sábado, 17 de septiembre de 2016

CRÍTICA | FLORENCE FOSTER JENKINS, de Stephen Frears


Acordes y desacuerdos
FLORENCE FOSTER JENKINS, de Stephen Frears
Festival de San Sebastián 2016: Sección Perlas
Reino Unido, 2016. Dirección: Stephen Frears Guión: Nicholas Martin Música: Alexandre Desplat Fotografía: Danny Cohen Reparto: Meryl Streep, Hugh Grant, Simon Helberg, Nina Arianda, Rebecca Ferguson, Neve Gachev, Dilyana Bouklieva, John Kavanagh, Jorge Leon Martinez, Danny Mahoney, Paola Dionisotti, David Menkin, Tony Paul West, Philip Rosch, Sid Phoenix Género: Tragicomedia. Biopic Duración: 110 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 23/09/2016
¿De qué va?: Florence, una burguesa neoyorkina amante de la música, decide dar el salto como cantante de ópera a pesar de su delicado estado de salud y de su nada agradable tono de voz. Su joven pianista, su pareja y sus más allegados se compincharán para que el concierto termine de la mejor manera posible.


La historia del cine está plagada de extrañas coincidencias. La cinematografía francesa, seguramente por ser una de las más activas del mundo, tiene la mano curtida a lo que infortunios se refiere. Quién le iba a decir a Pablo Berger que su Blancanieves quedaría opacada internacionalmente por The Artist, ambas mudas y en blanco y negro. Quién les iba a decir a Barratier y a Samuell que sus dos adaptaciones de la novela La guerra de los botones coincidirían en las salas galas, produciendo una salomónica repartición de taquilla. Quién les iba a decir a Bonello y a Lespert que sus biopics del diseñador Yves Saint-Laurent compartirían espacio, tiempo y candidaturas en los César, detalle que afectó a uno y a otro en el cuadro de ganadores. A la lista, ahora cabe añadir la casualidad de que la cinta Marguerite, inspirada en la figura de Florence Foster Jenkins, la cantante de ópera más desafinada de todos los tiempos, haya visto la luz el mismo año que la película de Stephen Frears que nos ocupa. Con todo, sería demasiado ingenuo pensar que todos los pares que se enumeran arriba se anularon entre ambos. Incluso podría hacerse una lectura favorable de éstos, ya que permiten al cinéfilo contrastar dos puntos de vista diferentes de una misma base, y por lo tanto entender y analizar con más atino a todos los implicados. Esta es la sensación que tuve tras el visionado de Florence Foster Jenkins, título que no sólo convive con el de Giannoli, sino que lo complementa y, en cierto sentido, lo realza. A la historia ya sabida, y no por conocida menos interesante, se añade una atmósfera de realismo mágico, comedia con distinción y una solvente recreación de interiores de época. La Florence de Streep es más grotesca y apela en mayor medida al chiste inmediato, a la vez que el marido que interpreta Hugh Grant se intuye más maquiavélico que su émulo francés. Sea como sea, tanto una como otra son dos exploraciones atractivas sobre la mentira, sus cómplices y sus consecuencias, con una (anti)heroína cantora por la que el espectador no sabe si sentir pena o simplemente ridículo. Caprichos de la industria aparte, el tiempo pasa y las películas quedan: de ahí que pueda decirse con escaso margen de error que Florence Foster Jenkins, florituras y debilidades aparte, tendrá su espacio propio en paralelo de Marguerite. Un hueco en el que podría caber una nueva nominación al Óscar para Meryl Streep. Un concierto que suena bastante bien, gallos aparte.


Para amantes de los bises, en el cine y en la música.
Lo mejor: El bufonesco personaje del pianista.
Lo peor: El gag de "los desafines de la Streep" deja de hacer gracia a los cinco minutos.