domingo, 15 de abril de 2012

EL CINE DEL S.XXI: ¿UNA LECTURA POSITIVA DE LA CRISIS?

Como en su día ocurrió con la huelga de guionistas en los Estados Unidos, el cine español irremediablemente notará a corto o largo plazo los recortes de presupuestos, la supresión de rodajes, los ajustes en subvenciones o la cancelación de series televisivas impulsadas por el gobierno del Partido Popular. Ante tal panorama es difícil extraer una lectura positiva o una buena noticia, y más cuando directores tan importantes como Julio Medem o Agustín Díaz Yanes, indiscutibles pilares del cine de este país, no han encontrado las ayudas suficientes para materializar sus nuevos guiones. A todo esto se le añade un cambio en las constantes de consumo, la sombra de la piratería y el ataque casi siempre gratuito que ciertos medios de comunicación lanzan hacia la gente de nuestro cine. ¿Pero hay algún dato motivador, algún apunte halagüeño para el cine en general y nuestro cine en particular? Creo que sí.

Parece que no interesa dar buenas noticias (que las hay) en relación a nuestro cine. REC 3 está siendo un éxito en Francia, aunque en España su recaudación final rondará los 3 millones de euros. Nadie sabe que La cara oculta fue un exitazo en Colombia, que Los ojos de Julia llegó a ser la segunda cinta más vista en su fin de semana de estreno en Finlandia, que rusos e italianos están viendo (y mucho) XP3D, y que en Rusia se ha estrenado la catalana Puzzled Love, todavía inédita en España. Sin contar las buenas críticas que los rotativos franceses dedicaron el año pasado a Celda 211 y Mientras duermes. El cine de terror español está de moda.
Primera cuestión: la gente que va al cine ya no son adolescentes sino personas jóvenes de entre 25 y 40 años. Si tenemos en cuenta que el cine como fenómeno cultural nunca desaparecerá, y que coincidiendo con alguna festividad o fin de semana la posibilidad de asistir al multicines más cercano siempre será una opción de ocio atractiva para un target no adulto o familiar, los cinéfilos que asisten al cine cada semana o con bastante frecuencia son muy relevantes. Esto en parte explicaría el éxito de propuestas en teoría adultas en detrimento de otras películas dirigidas a los pequeños de la casa. Lo que se traduce en fuertes mantenimientos en taquilla, y por lo tanto en recaudaciones considerables que sin llegar a copar los titulares sí suponen el verdadero motor del sector. Que Rec 3 recaude menos de lo previsto mientras Shame supera el millón de euros o Intocable barre sin apenas promoción indica que los más jóvenes, más susceptibles a las descargas y más reticentes a ver cine en el cine, empiezan a desertar de los multicines en favor de grupos mayores en edad que, por lo tanto, quieren ver otro tipo de historias.

Grupo 7 de Alberto Rodríguez abre la posibilidad de un cine español de autor, de género, comercial, atractivo para la cinefilia selecta y al alcance de los espectadores jóvenes, que asistirán atraidos por el gancho del televisivo Mario Casas (todo hay que decirlo: cada día mejor actor). ¿Qué explica si no su notable mantenimiento en taquilla? A veces hay que pensar que el espectador paga por ver la mejor propuesta en cartel.
Segunda cuestión: el cine en relación con otras propuestas audiovisuales. En los medios de comunicación se está produciendo una paradoja fruto de la globalización: la televisión quiere dar cuenta de un sinfín de temas, mientras que los espectadores o consumidores se agrupan en torno a unas afinidades, gustos o aficiones muy concretas. Hoy en día la televisión da una imagen muy general y superficial del mundo: querer dar cuenta de lo que sucede en el extranjero sin traicionar la actualidad local ha dado como resultado una oferta televisiva carente de interés, con más anécdotas que noticias. En un momento en el que la telerealidad lo empapa todo, el cine parece tener otra función. En contraposición a las imágenes manipuladas de la televisión, cierto cine de autor o de temática social parece superar en veracidad a cualquier Callejeros o reportaje para la pequeña pantalla. Si la televisión ha vivido una homogeneización de formas, el cine verdaderamente relevante sigue siendo heterogéneo en función de la personalidad del autor en cuestión. Si antes se entendía el cine como ficción y evasión, ahora este parece ocupar el puesto privilegiado que antes tenían ciertos programas, periodistas o presentadores televisivos de prestigio: resulta más conmovedora y menos manipuladora una película que un reportaje televisivo ideado para atraer a tantos millones de televidentes. Un hecho que a corto plazo genera un resultado inmediato: cierto cine construido fuera de los márgenes o cánones habituales puede, con la ayuda de las plataformas legales de descarga, festivales de cine y online y otras iniciativas, devenir rentable y atractivo para mayor número de espectadores.

Intocable, ejemplo de cine europeo familiar que arrasa allá donde se proyecta por su indiscutible gancho y sin necesidad de promoción. Hacía tiempo que una película no estaba tan viva en la calle y en taquilla: sigue en lo alto de las más vistas seis semanas después de su estreno, superando a los blockbusters de turno.
Tercera cuestión: todo ello supone una ruptura con los modelos de distribución y visionado de películas venido de Norteamérica y adaptado a nivel mundial. Antes llegar a ser número 1 en taquilla era un éxito, y repetir por segunda semana consecutiva ese puesto de honor suponía la rentabilidad inmediata de la película en cuestión. Ahora esto no sucede, de la misma forma que los ranking de los discos más vendidos no dan cuenta de la música que realmente se escucha. Obviamente hay crisis, obviamente la piratería es una sangría para el sector del cine y de la cultura, pero no afecta a todos de la misma manera. Bien por convicción personal o por desconocimiento, hay un público muy concreto que sigue yendo al cine y no descarga, y obviamente ese público en lugar de ver el blockbuster de turno prefiere llenar las salas pequeñas en las que se proyectan propuestas aparentemente poco atractivas para la mayoría. Alguien debería destacar el éxito de los cines en versión original subtitulada en un momento en el que es muy difícil generar beneficios. Lo mismo podríamos aplicar al éxito de festivales que defienden un cine no comercial. Si Harry Potter recauda menos y a proporción la nueva cinta de Haneke tiene más espectadores por sala se demuestra que el sistema de distribución cinematográfica actual ha quedado obsoleto. De poco sirve que Crepúsculo logre el mejor fin de semana de estreno si durante los días siguientes la asistencia baja de forma notable. No debería tener validez mediática ciertas cifras de taquilla si la película cuenta con un número de copias superior al de sus competidoras.

