lunes, 29 de diciembre de 2014

CRÍTICA | BIG EYES, de Tim Burton


El arte de crear, el arte de engañar
BIG EYES, de Tim Burton
EE. UU., 2014. Dirección: Tim Burton Guion: Scott Alexander y Larry Karaszewski Fotografía: Bruno Delbonnel Música: Danny Elfman Reparto: Amy Adams, Christoph Waltz, Danny Huston, Terence Stamp, Emily Fonda, Jon Polito Género: Drama. Biopic Duración: 95 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 25/12/2014
¿De qué va?: Años 50. Margaret escapa de casa con su hija y decide cambiar radicalmente su vida. Coincidiendo con un momento especialmente vulnerable, Margaret empieza a pintar composiciones con niños de ojos grandes. Los cuadros de Margaret llaman la atención de Walter Keane, un pintor con mucha labia que enamora a Margaret. Ambos se casan, y entre ellos se establece un pacto tácito: ella pintará distintas obras, y él será el encargado de darlas a conocer y venderlas. Pero lo que parece el principio de una relación y una carrera artística imparable se convertirá en una prisión para Margaret...


A priori, podría parecer que Big Eyes está bastante alejada del Burton más barroco, pero en verdad estamos ante una declaración de intenciones en forma de futura película de culto. Burton controla su irrefrenable tendencia a las piruetas visuales y nos ofrece su obra más intelectual. Si algo distingue a los personajes de Burton es su vena artística y capacidad creadora (o destructora, según se mire), por lo que era cuestión de tiempo que el director de Eduardo Manostijeras reflexionase sobre los claroscuros del mundo del arte, los procesos de creación artística y los caprichos de esas modas y críticas que tanto han favorecido, cinematográficamente hablando, al autor gótico por excelencia. Big Eyes es tan retorcida y desbordante como cabía esperar, pero por fortuna su inventiva trasciende los apartados visuales: el film reverbera en la memoria del espectador como una sátira inteligente sobre los vericuetos del arte, y al recordar sus escenas uno se da cuenta que Burton, cual Hansel juguetón, va dejando un camino de caramelos en forma de ideas e ironías varias durante todo el metraje. Un film, en resumen, con distintas capas, con gran capacidad de fascinación y con dos interpretaciones muy matizadas (Waltz, fiel a la dinámica del farsante; y Adams, capaz de mostrarnos su fragilidad y sus contrariedades con apenas pocos gestos). Se ve con los ojos ensanchados, pero lo importante es que llena la cabeza de reflexiones interesantes. Seguramente es poco excéntrica para el paladar más burtoniano y demasiado rara para el conjunto de los mortales, pero a este blog le parece una de las obras más completas y complejas del señor Burton.


Para los que aman el arte sobre todas las cosas.
Lo mejor: Waltz y Adams.
Lo peor: El paripé del juzgado es, tal vez, 'un poco demasiado retorcido'.

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