martes, 31 de enero de 2017

CRÍTICA | MANCHESTER FRENTE AL MAR, de Kenneth Lonergan


Remembranzas resquebrajadas
MANCHESTER FRENTE AL MAR, de Kenneth Lonergan
6 nominaciones a los Óscar y Bafta. Globo de oro al mejor actor protagonista
EE. UU., 2016. Dirección y guión: Kenneth Lonergan Fotografía: Jody Lee Lipes Música: Lesley Barber Reparto: Casey Affleck, Michelle Williams, Kyle Chandler, Lucas Hedges, Tate Donovan, Erica McDermott, Matthew Broderick, Gretchen Mol, Susan Pourfar, Christian J. Mallen, Frankie Imbergamo, Shawn Fitzgibbon, Richard Donelly, Mark Burzenski, Mary Mallen Género: Drama Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 03/02/2017  
¿De qué va?: Al morir su hermano, Lee Chandler regresa a su pueblo natal. De la noche a la mañana se verá obligado a cuidar de su sobrino, un adolescente arisco al que sólo le preocupan las chicas. La vuelta a Manchester-by-the-sea también supondrá el recuerdo de todos los sucesos que años atrás motivaron su huida.


De Kenneth Lonergan, autor de tan sólo tres largometrajes, sorprende su capacidad por narrar con un ritmo cercano al de la vida misma. Sin prisas pero sin pausas, sin precipitaciones ni golpes bajos, sin buenos ni malos. Manchester frente al mar es, en todos los sentidos, un ejercicio de paciencia. Primero, por tratarse del proyecto posterior a Margaret, esa maravilla que la BBC consideró una de las mejores obras del siglo pero que distintos escarnios retrasaron su estreno hasta 2011. Lonergan ha vuelto, y eso, en una industria tan exigente como la norteamericana, ya es noticia. Segundo, por ser un drama adulto e introvertido, en las antípodas de los perfiles académicos, con una estructura de flashbacks que construye una sucesión de explosiones internas en lugar de dejar arder la "hoguera" del drama desde el primer momento. Quienes hayan visto el film entenderán la metáfora. Y en último lugar, por su delicadeza a la hora de acometer las microhistorias de su guión, en las antípodas de ese cine indie que, a base de repetir tropos y florituras varias, termina cayendo en el mismo formulismo de películas de perfil más industrial. Manchester frente al mar, vaya, es un reto al espectador moderno. Los dolores de sus protagonistas son inmensos, pero Lonergan no recurre a la artillería sensiblera. Apela a la comprensión, no a la empatía. Las escenas tampoco pretenden justificar a los personajes, si bien el conjunto goza de gran consistencia. De todo ello resulta una película sobre el luto, la paternidad, la familia, la culpabilidad y la dificultad por pasar página tras un episodio de extrema dureza. También un relato de cielos mortecinos, recuerdos muy vívidos que afloran entre brumas y un presente de paisajes nevados, tanto interiores como exteriores. De la proyección de Manchester frente al mar no se sale entre lágrimas: el conjunto detona en silencio, casi agónico, horas, días y semanas después de su visionado. Esa contención tan difícil de conseguir en la gran pantalla y que Casey Affleck borda a la perfección. Esa constancia que hace que Lonergan, en la vida real y en la ficción, sea un artista tan especial. Manchester frente al mar, en resumen, trasciende porque no busca trascender. Seguramente, el mejor drama familiar desde En la habitación.


Para espectadores sin miedo a los dramas extremos.
Lo mejor: Cuando Affleck y Hedges comparten plano, la película toca el cielo.