martes, 17 de enero de 2017

CRÍTICA | FENCES, de Denzel Washington


Barreras
FENCES, de Denzel Washington
Candidata a 4 Satellite Awards, 3 Screen Actors Guild Awards y 2 Globos de oro
EE. UU., 2016. Dirección: Denzel Washington Guión: Tony Kushner, a partir de la obra homónima de August Wilson Fotografía: Charlotte Bruus Christensen Música: Marcelo Zarvos Reparto: Denzel Washington, Viola Davis, Mykelti Williamson, Russell Hornsby, Saniyya Sidney, Stephen Henderson, Jovan Adepo, Toussaint Raphael Abessolo, Mark Falvo, Christopher Mele, Phil Nardozzi, Dontez James, Terri Middleton, Malik Abdul Khaaliq, Chris McCail Género: Drama Duración: 135 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 24/02/2017
¿De qué va?: En la Norteamérica de los años 50, un padre de familia afroamericano saca a delante a su familia en una sociedad con prejuicios raciales. Sus dos hijos y la relación extramatrimonial que mantiene con otra mujer marcarán su vida. 


Fences, una de las obras más premiadas de Broadway, da el salto al cine de la mano de Denzel Washington, quien ya se encargara de interpretar a su protagonista en las tablas. El ganador de dos Óscar dirige y protagoniza una película que, desde el minuto uno, ni puede ni quiere desasirse de sus bases teatrales. De esta manera, la acción se concentra en la casa del matrimonio que forman Washington y Davis, cuya cerca, situada en el patio trasero del domicilio, se convierte en metáfora de las barreras propias y ajenas, reales y mentales, de una sociedad marcada por el rechazo a la comunidad afroamericada. El guión es de una eficacia incuestionable, pero Washington, realizador postizo, no sabe dotar al material de un empaque cinematográfico: por ello, las transiciones se intuyen abruptas, como si en mitad de ciertas escenas mediaran entreactos invisibles; las elipsis, en lugar de robustecer los mimbres del drama, restan potencia a lo que se está contando; y ante un montaje tan arbitrario y una dirección artística tan austera, los actores tienen que hacer el mayor de los esfuerzos para dar similitud y ritmo a una película que, en contra de lo que podría parecer, resulta harto ingrata, ya que nunca rema a su favor. En esencia, Fences pertenece a sus dos actores: él, quintaesencia del macho hastiado, frustrado por todas las metas que nunca se cumplieron y que ahora intenta cercenar los pasos de las nuevas generaciones; y ella, símbolo de la feminidad silente y sufriente, anónima y secundaria por obligación que, entre las paredes de su cocina, debe hacer frente a la hostilidad de todos. En resumen, es una lástima que la película no encare el escollo más importante: entender que sólo se puede ser fiel al libreto original de una obra adaptándolo sin cortapisas, con absoluta libertad, sin miedo a traicionar los postulados de nada ni de nadie. Un film que se visiona a trompicones y con atención.


Para seguir alimentando el  #OscarsSoBlack
Lo mejor: Washington y Davis, juntos y enfrentados.
Lo peor:  Pensar la película que hubiera podido ser en manos de otro director.


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