viernes, 23 de junio de 2017

CRÍTICA | LOS CASOS DE VICTORIA, de Justine Triet



La evasión de Victoria
LOS CASOS DE VICTORIA, de Justine Triet
Festival de Cannes 2016: Semana de la crítica, film inaugural. 5 nominaciones a los Premios César
Francia, 2016. Dirección y guión: Justine Triet. Fotografía: Simon Beaufils Reparto: Laure Calamy, Virginie Efira, Vincent Lacoste, Emmanuelle Lanfray, Laurent Poitrenaux, Melvil Poupaud Género: Tragicomedia judicial Duración: 95 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 25/08/2017
¿De qué va?: Victoria, una abogada penalista de prestigio, asiste a la boda de su amigo Vincent. En el enlace coincide con Sam, un antiguo cliente suyo. A la mañana siguiente, Vincent es acusado de asesinato, y Victoria, ayudada por Sam, emprende su defensa. 


No sólo de blockbusters norteamericanos vive el hombre. La cartelera veraniega impone sus reglas y promete estar monopolizada por los superhéroes de siempre. Al rescate de esta pírrica oferta cinematográfica viene una abogada con severos problemas personales. Ya sea ante el estrado o en las interioridades de su piso, la protagonista de Los casos de Victoria pasea sus desórdenes psico-romántico-laborales para diversión de galicistas varios. La cinta de Triet es irreprochable, incluso ostenta momentos realmente inspirados y puede servirse a modo de sorbete fílmico. El problema es que el caso (en singular, por mucho que la traducción española sea más generosa) lo conocemos de antemano. Dicho de otra manera: se trata de una propuesta que hemos visto en multitud de ocasiones. Y permítanme unas palabras de juez resabiado: llegados a estas alturas, es difícil que los compatriotas de Macon "nos la vuelvan a colar". Ofrecemos pruebas para el jurado: en Francia se estrena este agosto Que Dios nos perdone, evidencia de que en el trueque salimos perdiendo nosotros. Los casos de Victoria cumple con la fórmula de lo que en esta parte del mediterráneo identificamos como "una película muy francesa": una actriz con talento (guapa, para más inri), un guión raquítico con mucho vocablo (si es de inspiración alleniana, mejor), un metraje ajustado (hay que llegar a todos los públicos), un palmarés abultado para lucir en su cartel promocional (la idea no es ser bueno: se trata de parecerlo) y una pátina de elegancia que, "quelle surprise", sólo ostentan nuestros vecinos (para gozo de los más gafapastas). Caso cerrado, señoría.


Para culpables con buen fondo que sueñan con una abogada escultural.
Lo mejor: Virginie Efira, cada día más (re)conocida.
Lo peor: Combinar cinismo y vacío tiene sus consecuencias. 

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