viernes, 31 de julio de 2009

A TODOS LOS PARTICIPANTES DEL CINERANKING: VUESTROS VOTOS (I)

El Cineranking 09/10 lleva activo dos meses y quiere ser el mejor medio para mostrar los gustos cinéfilos de los bloggeros. Como ya se prometió en su día, los posts del Cineranking no serán una mera sucesión de notas, una novedad que podrá verse con más detenimiento en futuros escritos.
A día de hoy, 13 de 30 participantes han dado a conocer sus primeras calificaciones. Las vacaciones estivales han mermado la entrega de notas. Llegado setiembre, se espera que cada bloggero tenga notas que aportar.

Recuerdo que puede enviarse las notas que se quiera cuando se quiera.

Si a día de hoy tuviéramos que ceder el PREMIO CINERANKING, este recaería en REDNA, el bloggero que ha aportado más calificaciones (y que, por lo tanto, ha visto más películas). Agradecer a Redna, además de Albertaco, Arturo, Benjamín, Gine, Grinch, ElChapa, Iradai, José Barriga, Kike, Pabela y Mariano, los primeros en inaugurar el cuadro.

Vamos al grano. He aquí las películas que han recibido MÁS NOTAS (o sea, las películas que más bloggeros ya han visto y puntuado):



1. DÉJAME ENTRAR (11 notas recibidas)
2. GRAN TORINO (10)
3. LOS MUNDOS DE CORALINE (8)
4. UP y ÁNGELES Y DEMONIOS (6)
5. LEJOS DE LA TIERRA QUEMADA, LOS ABRAZOS ROTOS, DUPLICITY, UN CUENTO DE NAVIDAD, PONYO EN EL ACANTILADO y EL SILENCIO DE LORNA (5)



Aquí se enumeran los títulos que han recibido MÁS DIECES (o sea, la nota máxima, el excelente de la comunidad bloggera):



1. UP (4 dieces)
2. UN CUENTO DE NAVIDAD (3)
3. DÉJAME ENTRAR, GRAN TORINO y LOS ABRAZOS ROTOS (2)
4. LOS MUNDOS DE CORALINE, STILL WALKING y TRES MONOS (1)

Y ahora, ante ustedes, las que para vosotros son las MEJORES PELÍCULAS DEL 2009 (de momento, of course. Si no están de acuerdo, ya saben: a votar):


5. LA TETA ASUSTADA, de Claudia Llosa (8'5, 2 votos)


4. PONYO EN EL ACANTILADO, de Hayao Miyasaki (8'6, 5 votos)


3. UP, de Pete Docter y Bob Peterson (8'8, 6 votos)


2. STILL WALKING, de Hirokazu Kore-eda (2 votos); ARRÁSTRAME AL INFIERNO, de Sam Raimi (1 voto); y GOOD, de Vicente Amorim (1 voto) (9'0)


1. UN CUENTO DE NAVIDAD, de Arnaud Deplechin (9'4, 5 votos)


CURIOSIDADES y DUDAS:


1. El cine norteamericano pierde en este primer combate. Solo Arrástrame al infierno, gracias al voto de Mariano, se cuela en lo más alto.


2. Finalmente El silencio de Lorna, considerando su fama entre la comunidad bloggera, participa en el certamen. Se inicia con resultados polarizados (notas que van del 5 al 9).


3. Recordad que films como Paranoid Park, El vuelo del globo rojo, Secret Sunshine, Tres monos, Séraphine, Cuscús, Julia, Control o Sicko se han estrenado en España durante este 2009 y, por lo tanto, pueden participar.


Os dejo con una lista de TODAS LAS PELÍCULAS QUE FIGURAN EN EL CUADRO DE COMPETICIÓN, unos títulos que aumentarán a medida que avance el año. No dudéis en preguntar dudas y enviar notas. Saludos:


A CIEGAS, AL FINAL DEL CAMINO, ÁNGELES Y DEMONIOS, ARRÁSTRAME AL INFIERNO, BIENVENIDOS AL NORTE, BRÜNO, CEREZOS EN FLOR, CITY OF EMBER, COCO CHANEL, CONTROL, CUSCÚS, DÉJAME ENTRAR, DRAGONBALL EVOLUTION, DUPLICITY, EL MILAGRO DE HENRY POOLE, EL SILENCIO DE LORNA, EL TRUCO DEL MANCO, EL VUELO DEL GLOBO ROJO, ENEMIGOS PÚBLICOS, FUGA DE CEREBROS, GÉNOVA, GOOD, GRAN TORINO, HARRY POTTER 6, LA CASA DE MI PADRE, LA EDAD DE HIELO 3, LA LISTA, LA REINA VICTORIA, LA SOMBRA DEL PODER, LA TETA ASUSTADA, LA ÚLTIMA CASA A LA IZQUIERDA, LA VIDA SECRETA DE LAS ABEJAS, LEJOS DE LA TIERRA QUEMADA, LOS ABRAZOS ROTOS, LOS MUNDOS DE CORALINE, MENTIRAS Y GORDAS, MILLENIUM 1: LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES, MONSTRUOS CONTRA ALIENÍGENAS, NOCHE EN EL MUSEO 2, NUNCA ES TARDE PARA ENAMORARSE, PAGAFANTAS, PARAÍSO TRAVEL, PARANOID PARK, PARÍS PARÍS, PONYO EN EL ACANTILADO, ROCKROLLA, SECRET SUNSHINE, SÉRAPHINE, SEÑALES DEL FUTURO, SHOPAHOLIC, SYCKO, SIETE ALMAS, STAR TREK, STILL WALKING, TE QUIERO TÍO, TERMINATOR SALVATION, TETRO, THE INTERNATIONAL, TRANSFORMERS 2, TRES MONOS, UN CONEJO SIN OREJAS, UN CUENTO DE NAVIDAD, UNA FAMILIA CON CLASE, UNA PAREJA DE TRES, UP, VACACIONES DE FERRAGOSTO, VALKIRIA, WATCHMEN, X-MEN:ORÍGENES

