martes, 8 de marzo de 2016

CRÍTICA | RACING EXTINCTION, de Louie Psihoyos


Naturcidio
RACING EXTINCTION, de Louie Psihoyos
Nominación al Óscar a la mejor canción
EE. UU., 2015. Dirección: Louie Psihoyos Guión: Mark Monroe Fotografía: John Behrens, Shawn Heinrichs, Sean Kirby y Petr Stepanek Música: J. Ralph Reparto: Documental Género: Naturaleza. Documental Duración: 85 min. Tráiler: Link
¿De qué va?: Un equipo de activistas viaja por el mundo para denunciar la caza de especies protegidas. Entre parada y parada, nos hablan de las extinciones inminentes, de las catástrofes medioambientales que se avecinan y de la repercusión que todo ello tendrá en nuestras vidas. La película relaciona las emisiones de CO2 o nuestros hábitos alimentarios con el mercado negro que trafica con ciertos animales o la destrucción de los polos glaciares.


'Dentro de unas décadas, nuestros nietos no entenderán por qué no hicimos nada para salvar nuestro planeta'. 'En veinte años desaparecerán si nadie lo remedia el 80% de las especies de ranas que ahora se registran'. 'La caza de tiburones que orquestra la industria alimentaria, en su mayoría en los países asiáticos, ha acabado con el 90% de escualos en nuestros mares'. 'La situación de extinción global es un hecho, pero estamos a tiempo de atenuar el desastre si apretamos el acelerador del compromiso social y medioambiental'. Estas son algunas de las frases lapidarias que esconde Racing Extinction, un documental que quiere concienciar al espectador sobre la incidencia negativa del hombre en el ecosistema de otras especies. La película aporta cifras, se sirve de pruebas muy gráficas, recurre a cámaras ocultas y presenta algunas imágenes realmente aterradoras, como la visita a una azotea repleta de aletas de tiburón para su venta en el mercado negro. En definitiva, es imposible salir de la proyección de Racing Extinction y mostrarse impávido ante nuestra flora y fauna. Con todo, resulta cuestionable que el film no hable de las medidas y de las posturas que los gobiernos en cuestión toman o no con respecto a esas barbaries. Dicho de otra manera: es muy loable sensibilizar al personal, pero da la sensación de que al espectador se le da una relevancia y un 'sentimiento de culpa' no siempre justificado. Será que a este cronista la idea de que 'un pequeño acto puede generar un gran cambio' nunca le ha convencido. ¿No sería más productivo denunciar la inoperancia de la ONU y de todas las asociaciones-partes implicadas? ¿Ese final con imágenes proyectadas sobre edificios de la ciudad de Nueva York no es en el fondo la culminación de una película que prefiere ser más ejemplarizante que ejemplar, como el power point que usaría un naturalista en una conferencia? Que cada uno saque sus propias conclusiones.


Para espectadores comprometidos con nuestro planeta.
Lo mejor: Su mensaje llega alto y claro.
Lo peor: Ese mensaje supera a la propia película.

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