingenuo obligándolo a comer los testículos de un animal muerto. El hombre reacciona con asco y los demás resuelven la escena con sonoras risotadas. Esta pequeña anécdota adelanta la humillación que dicho indígena sufrirá en su poblado y la posterior captura por parte de mayas extraños. La carrera también es gradual: hay un éxodo por imposición y una huida por obligación. Solo hay que fijarse en como Gibson va matando a los perseguidores de nuestro protagonista (el veneno de una serpiente o un sapo, una herida por una lanza, el impacto contra una roca o una trampa para cazar animales), una matanza lenta que, al llegar a la playa, el espectador intuye que aún se recrudecerá más (con armas de fuego y métodos más sofisticados, siempre en nombre de la patria y de la cruz). De alguna forma, Gibson se las ingenia para eclipsar a la audiencia y sorprenderla con giros más vivos y vivaces. Al final, la inscripción que rezan los primeros títulos de crédito se convertirá en la lógica alegoría del conjunto: una sociedad no puede destruirse si esta no se ha destruido a sí misma con anterioridad. La corrupción genera conflicto, y el conflicto genera una lucha. Gibson abraza los pasos de los buenos hombres, la road movie que protagoniza su magullado héroe y dios. La familia unida jamás será vencida, o al menos eso parece: la guerra, como vaticina el corredor, acaba de empezar. No hay duda que, en pleno siglo XXI, aún no ha terminado.


EL ESTILO

Una de las características más singulares de Apocalypto es su estilo. Aunque no quiera simular ni imitar una verdad, la película opta por los idiomas primitivos de las primeras gentes de Sudamérica. El aspecto lingüístico, en claro conflicto con los gustos del público, deja claro que la película quiere acercarse a sus protagonistas con respeto. Lengua a parte, Gibson opta por una estética singular. Por un lado, la caracterización de su civilización perdida requiere de numeroso attrezzo y maquillaje; por otro lado, la cámara digital permite que las imágenes desprendan un calor extraño que intensifique el fragor de la batalla y altere el color en los momentos más intensos (véase el sacrificio de la pirámide, con los cuerpos tintados de azul, el rojo de la sangre y los tonos marrones y verdes del gentío que aplaude). Apocalypto mezcla tradición con nuevos recursos; lo de siempre, pero de otra manera. Algo que difícilmente volverá a lograrse.





La escena más conocida: Los guerreros esperan para ser ejecutados en lo alto de la pirámide. Un extraño eclipse salvará la vida del protagonista.

La escena más impactante: Los veleros españoles se divisan y nuestro guerrero para. Los perseguidores, también. Empieza otra guerra, sucede un giro inesperado.

La frase: Las palabras del chamán son muy recurrentes tras observar todo cuanto acontece en el film. Se habla poco, pero lo poco que se dice no es en vano.

miércoles, 14 de octubre de 2009

GORDOS 6 / 10

Paradoja: Gordos habla de la obesidad, pero no controla las cantidades... de metraje. Película inflada, llena de subrallados y clichés, Gordos supone la consagración de Sánchez Arévalo como autor simpático, narrador de obras interesantes, pero inconsistentes. Gordos es una obra grandilocuente, llena de ingenio, aunque con demasiada pedantería. El film quiere abarcar demasiado, y el mensaje, a base de dar rodeos, se desploma. No me malinterpreten: Gordos es una película agradable, un título ecléctico, original, bastante divertido; una cinta que aporta buen rollo, cuyos defectos molestan (pensando lo que podría haber sido) y cuyas virtudes se disfrutan (pensando el salto cuantitativo y cualitativo respecto Azuloscurocasinegro). Nada que ver con Magnolia (cinta que quiere imitar), pero tampoco nada que ver con la sosería imperante en nuestro cine. Porque, aunque gris, Gordos es una cinta de autor. Lástima que a Sánchez Arévalo, que cuidó y alargó la preparación y el rodaje de su criatura en demasía, le pueda la altanería.




Una película tan peculiar requiere de un reparto no menos especial. Como se intuía, Antonio de la Torre logra el papel de su vida al interpretar un gay obeso que en su día promocionaba unas pastillas adelgazantes. El chiste, cuando se estira, pierde su chispa, pero de la Torre es el único que no naufraga. Tiene la nominación al Goya asegurada. También requiere atención la aparición de Teté Delgado, rostro televisivo que, como Paz Padilla a Cobardes, pide un lugar en la gran pantalla. Raúl Arévalo, Verónica Sánchez y demás tropa divierten y saturan al personal de forma tímida. Gordos, con media hora menos y una narrativa menos grave y más desenfadada, ganaría mucho. Pero estos son los Gordos que ha querido su director: llenos de frustraciones, miedos y problemas. Empacha.