jueves, 30 de julio de 2009

EN UN MUNDO LIBRE (IT'S A FREE WORLD) 7 / 10

Sería fácil, más bien peligroso, empezar esta crítica diciendo que un film como En un mundo libre es necesario. A Loach, cuyas raíces nacen y florecen sobre la (cruda) realidad, le encantaría tal consideración, pero todo film, más que práctico, debe conservar unos rasgos, unas cualidades cinematográficas (aquí se juega con el drama y el thriller, además de contener notables interpretaciones). Afortunadamente, En un mundo libre no es un documental y se construye sobre una base ficticia, la misma que encarna y protagoniza una excelente Kierston Wareing. Este factor, insignificante pero decisivo, convierte a En un mundo libre en una de las mejores películas de Ken Loach y, tras sus títulos de crédito, una de sus críticas sociales más complejas, un film abierto a debates posteriores. Y estos coloquios, enriquecidos por las ideas que sugiere y los temas que presenta el film, sí son necesarios. El círculo se cierra y Loach y Laverty, que no inventan nada y que difícilmente podrán sorprendernos, consiguen su cometido. Maniqueo, pero entretenido e interesante. Lo de siempre, aunque mejor que Solo un beso, Felices Dieciséis, Mi nombre es Joe o Tierra y libertad.



Angie, tras vagar por miles de trabajos temporales (inevitable evocar desde el minuto uno otra diva de la miseria: Rosetta), decide levantar su propia empresa: una agencia de trabajo temporal destinada a inmigrantes y gentes sin recursos. Angie no tiene estudios y su tarea es tan caótica como fraudulenta; ella es la primera víctima de un sistema lleno de desigualdades, las mismas que utiliza para cumplir su sueño de estabilidad, de normalidad, de familia y trabajo ideal. Lo ilegal antecede a lo normal, el juego se corrompe y se vislumbra un final trágico, cruel y contradictorio. El espectador no puede evitar sentir apego y asco (a la vez o por separado) hacia una protagonista potentísima, una cabrona, una madre a tiempo parcial (las generaciones futuras repetirán los errores y perpetuarán las sombras del sistema), una amante alocada, una alma altruista que cede su piso a unos desconocidos, aunque luego los hiera con su desalmada tarea. Complejidades que cada uno valorará y vivirá según su criterio (no solo como espectador, sino como ciudadano). Lástima que Loach prometa mucho y nunca ofrezca la obra maestra que consagre definitivamente su nombre y cine. Nos lo debe. Seguiremos esperando...


miércoles, 29 de julio de 2009

VACACIONES DE FERRAGOSTO 7 / 10

Gianni abraza y contempla la senectud, convive con ella, se empapa de los achaques y el carácter de una madre anciana que parece haberlo dominado durante mucho tiempo. Gianni no es joven, pero al lado de las protagonistas de Vacaciones de ferragosto es todo un chaval, un hijo desganado, un pringado de cuidado que está en el lugar que nadie quiere estar: un piso infernal en un verano de calor asfixiante. Gianni también es un gorrón, un tipo sin oficio ni beneficio que expía sus propias miserias con una tarea tan ridícula como compleja: cuidar cuatro viejitas (una propia y tres desconocidas) demasiado vivas y vivaces. Gianni acata el suplicio entre copas de vino, el público disfruta con la dulce tortura (algo similar ocurre con Pagafantas) y al final la convivencia se convierte en un juego de miserias que funciona a base de dar y sonsacar jugosos billetes. Este es el sencillo argumento (pese a todo, Vacaciones de Ferragosto conserva lo grandioso que encierra lo pequeño y, con ello, al final deviene más de lo que parece) de una cinta pequeña, medida, rodada con sumo mimo. Películas como esta demuestran que, cuando unos personajes están bien construidos e interpretados, la historia, por simple que parezca (no por causalidad, la cinta dura unos livianos 70 minutos), funciona y emociona. Vacaciones de ferragosto hubiera podido ser mucho más, pero no quiere ni puede serlo: he aquí su identidad, su virtud, su personalidad.




Para el cinéfilo atento no pasará desapercibido el nombre de Matteo Garrone, que aquí ocupa la tarea de productor. Con este dato, cabe imaginar un hermanamiento entre los miembros de una nueva generación de autores italianos, muchos de ellos nacidos en las formas del cortometraje (estríctamente, Vacaciones de ferragosto es un mediometraje, un proyecto sin pretensiones que ha sido posible gracias a la bondad y confianza de productores e inversores). Se aplaude la osadía de sus responsables porque el resultado, fresco y humano, es casi un milagro. Ganará en segundos visionados: será un placer volver a Roma para celebrar este caótico y pícaro ferragosto. Reconfortante como un helado, sin golpes bajos ni grandes tramas. Ligero tentempié.

martes, 28 de julio de 2009

OBRAS A REIVINDICAR: EN LA CIUDAD DE SYLVIA (2007)

Los más obsevadores se habrán percatado que la nómina de Obras a reivindicar ha aumentado en las últimas semanas. Todo se debe a una estrategia para ver y comentar todas las películas que no pude ver en su momento y que podían incluirse en las nuevas listas de La película de la década. No se puede abarcar todo, pero el blog ha hecho los deberes. En la ciudad de Sylvia se suma a esta inquietud por descubrir los títulos que no tuvieron suerte en taquilla, pero que, como ocurrió en el caso de la cinta de Guerin, recibieron un aplauso unánime de la crítica.



