domingo, 12 de agosto de 2012

El 'film shock' del 2012: Crítica de MARGARET, de Kenneth Lonergan

¡Qué difícil es hablar de una película como Margaret! Vaya por delante que se diga lo que se diga en esta crítica nada iguala al hecho de ver Margaret, a poder ser en pantalla grande, así que el único consejo que les puedo dar es asistir al visionado de la cinta totalmente vírgenes de información, con la mente y el corazón abiertos a cualquier cosa. Vale la pena aclarar que Margaret lleva colgada la banda de película maldita desde que su director Kenneth Lonergan y la productora Fox entraran en un contencioso legal por disputas sobre el metraje final de la cinta. La película que ahora llega a los cines, con unos seis años de retraso respecto su rodaje, corresponde a la versión que Fox hizo en la sala de montaje, reduciendo la trama de 180 a 150 minutos y aplicando algunas variaciones que no estaban previstas en el guión inicial de Lonergan. Si Margaret es una película llena de parches o elipsis, o si ha sido víctima de los recortes de unos y otros, es una cuestión que queda a la libre opinión e intuición, aunque este blog pagaría por saber cómo hubiera sido Margaret tal y como Lonergan la concibió. A los pocos pero concienzudos espectadores que apuesten por Margaret este verano, época nada propensa para un drama duro y desasosegante como este, no les debe importar el pasado tortuoso que precede a la película. Ahora bien: es importante poner las cosas en contexto porque Margaret se ve, se entiende y se sufre de distinta manera si pensamos que la película estaba pensada para estrenarse el año 2006. Margaret es claramente una película post 11-S y mucho me temo que el tiempo transcurrido desde su concepción hasta su reducida salida a la luz hace que no podamos visionar el film de la misma manera. Hay que situarse en el Nueva York todavía tocado por el ataque a las Torres Gemelas y en tiempos de George Bush hijo. Y en lo cinematográfico, hay que pensar que nada tiene que ver la Lisa que interpreta Anna Paquin aquí con la posterior Sookie de la serie True Blood, aunque ambos personajes puedan resultar inocentes o enervantes a partes iguales.


Con toda esta información a nuestras espaldas, Margaret es un film capaz de dejar tocado y hundido al más valiente. Habla del dolor, de cómo vivir y canalizar el sufrimiento, de cómo expresarlo y de cómo dejar que otros lo expresen. Habla de la justicia, de la solidaridad, de la felicidad, de hasta dónde debe llegar o puede llegar nuestro compromiso con las cosas atroces que cada día suceden a cuatro manzanas de nuestra casa. Habla de si educar es una cuestión de enseñar contenidos teóricos o de dejar discurrir el libre pensamiento, habla de los peligros y las ventajas de ese pensamiento sin ataduras pero parcial por todo aquello que configura nuestra mirada y nuestra opinión de forma inconsciente. Habla de las dudas del hombre moderno en un mundo en constante cambio, de la necesidad de encontrar un espacio vital, de la búsqueda de la reafirmación y la identidad. Margaret es un gran psicoanálisis de la conciencia de una ciudad y de todo un país, todo ello enmarcado en el personaje de la joven Lisa que no sabe canalizar las ideas y los ideales, los miedos y los arrebatos propios de la adolescencia. Es una película tan lapidaria no solo por lo que deja ver sino por lo que deja intuir que no se extrañen si durante la proyección sienten que se han quedado sin aire o que directamente se encuentran mal. La intención de Margaret es ponernos en un estado de duda, peligro y desasosiego constante. Lo consigue, y con creces. Margaret me ha afectado a tal nivel, me ha sobresaturado y sobrepasado a tal grado, me ha dejado tan sin palabras que no sé qué opinar ni explicar in strictu sensu de qué va Margaret. Sé, eso sí, que es el 'film shock' de la temporada, y que a tientas estaría entre las mejores ficciones y actuaciones femeninas del 2012. Margaret es un film que dista de ser perfecto o redondo, pero tiene la belleza fúnebre de aquellas historias perseguidas dentro y fuera de la pantalla por la desdicha. Si no fuese porque Margaret me ha dejado demasiado descompuesto la volvería a ver mañana mismo. Por el momento es una película que, aviso, no me cansaré de reivindicar. Con la misma vehemencia e inquietud con la que Lisa (Anna Paquin) se inmiscuye en un suceso que es difícil determinar hasta qué punto le concierne. Porque si las mejores películas son aquellas que te remueven por dentro, Margaret es lo más parecido a una obra maestra con mala estrella.



Nota: 8'5

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1 comentario:

ArturO dijo...

Nunca se me va a olvidar la ultima conversacion telefonica entre Margaret el abogado y la familia de la difunta. A reivindicar!!