martes, 13 de octubre de 2009

EN CONTRA DEL MÁRKETING EXCESIVO



'Márketing' es un anglicismo. La duda es inmediata: ¿castellanizamos el término mediante el acento y la supresión de la desinencia inglesa '-g' o utilizamos la cláusula inglesa? La Academia contempla 'mercadotecnia', término que nadie conoce ni utiliza. Cuestiones lingüísticas a parte, parece que sí hemos adoptado la semántica del vocablo. Sabemos muy bien qué es, en qué consiste y qué formas puede adoptar una campaña de márketing. La publicidad nos acucia, ya sea en la calle o en nuestras casas. Nadie se escapa. Y como el márketing despliega toda su fuerza a modo de dictadura, nadie (o casi nadie) ha perdido detalle del estreno de Agora. Los autores de la machacona propaganda han vuelto a salirse con la suya. Diarios, televisiones y radios han comentado el estreno de la última película de Amenábar, siempre bajo el rinbombante subtítulo de 'la película más cara del cine español'. No vivíamos un caso similar desde El orfanato, éxito cocinado a fuego lento con artes muy parecidas a las que ahora nos invaden. El público erudito y el público menos cinéfilo, el público pequeño y el más anciano... nadie ha perdido nota, ya sea vía El hormiguero, Informe Semanal, Buenafuente o Telediarios o demás formatos, del argumento y características de Agora. Unos días después de su estreno, somos conscientes de que el film es ya un fenómeno de masas, básicamente porque los mandamases de turno así lo han querido. Incluso el márketing hace distinciones. Apreciamos la película de Amenábar, pero denostamos el márketing excesivo. ¿Dónde queda el boca a oreja, las formas de promoción más discretas, las noticias que destaquen sus pases en Cannes o Toronto? El público se devalúa, sus hábitos de consumo también; lo mismo ocurre con las campañas publicitarias, más sanguinarias, más explícitas, más molestas aunque efectivas. Nada que ver con la austeridad del Imperio Romano.




El márketing es desigual. Existen películas sin promoción ni recursos que sobreviven en míseras salas de las grandes capitales. Está claro que el público quiere el cine comercial, y que, como resultado, los medios miman este tipo de películas. Pero existe otra posibilidad más peligrosa, quizás más esperanzadora: la existencia de espectadores que ven Los sustitutos porque no tienen referencias de, por ejemplo, Still Walking o Un cuento de navidad. No nos engañemos: defender el cine 'diferente' (por oposición a otros films: el lenguaje vuelve con sus caprichos) no es un atrevimiento porque gusta a mucha gente y porque muchos espectadores disfrutarían de tales películas si se acercasen a ellas, si rompieran con las cadenas del márketing. Defender la opción 'b' no debe ser una forma barata de bohemia o inconformismo, sino una forma de compromiso, como espectador y cinéfilo, con el cine que creemos bueno (o 'mejor', aunque suene pedante: otra vez el léxico). La moraleja es evidente: no compren la camiseta de marca si no quieren, no coman lo que les anuncian si no quieren... y, como no, no vean las películas que todo el mundo conoce si no quieren. Luchen contra el márketing: aunque no salgan ganando, el combate, una cuestión de resistencia, convicción y fidelidad (no de fuerza), vale la pena.



P.D.: Agora ha conseguido 5'3 millones de euros en sus primeros tres días en los cines. En algún punto de esta España tan grande, un publicista abre una botella de champán...

lunes, 12 de octubre de 2009

LA PELÍCULA DE LA DÉCADA XXIV

CAMINO, de Javier Fesser (17/10/08)
¿Quieres que rece para que tú también te mueras? es la mejor frase promocional en años. El Festival de San Sebastián pasó incomprensible de largo, pero los Goya pusieron las cosas en su sitio. La única obra maestra de nuestro cine en un año bastante irregular. Se vive, se disfruta y se sufre. Carrusel de emociones. Carme Elías merece un templo.









EL CANT DELS OCELLS, de Albert Serra (19/12/08)
Cine a contracorriente para la primera ganadora del Premio Gaudí. Seguramente no la conocerán, pero en Cannes fue una pequeña gran sensación. El viaje en blanco y negro, en silencios y corcheras, de tres reyes magos perdidos. Cine para pocos. Descúbranla, disfrútenla y vótenla.












EL INTERCAMBIO, de Clint Eastwood (19/12/09)
Éxito de taquilla, la nueva obra maestra del viejo Eastwood, la interpretación más descarnada de Jolie. La odisea en busca del hijo perdido y la manipulación de unos medios corruptos en una masterpiece que pone la carne de gallina. Merecía más nominaciones a los Oscar. Hollywood titubeó, Cannes titubeó... ¿También lo harán los votantes? Christine Collins forever.











GOMORRA, de Matteo Garrone (14/11/08)
Visión desglamourizada de la Camorra italiana. Junto a Il Divo, ha impulsado una renovación en el cine italiano. Thriller en forma de puzzle, impactante y original. Un exitazo para un best-seller. Arrasó en los Premios Europa y todo apunta a que su devenir en La película de la década será igual de brillante. De suma importancia.