Recordamos su argumento, aunque tampoco lo habíamos olvidado. Un chico sin nombre, misterioso, de aspecto anacrónico, bohemio y romántico espía por las calles de Estrasburgo un sinfín de mujeres, en especial una chica que cree haber visto seis años antes en un pub. Guerín utiliza esta simpleza, una anécdota sin aparente jugo, para desarrollar una película singular, más ligada a las formas e inquietudes del pasado que del presente cinematográfico. En palabras del propio director, los silencios (y diálogos inconclusos) y el ritmo (a base de travelings y planos fijos) remiten a Hitchcock, Murnau o Ozu. Guerin es un intelectual del cine y ocupa el puesto de director de forma esporádica, aunque muy seria. De esta formalidad bebe En la ciudad de Sylvia y la convierte en un experimento estimulante, una película agradable; una sonata que, por singular, no sabemos si está calculada al milímetro o contínuamente improvisada. Sea como sea, la historia, divida en tres simbólicos segmentos, funciona. Y al eclipsar(nos), En la ciudad de Sylvia desvela su otra cara moderna, más cercana al cine de Marc Recha, Jaime Rosales o Albert Serra. El antes y el ahora se pelean y se funden porque la película, por muchos motivos, perdurará como clásico de nuestro cine. Una obra a reivindicar, sin lugar a dudas.



Cada uno debe decidir de qué trata la película. A nivel personal, la película es una oda a la inspiración y al arte, ya sea a base de dibujos, esculturas, edificios, callejones imposibles o la belleza de un rostro y una silueta femenina. En En la ciudad de Sylvia encontramos el artista perdido que busca, que encuentra y que al final se pierde en su propio mundo (no vemos el film desde su mirada porque aquí contemplamos el que sigue y la que es seguida por igual, recurso a las antípodas del modernismo de, por ejemplo, los hermanos Dardenne). La ciudad, laberinto de personajes y pasiones, es un espacio a veces onírico a veces realista, el escenario que basa el viaje y da título a la jugada. En la ciudad de Sylvia también es un cuento de fantasmas (no existe tal Sylvia, sino una ensoñación de la misma, un paradigma de mujer o musa ideal), una road movie de posibles historias, de vidas y de personajes que nunca llegamos a conocer y que el espectador debe imaginar. Guerín demuestra ser uno de los grandes porque su película inspira y porque considera que el espectador es el último y más importante e inteligente artista, el que debe dar sentido al conjunto. Por ello, En la ciudad de Sylvia puede resulta plúmbea o plana, pero también puede ser motivo de profundos estudios y revisiones. Véanla: seguro que más de un bloggero quedará prendado por Pilar López de Ayala y la extraña magia de la caminata. Sin ser maestra, sí es estimulante y supera con creces la media de nuestro cine. El esfuerzo ha valido la pena: es, desde ya, una firme candidata a desbancar nombres conocidos en próximas entregas de La película de la década. Su reivindicación no es una amenaza, sino un consejo.


lunes, 27 de julio de 2009

EL CINE ESPAÑOL DEL 2009 A EXAMEN

El cine español, como miles de familias en tiempos de crisis, teme no llegar a final de mes. Álex de la Iglesia, nuevo presidente de la Academia de cine, aseguró que no se debe aumentar el dinero que se dedica a la financianción de películas, pero sí invertir mejor la cantidad que ya se gasta. La cuestión aquí presentada es otra: una vez estrenada la película, la taquilla debe responder más allá de las subvenciones y el presupuesto de cada cinta. El cine patrio abandonó un año nefasto con ningún título reseñable (salvo Camino) y ningún éxito popular. La tara pronto puede tener remendo con la cosecha del 2009. Los numeros rojos, pese a todo, acechan cual peste a evitar. Siempre con el agua en el cuello...






El cine español del 2009 ha sido capaz de crear dos éxitos juveniles: Fuga de cerebros (más de 6 millones de euros) y Mentiras y gordas (más de 4 millones de euros). Ambas cintas se dirigían a un público similar: adolescentes que consumen series como El internado, Aída o Física o química, que entienden la narrativa televisiva y que gastan dinero con tal de ver a su ídolo de turno haciendo el payaso o enseñando músculos. La fórmula ha funcionado y quizás Mentiras y gordas, más por petición popular que por méritos propios, se ha convertido en la cinta generacional que sus creadores querían. Los datos de taquilla, pese a todo, indican que las películas han interesado, pero que muchos espectadores han optado por no asistir a la sala y descargarse desde sus casas los títulos de moda. Ambos films (junto a Al final del camino) llegaron en un momento en que ningún estreno despuntaba, y en el que Gran Torino, extraña vistoriosa del 2009, empezaba a perder fuerza. Sea como sea, nuestro cine ha hecho los deberes y ha salvado el tipo (de momento).






