miércoles, 17 de diciembre de 2014

CRÍTICA | ST. VINCENT, de Theodore Melfi


Mi vecino Bill Murray
ST. VINCENT, de Theodore Melfi
2 nominaciones a los Globos de oro: Mejor comedia del año y mejor actor de comedia/musical
1 nominación a los SAG en el apartado de mejor actriz secundaria
EE. UU., 2014. Dirección y guion: Theodore Melfi Fotografía: John Lindley Música: Theodore Shapiro Reparto: Bill Murray, Jaeden Lieberher, Melissa McCarthy, Naomi Watts, Terrence Howard, Kimberly Quinn, Lenny Venito, Greta Lee, Parker Fong Género: Tragicomedia Duración: 105 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 12/12/2014
¿De qué va?: Vincent es un hombre hecho a sí mismo, de trato un tanto desagradable, formas bruscas y lenguaje descuidado. Cuando su vecina le pide que cuide de su hijo, el anciano, acostumbrado a una vida holgazana y nada sociable, poco a poco irá encariñándose con el chaval, hasta el punto de confesarle al pequeño algunas de sus intimidades. Su trabajo como canguro dará un giro cuando su salud se resienta por culpa de los excesos.


¿Qué fue antes: Bill Murray o el mito de Bill Murray? Y en función de eso, qué criterios toma el actor para elegir sus nuevos proyectos: ¿piensa exclusivamente en los retos que le presenta el personaje o tiene en cuenta hasta qué punto ese personaje se ajusta al perfil entre cándido y malhumorado que lleva encarnando desde hace años? Es imposible no pensar en estas y otras cuestiones ante una película como St. Vincent: el espectador está en todo su derecho de querer saber si la gallina fue antes que el huevo (o viceversa), y por lo tanto de conocer hasta qué punto la presencia estelar de Murray dota al film de personalidad, o si éste ya tenía al actor de Lost in Translation en mente desde su génesis. Sea la leyenda de Murray más o menos justa, e independientemente de si Murray es víctima de las casualidades o un artista muy consciente de su imagen dentro y fuera de la ficción, St. Vincent, de nuevo, es un producto confeccionado para obra y gracia de su cabeza de cartel. Murray defiende con solvencia y pocos esfuerzos a un veterano de guerra con ceros dólares en su cuenta bancaria y que, tras una fachada ruda, esconde un corazón de oro: cuida a su esposa enferma, ayuda a una prostituta rusa y educa, aunque mediante métodos poco ortodoxos, a su nuevo vecino de doce años. El resto es historia sabida, o lo que es lo mismo, una comedia yanki según los parámetros de nuestros tiempos con tono tragicómico, eminentemente amable, más correcto que comprometido, más continuista que rompedor, y ligero toque a lo Payne, aunque sin superar al director de Entre copas. Film que se deja ver, al que se le perdonan todos sus excesos de azúcar, y que acaba, cómo no, con Murray en plano único, como único rey de la función, perpetrando su fama de oso perezoso con buen fondo (y aureola de santo ya desde el propio título). Una película que se parece a demasiadas otras: si fuera una pieza musical, sería pura radiofórmula. ¡Ah! ¿Pero Murray no era ese actor que detestaba los productos de fácil consumo? Mejor no buscarle los tres pies al gato.


Para los que siguen atrapados en el tiempo de Murray.
Lo mejor: Melissa McCarthy deja entrever su potencial como actriz dramática.
Lo peor: Es el tipo de película que crees que es.

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