jueves, 25 de agosto de 2016

CRÍTICA SERIES | BEDRAG (FOLLOW THE MONEY) (Temporada 1)


BEDRAG (FOLLOW THE MONEY), de Jeppe Gjervig Gram (Creador)
Dinamarca, 2016. 1 temporada de 10 episodios. Emitida por DR1 Género: Thriller. Drama Duración: 58 min. por episodio Tráiler: Link Reparto: Martin Hylander Brucker, Lucas Hansen, Thomas Hwan, Esben Smed Jensen, Line Kruse, Thomas Bo Larsen, Nikolaj Lie Kaas, Natalie Madueño, Henrik Noël Olesen, Waage Sandø, Lars Simonsen, Stine Stengade
El dato: Tras aplazar el lanzamiento de la tercera y última temporada de The Legacy (Arvingerne), y coincidiendo con el final de Norskov, la televisión pública danesa lanzó a principios de 2016 Bedrag (Follow The Money), emitida los domingos en horario de máxima audiencia. La serie ya se ha emitido en Reino Unido, Canadá, Australia, Finlandia, Bélgica y Países Bajos entre otros. En el momento de escribir este texto, no existía la confirmación de una 2ª temporada.


DESTAPANDO ENERGREEN (Reseña sin spoilers)

Bedrag (Follow The Money) se suma a la notable lista de series criminales venidas de Dinamarca. Rodada por directores tan reputados como Per Fly y Søren Kragh-Jacobsen, e interpretada por viejos conocidos de la cinefilia europea como Thomas Bo Larsen y Nikolaj Lie Kaas, Bedrag explora los entresijos de Energreen, una compañía dedicada a la gestión de energías renovables que está ultimando su salida a bolsa. La muerte de un operario en uno de los parques eólicos que gestiona el sello será el detonante para que distintos personajes decidan sacar a la superficie todos sus secretos, un punto de partida que a lo largo de diez episodios desnuda un estamento empresarial corrompido por el dinero y cuyos participantes creen que el fin siempre justifica los medios, aunque ello suponga poner en riesgo el abastecimiento energético de todo un país.


Desde el primer capítulo, Bedrag une tres líneas narrativas. La más importante la protagoniza Claudia Moreno (Natalie Madueño), una economista asociada a Energreen que llegará a convertirse en la ayudante del presidente Alexander Sødergren (Nikolaj Lie Kaas) mediante estrategias un tanto expeditivas. En paralelo, el policía Mads (Thomas Bo Larsen), incapaz de gestionar la infidelidad de su esposa y el suicidio de una de las presuntas víctimas de Energreen, inicia una investigación nada convencional que le apartará del cuerpo policial y le acercará a Alf (Thomas Hwan), un hombre que conoce de primera mano los agujeros legales y financieros orquestrados por Sødergren. Y a modo de tercer vértice, la serie sigue a Nicky (Esben Smed Jensen), un joven mecánico que, tras robar el coche de un antiguo empleado de Energreen, se hace con una documentación que puede comprometer a la empresa, además de con una cuantiosa suma de dinero que no tarda en blanquear.


Todas las tramas de Bedrag discurren sin prisa pero sin pausa, lejos del ritmo frenético de algunos noirs televisivos. Si bien la serie nunca llega a alcanzar las cotas de emoción y de misterio de otros títulos nórdicos, una vez más se impone la profesionalidad de la DR danesa con casi 600 minutos de ficción bien rodada, escrita con inteligencia, muy bien interpretada y con una descripción de personajes notable. Muchos echarán de menos más acción (hay, con todo, un generoso abanico de muertes, persecuciones, asesinatos, giros inesperados y otros atractivos), pero la serie es en verdad un dilatado estudio de unas personas que, siendo de clases sociales diferentes, actúan de la misma manera, amparándose en la ley para, a la postre, saltarse todas las líneas rojas. De Bedrag se obtiene una lectura pesimista de la Dinamarca que, al menos a ojos extranjeros, parece la quintaesencia de la integridad y la responsabilidad ciudadana, más si cabe cuando se habla de energías renovables. La serie es, en definitiva, una historia "de crisis" "sobre la crisis", y su argumento es la historia de una descomposición laboral, familiar, social y económica, tal y como refleja la simbólica inundación que ahoga a los distintos personajes en los títulos de crédito.


Entre tanto pesimismo, Bedrag consigue que el espectador empatice con todas las piezas del puzle, algo que es posible gracias a los equilibrios de la trama por unir la vida privada de los personajes con su posición dentro del tablero de juego. Al final, y sin hacer spoilers, puede decirse que todos los protagonistas encuentran en esa esfera personal la redención de sus actos: Mads sigue enamorado de su esposa, Claudia cambiará su posicionamiento para no perjudicar a su hijo pequeño, Nicky es fiel a su pareja y a su bebé aunque no sepa gestionar su impulsividad, e incluso hombres tan sombríos como Alf y Sødergren encontrarán cierta paz al lado de una mujer (el primero junto a Mia, una periodista combativa; y el segundo junto a Claudia, cuya relación no se resuelve hasta la segunda mitad del episodio final). Y justamente en el último plano de la serie, en un golpe de efecto inesperadísimo, se reivindica la importancia de P (Claes Ljungmark), un matón que trabaja para no sabemos quién ni bajo qué códigos morales. Con esa resolución, los guionistas de Bedrag parecen decirnos que los mandos del poder, en contra de lo que nos habían hecho creer, están en otras manos. Un giro terrible, frío, inconfundiblemente nórdico, que no sólo justifica el visionado de la serie, sino la filmación de una segunda temporada.


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