LA BODA DE RACHEL, de Jonathan Demme (31/10/08)
Nunca habíamos visto a Hathaway tan desenvuelta y brillante como en esta boda llena de gritos, canciones, reproches e invitados. Un bodorrio de cuidado. La escena del lavaplatos sigue escociendo. Uno de los guiones más potentes que se recuerdan. No habrá separación: este enlace es para toda la vida.










LA MUJER RUBIA, de Lucrecia Martel (28/11/08)
Culpabilidad, dudas y silencios: estos son los protagonistas de una película tan corta como intensa. Si sobreviven a su almodovariano poster, podrán descubrir los entresijos de una maestra: Lucrecia Martel. A reivindicar.














LA OLA, de Dennis Gansel (28/11/08)
Un curso de verano más peligroso de lo que parece. Una clase maestra que ahora se somete a la dictadura de los votos. Cine entretenido, comprometido y vivo. Film de culto que endiosa el cine alemán. ¿Aplauden el símbolo?














LAS HORAS DEL VERANO, de Olivier Assayas (14/11/08)
El Museo d'Orssay organizó un proyecto singular: apoyar cuatro películas que tuvieran lugar, al menos una escena, en las instalaciones del museo. Luego vino El vuelo del globo rojo, igual de genial. Reflexión sobre el tiempo, las diferencias entre padres e hijos, el valor de los objetos y otras tantas sutilezas. Quienes no la han visto no saben lo que se pierden. Lo tiene difícil, pero merece pasar a la semifinal.










MY BLUEBERRY NIGHTS, de Wong Kar-Wai /12/12/08)
Se estrenó con sumo retraso, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Es lo menos brillante del hongkonés, algo harto divulgado. El beso de Jones-Law es, pese a todo, irresistible. Una película adorable, cálida, llena de secundarios excelentes. Kar-Wai no ha tenido suerte en La película de la década y esta es su última carta. Hagan juego.










THE FALL: EL SUEÑO DE ALEXANDRIA, de Tarsem Singh (14/11/08)
La ganadora en el Festival de Sitges sufrió penurias para verse en las salas. Un coitus interruptus, un visto y no visto: duró dos semanas en cartel y merece mucha más suerte. Excelente fotografía para este cuento entre oriente y occidente, la inocencia y la crueldad, la fantasía y la realidad. Atrapa, sorprende. De reivindicarse, sería un título de culto inmediato. Por la comunidad bloggera pululan fans confesos. ¿Suficiente para vencer?





Lista ecléctica cargada de buenos títulos. En la cuneta se quedaron muchos otros: Los años desnudos, Happy, Las manos, Quemar después de leer, Solo quiero caminar, Transsiberian, Appaloosa, Leonera, Red de mentiras, Australia, Bolt, Crepúsculo (no merece justificación), Il Divo, Mongol y The Spirit. Servidor no ha podido ver La cuestión humana, film que, intuyo, de haber visto, hubiera estado seleccionado. No se puede abarcar todo...

La película de la década ha batido un nuevo record: 375 votos en las 3 encuestas de 2007. ¡Muchas gracias! Como resultado, la gran mayoría de films pasan de los 20 votos, algo inaudito. De seguir así, nos esperan unas semifinales muy reñidas. He aquí los resultados de la encuesta más reñida:

- Promesas del este gana de forma tímida con 41 votos y un 35%. El orfanato se queda con 38 votos y un 32%. Lo dicho: una batalla casi en tablas.
- Siete mesas de billar francés y Las 13 rosas empatan con 25 votos. Y lo mejor de todo: Mataharis se ha quedado fuera... pero con 23 votos. El cine español vive ahora las victorias que se le negaron en anteriores ocasiones. Y eso sin contar los 21 apoyos de Michael Clayton y los 20 puntos de Hairspray... Solo una queja personal: Deseo peligro se ha quedado con 12 votos. Algo inesperado.

Recapitulemos: 11 films del 2007 pasan a la semifinal. De ellos, 5 son españoles. Saquen sus conclusiones. Y cuidado: aquí hemos seleccionado Camino y El cant dels ocells.