Alps, lo nuevo del director griego de Canino, se ha estrenado el pasado viernes en España con 6 escasas copias. Pero Alps, disponible en Filmin desde hace dos semanas, ha registrado miles de visionados online legales. ¿Una prueba de que hay que redirigir la distribución y comercialización de películas hacia otras plataformas, con otras estrategias y apelando a otros targets?
Sin quitarle un ápice de gravedad a la crisis, a sabiendas de que lo dicho afectaría a muchos cines de núcleos urbanos pequeños, a riesgo de no formar la generación de los posibles cinéfilos del futuro y sin querer hacer una apología de la descarga libre vía internet, hay que entender que seguir con la misma mecánica de distribución es un despropósito, y muchos de los que descargamos películas, en su mayoría rarezas imposibles de encontrar por los cauces habituales, así lo entendemos. Si mediante las redes sociales puedo entrar en contacto con gente que tiene mis mismas aficiones, resulta contraproducente que no sea en ese mismo canal (la red) donde uno pueda ver, expander y compartir sus conocimientos (en este caso el cine). No hay que prohibir la descarga sino reorganizarla hacia otros terrenos que queden delimitados dentro de la legalidad, pero no solo para los corsés de la ley, sino para los beneficios del espectador. Lo ilegal es que una distribuidora adquiera los derechos de Si quiero silbar, silbo y luego no la estrene, porque al fin de cuentas le resulta más rentable ostentar la exclusividad del film que iniciar una promoción y un lanzamiento que luego venderá pocas entradas. Decir que alguien comete un delito por bajarse la película sueca que nunca verá la luz en España es pagar justos por pecadores.

La esperanza de salvar la cuota del cine español del 2012 es Lo imposible, lo nuevo de J.A. Bayona. Un modelo de producción a considerar: thrillers de gran potencial internacional, rodados entera o parcialmente en España, con actores y técnicos nacionales e internacionales, concursando en los festivales de clase A. Así lo ha hecho Rodrigo Cortés con Buried y Luces Rojas. O Fresnadillo, que con Intruders ha recibido excelentes críticas en Estados Unidos.
Así pues, entiendo que la clave está en reformular los conceptos de distribución y exhibición. Que se vea cine en el cine, pero también fuera de él, porque al fin y al cabo tenemos a nuestra disposición muchas pantallas (las compañías de telefonía móvil tienen mucho que decir al respecto), y la televisión ya no es una garantía ni recupera o emite ese llamado cine oculto. Los responsables del gremio deben empezar a entender que se hace cine para vivir, no para enriquecerse. Entender que estrenar Las aventuras de Tintín con 600 copias es un despropósito y produce una competencia desleal. Hay que estrenar en el cine, pero con menos copias, y que esos rollos (ahora dvds con la digitalización de las salas) circulen por más salas. Crear estrenos simultáneos en plataformas legales de descarga, y que esas plataformas no solo adquieran el cine habitual, sino las películas que no llegan a las salas por la razón que sea. No crear una oferta duplicada, sino multiplicarla. Aprender esto es clave y evitaría que propuestas como Extraterrestre se derrumben en taquilla por no haber llegado a su 'minoría mayoritaria', mientras que cosas como Torrente seguirían teniendo vía libre para llegar al público que llegan y recaudar las cifras que recaudan. Mientras entendamos que el internauta atenta contra el cine español y que el cine español roba a la ciudadanía con las ayudas y subvenciones que concentra, mientras sigamos manteniendo un sistema de consumo del siglo pasado sin aprovechar la potencialidad de internet, nada difícilmente irá a mejor. Que la crisis sirva como contexto para mejorar, pero no como pretexto o excusa. No hay que ajustar cinturones sino mentalidades. Hay una lectura positiva de la crisis, aunque muchos no quieran adaptarse a los nuevos tiempos. Veremos hacia dónde nos lleva todo esto.

1 comentario:

María del Mar dijo...

Has expuesto bastantes ideas interesantes en tu publicación. Aquí en Colombia suceden cosas muy parecidas, sobre todo en lo que se refiere a lo irónico que resulta que nuestras producciones sean más famosas y recauden más en otros países que aquí mismo.

Estoy muy de acuerdo con que el cine viene siendo una alternativa para representar la realidad con mayor fuerza y convicción que la televisión o cualquier otro medio de comunicación. Sin embargo yo pienso la crisis del cine desde una perspectiva interna y creo que es global... yo era de las que siempre iba cine, por lo menos una vez a la semana y pasa que la calidad del cine ha decaido tanto que ya me estoy cansando de salir desilusionada de las salas.
¿Cuál es la razón? no lo se, tal vez que el cine se está pensando ahora como un mero producto de entretenimiento con cero contenido crítico (sin generalizar).
Pero yo no puedo más que reconocer que la culpa es precisamente de una sociedad que ama entretenerse, mientras se aburre de pensar.

Saludos!!

http://lucescamaraaccionblg.blogspot.com/