miércoles, 10 de febrero de 2016

CRÍTICA | 45 AÑOS, de Andrew Haigh


Secretos de un matrimonio
45 AÑOS, de Andrew Haigh
Mejor actor y actriz en el Festival de Berlín 2015. Mejor actriz en el Festival de Valladolidad 2015 y en los Premios del Cine Europeo. Nominación al Satellite Award y Óscar a la mejor actriz.
Reino Unido, 2015. Dirección: Andrew Haigh Guión: Andrew Haigh, a partir del relato de David Constantine Fotografía: Lol Crawley Reparto: Charlotte Rampling, Tom Courtenay, Geraldine James, Dolly Wells, David Sibley, Sam Alexander, Richard Cunningham, Rufus Wright, Hannah Chalmers, Camille Ucan Género: Drama Duración: 90 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 18/12/2015
¿De qué va?: A pocos días para celebrar su aniversario de bodas, Kate se entera de un secreto que su marido ha guardado en silencio durante cinco décadas. La revelación tambaleará las bases del matrimonio.


Andrew Haigh, artífice de dos de los productos más importantes de la ficción LGBT como la serie Looking y el largometraje Weekend, cambia de tercio con 45 años, un acercamiento muy particular de la vejez y el matrimonio. Aunque la película pueda interpretarse como un salto cuantitativo y cualitativo en el cine de su autor (la lista de premios recabados por 45 años parecen defender esa postura), Haigh pierde aquí la sensibilidad que había demostrado en sus inicios, seguramente porque el contexto amoroso y la edad de sus protagonistas, como autor y como persona, todavía le resultan muy lejanos. 45 años intenta ser una historia en minúsculas con sentimientos mayúsculos, pero a duras penas cumple como revisión descafeinada de un Bergman británico. No sólo resulta excesivamente trivial la duda que se cierne sobre los protagonistas a escasos días de su 45º aniversario de bodas, sino que las contrariedades que azotan al personaje que interpreta Charlotte Rampling apenas tienen su reflejo en la historia. Por ello, su escena final (que no desvelaremos) funciona como perfecto ejercicio de desnudo emocional tras tanta contención. Lástima que el espectador llegue tan hastiado a esa excelente resolución. Algunos sabrán poner palabras a sus largos, incómodos, injustificados silencios. Otro sólo verán eso: silencio. Quiere tocar tan hondo que, a quien escribe, le dejó más frío que un témpano. Una sonora decepción.


Para nostálgicos que vuelven la vista atrás constantemente.
Lo mejor: La citada última escena.
Lo peor: Darse cuenta de lo mucho que echamos de menos a Bergman. 


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