Ojo al dato: ESTA ES LA ÚLTIMA ENCUESTA (POR EL MOMENTO) ANTES DE PASAR A SEMIFINALES. ¡A VOTAR! ¿Algún favorito? Saludos.

sábado, 10 de octubre de 2009

Crítica de MALDITOS BASTARDOS

Malditos bastardos marca un antes y un después en el cine de Tarantino. El creador de Pulp Fiction se despide de la acción y prefiere centrarse en largos soliloquios, casi siempre resueltos a golpe de pistola. La palabra gana, aunque Tarantino también viaja hacia lo explícito con sus cabelleras arrancadas y tiroteos apasionados. La mezcla, resuelta en cinco capítulos, es tan desigual como original. Y también teatral, porque Malditos bastardos, que retoma la venganza como tema principal de Kill Bill, está poblada de personajes estúpidos, a cada cual más peculiar y zoquete. Esta es sin lugar a dudas la gran opereta de Tarantino, una película excesiva, llena de gags, referencias a otros y citas propias. Para más colmo, también podría describirse como el intento más evidente por parte de Tarantino de crear cine dentro del cine, con un homenaje bastante curioso al cine alemán de los años 20 y 30. De la comedia surge la crítica, y de ambas (la doble cara de un autor tan profundo como cachondo) surge Tarantino, el bastardo más importante del elenco. 'Puede que esta sea mi obra maestra', reza el personaje de Aldo al final del pastiche. Tarantino se ríe de sus criaturas y de sí mismo, ha dejado de tomarse en serio y su verborrea registra sus cuotas más interesantes (también las más densas). No merece maldiciones, pero Malditos Bastardos, vitaminada y grandilocuente, no es la obra maestra que muchos pregonan. El espectáculo, la película dentro de la película, sigue valiendo la pena.



Los personajes, bufones de una historia imprevisible, oscilan entre el thriller y la comedia absurda, el gore y el cine bélico. Entre este grupo, el personaje de Hans, excelentemente interpretado por Cristoph Waltz, se eleva como una de las creaciones más potentes de la casa. Personaje irónico, incómodo, ávido y provocador que, en un giro sorprendente, se convierte en el rey de los bastardos, en el gran mentiroso, en el incansable manipulador. Waltz, base de un primer capítulo irreprochable, camina hacia el Oscar aunando la trascendia del vaquero Eastwood, la locura de cierto Kubrick y el aroma clásico de la factura Tarantino. Hitler actúa a modo de Chaplin y los nazis son payasos de doble cara. Un gran cachondeo.



Pero la miga de este postre tan exquisito como empalagoso es Mélanie Laurent, la propietaria de un cine pequeño, antes perseguida por el diablo Waltz. Tarantino, que también babea con la curvas de la infravalorada Diane Kruger, vuelve a mostrarnos con este personaje su afición a las mujeres fuertes, sexys y criminales, aunque la película sea una historia directa, masculina. El conjunto, con o sin el descubrimiento de Laurent, es un plato poco equilibrado, pero con unos ingredientes jugosos. No es una película fácil y está destinada a dividir al público, incluso al seguidor más fiel y convencido. Una peculiar y políglota forma de contar la historia de siempre... pero al revés.

Nota: 9 / 10

viernes, 9 de octubre de 2009

Crítica de AGORA

Amenábar, en una noche de estrellas, empezó a idear la que sería su quinta película. Tras ver el resultado de este trabajo tan laborioso como esperado, no cabe duda de que Amenábar se distancia cada vez más del cine español; es más, también se distancia del cine en general. El chileno reivindica su estilo ecléctico, su lugar en esta agora majestuosa. La película es, ante todo, una reflexión sobre la intolerancia, aquí mostrada en forma de avatares religiosos, luchas entre las fuerzas judías y las cristianas. Amenábar retrata la Alejandría en decadencia y establece un vínculo con la actualidad, cuando una crisis económica y moral carcome el sistema. Los cambios se producen en momentos convulsos, y Amenábar cambia de registro, abraza la madurez y aúlla su independencia. El autor y su obra se funden, como también quedan en eterna simbiosis los pergaminos de la Biblioteca de Alejandría e Hipatia, heroína que triunfa desde la palabra. Agora es la historia de un triángulo: Hipatia, Davo y Orestes. O mejor dicho: Davo, Orestes y Amenábar, los tres aprendices que miran su musa cual deidad. El respeto, la pulcritud por no manchar la figura de Hipatia es paralela al buen trato que ejerce Amenábar con Weisz, cara de autoridad y gran belleza. Y al final, Agora abandona el triángulo para ser una película circular, completa y compleja, llena de indirectas y relaciones. Geometría cinéfila bastante peculiar.




Agora funciona más como invento que como homenaje a algo ya hecho (y, por concepto, antiguo). La Alejandría de Agora es un recital de excelentes decorados y vestidos, aunque la sensación de grandeza se complete con el tono elegíaco de una superfície marrón, desnuda, descarnada. Agora es una película anacrónica, no porque reviva las formas del peplum, sino porque prefiere impactar más a nivel intelectual que emocional, un objetivo y un logro poco común en la actualidad. Por ello, la Alejandría de Amenábar se asemeja más al Dogville de Von Trier que al Egipto de Mankievich: aquí no hay mitos, pero sí seres humanos; no hay admiración, sino crítica; no nos deslumbran las cualidades técnicas del conjunto, o al menos no tanto como la parte menos palpable, dedicada a recordarnos que nuestra especie es, fue y será malvada, y que siempre compartirá un mismo cosmos. Al optar por los planos largos y travelings, Amenábar borra la violencia visual, entiende los dos frentes de la batalla y asume la pequeñez de lo contado. Al fin y al cabo, puede que el caos también reine en otros planetas, entre otros seres, en otros momentos históricos. La escena, imaginación artesanal y a la vez tecnológica, es reveladora. Del nivel del mapa negro de 2001: odisea en el espacio (no por casualidad, la película favorita de Amenábar).