Me niego a considerar los 4 millones recaudados por Los abrazos rotos una decepción. Almodóvar tiene sus seguidores y muchos defienden la maestría de su nuevo trabajo. La película llegará a toda Europa este verano-otoño y es de esperar que coseche alguna que otra nominación en premios varios. Tiempo al tiempo... Y también debemos esperar con Pagafantas: será una película de referencia dentro de unos años y sus datos en taquilla no han acabado de ser catastróficos.





Y como lo nuestro es esperar, el cine español guarda en la recámara sus mejores cartas. Ágora, que finalmente se estrenará el 9 de octubre, puede lograr una taquilla de escándalo. Telecinco, sedienta de éxito (Che: Guerrilla ha pinchado), promocionará de forma insistente una superproducción que puede atraer a públicos jóvenes, maduros y otros más variopintos. Esperar la recaudación de Mar Adentro sería demasiado, pero la jugada debería solventarse con varios millones de euros. Planet One, film de animación española, tiene a su favor no parecer española (lo siento, pero es así) y parecer una propuesta familiar, perfecta para puentes, fiestas y navidad en general. Rec 2 inaugurará el Festival de Sitges y se promete todo un taquillazo: los fans de la primera parte repetirán, los que no pudieron degustar la anterior entrega en pantalla grande asistirán con su bol de palomitas, y los que detestaron Rec difícilmente podrán evitar la vorágine mediática que avivará la película. Todos estos nombres son ejemplos de películas exportables a otros mercados, títulos que pueden conectar con las audiencias de medio planeta. A esta nómina de perlas, se le puede sumar Spanish Movie, que promete ser la comedia por excelencia del otoño. La gente conoce la fórmula, pero no aplicada a nuestro cine: el interés está servido y, si logra ser tan comiquera y tronchante como Torrente 2, podría colarse en lo más alto del ranking durante varias semanas. Ojo al dato.







La calidad debería ir reñida con la taquilla. Esta vez, Alejandro González Iñárritu (11 de diciembre: Biutiful), Julio Medem (Room in Rome), Fernando Trueba (El baile de la victoria), Isabel Coixet (Mapa de los sonidos de Tokyo), Alberto Rodríguez (After) y Daniel Monzón (Celda 211: Luis Tosar puede repetir nominación al Goya) deberán defender el cine de autor, unas propuestas que gozan de publicidad y presencia en los medios, pero que no suelen conseguir recaudaciones brillantes. Tampoco parecen tener suerte los títulos con menos copias y promoción, títulos pequeños que al final consiguen el beneplácito de la crítica especializada. Que nadie pierda de vista V.O.S. de Cesc Gay y, sobre todo, Tres días con la familia de Mar Coll, flamante ganadora de la Navaja de Buñuel 2009 (el premio Gaudí está entre estos dos títulos: no hay duda posible); sin olvidar a Hierro, Castillos de cartón, La isla interior, El mal ajeno, Agallas o Gordos (seis casos que pueden ser grandes sorpresas o sonoros batacazos). Si nuestra Academia es cabal, Tres días con la familia estará nominada a varios goyas. No cuesta imaginar un reestreno del film dentro de unos meses por la puerta grande.



Y no podemos olvidar el Festival de San Sebastián, este año con un día menos de actividad. Allí se presentará el film de Trueba y su primer pase para la prensa será decisivo para la trayectoria del film en las salas. La carrera de Trueba y su Oscar deberían ser suficientes alicientes para que los medios de comunicación internacionales presten atención a una de nuestras más importantes bazas. En la selección oficial, la misma donde se vio por primera vez la triunfal Camino, se podrán ver Los condenados de Isaki Lacuesta, La mujer sin piano de Javier Rebollo (primer papel protagonista de Carmen Machi: carne de goya) y Yo también de Álvaro Pastor y Antonio Navarro. Estamos ante directores poco conocidos, pero perfectamente dotados para dar el campanazo en el palmarés. Junto a ellos, visitarán tierras vascas Juan José Campanella y su nuevo trabajo El secreto de sus ojos, un director que viene pisando fuerte tras el superéxito de El hijo de la novia.


El cine español tampoco quiere prescindir de los films de época. Después de Alatriste o Los Borgia, veremos Lope, aunque el film ya ha creado algún que otro recelo. Junto a este título se suman otros que no sabemos si llegarán a tiempo para estrenarse este año: nos referimos a Luna Caliente de Vicente Aranda (un clásico, digan lo que digan), Las viudas de los jueves de Marcelo Piñeyro, Pájaros de papel de Emilio Aragón (hay mucha expectación por verla) y La daga de Rasputín, segunda parte de El oro de Moscú orquestrada de nuevo por Jesús Bonilla (¿se repetirá taquilla?).


