miércoles, 10 de agosto de 2016

CRÍTICA | CHICAS MALAS, de Mark S. Waters


CHICAS MALAS (MEAN GIRLS), de Mark S. Waters
Nominación al Critics Choice Award a la mejor actriz joven
EE. UU., 2004. Dirección: Mark S. Waters Guión: Tina Fey, a partir de la novela de Rosalind Wiseman Fotografía: Daryl Okada Música: Rolfe Kent y VV. AA. Reparto: Lindsay Lohan, Rachel McAdams, Tina Fey, Tim Meadows, Amy Poehler, Amanda Seyfried, Ana Gasteyer, Lacey Chabert, Lizzy Caplan, Daniel Franzese, Neil Flynn, Jonathan Bennett Género: Comedia juvenil Duración: 95 min. Tráiler: Link Elección de Andrés Ricaurte
¿De qué va?: Tras pasar toda su vida en África, Cady pisa por primera vez un instituto para completar sus estudios. Su escuela de Illinois poco tiene que ver con la sabana, pero Cady encuentra parecidos más que razonables. Una de sus tácticas de supervivencia consiste en hacer migas con las chicas más populares de su promoción, pero la tarea no será fácil.


CRÍTICA JESÚS ONIEVA: Siento bastante recelo hacia las comedias juveniles norteamericanas, y más aún si cuentan con Lindsay Lohan en el reparto. Craso error el mío. Chicas malas es, probablemente, la obra cumbre de este denostado género, debido en grandísima parte a un libreto firmado por Tina Fey, que convierte a la película en algo más auto-consciente y con bastante más mala uva de lo que puede parecer a primera vista. Por supuesto, todo esto se quedaría en una película fallida si no estuviera respaldado por unos carismáticos personajes, pero no es el caso. Rachel McAdams encarna a uno de esos villanos que nos encanta odiar: la en el fondo insegura Regina. Sus secuaces también ofrecen escenas que ya forman parte de la cultura popular, como las que protagoniza una primeriza Amanda Seyfried. Se podrá criticar que en el último tercio la película deviene en algo más convencional y hasta moralista, pero opino que esta coda es necesaria, para no convertir la película en demasiado ácida. En resumen, recomendada para hacer las paces con ese tipo de cine que jamás pensamos que nos podría gustar, o, al menos, para echarse unas buenas risas. ★★★½


CRÍTICA ISIDRO MOLINA: Rara vez he deseado el mal o he sido malo con alguien. Como diríamos en mi tierra, soy “to güena ente”. La única vez que he hecho el mal a alguien fue en parvulitos, que me gustaba echarme la arena del parque por la cabeza porque me daba gustirrinín al lavarme el pelo por la noche y, consciente de lo malito que tenía que parecer, armado de mis dotes actorales, culpaba ante las maestras a otros niños, que acababan resultando castigados. Ya en plena pubertad volví a ser malo, pero involuntariamente: una anécdota trivial sobre un par de profesores que me contó mi hermana acabó convirtiéndose en una acusación seria por parte del padre amargado de un amigo mío que interpretó lo que yo le conté como le salió de los huevos. Y sobre mentiras, rumores, inquinas y puñaladas en el instituto va esta Chicas malas, película chorra reconvertida en título de culto. Siempre he tenido curiosidad por ver a Rachel McAdams a lo pija rubia cabrona (siempre hace de uno de las tres cosas o de un combo de dos, pero las tres juntas... eso no lo había visto nunca). Partiendo de todos los tópicos sexistas que te puedas echar a la cara, el guión de Tina Fey va desmontándolos y ridiculizándolos hasta hacer de la película un alegato feminista nada sutil, tan poco sutil como las tetas de Amanda Seyfried que predicen la lluvia cuando ya está lloviendo. Tiene mala baba y buenos gags, y para ser "una de adolescentes americanos en un instituto", acaba la peli y no tienes ganas de cortarte las venas, pero echo de menos algo más de riesgo y me sobran malvaviscos. Para echar el rato cumple muy bien, pero... ¿hay algún parque con arenilla por aquí? ★★★


CRÍTICA XAVIER VIDAL: Chicas malas se ha convertido con el paso de los años en una película de culto con un nutrido grupo de seguidores. A ello ha contribuido la pujante carrera de las humoristas Tina Fey y Amy Poehler, así como de las actrices Amanda Seyfried y Rachel McAdams, todas ellas presentes en el film mucho antes de convertirse en las estrellas que son en la actualidad. También el hecho de que la cinta de Waters, aunque parezca una comedia teen al uso, se asemeje más a la ironía crítica de Election, American Beauty o Las reglas del juego que a las sitcom juveniles de los últimos años. Una inteligente parodia del cine "de instituto" en la que cualquier espectador, sin importar su edad, encontrará una notable descripción de las relaciones humanas, la falsedad y el mundo de las apariencias. Los púbers de colegio convertidos en animales de la sabana más salvaje. Si en su día aspiraron al Óscar los guiones de Mi gran boda griega o La boda de mi mejor amiga, ¿por qué no reivindicar, aunque sea de forma tardía, la candidatura para los diálogos chispeantes de Chicas malas, uno de los mejores libretos cómicos de lo que va de siglo? Film generacional y placer culpable donde los haya. ★★★½

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