La gran sorpresa del film está en el esclavo Davo, muy bien interpretado por Max Minghella. Davo se debate entre el amor y la filosofía, la pasión y la razón, los impulsos individuales y los caprichos del colectivo. Davo duda y pauta las dos muertes que encierra la trama: la de la Biblioteca de Alejandría, cuna del saber; y la de Hipatia, en cuyo espíritu habitan la inquietud y conocimientos de los papeles ya quemados. La tragedia de Agora es gradual y, aunque no invoca a la lágrima, sí transmite una considerable sensación de tristeza (véase la elegante y para nada morbosa muerte de la protagonista). Y el espectador, como Davo, no podrá olvidar las lecciones de Hipatia (al fin y al cabo una mártir, una científica laica con un devenir bastante religioso). Lástima que Amenábar se emborrache de tanta grandeza y caiga en algunos subrallados. Agora entretiene, aunque este no es su principal preocupación. De ello respira una mezcla de frialdad y furia, de filosofía y pomposos escenarios. No es redonda: es una elipse, como al final demuestra Weisz sobre un cuadrilátero de arena. Y, pese a esto, será una de las películas del año.

Nota: 7'5 / 10

OBRAS A REIVINDICAR: CHANSON D'AMOUR (2006)

El capricho de los traductores y productores hizo que Quand j'étais chanteur se estrenara entre nosotros como Chanson d'amour, un cambio tan extraño como innecesario. Ya sea en su versión original o traducida, el título aporta un toque francés a una película de alma gala, pausada y de trabajados momentos y diálogos. Estamos ante un claro ejemplo de película agradable, sin aparente argumento ni demasiados altibajos; un relato que utiliza lo pequeño para hilar su escueto y honesto (y, en parte, grande) discurso. No hay lugar para la pretensión, pero sí para las baladas francesas, convirtiendo el film en el musical vecino más original desde On connaît la chanson. La película tampoco deja resquicios para tramas intrincadas: como los romances clásicos, aquí en su vertiente más imposible, la película se centra en su pintoresca pareja protagonista. Nada más y nada menos. Depardieu y de France son los encargados de aportar las notas a un pentagrama que invita al relax. No cuenta nada (al menos nada excepcional), pero atrapa. Como las canciones de ahora y siempre...




Depardieu consigue aquí uno de sus mejores trabajos hasta la fecha. Su personaje, un cantante mayor que sobrevive amenizando bares, restaurantes y casinos deprimentes, mezcla la ñoñería del género romántico con una mirada bastante revolucionaria: rescatar la figura del artista olvidado para justificar la desgana personal y profesional de un dandi enamorado. La antítesis basa el dúo, y de France, callada, rubia y delgada, fría a ratos, aporta la ternura y la distancia de un ser que titubea en todo y con todos. Nos imaginamos las curvas del camino, se intuye el meloso desenlace y se digieren a gusto las melodías de la propuesta. Una película pequeña que puede alegrar muchas tardes oscuras. Bella pero, ante todo, francesa. Muy francesa.

jueves, 8 de octubre de 2009

CLÁSICOS: LA CEREMONIA (1995)

A mediados de la década de los 90, se creía que la carrera de Claude Chabrol, autor prolijo y prolífico, estaba acabada. Lejos de esto, La ceremonia aterró en el Festival de Venecia e impactó sobremanera, un buen recibimiento que tuvo su reflejo en el pamarés: premio a la mejor actriz por las portentosas Isabelle Huppert y Sandrine Bonnaire. La ceremonia no solo supuso la reactivación artística de Chabrol, sino su consagración definitiva como clásico vivo. Gracias a esto, sus nuevos films (desde Gracias por el chocolate hasta La chica cortada en dos) siempre han sido bien recibidos por la crítica, porque Chabrol, único, incisivo e irónico, es, como Woody Allen, una cita anual ineludible, muy esperada, para nada el lánguido reflejo de un autor en horas bajas o sumido en el aburrimiento y la repetición. Chabrol es un chaval de setenta y muchos; y La ceremonia, su última y más grande obra maestra.