Meros números, meras hipótesis. Queridos lectores: entre estos nombres estará nuestra representante en los Oscar, la nueva ganadora del Goya o el nuevo taquillazo de la década. Pueden haber sorpresas de última hora, pero todo apunta a que este 2009 será notable para nuestro cine. Crucemos los dedos para que se cumpla el pronóstico. El cuento de La lechera (el caso de Camino fue el de La cenicienta) debe terminar. Alea iacta est.

domingo, 26 de julio de 2009

CLÁSICOS: COMER, BEBER, AMAR (1994)

El cine de Ang Lee no parece obedecer a patrones concretos. Cada una de sus propuestas es diferente, aunque Lee nunca apuesta por polos opuestos. El estilo del coreano es pausado, no conoce la radicalidad de, por ejemplo, Michael Winterbottom, pero tampoco sigue de forma fidedigna temas, recursos estilísticos y otros rasgos que lo diferencien. Lee juega con los géneros sin traicionarlos, con clase y decoro, sin ánimos rupturistas. Es imposible ver en Ang Lee el director todopoderoso que está por encima de sus historias, defecto del que adolecen muchos egos de la vieja y moderna Europa. Por el contrario, parece que cada cinta, con sus características y tiempos, marca el oficio de Lee, que se adapta, que continúa indomable, que demuestra un loable tesón y atino para embarcarse en proyectos estimulantes. Lee es uno de los pocos autores de la actualidad que muestra real interés por contar historias, complejas y dispares, locales y a la vez generales, entendibles, universales. El cine de Lee apela a los sentimientos y rompe el cliché de que el cine asiático es silencioso, parsimonioso y un tanto inaccesible. El éxito del coreano fue anterior al boom que el cine de ojos rasgados vivió a finales de los 90; por ello, desde la distancia, Lee presume de ser todo un clásico ineludible, y Comer, beber, amar, uno de sus primeros films, el por qué de tanto laurel y de su éxodo a tierras norteamericanas.



Bajo la historia de Comer, beber, amar anida una trama bienintencionada, un cuento culinario con la sal y el azúcar justo, bien medido y mejor rodado. A Lee le interesa el discurrir de la vida e inserta elementos fantásticos en un contexto realista, sin desvirtuar la sucesión de rituales y rutinas veristas. Lo posible gana a lo descabellado, pero la fórmula se invierte a gusto del chef. Con tantos ingredientes, la película aúna la comedia dulzona, el drama familiar más agrio y la obsesión amarga por plasmar varias generaciones con sus diferencias y eternas similitudes. Ang Lee evita lo ramplón y ello eleva una historia que, en manos de otros, sería una mera opereta. Lee consigue dos horas de cine agradable, humano; una historia sencilla sobre tres hermanas, sus amoríos, sus vecinos y un padre que se niega a jubilarse.



Comer, beber, amar adopta y adapta los esquemas de la comedia de enredos, una marca de naturaleza yanki. Este apartado se conjuga con momentos más pausados en los Lee acepta su tradición cinematográfica y evoca las reuniones familiares de Mizoguchi o Ozu, siempre aligerando el conjunto, negándole a la historia un dramatismo que, por evidente, hubiera sido fácil y gratuíto explorar. Ejemplo de ello son las escenas de la confesión final, la simbólica cena que cierra la película o algunos giros de guión arraigados a las formas del culebrón (el embarazo de la vecina-amante, la atracción de la profesora por el maestro de voleibol y su repentina boda, etc.): momentos sutiles, no esperpénticos; puntos serenos y cálidos que no pretenden sonsacar la risa o la lágrima fácil del espectador. Debido a esta medianía, Comer, beber, amar difícilmente creará obsesionadas filias: el plato es equilibrado, bueno sin ser exquisito, menú que queremos repetir cuanto antes. Y finalmente el amor, concepto amplio y muy explorado, se convierte en el tema que vertebra la obra de Lee. Un amor singular, nunca fácil, poético (véase Brokeback Mountain, Deseo Peligro, El banquete de bodas o Tigre y dragón para descubrir la fórmula). Un amor que ha enamorado a miles de espectadores y que sigue con la fuerza y el interés del primer día. Todo un lujo.


sábado, 25 de julio de 2009

LO MEJOR DE... WONG KAR KAI

Wong Kar-Wai ha sido elegido en una reciente encuesta del blog como el mejor director asiático de la actualidad, seguido de cerca por nombres tan importantes como Ang Lee y Hayao Miyasaki entre otros. Cinoscar & Rarities dedica un homenaje al realizador hingkonés repasando sus mejores obras. Servidor aún no ha visto sus tres primeras películas, pero el material visionado es mucho y muy bueno. Elaboren su propio ranking. (Se han obviado los fragmentos de Eros y Chacun son cinéma).



6. MY BLUEBERRY NIGHTS (2007) Se esperaba el Kar-Wai de siempre, pero su cine, al cambiar de escenario, había mutado. Aventura americana nada desdeñable, una historia con excelentes secundarios. No fue redonda, pero el beso de Norah Jones y Jude Law es una de las mejores estampas de la década. Menos que antes, pero más que los demás.


5. HAPPY TOGETHER (1997)
Nunca una película de Kar-Wai empezó de una forma tan explícita: dos hombres, una cama y una pasión desenfrenada a ritmo de tango. Mejor director en el festival de Cannes para un título de ecos musicales.



4. DESEANDO AMAR (IN THE MOOD FOR LOVE) (2001)
Nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa y la sensación de Cannes 2001. Las imágenes más bellas, los vestidos más brillantes, la música más sutil, las atmósferas más atractivas. Kar-Wai, esteta romántico, nos regalaba un cuento de ensueño, sin la gravedad y los giros argumentales de otras propuestas. Nos gusta lo complicado y por eso ocupa el cuarto lugar.




3. FALLEN ANGELS (1995)
Kar-Wai supuso todo un descubrimiento en mi etapa de instituto. Aunque no debo ser consciente, los fotogramas de Fallen Angels, con sus personajes al límite y sus luces de neón, han ocupado mi cabeza en momentos de sopor y clases infinitas. Empatía personal y fuerza indiscutible: tercer puesto.




2. CHUNGKING EXPRESS (1994)
La nostalgia antes explicada puede aplicarse perfectamente a Chungking Express, un título de culto y una de las películas más importantes de la pasada década. Viva, colorida, apasionante. El título que lanzó Wong Kar-Wai al estrellato.



1. 2046 (2004)
Las mejores películas, al salir del cine, te crean un misterio, te atrapan y, con suerte, nunca te dejan: forman parte de tí, de tu persona y de tu memoria. Al salir del cine no supe si me había gustado o me había apasionado, pero no dudé que 2046 era una gran película. Kar-Wai contra más barroco mejor y esta cinta es lo imposible elevado al cuadrado. No hay duda: su mejor obra, aunque intuímos que no está acabada del todo (Kar-Wai es un perfeccionista y sus mejores poesías nunca terminan). Una de los más sonoros descartes de La película de la década.

viernes, 24 de julio de 2009

OBRAS A REIVINDICAR: PAPRIKA (2006)

Satoshi Kon vive a la sombra de Hayao Miyasaki, al menos a nivel de popularidad, no de genialidad. Las obras de Kon quedan injustamente relegadas al ostracismo (Paprika no se estrenó en las salas) y solo reciben el apoyo de anónimos, constantes y sedientos fans del género, los mismos que han comprado a tientas pero esperanzados el dvd de esta rareza. En Paprika, como en su día pudimos comprobar con la magistral serie Paranoia Agent, conviven el Kon cineasta y el Kon dibujante, el artesano y el magnate, la improvisación y el cálculo, la filosofía alambicada y las tramas de acción más vistosas y festivas. La mezcla es potente: una crítica a las diabólicas posibilidades de la tecnología y un cuento adolescente donde el estilo siempre supera al tema. Con esta hoja de ruta, no es de extrañar que Kon tenga seguidores entre el público juvenil, los sectores más frikis y la premsa especializada. La indefinición de público, conjugada con unas preocupaciones y recursos visuales personales y reconocibles en su autor, hacen de Paprika una cinta tan excesiva como atractiva, una más que correcta obra destinada a festivales, canales infantiles, sesiones golfas o cineclubs de alto copete. Sea cual sea la plataforma, Paprika siempre será mucho más de lo que parece a simple vista; y, pese a todo, siempre seguirá marginada.


Una empresa está trabajando en una máquina capaz de grabar los sueños. El aparato, creado inicialmente para fines médicos y de investigación psiquiátrica, es robado por uno de los empleados de dicha empresa, amigo íntimo y compañero del creador del artilugio (personaje obeso e ingenuo, un nerd bonachón que, inconscientemente, ha sembrado el caos). Esta es la idea inicial de una trama que se complica a cada minuto, que nos satura y agita a base de diálogos simbólicos e imágenes potentes, mezcla de realidad, ficción y estampas oníricas. Kon nos alerta desde el primer minuto cuando un payaso aparece en escena y sonríe un "que empiece el espectáculo". La historia arranca, la acción aflora, el interés aumenta y, de alguna forma, el embrollo no termina porque el espectador rebobinará la historia, saboreará los detalles y buscará nuevas lecturas hasta disipar la emoción del primer visionado. Kon, con esta descompensada pero absorbente aventura, se convierte en uno de los cronistas más interesantes del caos que gobierna nuestro mundo y rutinas. El interés por rescatar Perfect Blue, Millenium Actress y Tokyo Gotfathers es enorme. Lástima que, como ocurre con Paprika, el cinéfilo tenga que recurrir directamente al dvd, siempre y cuando esté dispuesto a rastrear en establecimientos y tiendas on-line especializadas. No morirán en el intento: vale mucho la pena.

jueves, 23 de julio de 2009

OBRAS A REIVINDICAR: TIME (2007)

El público reconoce un film de Almodóvar desde el primer fotograma, domina los puzzles de David Lynch (más artista que cineasta) y sabe de antemano el barroquismo que pueblan los títulos de Peter Greenaway. A estos tres ejemplos, nacidos y crecidos en festivales de prestigio, cabe añadir el nombre de Kim Ki-Duk, director que rueda poesía por necesidad y convicción. Sus historias han sido cruciales para que nuevas plateas logren entender el tempo lánguido, los silencios, las miradas y las sutilezas del nuevo cine asiático. Ki-Duk ya no sorprende como el primer día, y ahora, víctima de su estilo simbólico, no recibe el apoyo de la crítica, la misma que habló maravillas de La isla o Hierro 3. Pese a todo, y como en todas las filmografías, debe diferenciarse títulos aceptables (El arco, Aliento), buenos (La isla), mejores (Hierro 3) y sublimes (Samaritan Girl). En este compendio de títulos, Time ocupa un lugar especial y se suma al cupo de pequeñas grandes sorpresas. Nunca Ki-Duk se mostró tan onírico, metafórico, radical y dramático: Time es un culebrón en toda regla, un festival de celos y obsesiones que acaba siendo un drama alambicado, una colección de momentos tan forzados como enigmáticos. Y al final, aceptando ser carne de festival y medallas, Ki-Duk hereda la pasión y las tramas surrealistas de Almodóvar, la tétrica mirada de Greenaway y los rabiosos trastornos de David Lynch. Pudo ser hilarante (por mala), pero al final Time es delirante, absorbente, totalmente impredecible. Peca de muchas cosas, pero Time, que aglutina lo mejor y lo peor de su creador, es una crítica a las apariencias, a la devaluación del amor en tiempos modernos, a la insatisfacción e inseguridad de una generación extraña, aunque sensible ante el arte (vía fotografías, esculturas o pinturas). La utilización de la cirugía estética como leitmotiv narrativo y juego de máscaras es, simplemente, sublime. Una victoria.