A primera vista, la película supone un nuevo regalo para el lucimiento de Isabelle Huppert, actriz fetiche del francés. El personaje de Huppert, una empleada de correos descarada, extrovertida, excéntrica y enfermiza, es todo un lujo para el espectador, un torbellino que altera el tranquilo devenir de todos los personajes. Huppert, figura malvada que corrompe y tiñe de sangre la historia, utiliza su singular rostro, pasea su pequeña figura y enamora a la audiencia, aunque, en el fondo, su personaje sea asqueroso, inmoral, repudiable en todos los sentidos. La maestría de Chabrol, genial constructor de personajes y diálogos, dibujaba la antítesis de su musa con Sophie (Sandrine Bonnaire), un ser frío, sumiso, dócil, esquivo, débil y cargado de malas intenciones. La ecuación fue perfecta: La ceremonia ostenta la relación entre dos mujeres más compleja y potente de los últimos veinte años. Y con ellas, el relato juega con el drama y la comedia hasta construir un discurso de gran carga política y social, con una banda sonora excelente, con una factura austera, de aliento clásico, impecable y en continuo crescendo. Un acierto, una jugada redonda se mire por donde se mire.



La ceremonia es una película sumamente sutil, repleta de símbolos y detalles, diálogos lapidarios y momentos inolvidables. Sus fotogramas son turbios, crean malestar, se apoderan de la audiencia y sacuden nuestra conciencia. En términos generales, La ceremonia versa sobre la lucha de clases y expone la osadía de la ignorancia (al final en su faceta más peligrosa). Algunas escenas perturban años después de su visionado: los juegos entre Huppert-Bonnaire en la cama de la primera (y la duda sobre el pasado criminal de ambas), el brutal crimen a ritmo de ópera, la fría Bonnaire chantajeando a la hija de su jefa y escondiendo su analfabetismo, y, finalmente, una escena final rotunda, el último as del zorro Chabrol en su cúspide más tétrica y malsana. Con todo, La ceremonia termina como una cinta de terror de naturaleza crítica y verista, seria, para nada complaciente. Si tienen ocasión, recuperen una de las películas francesas más importantes de los últimos años.

miércoles, 7 de octubre de 2009

OBRAS A REIVINDICAR: 8 MUJERES (2002)

Existen pocas películas como 8 mujeres dentro del cine francés. Es más: existen pocas películas como esta dentro del panorama cinematográfico actual. Es arriesgado querer en pleno S. XXI reivindicar las formas del teatro, las tramas sencillas y las historias basadas por completo en los actores, sus gestos y sus diálogos. 8 mujeres es un ejercicio de depuración estilística y manipulación festiva de los colores, aquí chillones, vivos, irreales. 8 mujeres no quiere dar lecciones de nada, su naturaleza es noble aunque sus formas pueden llegar a exasperar. Si se disfruta, la película es pura diversión, el placer de ver a las ocho mejores actrices francesas del momento reunidas en una opereta de enredos, en un cuento de culpables y víctimas, de fantasmas avaros, de amores utópicos, de canciones radicales, de paz imposible. 8 mujeres nace y crece en la hipérbole y es única en su especie. Guste o no, es un título difícil de evitar y olvidar.



François Ozon, que aquí reivindica a cada plano ser el Pedro Almodóvar francés, arranca su criatura de forma irónica. El humor negro que planeará por la mansión protagonista queda resumido en sus títulos de crédito: ocho flores en representación de las ocho únicas protagonistas de la obra. La apuesta es súmamente kich y el espectador entiende que lo que va a ver es tan bello y a la vez tan falso como las flores del inicio. Las rosas acaban teniendo espinas y, al cortar su tayo, nos topamos directamente con un vodevil que nunca se desenreda. El amor de Almodóvar por las mujeres (solo Ozon es capaz de exponer la homosexualidad femenina de una forma tan festiva), el diseño de una escenografía y trama al más puro estilo Agatha Cristie y una muy francesa combinación de drama, thriller y comedia de locos redondean el conjunto. El espectador, ante tanto histrionismo, no tiene tiempo ni para respirar. Al acabar la obra (todo sea dicho: con uno de los finales más impactantes de la década, fiel a las trampas y virtudes del relato), los ocho bufones, cada uno con la ropa que los caracteriza (aquí no hay seres, sino sombras, matices, intuiciones: todas, a su manera, representan a una única fémina, el monstruo que ha acabado con la vida del señor de la casa), se presentan en fila ante el espectador. Los personajes, que manipulan a sus compañeras y a la propia audiencia, se despiden de una forma tan teatral como teatrera, tal y como son y serán sus vida.



8 mujeres plantea otra posibilidad de análisis: la relación del autor con sus musas. Ozon retrata a sus actrices con un respeto increible. Ozon, director y cinéfilo, no puede evitar esconder su admiración hacia los seres que retrata, consciente, en el caso de Deneuve, Huppert (la mejor con creces) o Ardant, de estar ante auténticos mitos del séptimo arte. Las imágenes de Ozon parecen las de un fan obsesionado, las estampas de un lunático que orquestra un pequeño juego para ver a sus actrices en acción. Poco importa el qué si, al final, el voyeur podrá disfrutar de sus damas. Hay en el propio concepto de 8 mujeres una tensión erótica no resuelta, y, con ella, la cinta se reivindica como una película gay, la consumación de un deseo malsano, el morbo de ver el glamour de unos cuerpos en continuo contoneo. Este apunte precisa un matiz: Ozon no desnuda a la fémina, pero sí la observa desde todos los ángulos; Ozon se acerca a la mujer con mimo, con admiración, como símbolos de una condición sexual que aplaude a la mujer sin sentir por ella una motivación sexual. Ozon encierra a sus actrices para salir del armario cinematográfico, sin ridiculeces ni plumas fáciles, con un guión ingenioso. Tal y como hacía el Almodóvar de hace unos años...



En resumen, estamos ante una propuesta original, fresca, capaz de dividir a la audiencia. Tendrá muchos admiradores y otros tantos desertores, algo que corrobora la personalidad de Ozon y el acierto del invento. Junto a El sabor de la sandía, el musical (las ocho canciones son de amor y de desamor, calman la trama y describen a cada personaje) más extremo de la década.

martes, 6 de octubre de 2009

LMDLD: AMÉLIE


Título: Amélie Título original: Le fabuleaux destin d'Amélie Poulain Dirección: Jean-Pierre Jeunet Guión: Jean-Pierre Jeunet y Guillaume Laurant Año: 2001 País: Francia y Alemania Duración: 120 minutos Género: Comedia romántica Reparto: Audrey Tatou, Mathieu Kassovitz, Lorella Cravotta, Rufus, Serge Merlin, Jamel Debbouze, Clotilde Mollet, Claire Maurier, Isabelle Nanty, Dominique Pinon, Artus de Penguern, Yolande Moreau, Michel Robin, Maurice Bénichou y Urbain Cancelier Palmarés: Oscars 2002 (nominaciones: película de habla extranjera, guión original, fotografía, dirección artística, sonido), Bafta 2002 (2 premios de 9 nominaciones: mejor diseño de producción y guión original), César 2002 (4 premios de 13 nominaciones: película, director, banda sonora y diseño de producción) Premios EFA 2001 (3 premios de 4 nominaciones: película, director y fotografía), premio a la mejor película de habla no inglesa u europea (críticos Southeastern, críticos de Dallas, críticos de Chicago, críticos de Florida, críticos de San Diego, críticos de Phoenix, críticos Online, críticos de Kansas, críticos de Londres, Independent Spirit Award, Guldbagge Award, Premio Goya, Premio David de Donatello, Premio Amanda, Czech Lion) Fechas de estreno: 25/04/01 (Francia), 19/10/01 (España) Distribuidora: Vértigo DVD: Manga Films



Sinopsis: Amélie es una parisina con una vida peculiar. Su infancia ha estado marcada por la muerte de su madre, por una educación rígida y por una enfermedad cardíaca inexistente que su entorno, hipocondríaco y asfixiante, ha creido y sufrido durante muchos años. Ahora Amélie se ha independizado, vive en el barrio de Montmartre y trabaja como camarera en Deux Molins, una singular cafetería. Dedicada a mejorar la vida de los que la rodean, Amélie desconoce el verdadero amor. Todo cambiará cuando Nino, un chico enigmático de variopintas aficiones y trabajos, entre en su vida. El fabuloso destino de Amélie Poulain se prepara para vivir su cambio más radical, su aventura más disparatada, su momento más dulce.



ANTECEDENTES

El film copó numerosos aplausos en su pase en el Festival de San Sebastián (sección Perlas de otros festivales). Nadie comprendió cómo un film como Amélie, único y original, había podido ser rechazado en Cannes. "Los seleccionadores dijeron que el film no tenía interés, que había visto mucho René Clair sin haberlo digerido", dijo Jean-Pierre Jeunet tal y como recoge el número 1896 de la revista Fotogramas. En Francia fue un éxito inmediato, un auténtico taquillazo no exempto de críticas negativas. No se produjo, pese a todo, un odio tan intenso como el que creó La habitación del hijo en Italia, duramente criticada por la derecha política. En octubre, mes en el que llegó la película a las salas españolas, hubo un overbooking de obras maestras: Amélie se estrenó el mismo fin de semana que La pianista de Haneke, una semana después de Moulin Rouge!, La maldición del Escorpión de Jade e Y tu mamá también, y quince días después de la mencionada La habitación del hijo y el taquillazo adolescente A todo gas. Con este panorama, Amélie nunca fue un taquillazo inmediato: debutó tímidamente en el ranking de las más vistas, pero un potente boca a oreja, unas críticas entusiastas y una nómina de premios que aumentaba día tras día posibilitaron que el film permaneciera en cartel hasta la primavera del 2002. Tal fue la demanda de copias tras sus nominaciones al Oscar que muchos cines españoles volvieron a proyectar la película (con llenos inusuales: muchos espectadores repitieron) y se aumentaron el número de copias. Años después, Amélie es una de las películas más vendidas por las diversas colecciones de películas de los periódicos españoles, además de una de las bandas sonoras más reconocibles y vendidas. Sus emisiones en televisión, como ocurrió en sus pases por La 2, siempre son sinónimo de éxito. Casi nadie conoce el reciente cine francés, pero Amélie es patrimonio de todos. Sin duda, estamos ante la película gala de la década.