Ki-Duk sigue fascinando con su inusual unión de violencia y poética. Cada historia del coreano aúna un aura excepcional, roza lo inverosímil y se sirve de una sutil brutalidad para dibujar relaciones tortuosas, amores que matan. Ki-Duk es metafórico, tanto que puede resultar empalagoso. Debido a esto, los escenarios de Ki-Duk son misteriosos: una isla entre real y metafórica, un barco pesquero en alta mar, una estampa que muta con las estaciones, una cafeteria regentada por parejas en crisis o un paisaje urbano en el que el humano vive cohibido (el piso pequeño y tecnológico de Time ya aparecía, no por casualidad, en Aliento y, sobre todo, en Hierro 3, donde los protagonistas vivían en casas deshabitadas y se aprovechaban, aunque con bondad, de la morada del otro). Ki-Duk derrocha sensibilidad en cada plano y en cada gesto, aunque, como sucede aquí, la necesidad de cuadrar el relato, cerrarlo y dotarle de sentido puede enervar a más de un espectador comprensivo. Time, en definitiva, llega en el momento justo, en el punto en el que el coreano empezaba a perder seguimiento e interés. Lejos de todo esto, Time lame sus excesos y se convierte en una de las mejores películas del pasado 2007. Porque Ki-Duk, que a veces parece de otro mundo, seguirá dando mucha guerra.

miércoles, 22 de julio de 2009

STILL WALKING (CAMINANDO) 8 / 10

Still Walking es la película más madura y pausada de Hirokazu-Kore-eda, autor que, con su nuevo largometraje, apunta maneras de clásicos, sin esconder cierto homenaje a Ozu y sus ancestros cinematográficos. Estamos ante una película calmada que, paradójicamente, nace de las entrañas: la muerte de los padres del director y el recuerdo que Kore-eda evoca de ellos en sus fotogramas. Se mire por donde se mire, Still Walking es una experiencia redonda en la que nada falta ni nada sobra, donde el naturalismo de unos diálogos improvisados y la estudiada coreografía de una escenografía austera pero súmamente compleja se hermanan para tejer en silencio una poética inusual, atractiva, mística. Still Walking es, a priori, una historia de reencuentros, y acaba siendo un cuento sobre rituales, o más bien una sutil forma de mostrar la pugna entre un Japón ancestral (la simbología de la muerte, el vaivén de las flores y las mariposas, el recuerdo de una canción de antaño, el rezo ante la tumba de un ser querido, la férrea moral y rutina de unos ancianos adorables, el ritual que rodea la comida, ya sea para prepararla, comerla o digerirla...) y otro moderno (las carreras y los juegos de unos nietos que fatigan a sus abuelos, el teléfono móbil que no para de encenderse y apagarse, la espontaneidad de unos niños que solo piensan en el dinero y sus videoconsolas, la aparición de nuevos modelos de familia que tambalean las tradiciones más cerradas, la ambulancia que relega al ostracismo las medicinas y las lecciones de un médico cascarrabias...). La mezcla puede pecar de asepsia, pero transmite una rotunda sensación de verdad: aquí no hay ni buenos de malos, sino personas con sus claros y sus sombras. Still Walking es una película tan delicada y comedida que carece de duración, y, si bien no arranca las lágrimas de la platea, sí consigue crearnos un cosquilleo dulce y misterioso, una sensación de pureza e intimidad muy tonificante.


Hirokazu Kore-eda pone todo su oficio y empeño para crear una película elegíaca que parece de otro tiempo, de otro planeta. Kore-eda opta por los planos fijos, un atrezzo casi teatral y una especial delectación por unos diálogos redondos, equilibrio de vanalidades, secretos y haikus profundos. El visionado del film resulta tan placentero que algunas opciones estilísticas devienen redondas, aunque en manos de otro cineasta hubieran resultado trucos fáciles y superficiales (me refiero, sobretodo, a los pequeños fragmentos musicales, a la voz en off del final y al epílogo que cierra el conjunto). Still Walking es intachable e irreprochable, un título cargado de magia y sutileza que promete ser uno de los mejores títulos del año. Algo similar ocurre con Un cuento de navidad, Las horas del verano y Tres días con la familia, crónicas distintas, geniales todas, de mostrar la familia y los encuentros y desencuentros de sus miembros. Imprescindible.

martes, 21 de julio de 2009

SOY UN CYBORG 7 / 10

El cine de Park Chan-Wook es una oda a la diferencia. Sus personajes han vivido una dura experiencia, un episodio de metamorfosis que en cada película oclosiona con rabia y recreación, con una violencia vistosa, virtuosa y festiva, aunque repudiable, impactante y atroz. Desde el primer minuto, el personaje de la película reivindica su condición de cyborg en una sociedad llena de taras. Chan-Wook cree en la locura y entiende a sus enfermos: los seres de Old Boy y Sympathy for Lady Vengeance llevaban a cabo su venganza, y la frágil robot de Soy un cyborg consigue enamorarse, comer y salir victoriosa de su conflictiva naturaleza, de sus comportamientos esquizoides, de su trauma y nostalgia tras la marcha de su abuela. Si los protagonistas de Chan-Wook viven al límite, parece lógico que la estética de Soy un cyborg juegue también con polos opuestos y utilice una paleta de colores en continua mezcla. El director coreano encaja una marcianada adorable, la obra más liviana de su carrera, y quizás también la más ecléctica e inclasificable. Para bien o para mal, Soy un cyborg no puede ni debe ser contada; su visionado es toda una experiencia y, aunque Chan-Wook no apasione como antaño, sigue siendo un esteta de sumo interés.