UN ROSTRO, UNA ACTRIZ, UN PERSONAJE
Amélie catapultó la carrera de Audrey Tatou, actriz que por aquel entonces contaba con veinticinco años y un César a artista revelación por Venus, salón de belleza (1999). Su rostro de formas redondas, expresión aniñada y mirada angelical saltó a las páginas de revistas y campañas publicitarias. Si en la década hay un caso claro de encasillamiento, ese es el de Tatou, una actriz que ha tenido que lidiar con el éxito (luego reconvertido en estigma) del film de Jeunet. Cuando medio mundo empezó a pronunciar su nombre, Tatou encabezó el reparto de la adictiva Una casa de locos (2002), otro fenómeno de gran calado y taquilla. Luego vendría Negocios ocultos (2002), con la que Tatou empezó a trabajar fuera de su tierra y en lengua inglesa. Entre un punto y otro, entre Largo domingo de noviazgo (2004) y El código Da Vinci (no tardaría en confesar que no atesora ningún buen recuerdo del film y de su papel), la actriz se vistió recientemente con las prendas andróginas de Coco Avant Chanel (2009). ¿Amélie con sombrero y traje? Porque Tatou, para bien o para mal, siempre será la Amélie de Jeunet, papel memorable que ha marcado y marcará su carrera.



REALISMO MÁGICO

Amélie, historia y estética, es un todo unitario, armonioso, coherente; un gran espectáculo sustentado sobre un vigoroso guión, divertido, pero sin gags fáciles. Solo un director como Jeunet, autor de otras paranoias infantiles como Delikatessen, podía orquestrar un cuento tan inteligente y complejo. No hay duda que las formas de Amélie pueden empalagar y saturar, pero la película es coherente de cabo a rabo, con una inventiva creativa que nunca merma pese a las dos horas de metraje. Un gran reparto, un apartado técnico en eterna armonía, una paleta de colores en continuo movimiento, una historia de amor emocionante que al final se cierra de forma sutil, poética, redonda. Con Amélie se inaugura y se cierra un género cinematográfico: el realismo mágico, de regusto francés y subtramas imposibles. Pocos films condensan tanta imaginación y maestría por fotograma, toda una revolución para tratarse de una comedia que apela a los buenos sentimientos. Amélie recicla elementos de la narrativa y las ilustraciones de cuentos infantiles, todo ello sazonado con el atrevimiento y la firmeza de un autor revolucionado, iluminado, consciente de estar rodando su obra maestra. En conjunto y en resumen, Amélie es un pequeño milagro que crea pasiones allá donde se proyecta. Ver Amélie en el cine es todo un divertimento, una experiencia irrepetible e inolvidable. Suerte que tenemos su dvd para revisitar el punto más álgido del reciente cine europeo.



La escena más conocida: Los títulos de crédito son una pieza exquisita, unos fotogramas que forman parte de la memoria cinéfila de toda una generación. La Amélie niña juega con seres inexistentes y monedas, sopla serpentinas, se disfraza, come chucherías, construye circuitos con piezas de dominó y dibuja sombras chinescas. Minutos después, vemos nuestra Amélie fotografiando las nubes, cabreando a su vecino mientras mira un importante partido de futbol por la televisión o llorando la marcha de su pez suicida. Unos primeros minutos mágicos, rotundos; uno de los mejores momentos de la década.



La escena más impactante: Más que impactante, esperada. Amélie está callada, mira por la ventana y procura que Nino no se percate de su presencia. La joven recibe una llamada. Amélie observa el mensaje que su vecino pintor le ha dejado a modo de video. Está decidida: saldrá por la puerta, bajará las escaleras y buscará corriendo el chico de sus sueños. Nada de ello hará falta. Nino está tras la puerta. No hablan. Se besan. Los días avanzan. La pareja corre contenta con la moto de Nino. Vuelve la música de Yann Tiersen. Aparecen los títulos de crédito.


La frase: Como más vale una imagen que mil palabras, he aquí el poético verso de Hipólito. Mientras, el fracasado y frustrado escritor, uno más dentro del mundo Amélie, lee la frase que nunca escribirá: Sans toi, les émotions d'aujourd-hui ne seraient que la peau morte des emótions d'autrefois.