De formas y fondo más ingenuo, Chan-Wook elabora un cuento complejo, una manera de reciclar su oficio y prepararse para otros proyectos menos graves, puede que anclados en el fantastique. De Soy un cyborg se disfruta su comedia negra, sus escenas de tiros y alocadas discusiones (es aquí donde nos encontramos al Chan-Wook de siempre), sus lagunas y digresiones, sus canciones y paisajes imposibles. No hay duda que el director fuerza la trama en demasía y confía sin atino en que el relato aguante el interés y la fuerza hasta el final. Soy un cyborg es inestable como un castillo de naipes, como las mentes que pueblan el sanatorio del film. Lady Vengeance también pisó uno y acabó como la mejor película de su director, incluso por encima de Old Boy. Los escenarios se repiten, la esencia es la misma pero algo cambía: Soy un cyborg es interesante sin brillar, aunque, como dice su título completo en inglés, 'that's OK'. Próxima parada: Thirst.

lunes, 20 de julio de 2009

OBRAS A REIVINDICAR: EL BOSQUE DE LUTO (2007)

Hace tiempo, un profesor me aseguró que había visto de más de 1000 películas y que su videoteca se formaba de más de 300 títulos. Ante esta declaración de intenciones, uno respondió entusiasmado, pero el profesor no parecía demasiado alegre: según él, cuando una persona ve muchas películas empieza a entender el lenguaje cinematográfico, las complejidades del medio y las diferentes narrativas y posibilidades de una historia. El mensaje del profesor era claro: a medida que uno se convierte en experto o seguidor de algo, la magia hacia la cosa seguida o el objeto idolatrado merma. A esto se añade el hecho de que, al mirar mucho cine, los gustos se refinan y, en casi todos los casos, la cinefilia se compromete con la actualidad cinematográfica y devora los films de festival. Pese a todo, la nueva crítica, que parece no tener ascos al último cine asiático o a ceder la máxima puntuación a la superproducción o comedieta de turno, contradice mi teoría. Sea como sea, El bosque de luto es producto y víctima de estas dos posibilidades de entender el cine y la crítica. El patrón es el de siempre: cine asiático, parco en palabras, premeditadamente poético y premiado en un festival de renombre. Y como todo se asienta sobre la repetición, las imágenes de El bosque de luto amagan cierto tedio, la sinrazón de no contar nada o depurar en demasía lo contado, la falsa creencia de que un premio puede sostener la carrera comercial de una cinta. El espectador atento puede imaginarse la trama de El bosque de luto a los 10 minutos. El profesor tenía razón: de no haber visto casi todo el cine de los últimos años, El bosque de luto habría supuesto una increible revolución y, por concepto, una intachable obra maestra. Qué pena.



No hay duda de que el camino que sigue El bosque de luto es, cuanto menos, criticable. El espectador debe intuir que la protagonista ha perdido a un hijo (algo que solo se intuye en una brevísima escena) y debe aceptar el periplo del anciano como adiós final a su esposa treinta y tres años después de su muerte. Naomi Kawase construye un film sin aparente historia que une, con un estilo silencioso y casi místico, dos personajes marcados por la pérdida, el amor y el sufrimiento. El bosque del título es, casi por casualidad, el lugar de peregrinación donde la belleza de un ambiente virgen e inocente sanará las taras anímicas de dos veletas sin rumbo y con demasiadas heridas. Al final, la película nos deja solos, sin explicación alguna, sin cierre definido, pero con la sensación de haber sido hechizados por las imágenes que propone su autora. El bosque de luto lima así sus aristas: propone una experiencia en contra de una historia, una reflexión más visual que verbal; una propuesta sonora, pero en el fondo muda. Horas después de su visionado, El bosque de luto se convierte en una casi obra maestra, un título que debe mucho a Ozu o a Dreyer (y por lo tanto al pasado) y que se ha visto beneficiada por la pseudointelecutalidad que predomina las últimas ediciones de Cannes (y por lo tanto al presente).



Personalmente, la parte más interesante del film es su diálogo sobre la senectud y la locura, conceptos que encarna el anciano protagonista. Su periplo conserva rasgos quijotescos; se busca algo utópico y, como es obvio, al final no se encuentra nada porque lo que realmente importa es el hecho de haber viajado, la figura del viaje como redención, despedida, desahogo o aprendizaje. El bosque de luto es una road movie emocional donde el espacio, al principio claro, se desordena y nos atrapa. Tras la defición, dejamos El bosque de luto para futuras revisiones porque, de momento, las palabras del omnipresente maestro y la tradición cinéfila que nos acompaña pesan como una losa. En resumen, El bosque de luto es una película dignísima y notable, pero no me llegó a emocionar. La asepsia de la crítica, la experiencia de espectador compulsivo, para bien o para mal, ha nublado nuestra visión. Lástima que estas cosas ocurran demasiado a menudo...